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El dolor de la partida

Foto: Yariel Valdés

El dolor de la partida

Verónica Medina Padrón apenas cumplía siete años cuando su padre decidió abandonar el país. No lo ha visto más. Después de casi veinte años, la muchacha decidió abrirse su herida sobre un escenario para representar en un acto teatral el dolor de muchos.

Verónica protagoniza la obra teatral “Telémaco”. Según esta lectura del clásico griego La Odisea, Telémaco es un personaje que lo está observando todo, pero que no toma ninguna acción activa.

“Al leer la obra encontré mi historia. Recordé mi infancia, seguida de una vida que he sembrado sobre mis frustraciones de niña, sobre la falta de mi padre y la constancia de mi madre. Luego comprendí que no era solo mi historia, sino la de muchos que, como yo, han tenido que ver partir demasiadas cosas”.

“La única diferencia entre mi madre y el personaje literario de Penélope es que no fue la fidelidad la que hizo que se quedara esperando, sino la postergación de una vida que deseaba y que nunca le llegó”, confiesa la chica.

Veronica-Medina-Padron-Obra-Teatro-Telemaco-Actuacion-2.jpg

Foto: Yariel Valdés

“Mi padre no se fue por razones heroicas, crecí con su ausencia y viendo a mi madre luchar sola. Ella nunca se casó otra vez y en mi casa nunca hubo una figura masculina”.

Entre dos mundo que lo llaman, Telémaco permanece en Ítaca. “Nos hemos consolado culpando a la pobreza, la economía, el país, el período especial, pero la verdad escondida detrás de todos es que ha dejado de tener sentido el presente, lo poseído ya no tiene valor.

“Entonces, porque no hay remedio, se camina recto hacia adelante y por desgracia, en este país, si se camina un poco encontramos el mar. Esta vida marcada por las despedidas y las distancias es la culpable del miedo aberrante a la soledad que algunos tienen”, filosofa la actriz.

El unipersonal, protagonizado por Verónica, no es más que “la decisión que hay que tomar, los riesgos que hay que correr y el valor que se ha de tener para continuar con la cabeza en alto”, cree Elieter Navarro, el asesor teatral de la puesta.

Junto a José Brito Cordero, que la dirige, integran el grupo de Teatro Dripy, un conocido colectivo de la ciudad de Santa Clara.

“A lo mejor esta es nuestra forma secreta de rebelarnos contra el mercadeo…no sé, solo nos deja la sensación del deber cumplido y la deuda saldada”, dice José.

Veronica-Medina-Padron-Obra-Teatro-Telemaco-Actuacion-3.jpg

Foto: Yariel Valdés

“Creo que una de las características de ser joven es ser polémico—agrega Verónica—Cuando uno trata de imponer criterios o actitudes propias, siempre será catalogado de esa forma. No vamos a querer decir lo que todo el mundo dice. De vez en cuando hay que juzgar a los padres. Los maestros son ríos para desembocar al mar, hay momentos en los que tienes que abandonar el río”.

“Penélope y Odiseo son los fantasmas de mi vida. He entendido la partida de mi padre como actriz, porque como hija no lo hice, era pedir mucho.

“Quizá esta obra sea más dura para mis padres que para mí, pero lo que sí sé es que me ayuda a hablar con mi padre en la distancia”.

Laura Rodríguez Fuentes
Guajira curiosa de un central villaclareño demolido. Bohemia enamorada sin remedio del periodismo cultural. Mejunjera por siempre. Quiero, simplemente, reflejar lo que veo y escucho.
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Verónica protagoniza la obra teatral “Telémaco”. Según esta lectura del clásico griego La Odisea, Telémaco es un personaje que lo está observando todo, pero que no toma ninguna acción activa.

“Al leer la obra encontré mi historia. Recordé mi infancia, seguida de una vida que he sembrado sobre mis frustraciones de niña, sobre la falta de mi padre y la constancia de mi madre. Luego comprendí que no era solo mi historia, sino la de muchos que, como yo, han tenido que ver partir demasiadas cosas”.

“La única diferencia entre mi madre y el personaje literario de Penélope es que no fue la fidelidad la que hizo que se quedara esperando, sino la postergación de una vida que deseaba y que nunca le llegó”, confiesa la chica.

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“Mi padre no se fue por razones heroicas, crecí con su ausencia y viendo a mi madre luchar sola. Ella nunca se casó otra vez y en mi casa nunca hubo una figura masculina”.

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“Entonces, porque no hay remedio, se camina recto hacia adelante y por desgracia, en este país, si se camina un poco encontramos el mar. Esta vida marcada por las despedidas y las distancias es la culpable del miedo aberrante a la soledad que algunos tienen”, filosofa la actriz.

El unipersonal, protagonizado por Verónica, no es más que “la decisión que hay que tomar, los riesgos que hay que correr y el valor que se ha de tener para continuar con la cabeza en alto”, cree Elieter Navarro, el asesor teatral de la puesta.

Junto a José Brito Cordero, que la dirige, integran el grupo de Teatro Dripy, un conocido colectivo de la ciudad de Santa Clara.

“A lo mejor esta es nuestra forma secreta de rebelarnos contra el mercadeo…no sé, solo nos deja la sensación del deber cumplido y la deuda saldada”, dice José.

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“Creo que una de las características de ser joven es ser polémico—agrega Verónica—Cuando uno trata de imponer criterios o actitudes propias, siempre será catalogado de esa forma. No vamos a querer decir lo que todo el mundo dice. De vez en cuando hay que juzgar a los padres. Los maestros son ríos para desembocar al mar, hay momentos en los que tienes que abandonar el río”.

“Penélope y Odiseo son los fantasmas de mi vida. He entendido la partida de mi padre como actriz, porque como hija no lo hice, era pedir mucho.

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