Arleen se disculpa por su «pifia», pero insiste en justificar los apagones

La periodista oficialista Arleen Rodríguez Derivet ha provocado una nueva ola de indignación y choteo entre los cubanos tras viralizarse un fragmento de entrevista con el expresidente ecuatoriano Rafael Correa en el que intenta minimizar el drama cotidiano de los apagones.
En la entrevista, transmitida en noviembre de 2025 por Russia Today, Rodríguez Derivet asegura: «Martí no conoció la luz eléctrica y es un genio», en una supuesta respuesta a quienes referían que «los apagones son terribles». Un Correa burlón le replicó: «Arleen, estamos en el siglo XXI».
Más allá de la burda propaganda con que se pretende diluir la gravedad de la falta de electricidad en un país exhausto y enfermo, hay un desconocimiento profundo —o una manipulación consciente— de la obra de José Martí. Algunos añaden de que se trató de una equivocación puntual de la periodista estatal, quien es amiga personal de Miguel Díaz-Canel.
Arleen Rodríguez salió horas después para, afirmó, «dar la cara y las explicaciones» que hicieran falta. Así confesó: «la frase, o más bien el verbo (conoció), fue dicha a la ligera, más como comentario de charla informal que como afirmación». Dijo que en su programa de radio se disculpó por la «pifia». Y volvió a intentar justificar lo injustificable.
No es la primera vez que la propaganda oficialista cubana miente o manipula la realidad e introduce falacias argumentativas para quitarse responsabilidad por el desastre cubano. No es la gestión estatal (que lo único que hace es victimizarse), es siempre un problema externo: que si se congelan los ríos en Canadá y por esa razón no hay chícharos en la isla o que si en las aguas cercanas a Cuba no hay peces para cubrir la alimentación nacional.
No obstante, Arleen, Martí no solo conoció la electricidad: la celebró y escribió de forma recurrente sobre ella. Por otro lado, es poco probable que José Martí hubiera utilizado un argumento similar para justificar apagones o retrocesos en pleno siglo XXI.
En sus crónicas desde Estados Unidos, en especial en la prensa latinoamericana, la electricidad aparece como símbolo de modernidad, de progreso técnico, de belleza, de poder.
elTOQUE ha reunido una selección de fragmentos —muchos rescatados por usuarios cubanos en Facebook a raíz de esta polémica— que demuestran hasta qué punto la electricidad atraviesa la obra martiana.
1. Martí como cronista de la «guerra de las luces»
Desde 1881, Martí seguía de cerca la competencia entre los grandes sistemas de iluminación eléctrica en Europa y Estados Unidos:
«No ha estado Edison afortunado en París. Se ha hallado que faltaba a su luz eléctrica vigor y expansividad… Las lámparas de Swan y Lane Fox dan una luz hermosa y suave; pero son muy caras… Parece que el sistema más aceptado ha sido el de Werdermann».
(Crónica en La Opinión Nacional, 2 de enero de 1882, Obras completas, Edición crítica, tomo 12).
2. La electricidad como motor del transporte moderno
Martí siguió con entusiasmo los primeros ferrocarriles eléctricos:
«Inglaterra va a poseer un ferrocarril movido por electricidad… movido por electricidad se calcula que para andar cada milla requerirá el tranvía menos de dos centavos de gasto».
(Crónica del 10 de noviembre de 1881, Obras completas, Edición crítica, tomo 12).
4. Telégrafos, dinamos y luz industrial
También siguió de cerca los avances en comunicaciones:
«En la India inglesa se ha ensayado con brillantes resultados el empleo en los telégrafos de las corrientes dinamoeléctricas… daba una luz equivalente a 600 bujías».
(14 de noviembre de 1881, Obras completas, Edición crítica, tomo 12).
5. La belleza de la luz
En la revista La América de Nueva York, Martí escribió en 1883 sobre los «Últimos adelantos en electricidad» con un entusiasmo casi profético:
«¡Imperial orgullo llena el pecho pensando en esas cosas venideras!».
«Día llegará en que pueda llevar consigo el hombre, como hoy el tiempo en el reloj, la luz, el calor y la fuerza en algún aparato diminuto».
«En estufa de Lantensack y Biltner se produce la luz que ha de alumbrar estos tiempos».
(La América, 1883).
6. Fascinación por Edison
«Prospera y gana ciudades la hermosa luz eléctrica de Edison. En Chicago, adóptanla bancos, teatros y talleres; en Boston establecen una estación central, que derramará por la ciudad 20 000 luces: y son de ver aquellas máquinas esbeltas y sencillas, a la par pesadas y graciosas, como juguetes de héroe! Parecen esas lindas fábricas maravillosas llenas de espíritu femenil: entrar en las factorías donde las trabajan, es como entrar en fábrica de espíritu. Queda una impresión doble y suave: de encumbramiento, y de delicadeza».
«Visitar el laboratorio de las lámparas es como entrar en encantada gruta; acá espejos se encienden, allá ramos de flores; a un golpe de un botón, surgen mil luces, y a otro golpe se apagan. Por debajo del agua, como estrella caída en el mar, la luz fulgura: se pasa por debajo de arcos encendidos».
«Y si se ve luego a Edison, se entiende el invento; porque lo lleva en los ojos».
(La América. Nueva York, junio de 1883).
6. La electricidad como símbolo de progreso
«¡Hermosa luz eléctrica! ¡Bien hacen, puesto que es ley que vayan juntos análogos símbolos, en iluminar con la luz de los astros el puente de Brooklyn! Entrar por aquellas aéreas avenidas, cuando todo reposa, y con la suave luz de las estrellas brillan sobre los sutiles cordeles de alambre las lámparas eléctricas; dormidas, como dos ejércitos, las dos ciudades; el cielo, encendido; en calma el río solemne; y en torno, el aire blando iluminado, como con reflejos de alas de ángeles, la mano estremecida y respetuosa despoja del sombrero la cabeza, y aunque el estático cuerpo quede erguido, se siente que se ha caído de rodillas».
(La Nación, 1883).
7. La electricidad en la vida urbana
En 1889 (Obras completas, tomo 32), Martí describía una Nueva York electrificada.
«Un tamboril que suena por electricidad invita a los desocupados de Broadway…».









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