Hablar de Cuba como favorita al próximo Clásico Mundial de Béisbol bajo la hipótesis de un cambio político no es un ejercicio de fantasía, pero tampoco admite romanticismos.
Aquí hay una verdad incómoda: hoy, Cuba no es favorita a nada importante en el béisbol internacional. Y no lo es por falta de talento, sino por un sistema que subsiste en la actualidad en contra del potencial de los atletas.
En X el cronista deportivo de ESPN Fernando Álvarez sugirió que «cómo van las cosas, Cuba debe ser considerada un fuerte candidato para la próxima edición del Clásico Mundial de Béisbol».
La frase tiene sentido solo bajo una condición implícita: la caída del castrismo y la formación de un equipo con todo el talento de Grandes Ligas para así «ver a lo mejor de la selección cubana representar a su país en este torneo».
El periodista deportivo cubanoamericano Jorge Ebro lo resumió de esta forma en El Nuevo Herald: «Durante mucho tiempo, la selección nacional se ha visto limitada por decisiones y respaldos políticos que alejaron a muchos de sus mejores talentos». Traducido al lenguaje deportivo: Cuba ha competido incompleta. Y en torneos donde otros llevan a sus mejores hombres, eso no es un detalle: es una sentencia.
El resultado está a la vista: equipos sin profundidad, decisiones cuestionables, desconexión con el béisbol moderno y, sobre todo, una sensación constante de que Cuba juega con desventaja antes de pisar el terreno.
No es casualidad que el propio debate mediático hable de «equipo mediocre y resultado predecible» al analizar sus últimas participaciones. Puede sonar duro, pero es difícil rebatirlo.
Ahora bien, el escenario cambia radicalmente si desaparecen esas limitaciones ideológicas que impone el régimen al béisbol cubano en la actualidad.
Otro comentarista cubano radicado en Estados Unidos, Yasel Porto lo plantea sin rodeos en su perfil de Facebook: «Aquí la pregunta no sería a quién pongo a jugar, sino quién se queda fuera del equipo». Y no exagera. Basta mirar la lista de peloteros cubanos en Grandes Ligas para entender el salto inmediato de calidad que tendría la selección.
En conversación con elTOQUE, desde la Isla, el comentarista deportivo Andy Lans puso entre las prioridades tras un cambio político, eliminar las restricciones ideológicas y «readmitir a peloteros que en algún momento abandonaron equipos nacionales en el extranjero y admitir a peloteros que nacieron fuera de Cuba, pero de origen cubano y a los que este año no se les permitió integrar el equipo».
«Sería genial contar con un director de equipo o gerente general que viva en Estados Unidos y pueda negociar directamente con las organizaciones de Grandes Ligas, conversar cara a cara con los peloteros, tener inversión privada en la infraestructura deportiva —que está en las últimas— y, por qué no, vincular la formación de peloteros desde la base al sistema MLB», agregó Lans.
«Si los cambios políticos en Cuba llevan a esas transformaciones inmediatas, creo que podría cambiar el panorama en el próximo Clásico Mundial», concluyó.
Un equipo con figuras como Yordan Álvarez, Randy Arozarena, Luis Robert o Adolis García no solo competiría: intimidaría. Si a eso se suman lanzadores de élite y profundidad en todas las posiciones, Cuba pasaría de ser un participante irregular a un contendiente serio. Aunque, cuidado: talento acumulado no es lo mismo que equipo construido.
Hay factores estructurales que no se corrigen de la noche a la mañana: dirección técnica, preparación táctica, manejo de egos, adaptación al ritmo competitivo internacional; todo eso cuenta. Y en esos aspectos, países como Japón, Estados Unidos o República Dominicana llevan ventaja.
El resto del mundo no se va a quedar quieto. Mientras Cuba intenta reorganizarse, selecciones como Japón, Estados Unidos o República Dominicana siguen afinando estructuras, desarrollando talento y consolidando sistemas que ya funcionan. Cuba no competiría contra un vacío, sino contra equipos que llevan ventaja real.
Porto también señaló en su Facebook otro problema de fondo que va más allá de los nombres.
«Aún queda una mentalidad y una actitud totalmente distanciadas de cómo funciona el mundo real», dijo. Esa frase es clave. El béisbol actual no se gestiona con criterios ideológicos ni con estructuras cerradas. Se gestiona con profesionalismo, datos, scouting avanzado y flexibilidad.
Ahora bien, tampoco se trata de negar lo evidente. Liberarse del lastre político que ha condicionado durante décadas la conformación del equipo Cuba sería, por sí solo, un punto de partida enorme.
Poder reunir sin restricciones a todo el talento cubano de Grandes Ligas no garantiza el título, pero cambia por completo el punto de partida competitivo. No es lo mismo llegar con ausencias que con una plantilla de élite.
Además, hay un factor clave: estos jugadores ya están formados en la exigencia máxima. Compiten todos los días al más alto nivel, manejan la presión, entienden roles y funcionan dentro de estructuras profesionales. Esa base no hay que construirla desde cero. Ya existe.
Por eso, aunque no sería un camino sencillo ni inmediato, Cuba sí podría convertirse en uno de los candidatos fuertes si logra algo que hasta ahora no ha sido capaz de hacer: reunir a sus mejores peloteros sin filtros ni condicionamientos políticos.
Ese escenario no solo elevaría su nivel deportivo, sino que también acercaría un viejo sueño de su afición: ver, por fin, a un verdadero equipo Cuba en el Clásico Mundial.








