La detención de 31 migrantes cubanos en Bonfim, en el estado brasileño de Roraima, fue el mayor incidente colectivo registrado durante mayo de 2026. No fue un caso aislado. Ese mismo mes, en el corredor fronterizo entre Guyana y Brasil, otras 18 personas fueron detenidas en Boa Vista y 19 más en Cantá. En conjunto, las detenciones colectivas en Roraima concentraron buena parte de las 140 personas cubanas afectadas por algún incidente migratorio durante el mes, según el Índice de Riesgo Migratorio Cubano (IRMC).
El IRMC clasificó mayo como un mes de riesgo alto: 50 eventos y un índice de 0.74. El total de afectados fue el más alto desde febrero de 2026 y, aun así, el índice descendió respecto a abril, cuando había alcanzado 0.80, el valor más alto registrado hasta entonces.
La aparente paradoja tiene una explicación: el riesgo no disminuye porque haya menos migración o menos peligro, sino porque cambió su composición. El número de afectados casi triplicó el de abril —53 personas en 23 eventos—, pero el peso del mes se desplazó hacia las detenciones colectivas y no hacia los incidentes más extremos (muertes y desapariciones) que habían marcado el período anterior.
Brasil, el foco que no se veía: detenciones masivas en Roraima
Aunque México y Estados Unidos concentraron el mayor número de registros del mes —19 y 18 incidentes, respectivamente—, el principal foco de afectación humana se desplazó hacia el sur.
Brasil reunió a 75 de las 140 personas afectadas, más de la mitad del total, casi todas vinculadas a detenciones colectivas en el estado de Roraima. Los números lo muestran con claridad: 38 personas fueron detenidas en dos eventos en Bonfim, 18 en Boa Vista y 19 en Cantá.
El corredor fronterizo Guyana-Brasil —con puntos como Georgetown, Boa Vista, Bonfim y Cantá— se consolidó como un nodo de tránsito y control donde, además de las detenciones, también se documentaron muertes. Es un eje que en meses anteriores apenas aparecía y que en mayo se convirtió en el principal espacio de interceptación de migrantes cubanos.
De los 50 eventos del mes, 27 fueron detenciones, que afectaron a unas 112 personas. Ningún otro tipo de incidente se le acercó.
Las muertes y las desapariciones que no cesan
El predominio de las detenciones no hizo desaparecer los incidentes más graves. En mayo se registraron ocho eventos de muerte, con 11 personas fallecidas, y siete desapariciones. En total, 18 personas estuvieron asociadas a incidentes de máxima gravedad.
Las muertes se distribuyeron entre Estados Unidos, México y Guyana; las desapariciones, entre México, Estados Unidos y Venezuela. El reporte del IRMC subraya que la letalidad no aumentó respecto a abril, pero tampoco cedió: sigue siendo una de las expresiones más extremas del fenómeno migratorio, presente en distintas etapas de la ruta y no concentrada en un solo país. Las desapariciones, de hecho, aumentaron respecto al mes anterior.
A ese cuadro se sumó un único evento de rescate, que el informe vincula con la trata de personas y la explotación sexual en un contexto urbano de México. Un solo registro, pero suficiente para recordar que el riesgo migratorio no se agota en el control fronterizo: también incluye redes de explotación que operan sobre quienes ya llegaron a destino.
México y Estados Unidos: el control y la exposición
Si Brasil aportó el volumen, México y Estados Unidos mostraron la diversidad del riesgo. México, con 19 registros, concentró la mayor variedad de incidentes —detenciones, desapariciones, muertes, deportaciones, eventos asociados a procesos de asentamiento y rescates—, distribuidos en ciudades como Cancún, Tapachula, Puerto Morelos, Palenque, Villahermosa, Ciudad de México, Puerto Vallarta, Mérida y Texcoco. El informe de las investigadoras Elaine Acosta y María Alejandra Lache Muchicon lo describe como el principal corredor de tránsito vulnerable de la región, donde se superponen riesgos institucionales, criminales y humanitarios.
Estados Unidos, con 18 registros, mostró un patrón más centrado en el control: principalmente detenciones, pero también muertes, desapariciones y deportaciones, repartidas entre Florida, Texas, Nevada, Nuevo México, Georgia, Tennessee y Vermont. Houston y el área de Miami despuntaron como los principales puntos de concentración.
También se registraron incidentes en Panamá, Costa Rica, Colombia y Venezuela, además de una repatriación voluntaria de tres personas que regresaron a Cuba desde Costa Rica.
De la población afectada en mayo se identificaron 69 hombres, 27 mujeres y 12 menores de edad: 108 personas de las 140 contabilizadas. La diferencia se explica porque, en parte de los eventos colectivos, no se dispone de información desagregada por sexo y edad. La presencia de menores —asociada sobre todo a los grupos detenidos en Brasil— revela, además, que dentro de estos flujos viajan familias completas.





