La verdad detrás de los reportes sobre buques estadounidenses cerca de Cuba

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Foto de referencia: USS Bataan (LHD-5), un buque de asalto anfibio clase Wasp / U. S. Navy.

Foto de referencia: USS Bataan (LHD-5), un buque de asalto anfibio clase Wasp / U. S. Navy.

Desde el 5 de febrero de 2026 se ha intensificado la atención mediática y política sobre la posible presencia de embarcaciones militares de Estados Unidos en aguas próximas al norte de Cuba. 

Sin embargo, a diferencia de otros momentos de alta tensión regional, la información disponible es fragmentaria, desigual y marcada por limitaciones propias del seguimiento público de activos militares. Aun así, es posible reconstruir un panorama informado sobre cuántos buques podrían haber estado en la zona, dónde se les ubicó y cuáles serían los objetivos de esa presencia, basándose exclusivamente en reportes posteriores a esa fecha.

En términos estrictos, no existen comunicados oficiales del Gobierno de Estados Unidos ni del Departamento de Defensa que confirmen, con nombres de buques y coordenadas precisas, la presencia sostenida de navíos militares estadounidenses «al norte de Cuba» después del 5 de febrero. La mayor parte de las referencias directas provienen de medios digitales que utilizan fuentes públicas para realizar labores de inteligencia (Open-Source Intelligence Osint) y que emplean muchas veces herramientas de seguimiento marítimo comercial, como VesselFinder —cuyos operadores reconocen limitaciones importantes cuando se trata de buques de guerra, los cuales no siempre transmiten señales AIS de forma continua o verificable—.

En medios independientes y redes sociales circularon reportes que afirmaban que al menos tres embarcaciones militares estadounidenses «habían amanecido» muy cerca de las aguas territoriales cubanas el 8 de febrero. Según esa información, una de las naves habría sido detectada a menos de 8 millas náuticas de la costa norte de la isla, en las cercanías de Cayo Romano Occidental. Los reportes no identificaron los buques por nombre ni tipo, y reconocieron que los datos provenían exclusivamente de observación en plataformas comerciales de rastreo marítimo, lo que impide confirmar con certeza la identidad o la misión de las embarcaciones observadas. 

Días más tarde, recorrió información contraria: no se observaban embarcaciones militares estadounidenses en las inmediaciones de Cuba. Para afirmarlo, se utilizaron las mismas plataformas de monitoreo. Esta aparente contradicción no implica una retirada efectiva de los buques, sino que pone de relieve los límites del seguimiento público de navíos militares, sobre todo en zonas sensibles. La ausencia de señales visibles en aplicaciones comerciales no equivale, en ningún caso, a una ausencia real de presencia naval, pero tampoco su avistamiento significa un desplazamiento con fines de permanencia.

Más allá de esa observación puntual y no verificada cerca de Cuba, sí existe información confirmada, posterior al 5 de febrero de 2026, sobre presencia naval estadounidense significativa en el Caribe septentrional. 

El 5 de febrero de 2026, la Embajada de Estados Unidos en Haití anunció la llegada de tres embarcaciones militares a la bahía de Puerto Príncipe: el destructor USS Stockdale y los guardacostas USCGC Stone y USCGC Diligence. La información fue presentada como parte de la Operation Southern Spear, enmarcada en tareas de seguridad regional, apoyo a la estabilidad y cooperación marítima.

Aunque estas naves no se encontraban en aguas cubanas ni al norte inmediato del archipiélago, su despliegue es relevante para comprender el contexto regional en el que se producen las observaciones sobre Cuba. Desde el punto de vista operacional, Haití, Cuba y los corredores marítimos del norte del Caribe forman parte del mismo teatro estratégico para Estados Unidos —particularmente en lo que respecta al control del tráfico marítimo, la vigilancia de rutas energéticas y la aplicación de sanciones internacionales—.

Varios reportes posteriores al 5 de febrero de 2026 vinculan la actividad naval estadounidense en el Caribe con una estrategia más amplia de presión energética y de interdicción marítima. El 9 de febrero, la agencia AP informó que fuerzas estadounidenses habían participado en el seguimiento e intercepción de un buque petrolero sancionado, rastreado desde el Caribe hasta el océano Índico. Según el reporte, esa operación se inscribe en lo que funcionarios estadounidenses describen como política de «cuarentena petrolera», orientada a cortar rutas de exportación de crudo venezolano y a impedir que ese petróleo llegue a mercados o aliados determinados, entre ellos Cuba.

Esa dimensión es clave para entender por qué la zona al norte de Cuba adquiere relevancia operacional. Los estrechos de Florida y los corredores marítimos que conectan el Caribe con el Atlántico constituyen puntos críticos para la vigilancia, el rastreo y la eventual interdicción de embarcaciones vinculadas al comercio energético sancionado. La presencia, real o potencial, de activos navales estadounidenses en esa área no requiere una estancia prolongada ni visible: puede responder a despliegues móviles, temporales y de baja firma, compatibles con misiones de monitoreo.

Al mismo tiempo, otros análisis publicados después del 5 de febrero revelan que dentro del aparato de defensa estadounidense existe un debate sobre el uso de grandes buques de guerra en operaciones de seguridad regional en el Caribe. Otro reporte de AP del 9 de febrero destacó que sectores del Pentágono cuestionan si misiones de interdicción, control marítimo y respuesta a crisis humanitarias podrían ser ejecutadas con plataformas más pequeñas o mediante mayor protagonismo de la Guardia Costera. El debate interno confirma que el Caribe es tratado como un espacio operativo activo, no como una zona secundaria.

Con la información disponible, puede afirmarse que no existe confirmación oficial de presencia naval estadounidense sostenida e identificada al norte de Cuba. Cualquier actividad naval estadounidense cerca del archipiélago en este período debe entenderse no como un despliegue excepcional o confrontacional, sino como parte de una estrategia más amplia, caracterizada por movimientos flexibles, misiones de vigilancia y una fuerte opacidad operacional. 

En ese contexto, la incertidumbre no es un fallo informativo, si no un componente deliberado de la dinámica militar contemporánea en el Caribe septentrional.

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