Rentar en La Habana: alquileres dolarizados y servicios básicos convertidos en «gancho» por la crisis

18 de agosto de 2026 a las 12:40 p. m.

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(AP Foto/Desmond Boylan)

(AP Foto/Desmond Boylan)

La amplia brecha entre los ingresos laborales y el costo de los alquileres de larga duración dificulta el acceso a la vivienda en Cuba. En medio de la crisis actual, una parte de la oferta se anuncia en dólares o euros, lo que favorece a inquilinos que disponen de divisas o reciben apoyo económico desde el exterior. Otras viviendas se destinan a estudiantes extranjeros o se ofrecen como oficinas y locales para negocios privados. Condiciones como el abasto de agua, la promesa de «corriente las 24 horas» y una conexión estable a Internet aparecen con frecuencia en los anuncios como «gancho» para atraer clientes.

Cuando entre en vigor la nueva ley de la vivienda, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 30 de julio de 2026, el mercado inmobiliario operará bajo un nuevo marco jurídico. Entre los cambios figuran el derecho de las personas naturales a poseer hasta dos viviendas, además de la destinada al descanso o veraneo; la ampliación del acceso de personas naturales y jurídicas extranjeras a la compra y el arrendamiento de inmuebles y la posibilidad de subarrendar con autorización del propietario. 

Para los arrendamientos entre particulares, el artículo 72 mantiene el esquema contractual vigente: el precio continuará siendo libremente concertado, mientras el contrato deberá precisar el objeto del arrendamiento, la duración y los derechos y obligaciones de las partes. Las autoridades no informaron cuándo será publicada la nueva ley en la Gaceta Oficial; pero la norma entrará en vigor 90 días después de ello.

La nueva ley encontrará, sin embargo, un mercado en el que la permanencia de numerosos inquilinos depende en buena medida de acuerdos verbales entre propietarios y arrendatarios, escenario al que se suman la crisis de combustible, la depreciación del peso cubano y la creciente dolarización de la economía.

El costo de vivir alquilado en La Habana

La capital continúa siendo el principal polo de atracción de la migración interna. De acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), 21 104 personas fueron a vivir a La Habana durante 2025. Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo y Holguín estuvieron entre las provincias que más población cedieron hacia otros territorios.

En anuncios de 2026 sobre alquileres por tiempo indefinido para cubanos en La Habana, la disponibilidad de electricidad y agua se presenta como ventaja frente a otras viviendas en medio de la crisis actual.

En Lawton, un apartamento de dos cuartos para cubanos se anunciaba por 20 000 CUP al mes. Entre sus prestaciones, el propietario destacaba «un tanque elevado y otros recipientes para almacenar agua» y explicaba que el servicio dependía de las afectaciones eléctricas.

Dianelys, una arrendadora de Centro Habana, comenzó a ofrecer su vivienda por períodos prolongados a clientes cubanos debido a las dificultades para recibir los pagos de rentas turísticas. El cambio le permitió mantener ocupado el inmueble, pero los ingresos no le alcanzan para cubrir determinados gastos de mantenimiento. Durante una de esas estancias, los arrendatarios rompieron el vidrio de una ventana. También se averió la máquina del refrigerador, aunque Dianelys aclaró que los inquilinos no fueron responsables de ese daño. «Los 20 000 pesos que cobro de alquiler no me alcanzan para comprar uno nuevo y, si subo el precio, se me van», dijo a elTOQUE.

La competencia entre arrendadores por captar inquilinos se hace más visible en las ofertas dirigidas a cubanos con acceso a divisas.

Una renta lineal de un cuarto en El Vedado, anunciada en 180 USD, destacaba que disponía de respaldo eléctrico; otro apartamento de larga duración en La Habana Vieja, por 450 USD mensuales, promovía la «poca afectación» del servicio eléctrico e incluía un tanque de agua entre sus prestaciones.

En Marianao, un apartamento de un cuarto se ofrecía por 100 USD mensuales y exigía el pago adelantado de dos meses. La publicación añadía: «Comunicación constante. Revisamos el acuerdo cada tres meses», aunque no precisaba qué condiciones podían cambiar durante esas revisiones. Según la tasa de cambio del mercado informal estimada por elTOQUE el 13 de agosto de 2026, 100 USD equivalen a 67 000 CUP, casi 21 veces el salario mínimo mensual vigente desde julio. El pago de dos mensualidades por adelantado elevaba a 134 000 CUP el desembolso inicial para acceder a la vivienda.

Esa franja puede captar, por ejemplo, a personas que reciben remesas o a más de un inquilino dispuesto a compartir gastos. Otros arrendadores, sin embargo, apuntan a estudiantes y personal extranjero, empresas, embajadas o cubanos emigrados que pasan temporadas en la isla. La capacidad de pago de esa clientela les permite fijar precios superiores a los 100 o 150 USD que todavía aparecen en los segmentos más modestos del alquiler para cubanos.

Una casa de tres habitaciones en el Vedado se promocionaba por 1 000 USD mensuales para estudiantes extranjeros y grupos. En Atabey, una vivienda de dos cuartos se anunciaba por 850 USD. Ambas incorporaban sistemas de respaldo eléctrico y otras prestaciones dirigidas a una clientela con mayor capacidad de pago.

Un arrendador de La Habana contó a elTOQUE que su penúltimo inquilino, un estudiante extranjero de Medicina, dejó la vivienda para buscar otra con electricidad más estable, aunque estaba satisfecho con la casa y con el acuerdo. «Yo lamenté perderlo porque me cumplió con todo. Él me dijo: “No quiero irme de aquí, aquí estoy feliz”, pero se fue buscando una casa con luz», relató. 

Según el propietario, las pocas viviendas situadas en circuitos asociados a hospitales se alquilan a precios más altos. Los apagones también afectan el abasto de agua en el inmueble. El arrendador temió que la vivienda quedara vacía hasta que encontró a otra clienta e instaló un tanque para almacenar agua. «No le cobro caro, pero igualmente es un dinero. Ella aceptó mi falta de comodidades generales. Así vamos», explicó. Las deficiencias de los servicios pueden provocar la pérdida de un inquilino, lo que obligaría al propietario a invertir para mantener la renta ocupada y, en consecuencia, elevar el precio.

La crisis del transporte, otra cara de la escasez de combustible, también ha influido en los precios de los alquileres de larga duración en la capital. Una renta más económica en Guanabacoa, Arroyo Naranjo u otro municipio periférico puede exigir varios trayectos diarios, horas de espera y gastos adicionales para llegar al trabajo o al centro de estudios. En esas condiciones, pagar más por vivir cerca puede ser decisivo para conservar el empleo o continuar estudiando.

Un emprendedor de Guanabacoa dijo a elTOQUE que en ese municipio todavía pueden encontrarse pequeños apartamentos por 10 000 o 15 000 CUP mensuales, mientras que las opciones céntricas alcanzan precios considerablemente mayores y en dólares, «150, 200 y yo ahora pago uno de 300 USD». «Para quienes trabajan lejos de la periferia», el precio incluye el costo del transporte, afirmó. La fuente considera que las personas que llegan desde otras provincias suelen buscar casa en Centro Habana, el Vedado u otras zonas mejor conectadas.

El 3 de agosto de 2026, un matrimonio buscaba en Guanabacoa una vivienda de al menos dos cuartos. La pareja especificaba que debía estar «lo más céntrico posible», aunque aceptaba que no estuviera completamente equipada.

En julio de 2026, una tecnóloga de la Salud de 54 años publicó en Revolico que buscaba una casa donde residir en el Vedado o Plaza a cambio de atender a un adulto mayor. Explicaba que trabajaba en el Vedado y necesitaba mantenerse cerca ante las dificultades del transporte y el riesgo de perder su empleo. 

Pagar mucho más a cambio de una ubicación céntrica o aceptar una renta barata a cambio de renunciar a muebles y electrodomésticos parecen formar parte de las estrategias de quienes necesitan vivir lejos de su vivienda familiar.

Fuera de La Habana, se hallan con mayor frecuencia precios de alquileres expresados en pesos cubanos. Una oferta publicada el 7 de junio en Santa Clara anunciaba una renta por tiempo indefinido en un «circuito priorizado», por 10 000 CUP. Otra publicación ofrecía una vivienda en Matanzas por 12 000 CUP. En Ciego de Ávila, una persona que buscaba alojamiento declaraba que podía pagar hasta 10 000 CUP; en Pinar del Río, la búsqueda situaba el presupuesto entre 15 000 y 23 000.

Rentar o regresar

Una artista matancera regresó a su provincia tras pasar por «cuatro alquileres caros» en La Habana. Se mudaba cada vez que encontraba una opción más barata, pero, según dijo a elTOQUE, los propietarios ocultaban problemas de las viviendas que ella descubría después. En la última casa, por la que pagaba 250 USD mensuales, llegó a pasar varios días sin agua, aunque la propietaria le había garantizado otras condiciones. La dueña aseguró que se trataba de un problema puntual, pero los vecinos le dijeron que ocurría con frecuencia. «Es un abuso», afirmó. Después de cuatro intentos, decidió regresar a Matanzas convencida de que los arrendadores «no juegan limpio».

Para muchos cubanos que llegan a la capital en busca de mejores oportunidades, quedarse en la ciudad depende de conseguir y asumir el alto costo de una vivienda. Cuando el alquiler se vuelve insostenible, las personas afectadas pueden alojarse temporalmente con conocidos o familiares. Si esas alternativas se agotan, algunos optan por regresar a su provincia de origen. 

Sin embargo, regresar tampoco resulta sencillo para quienes deben moverse un poco más lejos. La escasez de combustible obligó a recortar las rutas interprovinciales a menos de la mitad de su capacidad habitual y a establecer comisiones para distribuir los pasajes disponibles. La reducción de los servicios fue anunciada por el Ministerio de Transporte el 15 de mayo de 2026 y comenzó a aplicarse el 18 de junio. Ese día, entró en vigor un nuevo procedimiento para solicitar los pasajes disponibles mediante oficinas municipales. 

Para el 8 de julio, Juventud Rebelde reportó que, después de atender urgencias médicas, fallecimientos y otros casos priorizados, esas comisiones valoraban también las solicitudes de personas que, «por diversos motivos», se encontraban en La Habana y necesitaban retornar a su provincia de origen. Algunos viajeros acudían desde las cuatro de la mañana para intentar conseguir un pasaje y evitar el transporte privado, cuyas tarifas hacia las provincias orientales podían superar los 20 000 CUP.

Quienes regresan a sus provincias y dependen allí de sus redes de apoyo forman parte de una estadística a menudo invisible: cubanos cuyos proyectos laborales, académicos y personales se vieron frustrados por el costo de la renta en un país en crisis.

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