La cúpula de La Habana parece haber quedado sin margen de maniobra. Mientras Donald Trump radicaliza su retórica y Marco Rubio define a la isla como un «Estado fallido» bajo tutela extranjera, Miguel Díaz-Canel se limita a lanzar acusaciones de «pobreza moral», horas después de que una nueva orden ejecutiva apretara el lazo financiero. Más allá de la obsesión por retener el control, la prioridad de quienes sostienen el poder real en Cuba es la captura desesperada de divisas. Pero eso resulta más difícil cada día.
El turismo, que debía ser «la locomotora» del país, se desvanece tras el declive de sus mercados principales Canadá y Rusia. A esto se añade que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), prevé que la economía de Cuba sufrirá una contracción del 6.5 % en el año 2026, convirtiéndose en la peor de la región. En ese contexto, las movilizaciones forzadas y las campañas propagandísticas para simular respaldo masivo, son sostenidas por la inercia social, la vigilancia y la coacción del Estado.
Esta semana Washington anunció una nueva orden ejecutiva que bloquea cualquier vía de ingreso de divisas al régimen cubano. Las sanciones se aplicarán a quienes operen en sectores estratégicos como energía, defensa, minería, así como a cualquier entidad bajo control directo o indirecto del Gobierno de Cuba. El alcance de la medida incluye a funcionarios, altos directivos y miembros de consejos de administración, extendiéndose incluso a sus familiares adultos. También serán objeto de penalizaciones quienes presten asistencia y aquellos señalados por corrupción o violaciones graves de los derechos humanos en la isla.
Este cerco se suma a un cuadro macroeconómico que ya era insostenible antes de las nuevas restricciones. El desplome entre 2025 y 2026 se expresaría, según pronostica la Cepal, en una caída acumulada del Producto Interno Bruto superior al 10 %. El contraste regional resulta abrumador porque mientras el promedio del PIB per cápita en América Latina ronda los 10 212 USD, el de un ciudadano cubano apenas alcanza los 1 082 USD. La diferencia del 90 % sitúa a la isla en el último escalón de la riqueza en el subcontinente y la convierte, junto a Haití, en el principal lastre para el crecimiento de la región.
El doctor en Ciencias Económicas Pavel Vidal precisa que las familias cubanas ya pagaron la parte más agresiva del ajuste a través de la inflación y la pérdida de servicios básicos. Como parte de la serie «Cuba: De la crisis a la transformación», el analista reflexiona sobre tres etapas para enfrentar la debacle nacional. Primero habla de «estabilización y transformaciones de emergencia» en un período de 2 a 3 años; de una necesaria «reactivación productiva» y de una «visión estratégica del modelo de desarrollo económico y social».
«Los objetivos de esta primera etapa deben ser realistas y coherentes con el punto de partida. No deben plantearse como metas a corto plazo excesivamente ambiciosas o inalcanzables, sino como objetivos de emergencia destinados a frenar el deterioro, restablecer las condiciones mínimas para el funcionamiento económico y generar confianza entre los inversores», indicó el experto.
Su propuesta de rescate incluye, de modo central, al sector privado y a la comunidad emigrada para inyectar capital en la isla. Esa hoja de ruta también requiere una negociación con Estados Unidos que permita alivios financieros, aunque esa opción parece lejana mientras el régimen se niega a realizar reformas que no sean puramente cosméticas.
Por otro lado, el turismo presenta cifras catastróficas. Hasta marzo de 2026, arribaron a Cuba 448 857 viajeros, lo que representa el 59 % respecto a igual período del 2025. El mercado canadiense tuvo una caída del 99 % con respecto al mismo mes del año anterior y el ruso no logró equilibrar el descenso con solo 249 visitantes. Pero la crisis no es coyuntural. Entre 2019 y 2025 los ingresos del sector disminuyeron un 70 %, en un contexto donde el Caribe ha ido recuperando los niveles de actividad previos a la pandemia.
¿Es 2026 el año del cambio en Cuba? Un evento del exilio cubano en Florida ocupó titulares esta semana. Varios miembros de esa comunidad consideran que este año marcará un punto definitivo de inflexión para el Gobierno cubano.
En entrevista con elTOQUE, el politólogo José Manuel González Rubines aseguró que el sistema ha llegado a un punto donde es incapaz de generar una mínima estabilidad. Según dijo, el cambio resulta inevitable incluso si las amenazas de la Administración norteamericana no llegaran a materializarse.
El analista precisó que la posibilidad de una salida al estilo venezolano, mediante la extracción de una figura central, carece de sentido en el entorno cubano. Asegura que el diseño del régimen no depende de un único nodo, como ocurría con Nicolás Maduro, por lo que retirar a Miguel Díaz-Canel no desarticularía la estructura real de poder.
Para González Rubines los escenarios futuros son inciertos y dependen de cómo se gestione el cruce transicional, ya sea mediante una negociación interna de la élite para una apertura autoritaria o por el empuje de las protestas populares que suelen intensificarse en los meses de mayor crisis energética.
Considera que el obstáculo más severo para la reconstrucción democrática es el daño profundo en la formación cívica —tras décadas de propaganda intensiva— que ha intentado «cauterizar los nervios de la política». El sistema trabajó deliberadamente para convencer a la ciudadanía de que la gestión pública es «un asunto de otros», precisó el investigador. Sin embargo, la persistencia de protestas demuestra que la sociedad no ha quedado totalmente «anémica» y que el cambio vendrá de la capacidad de proponer un proyecto de nación funcional que logre ilusionar más allá de la simple oposición al sistema.
*Estos temas son parte del nuevo episodio de Radiografía de Cuba, disponible en nuestras plataformas.
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