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Época

Foto: Cynthia de la Cantera

Época

Un nombre: Fidel, que en labios de sus seguidores ha sido loa perenne. Un himno.

Un apellido: Castro, que en labios de sus detractores, ha sido conjura pertinaz. Una blasfemia.

Una edad: 90, con la que alcanzó a ver casi todo en este mundo.

Ver, por ejemplo, que el Imperio rojo y el Imperio yanqui, casi convierten el Planeta en un colador, a fuerza de agujazos nucleares, teniendo a una Islita, visiblemente insignificante, como manzana de la discordia.

Ver, por ejemplo, desmoronarse el Imperio rojo, paladín de hierro de todos los marxismos “reales”, y que la misma Islita, autodeclarada marxista, siguiera respirando sin los pulmones que la sostenían.

Ver, por ejemplo, que un Emperador yanqui, en la propia franja de tierra diminuta, declarara que 11 emperadores yanquis, durante más de medio siglo, habían fracasado en su empeño por retorcer a la dichosa Islita.

Ver, por ejemplo, que tres Papas, cabezas globales del catolicismo, pisaran cuatro veces, en menos de 20 años, el minúsculo arañazo en el azul Caribe, considerado por muchos, el último bastión rojizo.

Ver, por ejemplo, que uno de esos Papas, luego de darse con el Patriarca ortodoxo ruso el abrazo que sus dos iglesias se habían negado por cientos de años, bautizara a la microscópica palma flotante, «capital de la paz»…

Y ver tanto y tanto después que hizo, como de arcilla de sus manos, la levadura de un pueblo, y amasó con él el pan hermoso y terrible de la libertad.

Iletrados e intelectuales, obreros y aristócratas, militares y delincuentes, niños, mujeres, ancianos, religiosos, medioreligiosos y ateos, heterosexuales, homosexuales, antillanos y mediterráneos, creyeron en él y lo deificaron. O descreyeron de él y lo maldijeron.

A golpe de carisma y audacia cabalgó sobre una ilusión. Convirtió la ilusión en mando. Sobre el mando perfiló una proa que cortó en dos el siglo XX. Y su mayor pifia —acaso por la que algunos no lo absuelvan— tal vez haya sido no saber (ni querer) bajar de esa proa a tiempo para que otros la siguieran soñando.

Un nombre, un apellido, una edad, una Isla. Fidel, Castro, 90, Cuba. Cuánto se escribirá en esos pergaminos. Son una época. Idealista a rabiar, y a rabiar doliente. Pero época al fin. En la que no deja de amanecer la mística.

Jesús Arencibia
Profesor y periodista. Cubano y pinareño. Amo el magisterio y la escritura porque me parecen un ejercicio poético de la bondad. Creo en la palabra compartida.
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Naskicet

Ya lo digo un dia el comendante y aun lo recuerdo. Nada podra detener la marcha de la historia fue el primer libro de Fidel que me lei. Luego vino Fidel y la religion
Naskicet

Tere

…discurso de horas explicando cómo se cultiva la papa…enamorado de Ubre Blanca, dos monumentos para Ubre…engañó o no, al New York Times y la ciudad encandilada le ofreció el Pulitzer al periodista engañado…diez millones de ton de caña…¿eran de caña?…café, cordón de La Habana…montoneros,M19,guerrilleros, las FARC, el Che en Bolivia: Manila nos abandona…¿orador?…periodista,reflexiones casi póstumas…con Ramonet,escritor…con Frei Betto, escritor…brujo con Celia, con Vallejo, eso decían en La Habana…un brujero ateo, marxista o tres porque Vallejo y Celia, también eran marxistas…estratega de la pelota, el baloncesto, el voléibol…experto en juegos olímpicos…él, Castro no era tan excepcional…creo…había falta de excepcionalidad en nosotros, en el mundo…no hay otra explicación, ¿cómo se le consideró excepcional?…porque no eramos excepcionales…
Tere

Yoe

mi hermano, tus líneas retratan cómo muchos creemos, o nos decimos, nos rogamos, que tenemos que creer: desde el equilibrio tan necesario en Cuba.
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Un nombre: Fidel, que en labios de sus seguidores ha sido loa perenne. Un himno.

Un apellido: Castro, que en labios de sus detractores, ha sido conjura pertinaz. Una blasfemia.

Una edad: 90, con la que alcanzó a ver casi todo en este mundo.

Ver, por ejemplo, que el Imperio rojo y el Imperio yanqui, casi convierten el Planeta en un colador, a fuerza de agujazos nucleares, teniendo a una Islita, visiblemente insignificante, como manzana de la discordia.

Ver, por ejemplo, desmoronarse el Imperio rojo, paladín de hierro de todos los marxismos “reales”, y que la misma Islita, autodeclarada marxista, siguiera respirando sin los pulmones que la sostenían.

Ver, por ejemplo, que un Emperador yanqui, en la propia franja de tierra diminuta, declarara que 11 emperadores yanquis, durante más de medio siglo, habían fracasado en su empeño por retorcer a la dichosa Islita.

Ver, por ejemplo, que tres Papas, cabezas globales del catolicismo, pisaran cuatro veces, en menos de 20 años, el minúsculo arañazo en el azul Caribe, considerado por muchos, el último bastión rojizo.

Ver, por ejemplo, que uno de esos Papas, luego de darse con el Patriarca ortodoxo ruso el abrazo que sus dos iglesias se habían negado por cientos de años, bautizara a la microscópica palma flotante, «capital de la paz»…

Y ver tanto y tanto después que hizo, como de arcilla de sus manos, la levadura de un pueblo, y amasó con él el pan hermoso y terrible de la libertad.

Iletrados e intelectuales, obreros y aristócratas, militares y delincuentes, niños, mujeres, ancianos, religiosos, medioreligiosos y ateos, heterosexuales, homosexuales, antillanos y mediterráneos, creyeron en él y lo deificaron. O descreyeron de él y lo maldijeron.

A golpe de carisma y audacia cabalgó sobre una ilusión. Convirtió la ilusión en mando. Sobre el mando perfiló una proa que cortó en dos el siglo XX. Y su mayor pifia —acaso por la que algunos no lo absuelvan— tal vez haya sido no saber (ni querer) bajar de esa proa a tiempo para que otros la siguieran soñando.

Un nombre, un apellido, una edad, una Isla. Fidel, Castro, 90, Cuba. Cuánto se escribirá en esos pergaminos. Son una época. Idealista a rabiar, y a rabiar doliente. Pero época al fin. En la que no deja de amanecer la mística.

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…discurso de horas explicando cómo se cultiva la papa…enamorado de Ubre Blanca, dos monumentos para Ubre…engañó o no, al New York Times y la ciudad encandilada le ofreció el Pulitzer al periodista engañado…diez millones de ton de caña…¿eran de caña?…café, cordón de La Habana…montoneros,M19,guerrilleros, las FARC, el Che en Bolivia: Manila nos abandona…¿orador?…periodista,reflexiones casi póstumas…con Ramonet,escritor…con Frei Betto, escritor…brujo con Celia, con Vallejo, eso decían en La Habana…un brujero ateo, marxista o tres porque Vallejo y Celia, también eran marxistas…estratega de la pelota, el baloncesto, el voléibol…experto en juegos olímpicos…él, Castro no era tan excepcional…creo…había falta de excepcionalidad en nosotros, en el mundo…no hay otra explicación, ¿cómo se le consideró excepcional?…porque no eramos excepcionales…
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