La doctora Lázara Insua Grillo vive sola en un edificio multifamiliar de cinco pisos en San Cristóbal, municipio de Artemisa. Su esposo murió durante la pandemia y su hijo emigró a Europa poco después de los sucesos frente al Ministerio de Cultura en noviembre de 2020. A sus 83 años tiene en casa un problema con el que no puede lidiar: los excrementos salen a borbotones por la bañadera y el inodoro.
Lázara fue profesora. Tiene una especialidad médica y trabajó en las llamadas «misiones internacionalistas» del régimen cubano en Venezuela y Etiopía. Prestó servicios durante más de 50 años en el sistema de Salud cubano, pero recibe una pensión que no sobrepasa los 4 000 CUP. Los vecinos conocen el problema, pero nadie puede ayudarla.
Los costos de reparar la tupición no se cubren con sus menguados ingresos y su hijo tampoco tiene los recursos para pagar a un trabajador independiente.

Lázara vive en la planta baja de un edificio, que en apariencia no muestra fallas constructivas, pero sí un sistema hidráulico muy deficiente. Tiene, en el patiecito, el bajante con el desagüe del edificio roto.
La persona que se comunicó con elTOQUE y que es cercana a la familia denuncia que la anciana vive como en una de las escenas de la película Plantados, de Lilo Vilaplana, en la que los presos políticos son obligados a meterse en un «charco de mierda».
Su apartamento no dispone de otro baño y la inmundicia le queda justo al lado de la cocina, lo que no solo entorpece el aseo, inunda de mal olor e impide mantener la higiene en buena parte de la vivienda.
Tanto la intendente como el secretario del Partido Comunista en el municipio le han prometido a la jubilada que se ocuparán personalmente del problema, le han dicho que han hecho llamadas, pero las semanas transcurren sin que nadie llegue hasta su casa. «Ellos tienen una especie de disolvente, te dan la baba para que ella se disuelva ahí y el tiempo va pasando y si se muere mejor, porque así no tienen que hacer nada», lamenta la persona que escribió a nuestro medio.
Lázara también pertenece a la Asociación de Combatientes. Algunos de sus miembros la han visitado y han dicho que es una «vergüenza» que viva así, pero el excremento continúa desbordado. Como ciudadana, ha recorrido cada uno de los caminos institucionales posibles en busca de ayuda, pero solo le va quedando una creciente desesperación.

Al colapso del hogar, se agrega que su salud se ha resentido. Necesita la ayuda de un bastón para caminar. También tiene problemas de cervical y los mareos le han provocado caídas en medio de la calle.
Antes, comía en un Círculo de Abuelos, pero se robaban los alimentos y daban a los ancianos la peor de las atenciones. «Chinches, comida de pésima calidad y en cantidades exiguas; verdadero centro de indigentes», describe el mensaje llegado a nuestra redacción. Solo la Iglesia católica la ayuda con dos almuerzos a la semana que ella divide para varios días como recurso de subsistencia.
Las dificultades que Lázara encara en su vivienda se multiplican en otros hogares cubanos por el deterioro y el abandono gubernamental. El déficit habitacional en el país más envejecido de Latinoamérica supera las 900 000 viviendas. Los precios de los materiales constructivos alcanzan cifras exorbitantes como 400 ladrillos por 41 USD (más de 24 000 CUP al cambio del mercado informal) o una bolsa de cemento por 7 000 CUP, según la denuncia de una cubana en Tik Tok.




