Miles de cubanos deportados desde Estados Unidos a México quedaron atrapados en un limbo legal y humanitario: sin papeles, sin acceso estable a vivienda, sin medicamentos y, en muchos casos, sin posibilidad real de regresar a Cuba. Un informe de Human Rights Watch (HRW), publicado el 27 de mayo de 2026, documenta cómo opera este sistema de deportaciones y qué ocurre con quienes son enviados desde centros de detención migratoria estadounidenses hasta ciudades del sur mexicano.
«No sabes lo que es venir hasta aquí en bus desde Estados Unidos. Es inhumano», contó Harold, un cubano deportado a Tapachula en febrero de 2026. Describió un trayecto de varios días prácticamente alimentado «a pan y agua», con dolores intensos y los pies inflamados tras permanecer esposado durante gran parte del traslado.
El informe —titulado «Nos abandonan aquí a morir». Deportaciones desde Estados Unidos a México de cubanos y otros nacionales de terceros países— recoge entrevistas a 53 personas deportadas.
¿Cómo funciona la deportación hacia México?
La investigación de HRW describe un patrón repetido.
Los migrantes son trasladados desde centros de detención migratoria estadounidenses hasta la frontera con México. Durante el trayecto, muchos permanecen esposados de pies, manos y cintura.
Human Rights Watch identificó cuatro rutas principales:
● Nogales-Sonora (Arizona)
● El Paso-Juárez (Texas)
● Port Isabel-Matamoros (Texas)
● San Ysidro-Tijuana (California)
En la frontera, agentes de ICE entregan a los deportados a autoridades migratorias mexicanas. A algunos les toman huellas dactilares; otros son montados directamente en autobuses sin siquiera verificar su identidad.
Andrés, deportado tras casi 20 años en Estados Unidos, aseguró que ningún funcionario mexicano comprobó quién era.
Luego, comienza otro traslado: autobuses escoltados por la Guardia Nacional mexicana llevan a los deportados hacia el sur del país, principalmente a Tapachula, en Chiapas, y Villahermosa, en Tabasco. También fueron identificados como destinos Palenque y Tenosique (Chiapas).
Los viajes duran entre dos y tres días. Los entrevistados dijeron que apenas recibían comida y que no podían bajar de los autobuses.
Fernando, deportado por Nogales-Sonora, recordó haber visto a un anciano cubano «desnudo y atado» dentro del bus. Según contó, paramédicos mexicanos se negaron a hacerse responsables del hombre cuando llegaron a la frontera.
«Nos dejaron a nuestra suerte»
Al llegar al sur mexicano, muchos cubanos son retenidos unas horas en centros migratorios y luego liberados. Algunos ni siquiera entran a los centros: son dejados directamente en la calle al bajar del autobús.
Los deportados describieron que las autoridades mexicanas apenas les daban instrucciones. No recibían información sobre dónde dormir, conseguir alimentos o acceder a atención médica. Uno de los entrevistados resumió así el trato recibido: «Como perros arrojados a la calle».
En Tapachula, el centro migratorio Siglo XXI se encuentra lejos de refugios y servicios básicos. En Villahermosa, el único albergue para migrantes está a casi tres horas caminando desde el centro de detención.
Según HRW, México no creó infraestructura de recepción para los deportados extranjeros, pese a haber aceptado miles de traslados desde Estados Unidos.
Rubén, deportado a Villahermosa, cuestionó: «¿Cómo se supone que me voy a integrar en la sociedad si no tengo dónde comer y dormir?». 11 entrevistados dijeron haber dormido en la calle tras su deportación.
Javier, con problemas de visión provocados por la diabetes, contó que improvisó un refugio junto a una gasolinera: «Sacudo mi camisa, pongo los cartones en el suelo… Estoy durmiendo en la calle. Como un perro».
Sin documentos, trabajo ni medicinas
La mayoría de los deportados aseguró que las autoridades estadounidenses les confiscaron teléfonos, documentos y pertenencias antes de expulsarlos.
En Tapachula, algunos recibieron un «oficio de salida» emitido por el Instituto Nacional de Migración (INM). El documento les ordena regularizar su situación migratoria en diez días, pero no funciona como identificación oficial ni otorga residencia legal.
En Villahermosa, muchos ni siquiera recibieron ese papel.
La falta de documentos afecta prácticamente todos los aspectos de sus vidas:
● no pueden abrir cuentas bancarias;
● tienen dificultades para recibir dinero;
● no pueden acceder fácilmente al empleo formal;
● y enfrentan obstáculos para recibir atención médica.
Harold resumió el problema así: «Yo ando en la calle sin nada; si un policía me detiene, ¿qué se supone que le voy a decir?».
El informe documenta, además, numerosos casos de personas mayores y enfermas.
Al menos 20 de los 41 cubanos entrevistados por HRW dijeron padecer problemas de salud; 14 sufrían enfermedades crónicas. Nueve tenían diabetes y siete hipertensión.
Miguel Ángel contó que dejó de usar insulina porque no podía pagarla en México. Después comenzó a perder la visión. «Si me quedo ciego, ¿quién me va a cuidar? No tengo familia aquí. No tengo a nadie», dijo.
Fernando, quien necesita medicación tras la extirpación de la tiroides, explicó que perdió el acceso a Medicare y Medicaid al ser deportado. «Voy a tener que elegir entre pagar el alquiler o pagar mi medicación», afirmó.
Violencia, crimen organizado y reclutamiento
HRW señala que Tapachula y Villahermosa son zonas marcadas por la violencia del crimen organizado.
En Chiapas, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación disputan territorios ligados a rutas migratorias y tráfico de drogas. En Tabasco, la violencia también se incrementó durante 2024.
Josué Leal, responsable del albergue Amparito en Villahermosa, dijo a HRW que «los migrantes son la mercancía del crimen organizado». Los grupos criminales saben que muchos deportados tienen familiares en Estados Unidos capaces de enviar dinero. Según Leal, eso los convierte en objetivos de extorsión y secuestro.
Dos deportados afirmaron haber sido presionados para trabajar en organizaciones criminales.
Emiliano, deportado a Villahermosa en junio de 2025, contó que lo dejaron en la noche «sin ningún tipo de asistencia». Días después, hombres que identificó como miembros de un cártel le ofrecieron trabajo y dinero.
¿Pueden regresar a Cuba?
La respuesta, según el informe, es incierta.
Casi todos los entrevistados dijeron que funcionarios estadounidenses les explicaron que eran enviados a México porque «Cuba no los acepta».
HRW recoge el testimonio de una abogada mexicana familiarizada con estos casos que asegura que Cuba suele rechazar el retorno de personas que abandonaron la isla antes de 2017.
Miguel Ángel relató que intentó buscar ayuda en un Consulado cubano en México, pero le dijeron que Cuba no lo aceptaría porque llevaba más de 40 años fuera del país y era deportado.
El informe concluye que muchos cubanos deportados quedan en una situación de «apatridia de facto»: están fuera de Cuba, pero tampoco pueden acogerse efectivamente a la protección de México.
El refugio como única salida
En la práctica, la mayoría de los deportados solo tiene una opción para intentar regularizarse: solicitar refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar). Pero el proceso está lleno de obstáculos.
Primero, deben realizar un «pre-registro» digital. Para eso, necesitan teléfono celular y correo electrónico, justamente dos cosas que muchos perdieron durante la deportación.
Pedro, un cubano en situación de calle en Tapachula, contó que la Comar rechazó atenderlo porque no tenía teléfono ni email.
Además, el proceso puede tardar más de un año.
Mientras esperan, los solicitantes deben presentarse periódicamente a firmar en oficinas migratorias. Si faltan a una sola cita, el caso puede cerrarse. Para personas mayores o enfermas, cumplir esos requisitos resulta muy difícil.
Felipe, de 70 años y con diabetes, describió el esfuerzo físico que implica acudir a las oficinas migratorias: caminar largas distancias, esperar de pie y soportar filas sin lugares donde sentarse.
«Aquí estamos presos», dijo Harold sobre la imposibilidad práctica de abandonar las ciudades del sur sin documentos. «Estamos aquí para morir».






