—¿Esta es la sede del Ejército Occidental?
—La misma. ¿Qué le trae por aquí?
—Vengo a exigir una katiuska por si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio.
—Deje el plagio, que para manipular una batería de esas está el Ejército, con las columnas armadas que ve allá dentro.
—Hago honor al Comandante. Exclamó en enero de 1959: «Al que quiero mandar es al pueblo, porque es la mejor tropa. Prefiero al pueblo que a todas las columnas armadas».
—¿Y por qué no pide un fusil, como hizo Silvio Rodríguez? «Entreveró su palabra con silencios que hablaban todavía más que cualquier acotación», apunta el Granma.
—Con susurros.
—A usted se le aplicaría el delito de «Promoción de acción armada contra Cuba». De diez a treinta años, cadena perpetua o muerte. No si solicita el salvoconducto para portar armas de fuego. Al trovador le dieron uno firmado por el general de brigada José Manuel Pino Cao. Si a su persona le expiden uno similar para manejar una katiuska, sería el caos.
—¿Por qué? Es un arsenal como otro cualquiera. Si al compositor de «Fusil contra fusil» le regalaron el arma 432572, a mí, que marqué detrás de él, pueden obsequiarme la katiuska 432573, «en justo reconocimiento a la patriótica disposición de empuñar los cohetes para defender la Patria ante cualquier agresión».
—No es igual. Silvio pidió un Automático Kalashnikov Modernizado.
—Nada de extrañar en el autor de «El matador», «Bajo el arco del sol, la lucha armada», «Debajo del cañón», «Elogio de la guerra»… Fue un acto AKM: Adocenado, Kitsch y Melodramático.
—No blasfeme. «En el marco de la realización del Día Nacional de la Defensa, en el contexto de la Guerra de Todo el Pueblo, como expresión fehaciente de nuestra filosofía de lucha, concepto que consagra la participación de cada cubano en la defensa de la Patria, la actitud del cantautor Silvio Rodríguez adquiere una dimensión paradigmática».
—Paramilitar diría yo. Debe almacenar un montón de municiones desde que expresó en una canción de 1973 «el deseo de cambiar cada cuerda por un saco de balas». Permuto el AKM que le dieron a él por unos lanzacohetes múltiples, más abarcadores.
—Las palabras que explicaron por qué se ha hecho entrega de un arma de combate al poeta las pronunció el general de división Víctor Leonardo Rojo Ramos, con la aprobación de Álvaro López Miera, ministro de las FAR.
—¿El general con cuerpo de ejército?
—¡No distorsione sus grados! ¡Bajo su mando están los bunkers que nos defenderán de la agresión imperialista!… Rojo expresó que Rodríguez Domínguez es el «autor de cientos de canciones que han sido la banda sonora de nuestras esperanzas y desvelos».
—Qué casualidad: el Álvaro López que a mí me desvela es la voz principal de otra banda, argentina y de rock alternativo, llamada precisamente Los Bunkers.
—El Álvaro que es jefe mío anunció el «cumplimiento de la exigencia» de quien un día compuso «¿Dónde cavarás?».
—¿Silvio la escribió cuando nos dio por abrir huecos hasta por gusto y el país se llenó de trincheras?
—El argentino ese que a usted le cuadra no sería capaz de componer un verso tan sublime como el que pronunció Víctor Leonardo sobre el insigne trovador cubano: «La poesía y el arma no están reñidas cuando de defender lo que se ama se trata».
—Desde que Silvio pide un fusil, la poesía y el alma riñen.
—¡Deje a Silvio Rodríguez en paz, hombre, ya bastante cohetes le ha tirado! ¿Qué tiene de particular que el más importante de nuestros cantautores se lleve un AKM a su casa?
—¡Es un grandísimo peligro! Imagínese un concierto suyo en plena escalinata universitaria. Cuando esté cantando «Canción para mi soldado» y ande por aquello de «…hagan cantar mi fusil, y ensánchenle su destino porque no debe morir», capaz de que la multitud se ponga a dar palmadas, el trovador se berree, pare y lance la siguiente amenaza: «Por favor, a mí no me gusta que hagan eso. La canción es rítmica, pero me distrae mucho. ¿Ustedes saben qué es lo que pasa, por qué no me gusta? Yo voy a tomarme el trabajo de explicárselos. En primer lugar, porque todo el mundo no aplaude a tiempo; unos aplauden por acá: “Pa pa, po po pu pa”, y entonces es una polirritmia metrallética lo que uno tiene en la cabeza. Que si fuera Álvaro López Miera el que lo estuviera haciendo, uno sabía por dónde llevarse, pero es que ninguno de ustedes es el ministro de las FAR, y muchísimo menos un público tan amplio, donde cada cual escucha un sonido diferente: los que están arriba lo escuchan un poco más retardado, los que están más adelante lo escuchan un poquito más presente. Entonces no es fácil cuando uno empieza a hacer una cosa rítmica y tiene que concentrarse en lo que está haciendo, y ustedes empiezan con la bobería esa. ¡Porque es una bobería, caballero, de verdad que sí! Y si no les gusta que les digan eso, vaya… ¡les caigo a tiros!».







