La espera frente a ICE en Miramar: voluntarios denuncian que la oficina migratoria funciona como centro de detención

13 de agosto de 2026 a las 04:00 p. m.

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Foto: elToque

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El calor se siente desde temprano frente a la oficina de supervisión del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Miramar, Florida. Para quienes llegan a cumplir con una cita migratoria y los familiares que esperan afuera, los voluntarios del Círculo de Protección reparten botellas de agua, algo de comer y ofrecen información a quien la necesite.

El Círculo de Protección de Miramar es una red de voluntarios que surgió en 2017 a partir del trabajo de organizaciones religiosas y comunitarias que comenzaron a acompañar a inmigrantes que debían presentarse periódicamente ante ICE.

Desde entonces, sus voluntarios llegan con agua, café y alimentos, incluso juguetes para los niños. Ofrecen materiales informativos y orientación básica y, sobre todo, permanecen junto a quienes esperan.

Una espera distinta

Elena Muñoz ha sido voluntaria en el Círculo desde 2017 y asegura que la situación que encuentra actualmente frente a la oficina es diferente.

«Llevo desde 2017 aquí. Hemos visto muchos casos de extrema crueldad», asegura. «Algunos que no han hecho nada, que han cumplido las leyes, que han pagado impuestos, se los han llevado».

También asegura haber presenciado detenciones relacionadas con comparecencias ante las Cortes de Inmigración. Según su relato, personas que acuden a cumplir con procedimientos migratorios pueden terminar bajo custodia después de presentarse ante las autoridades.

Para los voluntarios, esas experiencias explican por qué su trabajo frente a Miramar ya no consiste solamente en entregar una botella de agua a quien llega acalorado a una cita.

Ahora también preguntan nombres y anotan teléfonos para intentar saber qué ocurrió después. Lo hacen porque, aseguran, ya no saben quién volverá a salir y quién quedará detenido. «Estamos tomando los nombres de las personas que están aquí afuera para llamarlos y ver cómo les fue. Ahí es que nos enteramos de que al esposo se lo llevaron, de que alguien quedó detenido», explicó.

«Se están llevando a muchos hombres y se queda la mujer en la calle porque él era el que mantenía el hogar», señaló Muñoz, quien menciona especialmente los casos de mujeres que quedan solas con niños pequeños.

Al finalizar la jornada, algunas personas cruzan nuevamente la puerta de la oficina y regresan con quienes las esperaban. En otros casos, cuentan los voluntarios, pasan las horas y nadie sale. 

Hace unos meses Muñoz presenció un episodio que, para ella, muestra hasta dónde ha cambiado la situación de inseguridad para los inmigrantes que van a Miramar a cumplir con sus controles.

Una mujer acudió a una cita con ICE mientras su esposo esperaba afuera con los dos hijos de la pareja. Al terminar, la mujer salió con un grillete electrónico colocado en el tobillo. El esposo no tenía cita; solo había ido a acompañarla. Sin embargo —según contó Muñoz en entrevista exclusiva con elTOQUE—, agentes de ICE mandaron a buscarlo para que entrara. Él quedó detenido.

«Esto no es un centro de detención»

María Bilbao, una de las coordinadoras del Círculo, recuerda que comenzaron durante la primera Administración de Donald Trump, en un momento en que empezaron a conocer casos de personas que acudían a sus controles migratorios y terminaban detenidas. Los voluntarios se referían a aquellos episodios como «redadas silenciosas».

Casi una década después, Bilbao considera que la situación se ha agravado. «En esta segunda Administración, las cosas son realmente muchísimo peor de lo que imaginamos», aseguró a elTOQUE.

Bilbao, nacida en Argentina, utiliza una comparación dura para describir lo que considera que está ocurriendo. «Lo que está pasando en Estados Unidos yo lo llamo terrorismo de Estado, porque viniendo de un país como Argentina, donde durante la dictadura se secuestraban personas y las desaparecían, eso es lo que estamos viendo ahora».

Para explicar por qué utiliza esta referencia, Bilbao enumera situaciones que asegura haber observado o conocido a través de las personas y familias que llegan hasta el Círculo. «Vemos entrar carros que traen personas de la calle. Personas que iban a su trabajo, que estaban comprando su comida, echando gasolina, trabajadores que iban a cortar el césped», relató. A esos casos, agregó, se suman personas detenidas después de acudir a sus propias citas de supervisión migratoria.

Durante la visita de elTOQUE a las inmediaciones de la oficina de Miramar, una furgoneta blanca avanzó lentamente hasta la entrada de la instalación. Detrás de los cristales se distinguían varias personas. La reja metálica del recinto oficial se abrió, el vehículo entró y desapareció dentro de la instalación gubernamental.

Una observación puntual no permite determinar con qué frecuencia ocurre ni cuál era la situación de quienes viajaban dentro del vehículo. Para los voluntarios, sin embargo, forma parte de un movimiento que observan de manera recurrente

Aseguran que ven llegar regularmente vehículos con personas bajo custodia y que la oficina, concebida para citas de supervisión migratoria, está siendo utilizada en la práctica para mantener allí a detenidos durante horas e incluso días antes de su traslado a centros de detención. Denuncian, además, que la oficina de Miramar está siendo utilizada para mantener detenidos durante períodos prolongados a pesar de que, según sostienen, no cuenta con la infraestructura necesaria para alojarlos.

Sus afirmaciones se basan, en parte, en los relatos que reciben de personas que han permanecido dentro y posteriormente fueron liberadas o trasladadas, así como en la información de sus familiares.

Esos testimonios, según las voluntarias entrevistadas por elTOQUE, describen personas durmiendo en el piso, bajas temperaturas, poca privacidad y dificultades para acceder a agua y alimentos. «Los han tenido aquí varios días cuando se supone que eso no suceda porque no es un centro de detención. Tienen que dormir en el piso y casi no les dan ni agua; una botella de agua al día y una comida malísima», afirmó Muñoz.

Bilbao asegura que algunos detenidos les han contado que deben cubrirse con mantas térmicas de emergencia —las láminas metalizadas utilizadas habitualmente para conservar el calor corporal— para soportar las bajas temperaturas dentro de las instalaciones. También han recibido relatos sobre comidas precocinadas calentadas en microondas.

Los voluntarios no tienen acceso regular al interior del edificio y, por tanto, no pueden comprobar directamente cada uno de esos testimonios. Lo que sí aseguran observar desde el exterior es el movimiento de vehículos y ambulancias.

Bilbao y otros integrantes del Círculo dijeron a elTOQUE que han visto entrar ambulancias en diferentes ocasiones y que algunos días han observado varias durante una misma jornada. Desconocen qué emergencias ocurren dentro cuando llegan.

Una visita sin previo aviso

Las denuncias sobre las condiciones dentro de la instalación llevaron a organizaciones que trabajan con inmigrantes en Miramar a reclamar mayor supervisión, según contaron integrantes del Círculo de Protección a elTOQUE.

A principios de julio de 2026, la congresista demócrata Debbie Wasserman Schultz realizó una visita de supervisión sin previo aviso a la oficina de ICE en Miramar. Lo que describió después de entrar coincidió con varias de las condiciones que los voluntarios llevaban denunciando desde el exterior.

Wasserman Schultz informó que durante su recorrido había aproximadamente 150 personas bajo custodia en una instalación concebida originalmente para funciones administrativas. «Lo que vi fueron personas hacinadas como sardinas, en condiciones que no le desearía ni a mi peor enemigo», declaró la congresista tras la inspección.

De acuerdo con el comunicado publicado por su oficina, Wasserman Schultz recorrió cuatro salas de retención —dos para hombres y dos para mujeres— y encontró personas durmiendo en el piso y espacios con un solo inodoro sin privacidad. También informó que algunas personas podían permanecer en la instalación durante 72 horas o más.

La congresista señaló además que, según le explicaron funcionarios durante la visita, los detenidos recibían una botella de agua al día, tres comidas precocinadas y acceso a una ducha cada dos días. Cuestionó, además, que una instalación destinada originalmente a funciones administrativas estuviera siendo utilizada para mantener personas bajo custodia durante períodos prolongados.

Para los integrantes del Círculo, la inspección tuvo una importancia particular: una autoridad con acceso al interior del edificio describió públicamente varias de las condiciones que ellos aseguraban conocer a través de los testimonios recibidos durante su trabajo frente a la instalación.


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