¿Transición pactada, colapso abrupto o reforma autoritaria? Escenarios de cambio político en Cuba, según expertos

Gasta menos datos recibiendo nuestro contenido en WhatsApp o Telegram
Intersección de las calles 23 y M en La Habana, Cuba. Foto: elTOQUE.

Intersección de las calles 23 y M en La Habana, Cuba. Foto: elTOQUE.

En medio de la peor crisis económica y social en décadas, Cuba enfrenta un escenario de incertidumbre política: ¿se encamina el país hacia una transición pactada, un colapso abrupto del sistema o una reforma autoritaria que preserve el núcleo del poder? Especialistas ofrecen lecturas divergentes —y en algunos puntos coincidentes— sobre los posibles desenlaces.

¿Colapso e implosión antes que pacto?

Para el doctor en Ciencias Históricas Juan Antonio Blanco, «las dos primeras categorías no son excluyentes: colapso e implosión seguido por transición», afirma. A su juicio, el escenario de una reforma autoritaria demandaría condiciones poco probables: «requeriría que el pueblo se resignara a morir de hambre y que Estados Unidos de Donald Trump se dejara embaucar como con [Barack] Obama. Muy dudosas ambas suposiciones».

Blanco, académico y exdiplomático cubano, va más allá al imaginar un punto de inflexión: «La posible y probable protesta nacional generalizada enfrentada por los represores y estos a su vez castigados militarmente por EE. UU., todo seguido por la posible ruptura de la cadena de mando y apertura de un proceso de transición pactado entre cubanos y acompañado muy cerca por Estados Unidos».

El colapso como escenario más probable

El politólogo Oscar Grandío considera «que el colapso abrupto es el escenario más probable en el corto plazo para Cuba, dado el empeoramiento inaguantable de la crisis, y la existencia clara de una posible ruptura del equilibrio entre violencia institucional frente a la violencia de la ciudadanía —que puede transformarse en una violencia política capaz de producir una explosión social violenta y masiva—».

El también historiador añade factores externos e internos que podrían precipitarlo: «Si se le suman las sanciones de la Administración Trump, la pérdida de apoyo venezolano (y mexicano), y el colapso ya total de sectores claves como la energía, turismo y exportación de servicios, podrían desencadenarse protestas masivas y el colapso del régimen».

Sin embargo, advierte que un vacío de poder no siempre implicaría democratización. «Ante la carencia de una estructuración mínima entre sectores disidentes para asumir un vacío de poder, si se produce el colapso, sectores afines al actual régimen pudieran reasumir el control del país, si no se produce una intervención directa de Estados Unidos para contener la violencia». Esa intervención, precisa, le parece «improbable, pero no imposible».

Sobre una transición pactada, señala: «Me parece improbable porque no hay voluntad real de las élites actuales de cambio hacia un proceso de transición ordenada que conlleve a un sistema democrático».

No obstante, introduce un matiz respecto a eventuales contactos bilaterales. «Ahora, ante los indicios que tenemos de diálogos forzados con Estados Unidos —que tienen el potencial de llevar a concesiones graduales conducentes a una supuesta reforma—, esta pudiera darse de manera limitada y reversible, manteniendo la esencia del sistema totalitario sin resolver las tensiones subyacentes; así que, en el corto y mediano plazo, las variables que hacen prever un colapso seguirían ahí».

En cuanto a las sanciones estadounidenses, sostiene que «pueden incidir directamente en la probabilidad de transición en Cuba al agravar la crisis económica y humanitaria, lo que precipitaría un colapso abrupto mediante protestas masivas a nivel nacional». No obstante, también contempla que, bajo otra lógica, «las sanciones podrían forzar concesiones a reformas no estructurales reversibles o una transición pactada», aunque duda que el régimen opte por esa vía.

¿Colapso parcial en curso?

El historiador Rafael Rojas cuestiona los términos iniciales en los cuales se planteó este debate. La «transición pactada», dice, es «el escenario menos probable porque requiere mayor tiempo de preparación, en términos de negociación de actores antagónicos involucrados, y en el presente cubano no hay señales, siquiera, de reconocimiento de legitimidades mutuas».

Sobre el «colapso abrupto», puntualiza: «el colapso o parálisis del país ya se están produciendo por la falta de combustible, aunque de manera parcial, no total». Si por colapso se entiende «una remoción del Gobierno, una fractura de las élites, una renuncia de sus máximos líderes», lo considera «muy improbable».

Lo que sí ve posible es «un nuevo estallido social o un conato de éxodo masivo». Y advierte: «Si ambos fenómenos son reprimidos, no habría que descartar una intervención militar estadounidense, que, por ahora, no parece estar contemplada. En ese escenario, sí podría producirse un derrocamiento del Gobierno».

Rojas tampoco descarta una reforma autoritaria más profunda que la aplicada durante el período de Raúl Castro: «Una reforma económica más profunda que la raulista y sin democratización política, como parte de un proceso de negociación con Estados Unidos, tampoco me parece improbable en el mediano plazo».

¿Puede Cuba virar hacia un modelo chino o vietnamita?

Para el economista Miguel Alejandro Hayes, la posibilidad de que Cuba adopte un modelo al estilo chino o vietnamita es poco viable dadas las condiciones internas del poder en la isla.

Según explica, en Cuba, las reformas económicas no han tenido un objetivo de desarrollo estructural, sino otro más limitado: «Siempre las reformas económicas tienen el propósito de aliviar de carga al Estado». En las últimas décadas, señala, el patrón ha sido el mismo: ante crisis financieras y de gobernabilidad, el Estado permite «una discreta apertura al sector privado» para descargar responsabilidades, sin alterar de manera esencial los espacios de poder.

A su juicio, «Cuba no transitaría hacia un modelo como el chino o vietnamita porque no cuenta con la solidez en la clase dominante de intereses comunes».

En lugar de un viraje estructural al estilo asiático, Hayes considera más probable una estrategia de control: «Posiblemente, transiten hacia un proceso que se presente como apertura, pero que en realidad va a ser uno de consolidación —como grandes empresas del pequeño sector privado estratégico que ellos han construido—». Esa apertura, añade, podría estar asociada a «un aumento del flujo de negocios con Estados Unidos», pero bajo el control de «figuras de confianza» del sistema.

En síntesis, más que un modelo chino o vietnamita, el economista vislumbra una reforma limitada y controlada, orientada a preservar el poder antes que a transformarlo.

¿Qué papel puede jugar la sociedad civil?

La investigadora cubana Hilda Landrove introduce otro ángulo: más que centrarse en la forma que pueda adoptar el cambio —colapso, transición o reforma—, propone mirar el rol que podría desempeñar la sociedad cubana en cualquiera de esos escenarios.

Para Landrove, «la pregunta misma sobre una transición es relevante porque estamos viendo desde finales de enero que, con la amenaza de aranceles para quien enviara petróleo a Cuba y la orden ejecutiva de la Casa Blanca que cataloga a Cuba como una amenaza para Estados Unidos, han empezado a correr rumores, especulaciones, construcción de escenarios». En su opinión, se ha instalado «la sensación de que un proceso de transición se ve cercano», lo que ha activado debates sobre cómo podría ocurrir.

Sin embargo, advierte que muchos análisis dejan en segundo plano a la sociedad cubana en sus múltiples expresiones. «La sociedad en las 3 000 formas que puede tomar», precisa, incluye desde organizaciones de derechos humanos en la diáspora hasta think tanks, iniciativas dentro de la isla que funcionan de manera mínima, familiares de presos políticos o campañas por la amnistía. «No están en este momento articulados por completo, pero existen», subraya, y plantea una interrogante central: «¿Qué rol pueden jugar eventualmente?».

Según Landrove, las recientes informaciones sobre posibles conversaciones entre funcionarios estadounidenses y representantes del Estado cubano —incluidos rumores de contactos de alto nivel— refuerzan la percepción de que se están discutiendo escenarios «a nivel de Gobierno» que podrían dejar fuera a la ciudadanía. «Creo que ahí es donde uno tiene que introducir el elemento de qué puede hacer la sociedad cubana», afirma.

En ese sentido, coincide parcialmente con el diagnóstico de fragmentación señalado por otros analistas. «La sociedad cubana, la oposición, la disidencia, la diáspora, el exilio, tienen que ponerse a pensar de qué manera articular iniciativas, proyectos que ya están ocurriendo», sostiene. A su juicio, en temas como los derechos humanos resulta «fundamental impulsar una articulación que gane capacidad de incidencia».

Más que anticipar un desenlace específico, Landrove plantea que se trabaje en escenarios de posibilidad. Imagina, por ejemplo, un contexto de debilitamiento del régimen producto de presiones internas o externas que obligue a concesiones en materia de derechos civiles. «Es el tipo de escenario en el que algún debilitamiento (…) nos dé a esa sociedad una mínima oportunidad de tener más presencia», explica. Esa presencia podría expresarse «en las calles, en una mesa de negociación o en la discusión pública».

Un eventual cese de la represión o la liberación de presos políticos, ejemplifica, abriría espacios de articulación para familiares y organizaciones que trabajan en ese ámbito, permitiéndoles aglutinarse en torno a nuevas demandas.

En síntesis, Landrove identifica dos líneas de acción paralelas: por un lado, la necesidad inmediata de organización y articulación para potenciar la incidencia; por otro, la capacidad de aprovechar «cualquier resquebrajamiento, cualquier indicio de quebrantamiento» en la estructura del poder. «Estamos en un momento en el que hay una represión muy terrible, pero quizá eso pueda cambiar y se pueda aprovechar esa oportunidad», advierte.

Entre la implosión y la reforma controlada

Las opiniones coinciden en un punto: ninguno de los escenarios es lineal ni puro. Para algunos, el colapso podría preceder a una transición. Para otros, el colapso ya ocurre de manera parcial sin que implique un cambio político. Y para otros, la salida podría ser una reforma económica limitada y controlada desde las élites.

Entre implosión, reforma y negociación forzada, el futuro inmediato de Cuba parece menos un tránsito ordenado que un campo de tensiones donde las variables internas —fracturas del poder, capacidad represiva, estallidos sociales— se cruzan con factores externos como las sanciones estadounidenses y el contexto geopolítico.

El desenlace, por ahora, sigue abierto.

toque-promo

Evalúe esta noticia

cargando ...

Comentarios

En este sitio moderamos los comentarios. Si quiere conocer más detalles, lea nuestra Política de Privacidad.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Encuentra la norma legal cubana que buscas
Normativa reciente
Gaceta Oficial No. 38 Extraordinaria de 2026
26 feb, 2026
Resolución 74 de 2025 de Banco Central de Cuba
Cancela la licencia otorgada mediante la Resolución 152 de 6 de noviembre de 2020, de la Ministra Presidente del Banco Central de Cuba, a SERVICIOS DE PAGO RED S.A y dejar sin efecto la referida disposición legal.
Respuestas a preguntas jurídicas frecuentes

Nuestras aplicaciones

elTOQUE
elTOQUE
Noticias y análisis sobre la realidad cubana.
Tasas de elTOQUE
Tasas de elTOQUE
Tasas de cambio del mercado de divisas en Cuba.
Legalis
Legalis
Acceso fácil a la legislación cubana.