Georgia endurece su política migratoria y deja a decenas de cubanos atrapados

6 de marzo de 2026 a las 03:46 p. m.

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Parlamento de Georgia, en Tiflis, Georgia, el jueves 9 de marzo de 2023 / Foto: Zurab Tsertsvadze / AP.

Parlamento de Georgia, en Tiflis, Georgia, el jueves 9 de marzo de 2023 / Foto: Zurab Tsertsvadze / AP.

Desde el primero de marzo de 2026 entró en vigor en Georgia una nueva ley migratoria que endurece los controles, limita el acceso al empleo y facilita expulsiones de personas en situación irregular. Para decenas de cubanos que viven allí, la fecha no es un simple cambio normativo: es la confirmación de que el margen para permanecer en el país se estrecha hasta casi desaparecer.

Nacer en tierra extraña

La máquina de oxígeno emitía un pitido seco entre las paredes blancas del hospital. Laura no miraba el reloj ni el pasillo ni a los médicos que entraban y salían. Miraba a su hijo recién nacido bajo una luz fría luchando por respirar. Mientras firmaba unos papeles que no entendía del todo, sentía lo ajeno del suelo que pisaba.

«Mi bebé nació aquí en Tiflis. Fue un parto complicado. Tragó un poquito de agua y lo dejaron ingresado como ocho días. Ahora nosotros debemos dinero por el parto y por el tratamiento que le pusieron para la respiración», cuenta a elTOQUE unos meses después una cubana de 28 años.

Mientras el niño permanecía ingresado, la deuda crecía: 7 000 laris —más de 2 000 USD— por la hospitalización y el tratamiento. El hospital les dio plazo hasta finales de febrero para resolver la situación. Pero para pagar necesitan trabajar y para trabajar necesitan documentos. Para obtenerlos debían acudir a Inmigración. Y en Inmigración nadie les respondía, solo anotaban su número telefónico y prometían llamar, lo que nunca ocurrió.

El bebé solo tiene una inscripción de nacimiento emitida en Georgia, pero sin número de identificación ni nacionalidad registrada. Ese detalle burocrático es, en la práctica, una frontera.

«El hospital nos exige los papeles del niño, pero no tenemos una verdadera inscripción. El niño lo único que tiene es un documento que no es útil. », resume Laura.

Para salir del país tendría que tramitar la ciudadanía cubana del pequeño, pero para eso tendría que desplazarse a Azerbaiyán o a Rusia, donde existe representación consular cubana, un movimiento imposible para ellos en estos momentos.

Salir de Cuba, entrar en el laberinto

Laura emigró el 6 de octubre de 2024. Voló desde Varadero a Moscú, donde pasó seis meses. En ese tiempo, supo que estaba embarazada y justo cuando la presión policial rusa comenzó a sentirse más cerca, decidió moverse con su esposo.

«Decidimos ir primero para Abjasia, pero allí descubrimos que nada era como nos habían contado. Nos vimos sin trabajo ni lugar donde vivir, y sin garantías para cuando naciera el niño», relata. 

El intento de regresar a territorio ruso terminó en retención policial. «En Sochi, la Policía nos detuvo a mi esposo y a mí, yo ya con la barriga grande. Nos hicieron una carta de deportación y no nos dejaron entrar a Rusia».

Sin otra salida, volvieron a caer en un engaño. «Los cubanos estaban pasando para Georgia porque decían que aquí daban papeles y asilo humanitario. Por la situación del niño, a punto de nacer, decidimos venir. Pero nos estafaron. Una persona nos cobró 60 000 rublos (700 USD) por cruzar la frontera, sin saber que sería ilegalmente. Allí nos cogió la Policía, nos detuvieron más de un mes en una unidad militar, nos hicieron juicio y nos pusieron otra carta de deportación».

Saliendo de allí, comenzaron los dolores de parto.

Vivir al margen

Nacer en territorio de Georgia no implica automáticamente adquirir la ciudadanía. La legislación se basa en el principio de ius sanguinis: la nacionalidad se transmite por ascendencia, no por lugar de nacimiento. Es decir, la Ley Orgánica sobre la Ciudadanía de Georgia establece que el nacimiento en territorio georgiano no garantiza la ciudadanía si los padres no son ciudadanos georgianos. Existen procedimientos para «establecer» la ciudadanía en ciertos supuestos, pero requieren procesos administrativos complejos, documentación exhaustiva y, en muchos casos, estatus migratorio regular.

En la práctica, los hijos de migrantes indocumentados pueden quedar en un limbo jurídico. «El bebé no es georgiano, pero tampoco cubano. Es como si no existiera», insiste Laura.

Ese vacío no es solo simbólico, sino que condiciona el acceso a servicios, regularización futura y protección legal.

Laura y su familia sobreviven gracias a ayudas puntuales de amistades. «Mi esposo no tiene trabajo estable. Como tampoco podemos tener tarjeta bancaria, muchas veces no puede ni cobrar lo poco que logra hacer. Ha sido difícil hasta conseguir la leche del niño».

Menos alcanza para la atención que necesitan tanto ella como el bebé. «El niño debe tener un seguimiento por su situación, pero no puedo pagarlo. No le he podido poner la vacuna de los dos ni de los tres meses por falta de dinero. Yo no estoy bien tampoco», asegura.

El desgaste psicológico se hace notar. «Estoy pasando por un proceso malo con el bebé. Tengo pensamientos intrusivos por todas las cosas que he pasado. Tengo estrés, ansiedad. No sé qué hacer».

Caminar sobre mapas en disputa

La presencia de cubanos en Georgia no responde a una migración directa hacia el Cáucaso, sino a rutas improvisadas que suelen comenzar en Rusia, país que permite la entrada sin visado a ciudadanos cubanos por hasta 90 días y que se convirtió en una puerta de salida relativamente accesible desde La Habana. Sin embargo, el endurecimiento de los controles migratorios en Rusia —con redadas policiales, multas por estancia irregular y centros de detención— llevó a algunos migrantes a buscar alternativas. Comenzó entonces a circular entre comunidades cubanas la idea de que en Abjasia y Georgia sería más fácil obtener residencia o asilo, lo que empujó a varios a desplazarse hacia el sur. Lo que ocurre actualmente no puede entenderse sin el contexto geopolítico.

Tras la guerra de 2008 con Rusia, las regiones de Abjasia y Osetia del Sur quedaron fuera del control efectivo de Tiflis y cuentan con respaldo ruso, aunque la mayoría de la comunidad internacional no reconoce su independencia.

Cruzar desde Abjasia hacia territorio controlado por Georgia puede ser interpretado por las autoridades como una violación grave de frontera. Muchos cubanos han sido procesados judicialmente, algunos continúan detenidos.

Eliecer, un joven informático cubano que cuenta en redes su periplo por varios países de la región, incluida Georgia, lo explica desde su experiencia:

«Si cruzas de Abjasia hacia Georgia, ellos entienden que estuviste ilegal. Para ellos es un crimen», explica a elTOQUE

Aunque la ley contempla penas de prisión, en muchos casos estas se conmutan por multas que oscilan entre 3 000 y 8 000 laris (entre 1 000 y 3 000 USD al cambio).

Pero el problema no termina con la sanción.

«Durante todo ese proceso, a la mayoría de los cubanos, por no decir a todos, les quitaron los pasaportes y los dejaron indocumentados con el objetivo de que no abandonaran el país hasta que pagaran la multa», sostiene.

En el tiempo que Eliécer permaneció en Tiflis, también percibía cierto rechazo. «Yo trabajo online, soy programador. A veces tenía que recibir dinero por Western Union. Cuando veían que éramos cubanos, les cambiaba la cara. Siempre era un problema sacar el dinero. Se demoraban, nos atendían mal. A veces era como una burla», afirma. 

«Georgia es un país muy pesado con la inmigración, mucho más con los países de nacionalidad vulnerable. Si eres cubano, si eres latino, si eres de pasaporte humilde, para todo es un problema. Cuando uno está ahí, lo experimenta. Sobre todo, si eres de piel oscura, como yo».

Eliécer

Después de algunos meses, según cuenta, la actitud de las autoridades cambió.

«No sé qué sucedió, pero empezaron como a querer expulsar a algunos de los cubanos que habían llegado desde Abjasia. Un día me llamaron (las autoridades) y me dijeron: “¿Sabes qué vas a hacer? ¿Te vas a ir del país?”. Yo respondí que estaba reuniendo dinero para pagar la multa. Entonces me dijeron: “No pagues la multa. Vete del país lo más rápido posible”».

Su salida fue abrupta. Recuperó el pasaporte en el aeropuerto, justo antes de embarcar.

Nuevas leyes migratorias 

El Gobierno de Georgia, encabezado por Irakli Kobakhidze, puso en marcha desde el primero de marzo de 2026 un paquete de medidas que endurece significativamente la política migratoria del país. La reforma forma parte de una tendencia regional hacia mayores restricciones contra la inmigración irregular.

La nueva legislación introduce tres ejes principales. Por una parte, el veto laboral para personas sin estatus regular, lo que implica que solo podrán trabajar quienes cuenten con residencia y permiso laboral acorde con las nuevas normas y cierra de facto el mercado formal a migrantes indocumentados.

Georgia introduce un sistema obligatorio de permisos para extranjeros que quieran trabajar o hacer actividades económicas en el país. Antes, muchos extranjeros podían trabajar con relativa facilidad si estaban en el país con visa o incluso si entraban sin visado. Ahora, la ley exige varios pasos adicionales, como tener un permiso oficial para trabajar vinculado a un empleador específico o actividad concreta, que por lo general hay que solicitar previamente en un consulado.

Por otro lado, refuerza los controles y las expulsiones con mecanismos más estrictos para identificar y deportar a extranjeros en situación irregular, incluidos lo que han descrito como un plan de «expulsiones masivas».

Según cifras oficiales, habría alrededor de 20 000 migrantes sin papeles en el país. El primer ministro ha prometido «reducir la migración ilegal a cero» y deseaa que el país pueda «liberarse completamente de los migrantes ilegales» en los próximos años.

Aumenta también el control administrativo, que complementa los cambios aprobados en 2024 respecto a los estrictos requisitos para permisos de trabajo y residencia, fortaleciendo la supervisión y las sanciones para los que incumplan las normativas.

El Gobierno justifica la ley como una respuesta a «preocupaciones sociales» y a la necesidad de proteger la identidad nacional y religiosa. Organizaciones y analistas advierten sobre los posibles impactos en derechos humanos y una mayor vulnerabilidad para comunidades extranjeras.

¿Qué implica para los cubanos en Georgia?

Para los cubanos en situación irregular la ley tiene consecuencias directas, lo cual estrecha el finísimo margen para regularizarse. Con requisitos más estrictos para permisos laborales y de residencia, las vías administrativas se vuelven más complejas y costosas.

En la práctica, la ley reduce las opciones a tres escenarios difíciles: regularizarse bajo condiciones más exigentes, abandonar el país —si cuentan con recursos y documentos— o enfrentar el riesgo de detención y expulsión.

La nueva ley migratoria formaliza un endurecimiento que ya percibían desde hace varios meses quienes estaban en una situación frágil.

«Dicen que a partir de marzo recogerán a los inmigrantes. Yo no tengo cómo irme», afirma Laura. La deuda con el hospital y la multa, la retención de su pasaporte y la falta de documentos del niño, sumado a la imposibilidad de volver a Rusia, hacen su caso extremadamente difícil.

Yaima es otra cubana que comparte con Laura alquiler, recorrido migratorio y percepción. «Nosotros ya estábamos expuestos. Hubo unos cubanos a los que golpearon y después no supimos más de ellos. Otra amiga mía lleva más de siete meses presa. Hay una muchacha presa con su hijo y a su marido lo deportaron para Uzbekistán. Ahora supongo que será peor».

En caso de necesitar cualquier trámite consular deberían ir a la Embajada de Cuba en Azerbaiyán. «Pero los cubanos necesitamos visa para entrar, y casi nunca la aprueban», dice Yaima. O la de Moscú, y «muchos tenemos orden de deportación de Rusia», explica. 

El mecanismo para salir de esa situación se supedita muchas veces a la solvencia económica. «Cuando logras pagar las multas y comprar un pasaje, tienes que ir a Inmigración. Solo te entregan el pasaporte en el aeropuerto. El que tenga dinero podrá irse. El que no, dicen que quedará preso, hasta poder deportarlo a Cuba».

Eso también sería complicado. No existen vuelos directos entre La Habana y Tiflis, las posibles opciones pasan por países de Oriente Medio o Europa, lo que dificulta y encarece las rutas y en la práctica cierra esa posibilidad.

En teoría, existen vías de solución. Solicitudes de residencia y trabajo conforme a la legislación georgiana (si se tiene una base legal que lo permita, como un familiar georgiano); protección internacional bajo estándares reconocidos o salida voluntaria. 

En Georgia operan organismos internacionales y organizaciones locales que ofrecen asesoría legal y acompañamiento a migrantes vulnerables, como Acnur y la ONG Rights Georgia. Sin embargo, su capacidad de intervención es limitada: estas instituciones no pueden otorgar estatus migratorio y su asistencia se centra principalmente en solicitantes de asilo o personas apátridas. Para muchos cubanos que llegaron por rutas irregulares y no han iniciado procesos formales de protección internacional, las posibilidades de apoyo institucional siguen siendo reducidas.

En la práctica, cada una de esas soluciones exige documentos, dinero, estabilidad y tiempo, cuatro condiciones que muchos no tienen.

Yaima intenta reunir algo de dinero para marcharse, no sabe bien a dónde.

Eliecer consiguió seguir y, tras recorrer media Asia Central, se encuentra actualmente en Egipto.

Laura sigue en el mismo punto. «Todo nos ha ido mal. Pero lo que más me preocupa es mi bebé, sin patria y sin futuro».

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