Si el Estado cubano no garantiza alimentos, pero sí hoteles de lujo, si no garantiza energía, salud, educación, pero sí les paga turismo político a decenas de grupos extranjeros, con alojamiento en hoteles y viajes por toda Cuba, si no logra retener a su población, no permite la participación ciudadana ni la alternancia política mientras reprime al que se atreve a hablar fuera del guion marcado por la oficialidad, ¿de qué habla Díaz-Canel cuando dice que «no es un Estado fallido»?
Eso es lo que vamos a analizar con datos y verificación.







