Un reciente análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) evalúa algunos escenarios político-militares sobre cómo podría actuar Estados Unidos con respecto a Cuba. El CSIS ha investigado sobre otros aspectos relacionados con la situación actual entre ambos países (por ejemplo, la presencia de instalaciones de espionaje chinas en territorio cubano). Aunque la más reciente pesquisa de este think tank se presenta como un ejercicio prospectivo, su verdadero valor no radica en anticipar una intervención militar o establecer probabilidades sobre la ocurrencia o no de determinado escenario, sino en plantear preguntas interesantes sobre la política estadounidense hacia Cuba.
El documento parte de un supuesto clave: un escenario de presión creciente y proyectada en diversos ámbitos agrava la situación interna del régimen cubano. A partir de ahí, los expertos del CSIS exploran cinco posibles escenarios, desde la continuidad de la presión sin intervención directa hasta otros más extremos como ataques aéreos o, incluso, una operación para descabezar el liderazgo político. Su diagnóstico es consistente: ninguna garantiza un resultado viable políticamente.
El primero de los escenarios es la continuación de la estrategia de presión económica sobre Cuba basada en restringir sus importaciones de petróleo para forzar reformas del régimen. Se trata de una lógica de desgaste, que apuesta por el deterioro progresivo de la economía cubana como mecanismo de coerción. En términos operativos, la estrategia es sencilla. Las Fuerzas Armadas cubanas carecen de capacidad naval significativa y sus aliados (Rusia y China) no tienen condiciones ni pretensiones de intervenir, lo que facilita la efectividad de la restricción a las importaciones —incluso sin despliegue militar directo— mediante la disuasión a terceros países. Aunque existieran intentos de evasión, estos no alterarían el resultado de manera sustancial.
No obstante, y de acuerdo con la investigación del CSIS, el principal desafío sería político. Por un lado, existe el riesgo de confrontaciones si otros actores deciden desafiar el cerco. Por otro, el costo reputacional para Estados Unidos aumenta a medida que el deterioro de la situación interna de Cuba lo proyecta como un actor coercitivo. En ese contexto, acciones puntuales de Rusia —como el envío y posterior cancelación de cargamentos de petróleo— reflejan tanto tensiones geopolíticas como los límites y la posible intensificación de esta estrategia de presión.
A esos argumentos del CSIS añadiría la posibilidad de que las autoridades cubanas realicen gestos para ganar tiempo y mitigar los efectos de las restricciones a la importación de combustibles, como ocurrió con el indulto de presos comunes en el contexto de la recepción de un buque petrolero ruso en marzo pasado. Estos eventos, en apariencia sin vínculo alguno, pueden entenderse como parte de un patrón desarrollado por el Gobierno cubano que se basa en la excarcelación de (pocos) presos políticos y comunes a cambio de medidas que le resulten favorables políticamente, según cada contexto.
El segundo escenario plantea un colapso interno en Cuba que derive en una crisis humanitaria y un vacío de poder; ello generaría una intervención de Estados Unidos para restablecer el orden. De acuerdo con el CSIS, aunque el régimen ha demostrado capacidad de resistencia no es descartable un deterioro súbito y con consecuencias difíciles de prever, caracterizado por descomposición estatal, protestas masivas y disturbios. Si el colapso ocurriera sin desorden generalizado, la intervención estadounidense se limitaría a asegurar puertos y aeropuertos para facilitar la ayuda humanitaria. Sin embargo, un colapso total del orden requeriría desplegar numerosas fuerzas terrestres.
Según los criterios habituales de operaciones de estabilización, sería necesario un efectivo de seguridad por cada 50 habitantes. En el caso cubano, esto implicaría alrededor de 100 000 militares, asumiendo que la mitad provendría de fuerzas locales. Sin embargo, no es probable que Estados Unidos ni una coalición regional asuman un compromiso de tal magnitud, como lo evidencian las dificultades recientes para reunir contingentes menores en Haití.
El tercer escenario plantea una estrategia de descabezamiento del liderazgo cubano mediante una operación de fuerzas especiales o un ataque selectivo contra figuras como Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel. El objetivo sería demostrar la capacidad y determinación de Estados Unidos ante el resto de la élite, como ocurrió contra Nicolás Maduro en Venezuela. Sin embargo, esas operaciones son complejas. Requieren inteligencia muy precisa y condiciones favorables que incluyen meses de preparación y apoyo de inteligencia en terreno. Un despliegue directo de tropas implica altos riesgos (bajas o capturas), por lo que es más probable un ataque puntual, pero también depende de información confiable.
Además, eliminar a la cúpula no garantizaría el colapso del régimen. A diferencia de otros casos, el régimen de La Habana no depende de una sola figura, lo que hace probable una reacción de endurecimiento del Partido Comunista, las fuerzas armadas y los aparatos de inteligencia. El secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció que no cuentan con una Delcy Rodríguez en Cuba. En síntesis, aunque una operación de decapitación es militarmente viable, sus efectos políticos son inciertos, según el CSIS: no garantizaría una caída inmediata del régimen y puede reforzar su cohesión interna.
El cuarto escenario plantea que Estados Unidos puede efectuar ataques aéreos contra objetivos militares en Cuba para presionar al régimen a aceptar cambios significativos y debilitar su capacidad de resistir futuras acciones similares. Desde el punto de vista operativo, las fuerzas armadas estadounidenses cuentan con capacidades para sostener varios días de bombardeos. Esos ataques se concentrarían en instalaciones de inteligencia y sistemas de defensa aérea, entre otros activos militares.
Aunque las defensas antiaéreas cubanas son limitadas, neutralizarlas permitiría a Estados Unidos operar con mayor libertad y emplear armamento más convencional y menos costoso. De acuerdo con el CSIS, el principal límite es político y estratégico. Si el régimen cubano mantiene su cohesión y no enfrenta un levantamiento interno significativo, es poco probable que los ataques aéreos por sí solos logren provocar su caída.
El escenario final contempla un evento imprevisto que desencadene una represalia militar de Estados Unidos. Este tipo de situación es difícil de anticipar y puede surgir de errores de cálculo en un contexto de creciente tensión militar. Incidentes como el derribo de un avión espía en 1962 o la explosión del USS Maine en 1898 evidencian cómo episodios puntuales pueden escalar hacia conflictos mayores. En el contexto actual de retórica agresiva y despliegues militares, un incidente con víctimas estadounidenses podría detonar una escalada, mediante ataques aéreos limitados o acciones contra el liderazgo cubano.
No obstante, una invasión a gran escala es el escenario menos probable. Cuba carece de capacidades militares significativas para disuadir a Estados Unidos, aunque podría realizar acciones asimétricas como el uso de drones. Una intervención terrestre requeriría, al menos, 100 000 efectivos estadounidenses, un despliegue costoso, lento y detectable, lo que reduce su viabilidad política y estratégica. Asimismo, no es una situación que se ajuste a las prácticas de la Administración estadounidense actual, como se constató en Irán y Venezuela.
La investigación del CSIS concluye que el régimen cubano intentaría evitar una victoria rápida de Estados Unidos, ya sea militar o negociada, mediante el retraso de cualquier acuerdo hasta las elecciones legislativas de noviembre de 2026. Esa lógica se vincula con dos prácticas comunes de las autoridades cubanas: la adquisición de tiempo con base en una mentalidad guerrillera. Cada día que el régimen existe es una victoria, aunque eso implica riesgos importantes, como un colapso interno o una crisis humanitaria, posibilidades que la élite cubana asume y maneja mientras el costo de la represión sea inferior al de negociar una salida pactada.
Estados Unidos tiene varios objetivos estratégicos con respecto a Cuba: debilitar sus vínculos con China en materia de inteligencia, impedir su apoyo a Rusia, abrir la economía y generar condiciones para el retorno de migrantes. Sin embargo, el CSIS sostiene que la Administración Trump requiere una estrategia clara de cambio para lograr sus objetivos y que, al mismo tiempo, posibilite una transición a la democracia en Cuba.
Independientemente de las consideraciones de los expertos del CSIS, creo que es evidente que Estados Unidos pretende que el régimen cubano se quiebre desde dentro. La aplicación de sanciones económicas y el aumento de la presión en varios ámbitos combinados con los contactos del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el jefe del Comando Sur de las fuerzas armadas estadounidenses con altos mandos militares y de los servicios de inteligencia cubanos, los verdaderos detentadores del poder, marchan en ese sentido. La más reciente reunión de un candidato a congresista republicano con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, quien declaró su intención de modernizar Cuba e insertarla en el siglo XXI, así como que el presidente Trump lidere el proceso, son otra evidencia de ello.
De cualquier forma, la agenda de requisitos mínimos para una transición democrática en Cuba está codificada en la legislación estadounidense. La Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubana, conocida como Ley Helms-Burton, establece un conjunto de acciones esenciales para dicha transición, por lo que cualquier implicación del capital estadounidense en la recuperación económica del país debería realizarse con base en lo establecido en esa disposición normativa. La Ley Helms-Burton funciona como un marco condicionante que vincula la apertura económica con transformaciones políticas sustantivas, y le recuerda a la élite del régimen que no habrá reconstrucción sostenible sin garantías democráticas efectivas.







