Joven checa descubre 36 años después que su padre cubano no dejó de buscarla

15 de julio de 2026 a las 06:30 a. m.

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Veronika con sus padres, Renata y Leonel. Imagen mejorada con IA (izquierda), foto origina (derecha).

Veronika con sus padres, Renata y Leonel. Imagen mejorada con IA (izquierda), foto origina (derecha).

Leonel González Rodríguez estaba en Camajuaní, su pueblo de toda la vida, cuando Miguel, su hijo, llegó con una noticia que parecía imposible.

«Papá, una muchacha de Checoslovaquia te está buscando».

Habían pasado apenas unas horas desde que elTOQUE publicara la historia de Veronika Nováková, la joven checa que llevaba 36 años intentando encontrar a su padre cubano, con el que había perdido el contacto.

Mientras Leonel intentaba comprender lo que ocurría, otra Verónica, su hija cubana, se puso en contacto desde Guyana con elTOQUE y conmigo. Al mismo tiempo, su hermano Miguel comenzó a contactar por Facebook a cada una de las Veronikas Nováková que encontró. Hasta que dio con la correcta.

«Soy tu hermano», escribió, y adjuntó una fotografía antigua.

Veronika, incrédula, se reconoció de inmediato en la imagen. Era ella, de bebé.

«No lo puedo creer, estoy soñando. ¿Será verdad?», me escribió mientras las dos intercambiábamos —en tiempo real y con ayuda del traductor de Google— mensajes con sus hermanos cubanos; los que, hasta ese momento, no sabía que existían.

Leonel Gónzalez junto a sus hijos cubanos: Verónica y Miguel / Foto: cortesía de los entrevistados.

Verónica —con «c»— me contó que debía su nombre a esa hermana a la que nunca había visto, pero que siempre estuvo presente en su vida. «Mi papá me puso así para recordarla a ella», dijo desde Guyana, donde reside desde hace unos meses.

Minutos después, me envió una fotografía decisiva, muy deteriorada por el paso del tiempo y el uso. En ella, aparecía la pequeña Veronika —con «k»— junto a su madre Renata y, a su lado, una figura inconfundible que ya no dejaba lugar a dudas. Se trataba de Leonel Gónzalez.

«He encontrado a mi padre después de 36 años. No sabía ni que existía esa foto. Yo no tenía ninguna con él», escribió Veronika, todavía en estado de shock.

La otra cara de la moneda

Leonel no fue capaz de hablar durante las primeras horas. Cada vez que alguien mencionaba a Veronika, se echaba a llorar.

Dos días después, cuando estuvo más sereno, pudo contar su versión de una historia abierta por más de tres décadas tanto para él como para su hija checa. «Nunca dejé de buscarla», aseguró.

Recuerda con cariño los años que pasó junto a Renata en la entonces Checoslovaquia. «Tuvimos una relación muy bonita. Estuvimos más de tres años juntos. Yo no hablaba mucho checo ni sabía escribir el idioma, pero hablando con ella lo entendía casi todo. Era muy buena persona. Igual que la abuela de Veronika, que se preocupó mucho por mí mientras estuve allá».

No ocurrió lo mismo con el padre de Renata.

«El abuelo no. Él sacó de la casa a su hija y yo tuve que llevarla a un internado y buscarme un lugar donde vivían solo hombres. Dormía fuera y por la noche me escapaba para verla en el internado. Ni siquiera los checos querían dejarme estar allí con ella. Había mucho racismo entonces».

Ese rechazo no era una excepción. «Yo veía cómo miraban a Renata cuando iba conmigo por la calle. Todo eso me dolía mucho. Algunos amigos míos que decidieron quedarse en Checoslovaquia la pasaron muy mal. Les tiraban piedras. Aquello era terrible».

Documento de Leonel González de la antigua Checoslovaquia / Foto: cortesía.

Sin embargo, en la fábrica textil Perla donde ambos laboraban, en Hylváty, las cosas eran diferentes. Leonel era un trabajador al que apreciaban y eso cambió la vida de la pareja.

«Como yo trabajaba mucho, el jefe me consiguió un cuarto para nosotros solos. Yo era el único cubano que vivía aparte con su pareja».

Cuando llegó el momento de regresar a Cuba, tras la caída del comunismo en Checoslovaquia, la decisión fue mucho más difícil de lo que imaginaba.

«Yo no sabía si volver o quedarme. Había enviado dos motores y otras cosas para Cuba. Si no regresaba, lo perdía todo porque me lo decomisaban».

A esa presión se sumó otra más personal.

«Mi mamá me insistía mucho para que no me quedara allá. Me decía: “No me dejes sola”. Ella había sufrido mucho conmigo porque antes de ir a Checoslovaquia yo había estado en la guerra de Angola».

Poco después, además, su madre fue operada de la cadera y quedó con una discapacidad permanente. «Eso fue una de las cosas que más me golpeó. Gracias a Dios, todavía vive, igual que mi papá. Tienen 85 y 87 años».

Pero Leonel no quería regresar solo a casa. «Yo quería llevarme a Renata y a la niña para Cuba. Esa era mi idea desde el principio, pero no lo conseguí», dice.

Después llegó el silencio. «Regresé y perdí el contacto con ellas. En los primeros años, Renata y yo nos escribimos, pero luego parece que cambió de dirección o algo, y las últimas cartas me las devolvieron. Después las busqué, pero ni siquiera sabía bien cómo escribir el apellido, o si lo había cambiado», explica Leonel.

Todo fue haciéndose más difícil. La caída del campo socialista cortó prácticamente la interacción entre ambos países, y el Período Especial en la isla complicó las cosas.

«En Cuba, el dinero no alcanzaba para pagar pasajes. Busqué la manera de conseguir una carta de invitación. Fui hasta Santa Clara, fui a varios lugares, también a la embajada, pero casi nunca me recibían. Cuando me atendían, no sabían decirme nada. Traté de llamar por teléfono miles de veces y tampoco conseguí nada. En aquella época, no había redes sociales y mantener la comunicación era muy difícil».

Pero hay algo que le ha conmovido especialmente. «Ahora me entero de que Veronika pensaba que yo nunca la había buscado. Eso sí me duele, porque no fue así».

A pesar de todo, siguió intentándolo y la esperanza no desapareció. Leonel nunca imaginó que sería su hija quien acabaría encontrándolo.

Verónika Nováková / Foto: cortesía.

«Estoy sacando la ciudadanía española. Siempre pensé que, si algún día podía viajar a España, quizá desde allí tendría la oportunidad de buscarla y verla. Por eso estoy haciendo los trámites».

En Cuba, Leonel rehízo su vida y nacieron Miguel y Verónica, que ya son adultos. Actualmente, él trabaja como zapatero por cuenta propia y asegura que su familia ha logrado sobreponerse a las dificultades.

«He pasado trabajo, pero siempre hemos salido adelante. Tenemos varias casas y negocios. Gracias a Dios, nunca nos ha faltado lo básico».

Ahora solo piensa en el momento del reencuentro con Veronika. «Si consigo la ciudadanía española, me gustaría verla en Europa. Desde España se puede viajar fácilmente hasta la República Checa».

Antes de la publicación del reportaje de elTOQUE, a Leonel le ocurrió algo que hoy interpreta casi como una premonición. «Justo el día antes, vino mi mamá llorando con la fotografía de Veronika en la mano. Me decía: “Yo nunca voy a conocer a mi nieta”. Esa imagen no se me olvida».

Recuperando los lazos familiares

Desde el primer contacto, las conversaciones entre padre e hija no han parado.

«¡Mi papá y yo seguimos chateando, no me lo puedo creer! Incluso se acuerda del checo y me ha mandado algunos mensajes en mi idioma», cuenta Veronika.

Con cada conversación descubren nuevas coincidencias entre ambos.

«Es increíble lo parecidos que somos. Nos escribimos muchísimos mensajes todos los días y nos reímos mucho. Y lo que más me conmovió fue que mi padre todavía recordara el checo después de tantos años. Es una sensación increíble y maravillosa escuchar su voz».

El reencuentro no ha sido solo con Leonel, sino con una familia cuya existencia apenas podía adivinar hace unos días.

«Es maravilloso conocer a toda mi familia cubana. Mi hermano también es muy amable y todos son increíblemente cariñosos conmigo. Me escriben tantos familiares que a veces me pierdo y ya no sé quién es quién. Pero estoy muy feliz. Es estupendo que me hayan aceptado, aunque nos hayamos reencontrado después de tantos años».

A través de las fotografías y los mensajes ha descubierto también una realidad distinta a la que imaginaba.

«Sé que la vida en Cuba no es fácil, pero sus mensajes y las fotos que me envían demuestran que valoran lo que tienen y que son felices juntos. Eso me conmueve muchísimo».

En medio de esa felicidad, Veronika no olvida a quienes hicieron posible el reencuentro.

«Quería agradecer de nuevo de todo corazón a elTOQUE y a ti por lo que han hecho por mí. Gracias a ustedes, mi mayor sueño se ha hecho realidad y soy increíblemente feliz. Jamás olvidaré que ayudaron a cambiar mi vida», afirma.

«Sigo leyendo todas las publicaciones y comentarios en Facebook. Es increíble ver las reacciones de la gente. Me han escrito muchísimas personas. Nunca esperé tanta amabilidad, tanto apoyo y tanta alegría por nuestra historia. Lo agradezco de todo corazón y siempre lo tendré presente».

Tras décadas de silencio, padre e hija empiezan a construir la relación que el tiempo no les permitió vivir. El abrazo sigue pendiente, pero la familia que la historia separó en dos puntos distantes del planeta, Cuba y República Checa, ha vuelto, por fin, a encontrarse.

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