Ileana Álvarez: «El machismo cubano es estructural»

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Ileana Álvarez es escritora, poeta, filóloga, activista y directora de la revista Alas Tensas. Desde hace varios años vive exiliada en España. Esta es su manera de Pensar Cuba.

Julio Antonio Fernández Estrada (JAFE): Lo primero que quería hablar contigo es algo que siempre me llama la atención: la experiencia migratoria de los cubanos y cubanas. Cómo la han vivido, cómo la han sufrido, cómo la sienten todavía. En tu caso, me interesa especialmente la transición de escritora a activista. ¿Has tenido que poner a un lado tu vocación literaria? ¿Cómo lo vives?

Ileana Álvarez (ILA): Todo proceso migratorio es difícil. En mi caso fue especialmente doloroso, porque yo no estoy aquí porque quise: me expulsaron de mi país. Me obligaron a escapar.

En 2016 fundé, junto a un grupo de poetas y escritoras interesadas en los derechos de las mujeres, la revista Alas Tensas. En aquel momento estaban surgiendo varios medios independientes —Periodismo de Barrio, El Estornudo, Hypermedia, elTOQUE— y yo sentía que había un vacío: el tratamiento profundo de los temas de la mujer.

Desde que era estudiante de Filología en la Universidad Central de Las Villas me preocupaba que las mujeres poetas prácticamente no aparecieran en el canon ni en los estudios literarios. Mi interés por el feminismo nace ahí, vinculado a mi profesión: veía que la mujer no estaba siendo nombrada con todo lo que había aportado a la literatura y a la historia.

Así nació Alas Tensas, en el interior del país, en la «Cuba profunda».

No fue bien recibida. Empezamos a cubrir temas muy incómodos para el régimen, especialmente la violencia de género. Cuba sostenía que después de 1959 las mujeres habían alcanzado todos sus derechos y negaba la existencia de feminicidios. Desde Alas Tensas comenzamos a publicar reportajes con fuentes directas sobre feminicidios que ocurrían, incluso, a pocas casas de donde yo vivía. Eso desmontaba una narrativa oficial construida durante décadas.

Yo dirigía entonces la revista institucional Videncia, en Ciego de Ávila. Me dieron a escoger: o Videncia o Alas Tensas. Elegí mi proyecto.

A partir de ahí comenzó el hostigamiento. Sufrí aislamiento social: colegas que dejaron de saludarme, una comunidad literaria que se apartó. Pero lo más grave fue la violencia ejercida contra mi familia. Me amenazaron con mis hijos y con mi madre. Practicaron lo que se llama violencia vicaria: atacar a tus hijos para quebrarte.

Tuve múltiples interrogatorios con la Seguridad del Estado. Dos hombres me citaban, golpeaban la mesa, se declaraban machistas, me decían que me estaba preparando para ser opositora. Era un discurso clasista y machista.

Cuando comenzaron a presionar a mis hijos —uno adolescente y otro estudiando Medicina— decidí exiliarme.

Primero nos regularon, impidiéndonos salir. Tras una campaña internacional logramos que levantaran la prohibición y salimos en cuanto fue posible. Yo tenía 46 años.

El exilio es un proceso de pérdidas. No tenía 20 ni 30 años; tenía casi 50 cuando llegué a Madrid. Dejas tu zona de confort, tu casa, tu paisaje.

Recuerdo que poco antes de irme había terminado la cocina de mi casa en Cuba. Había logrado ponerle unas puertas —algo dificilísimo allá— y las había barnizado yo misma. Antes de salir, las acaricié sabiendo que no las volvería a ver. Es un símbolo: dejar atrás el hogar que construiste durante décadas con sacrificio.

Pero lo más doloroso fue dejar a un hijo atrás durante seis meses. Finalmente, pudo reunirse con nosotros, pero tuvo que abandonar la carrera de Medicina por la presión constante.

La violencia vicaria es una práctica frecuente contra mujeres activistas en Cuba. La dictadura es patriarcal y estructuralmente machista. Aunque ahora intenten apropiarse de la agenda feminista como maquillaje propagandístico, la realidad es otra. Hasta que no termine la dictadura, no habrá derechos plenos para las mujeres.

Al llegar a España, la pregunta fue: ¿qué hacer ahora? Vienes con muy poco dinero, tienes que reinventarte, adaptarte a otro país, a otro idioma emocional. Yo llegué a Madrid sin beca, sin red de apoyo.

Siempre hay una mano amiga que se te tiende en esos primeros momentos, y gracias a Dios nosotros la tuvimos. También recibimos apoyo de una organización que nos ayudó al inicio, a encausarnos. Pero yo no veía claro cómo podría continuar el proyecto de Alas Tensas. Ya no la poesía, porque la poesía siempre va a estar en mí. Cuando eres escritora, cuando eres poeta, hagas lo que hagas, eso que llevas dentro va a salir. 

Alas Tensas no se llama así por gusto. Rinde homenaje a una de las grandes poetas cubanas y de la lengua española, Dulce María Loynaz. Dulce tiene un verso que dice: «Hay en ti la ternura de un ala mucho tiempo tensa». Cuando escuché esa belleza —que forma parte del libro Poemas náufragos— dije: este tiene que ser el título.

JAFE: Pero has seguido escribiendo, ¿verdad?

ILA: Por supuesto.

Y otra cosa: Alas Tensas tiene secciones dedicadas a la literatura. Hay una sección que se llama Escrituras, en la que se publica poesía de mujeres cubanas y también de otras partes del mundo; narrativa, ensayo, pensamiento de mujeres. 

Esa sección —como todas las de la revista— me reconforta mucho, porque las mujeres hemos hablado de muchas maneras, y también hablamos metafóricamente. La metáfora de la mujer, el símil que utilizamos, la fuerza del símbolo y de la palabra de la mujer, que ha sido ocultada, tiene una potencia enorme. Quienes leen la revista se percatan de ello.

JAFE: Hay algo que me preocupa mucho cuando hablo con cubanos y cubanas migrantes: el choque con la vida cotidiana, con una realidad muy distinta. Aquí hay trámites, bancos, tarjetas. Muchos cubanos usan una tarjeta por primera vez cuando salen. En Cuba, la mayoría no tiene cuenta bancaria porque no hace falta.

No es lo mismo emigrar con 25 o 30 años que con 40 y tantos o 50. Uno lleva una vida detrás, un peso que se arrastra y que te acompaña. Puede ser útil para entender el nuevo lugar, pero también pesa.

Y, relacionado con tu experiencia y con lo que hace Alas Tensas ¿les ha servido como referencia lo que se hace aquí? ¿Hay cosas que ustedes han visto en España que puedan servir para Cuba?

ILA: Bueno, una de cal y otra de arena. España es un referente feminista a nivel internacional. Yo noto algo específico: hay muchas luchas intestinas dentro del movimiento, y eso le hace daño.

Lo positivo es que, a nivel institucional, hay mucho apoyo. Han creado una red de refugios, leyes y mecanismos de acompañamiento en la lucha contra la violencia de género, la violencia hacia mujeres y niñas, y a favor de la comunidad LGBTIQ+. Legislativamente, son una avanzada. Aunque también fallan. Hay de todo.

En el caso de Alas Tensas, cuando creamos en 2019 el Observatorio de Género para contabilizar, registrar y analizar datos de feminicidio, lo cual no se había hecho antes, nosotros tomamos la metodología de aquí, de España.

Ellos utilizaban una metodología que ampliaba el concepto de feminicidio y de violencia de género más allá del ámbito doméstico, familiar o de pareja/expareja. Empezaron, con mucha justicia, a nombrar otros tipos: feminicidios vicarios, familiares, sexuales, transfeminicidios y feminicidios sociales. Es decir: asesinatos de mujeres más allá del ámbito de pareja empezaron a ser registrados y nombrados.

Si bien es cierto que en Cuba el mayor porcentaje —más del 70 %— ocurre en el seno de la pareja o expareja, también hay asaltos con sesgo de género. Nosotros los contabilizamos como feminicidio social.

JAFE: En Cuba, además, las mujeres sufren otra violencia que se cuenta menos: la violencia del sistema en la vida cotidiana. La supervivencia recae sobre los hombros de las mujeres. No es lo mismo mantener un hogar que sobrevivir.

Y, además, la Asamblea Nacional y el Gobierno cubano no han aceptado la petición de una ley integral para proteger a las mujeres contra la violencia machista. Dicen que no hace falta porque «ya están protegidas» por distintas ramas del derecho. Pero lo que se pide es precisamente una ley integral que convierta eso en un sistema.

Y decir no, es una manera de demostrar fuerza y de castigar la autonomía: les molesta que ustedes lo hagan al margen de la oficialidad, como si desconfiar de ellos fuera una ofensa. 

El derecho cubano, además, es profundamente machista. Incluso cuando reconoce algunos derechos falta el paso de hacerlo realidad en un país donde no hay ni condones, donde el acceso a la salud pública es cada vez más difícil, y donde existe también violencia obstétrica.

ILA: Y es importante subrayar algo: yo veo con preocupación, en los últimos tiempos, cómo la oficialidad está tratando de acaparar la agenda feminista. Son especialistas en manipular. Hasta hace nada no les interesaba tener observatorio ni registrar violencias machistas ni reconocer agravantes por violencia de género ni hacer programas como los que han anunciado.

Y lo veo peligroso, porque yo no creo en el feminismo de Estado, y menos si el Estado es una dictadura como la cubana. 

El parteaguas de 1959 utilizó a las mujeres como decoración ideológica. Fidel Castro se dio cuenta temprano de que era útil tener a las mujeres «del lado de acá» y por eso dijo aquello de «la revolución dentro de la revolución». Pero lo primero que hizo fue quitarnos derechos: hizo desaparecer la enorme cantidad de asociaciones y agrupaciones feministas que existían. Había cientos, y las eliminó del espacio público.

JAFE: También hay otra tendencia: decir que la Revolución no existió. Cuando uno mira la sociedad cubana y la cultura cubana, evidentemente la Revolución sí existió: para mucha gente ha sido su vida. Si negamos esa experiencia, nos quedamos sin entender una parte del país. Hay quienes siguen diciendo «si Fidel estuviera vivo…». Y también es verdad que, después de 1959, muchas mujeres estudiaron, trabajaron en ciencia, cultura, deporte.

ILA: Pero lo negativo pesa mucho y ha hecho mucho daño al tejido social. Yo prefiero quedarme con esos daños para no repetirlos en un futuro democrático.

JAFE: Ileana, quería que nos leyeras algo de tu libro antes de terminar la conversación. Es una oportunidad que no tenemos casi nunca.

ILA: Te decía que Alas Tensas es también una forma de expresarme poéticamente, pero hay otra forma más contenida, más personal, menos social, más intimista, donde también soy libre: en mi verso soy libre, como decía Dulce María.

Este poema pertenece a un libro que acaba de salir: Escribí la noche y otros abismos, en una edición cuidada de Jesús Barquet. Es muy especial porque expresa solidaridad con una mujer que, como yo, sufrió los desmanes del totalitarismo.

Se basa, de algún modo, en Réquiem. Anna Ajmátova pasó 17 meses intentando ver a su hijo en las cárceles de Leningrado. El sistema se lo prohibía. De ese dolor nació Réquiem.

Yo pienso en las mujeres cubanas que hoy intentan ver a sus hijos en la cárcel, que luchan por ellos. Este poema está dedicado a ellas, a las madres de presos políticos.

Yo contigo como un monte y otro monte.

Los barrotes de la cárcel de Leningrado se cubrían de lodo y nieve,

y fuego y nieve, y sangre y nieve, silencio y nieve.

A Anna Ajmátova le florece la nieve,

y la nieve enseña los brillantes frutos,

los cristales que, hechos racimos, le cuelgan de los ojos, de los pechos,

y le brotan aún más blancos, translúcidos, del útero,

todavía tibio, todavía púrpura.

Caen los abultados frutos frente a la puerta de la cárcel.

Se deslizan intactos sobre la piedra fría,

menesterosa de los escalones.

La piedra que ha visto al cuervo posarse en su propia sombra.

El hijo adentro, bien adentro,

escucha las manzanas de nieve de su madre

desvanecerse en la soledad

bajo la piel cetrina, flácida del olvido.

 Los retratos de Stalin cubren la pared inmensa.

El musgo traspasa el papel.

Le crecen los bigotes en los ojos, en las cejas espinosas.

Hay un silencio, entonces;

un aliento descansado al contemplar

cómo la humedad lo puede todo.

Afuera cae la nieve con dulzura,

con dulzura infinita me posee.

Como una isla anclada al horizonte la tomo entre mis manos.

Los bellos cristales se derriten.

En mi cuenca doy un poco de agua tibia a los labios de Anna,

unas gotas de mi sal.

Ella entona un himno, un réquiem para el esposo,

para el amigo que se ha fundido al hielo siberiano.

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