En marzo de 2026, Cuba volvió a quedar completamente a oscuras. Dos colapsos generalizados del sistema eléctrico dejaron a millones de personas sin servicio, en un país donde el 89 % de la población sobrevive en condiciones de extrema pobreza. Van siete apagones masivos en año y medio.
En ese escenario, un grupo de activistas, entre ellos varios estadounidenses, llegó a la isla en nombre de la «solidaridad», pero se hospedó en hoteles de lujo desde donde defienden al régimen de La Habana, señalado como principal responsable de la crisis. ¿Quiénes son algunos de los ciudadanos estadounidenses que integran el Convoy Nuestra América? ¿Está el hotel boutique en el que se hospedan incluido en la lista de entidades restringidas de Estados Unidos y qué sanciones podrían enfrentar por ello?
¿Qué estadounidenses están en Cuba como parte del Convoy Nuestra América?
No existe, hasta el momento, un listado oficial público que permita identificar con precisión a todos los ciudadanos estadounidenses que han viajado a Cuba como parte del Convoy Nuestra América. Sin embargo, a partir de menciones recogidas en reportes de prensa nacionales e internacionales, es posible reconstruir parcialmente algunos nombres vinculados a esta iniciativa y que se encuentran en la isla.
Entre ellos figura Hasan Piker (HasanAbi), streamer y comentarista político de izquierda con amplia presencia en redes sociales. También se menciona a Manolo de los Santos, codirector ejecutivo de la organización The People’s Forum, así como a David Adler, cocoordinador general de la Internacional Progresista. A estos se suma Víctor Coronado, residente en Nueva Jersey, quien se integró al convoy a través de programas de la organización pacifista Code Pink.
Otros participantes identificados en coberturas mediáticas incluyen a Chris Smalls, conocido sindicalista estadounidense, y a Megan Russell, activista vinculada a Code Pink–Women for Peace, donde trabaja en campañas relacionadas con Estados Unidos-China. Asimismo, aparecen nombres como Jessica Cruz Díaz, estadounidense de origen cubano nacida en Miami-Dade, y David Beltrán Zorrilla, de origen colombiano.
Isra Hirsi, la activista de 23 años e hija de la representante al Congreso de EE. UU. Ilhan Omar, también se encuentra en La Habana; así como la autora estadounidense Jodie Evans, cofundadora de la organización de izquierda femenina Code Pink.
Aunque estas menciones permiten identificar algunos perfiles concretos, medios oficiales cubanos como Cubadebate han señalado de forma general que «un gran número de los solidarios con Cuba son de Estados Unidos», sin ofrecer detalles.
¿En dónde se hospedan?
Aunque tampoco hay una confirmación oficial detallada sobre los aspectos logísticos del Convoy Nuestra América, diversos reportes y referencias apuntan a que varios de sus integrantes se hospedan en el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, una instalación de cinco estrellas ubicada en el centro histórico de La Habana, donde las habitaciones oscilan entre 130 y 520 USD por noche.
Según la descripción comercial del hotel, se trata de un «lujoso hotel boutique». Entre sus principales atractivos figura una piscina en la azotea con vista panorámica al Capitolio de La Habana, uno de los íconos arquitectónicos de la ciudad.
Reportes desde medios de comunicación estadounidenses señalan que Piker también se quedó en ese hotel, así como otros de los participantes estadounidenses, aunque no se detallan nombres.

En esta publicación en X, Piker reconoce que se quedó en un hotel cinco estrellas. No menciona el nombre específico de ninguno, pero sus declaraciones coinciden con el debate que se generó en redes sociales después de que The New York Post, Fox News y otros medios internacionales lo ubicaran en el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, además de a otros de los estadounidenses participantes en el convoy.
El activista también realizó varias transmisiones en vivo para su canal en Twitch desde lo que parece su habitación personal. Utilizamos fuentes abiertas para comprobar la ubicación de la habitación. Encontramos una coincidencia en la cortina que se ve en sus transmisiones con las cortinas de las suites Grand y Presidential, dos de las habitaciones más costosas que ofrece el Gran Hotel Bristol Habana Vieja. Es difícil determinar con exactitud en cuál de las dos estuvo el streamer. La coincidencia (en color, textura, largo e iluminación) se puede ver en las imágenes debajo y en la web del hotel.
Otra de las afirmaciones del activista fue que el hotel cinco estrellas donde se quedaba en Cuba, «uno de los pocos donde el Gobierno de EE. UU. permite que los estadounidenses se alojen legalmente». Esto es falso.
No existe ninguna norma del Gobierno de Estados Unidos que limite a los ciudadanos a hospedarse únicamente en hoteles de cinco estrellas en Cuba. La restricción real no tiene que ver con la categoría del alojamiento, sino con su propiedad: los estadounidenses tienen prohibido realizar transacciones con hoteles y negocios vinculados al Estado cubano —en particular, a conglomerados como Gaesa— que aparecen en la Lista de Entidades Restringidas. Fuera de ese listado, pueden alojarse legalmente en múltiples opciones, desde casas particulares y alojamientos privados hasta pequeños hoteles, hostales o alquileres tipo Airbnb. De hecho, estas alternativas no solo son legales, sino que permiten que el dinero llegue directamente a emprendedores y familias cubanas, en lugar de a estructuras controladas por el Gobierno.
En esta publicación en X, Isra Hirsi compartió un artículo de New York Post. Al publicar el texto en redes sociales el medio destacó: «Radicales insensibles llegan en masa a La Habana y se hospedan en hoteles de 5 estrellas mientras la isla está en crisis: “Una burla al pueblo cubano”». La joven activista al compartir el contenido reconoció que estaba en la isla, pero no negó ni hizo aclaración alguna sobre su hospedaje.
La elección de este tipo de alojamiento contrasta con el discurso de solidaridad que acompaña al convoy, y con las condiciones en las que se desarrolla esta visita en comparación con la realidad cotidiana de la mayoría de los ciudadanos cubanos.
¿Es un hotel sancionado por Estados Unidos?
El Gobierno de Estados Unidos restringe y puede sancionar a ciudadanos estadounidenses que se hospeden en ciertos hoteles en Cuba bajo el marco de las Regulaciones de Control de Activos Cubanos (CACR, por sus siglas en inglés), administradas por la Office of Foreign Assets Control (OFAC) que forma parte del Departamento del Tesoro.
Estas regulaciones no prohíben de forma absoluta todos los viajes a Cuba, pero sí establecen que los estadounidenses solo pueden viajar bajo licencias específicas (visitas familiares, actividades periodísticas o humanitarias). Dentro de ese marco, existe una restricción clave: los ciudadanos estadounidenses no pueden realizar transacciones directas con entidades cubanas incluidas en la «Lista de Entidades Restringidas de Cuba».
En esta lista —conocida como Cuba Restricted List— Estados Unidos incluye empresas, hoteles y comercios vinculados al conglomerado militar cubano, especialmente el grupo empresarial Gaesa. Muchos hoteles de alta gama en La Habana, incluidos varios administrados por cadenas extranjeras en asociación con el Estado cubano, han sido incorporados a esa lista.
Entre los hoteles en La Habana aparece el «Gran Hotel Bristol Kempinski», según la última actualización de la lista el 14 de julio de 2025, cuando todavía este inmueble no había pasado a ser administrado por Meliá. La cadena española anunció que operaría el hotel a finales de julio de ese año, cuando su nombre pasó a ser Gran Hotel Bristol Habana Vieja.
¿Qué sanciones enfrentan los estadounidenses por hospedarse en hoteles restringidos en Cuba?
Las personas sujetas a la jurisdicción estadounidense tienen prohibido alojarse, pagar por alojamiento o hacer reservas en cualquier propiedad incluida en la Lista de entidades o alojamientos restringidas por el Departamento de Estado.
Estos controles están codificados principalmente en el Reglamento de Control de Activos Cubanos (CACR), que se encuentra en el Título 31 del Código de Regulaciones Federales, Parte 515.
Incumplir la normativa puede tener consecuencias legales para personas físicas y jurídicas. Entre las medidas está la imposición de multas económicas por cada transacción prohibida —como el pago de alojamiento—, que pueden alcanzar montos elevados en función de la gravedad del caso.
Si se determina que hubo conocimiento previo de la restricción o reincidencia, las multas pueden incrementarse o dar lugar a un proceso penal por parte del Departamento de Justicia. Las sanciones penales incluyen multas de hasta 1 millón de dólares para entidades corporativas y de hasta 250 000 USD para personas físicas. Quienes sean declarados culpables de infracciones deliberadas también se enfrentan a la posibilidad de una pena de prisión de hasta diez años. Las sanciones se determinan en función de diversos factores, como la gravedad de la infracción y si esta fue comunicada voluntariamente a la OFAC.
Además, las autoridades pueden iniciar investigaciones administrativas, solicitando a los viajeros documentación detallada sobre su estancia, gastos y la categoría legal bajo la cual viajaron a Cuba.
Así, mientras el país atraviesa apagones generalizados, escasez crónica y una crisis que golpea a la mayoría de los cubanos, parte de quienes dicen llegar en nombre de la «solidaridad» lo hacen desde entornos de lujo y, potencialmente, en contradicción con las regulaciones de su país. La escena cierra el círculo con la imagen inicial: una Cuba sumida en la oscuridad, no solo por la falta de electricidad, sino por las profundas desigualdades y contradicciones que dejan al descubierto iniciativas como este convoy.









