Muchos cubanos ya conocemos esta ecuación que tiene armada el régimen para desinformar.
Primero, las autoridades niegan de forma rotunda cualquier denuncia, sin importar que existan noticias, testimonios u organismos independientes que la respalden.
Luego aseguran que todo es mentira, pero introducen un «pero» cargado de justificaciones. Y cuando ya no hay escapatoria ante las evidencias, aparece el discurso épico: hablan de «abnegación», «heroísmo», «sacrificios», «resistencia» o de que «nos solicitaron ayuda». De la negación a la admisión forzada: esa es la ecuación.
Pero las caretas terminan cayendo, porque el relato se sostiene en falsedades, omisiones y propaganda.







