Un viejo tango nos dejó el axioma de que «20 años no es nada», pero sí que cuentan, tanto que muchos de los protagonistas cubanos del I Clásico Mundial de Béisbol, ya colgaron los spikes y actualmente ven «lo toros y el béisbol» desde las gradas.
No obstante, estoy segura de que muchos de ellos y de los aficionados al béisbol cubano no olvidan el delirio que se vivió en la isla en marzo de 2006 por un torneo que enfrentaba a la «pelota amateur» de las Series Nacionales contra grandes nombres de las Grandes Ligas como Ichiro Suzuki, David Ortiz o Iván Rodríguez.
Uno de los inolvidables para Cuba en ese primer Clásico, y que dejó una frase para la historia, fue el excenter field de los Industriales y de aquel equipo, el capitalino Carlos Tabares.
«Es una historia imborrable, desde esa frase histórica de dejar la piel en el terreno hasta ese cara a cara con los peloteros de Grandes Ligas. Éramos un equipo grande en el I Clásico; éramos 30 jugadores de élite, aunque llevábamos el cartel de amateurs», comentó en exclusiva para elTOQUE.
Según Tabares, con cada victoria en el torneo, el equipo fue ganándose el respeto de sus rivales, tal como él había anticipado, dejándose «la piel en el terreno».
«Salimos a hacer el trabajo. Los demás equipos nunca pensaron que íbamos a hacer ese gran papel porque no éramos profesionales. Nos fue saliendo el resultado, cada uno haciendo su papel, viendo todo lo que podíamos aportar con nuestra experiencia y otros con su juventud», agregó.
En el I Clásico Mundial, Cuba debutó con victoria ante el seleccionado de Panamá, 8 carreras por 6, y luego liquidó a los holandeses de manera contundente, 11 anotaciones a 2. Con ese par de triunfos, su pase a la segunda fase estaba garantizado y así fue, a pesar del nocaut que recibieron por parte de los boricuas en el cierre de la etapa regular.
«Esa vivencia es inolvidable: ir juego por juego, inning por inning, de los lanzadores; de nosotros, los jugadores de campo, creando jugadas y buscando las fallas del contrario para conseguir el resultado», añadió.
En la segunda ronda, Cuba le plantó cara a una Venezuela plagada de jugadores de Grandes Ligas y los derrotó 7 a 2, pero cayó ante República Dominicana en un partido muy cerrado (1-2), lo que los obligó a un choque de «vida o muerte» ante los locales de Puerto Rico.
Los cubanos liquidaron a los boricuas por la mínima, 4-3, y confirmaron su pase a semifinales, donde los esperaba Dominicana, otro trabuco lleno de peloteros de MLB.
Para Tabares, estos dos partidos fueron únicos: «Lo viví como algo muy grande. Ese juego contra Puerto Rico, que nos llevó a las semifinales, y después ese otro que le ganamos a Dominicana, fue espectacular. No quiero decir que seamos un mejor equipo que el actual, pero el I Clásico es muy especial porque íbamos a enfrentar a un béisbol de alto nivel, donde estaban todos los profesionales, y obtuvimos ese segundo lugar, muy meritorio».
«Todos los jugadores compartimos vivencias, criterios; ellos (los de Grandes Ligas) también escucharon nuestras historias, nuestro modo de ver el campo, el béisbol. De verdad que fue único. Tuve la oportunidad de jugar hasta billar con Albert Pujols y de estar en una gala con Papi Ortiz, Miguel Cabrera y Adrián Beltré, unos referentes que veíamos en la televisión como algo lejano», precisó.
Aunque para Tabares la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 es el momento cumbre en su carrera deportiva, su protagonismo en el I Clásico Mundial lo ubicaría de segundo en el podio, porque fue «una experiencia única».
En cuanto al equipo Cuba que debutará el 6 de marzo de 2026 en el VI Clásico, el antológico del dorsal 56 asegura que tiene esperanzas y buenas vibras.
«Qué más quisiera que Cuba volviera a tener un resultado como este de nosotros, y muy adentro sé que pueden; si los jugadores hacen su trabajo, si cada uno hace lo que le corresponde en el terreno, pueden hacerlo», sentenció el expelotero cubano devenido analista financiero en Miami.
A dos décadas de aquella hazaña, el balance histórico confirma la magnitud de lo conseguido: el subtítulo alcanzado por Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol 2006 sigue siendo, hasta hoy, la mejor actuación de la isla en este torneo.
Aquel equipo, formado en su mayoría por jugadores de la Serie Nacional, logró competir de tú a tú contra potencias repletas de estrellas de Grandes Ligas y dejó una marca deportiva y emocional difícil de igualar.









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