“Jorge y yo llevamos 14 años de unión”, cuenta Lázaro. Para él, el entendimiento y respeto mutuo son ingredientes básicos de una relación, ya sea de dos hombres, dos mujeres o un hombre y una mujer.

Ambos, ciudadanos de Estados Unidos y provenientes de familias cubanas, decidieron celebrar su fiesta nupcial simbólica en la Isla donde el matrimonio igualitario aún no es ley. No son los únicos. A falta de una legislación incluyente que permita el matrimonio igualitario en el país, algunos miembros de la comunidad LGBTI (Lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales) de la Isla han encontrado como alternativa la boda simbólica.

Los precursores de este tipo de casamiento han sido extranjeros o cubanos de la diáspora que, como Jorge y Lázaro, aquí encuentran raíces profundas, para celebrar públicamente su unión. No obstante, otras parejas cubanas se han inspirado en ellos para cumplir su sueño de casarse.

“El derecho de amar todos lo tenemos”, apunta Lázaro. El derecho de casarse también, podría acotarse en su oración.

“Lo importante es amarse, respetarse y darles la oportunidad a las personas de que conozcan quién eres por tus acciones, no por tu preferencia sexual”, explica, y también agradece el hecho de haberse convertido en un ejemplo positivo para la comunidad LGBTI en Cuba, a pesar de que él y Jorge no son activistas.

Boda gay en Cuba

Esta pareja de 14 años de unión, celebró un matrimonio simbólico en Cuba. Foto: Aire de Fiesta Cuba

“Aunque ya casados legalmente en los Estados Unidos, quisimos celebrar nuestra unión en la Isla para compartir con los invitados nuestras raíces, incluyendo todos los tipos de música cubana y el talento que emerge de las calles de La Habana y sus bares y barrios”.Ese talento, explica, fue reclutado por él y la coordinadora Ana Cintron, de la compañía Casa Flor. Producciones Almendares (PA), el equipo de jóvenes realizadores liderados por Patricia Santa Coloma, dejó la huella visual de la ceremonia, filmada en La Guarida.

En el mismo lugar, 20 años antes, había sido filmada una película de culto en la cinematografía cubana. Fresa y Chocolate (1993), de Titón, reflejó un amor con obstáculos, un amor distinto, fraternal, pero a fin de cuentas amor, que no cabe en definiciones ni en fichas técnicas. Así, Jorge y Lázaro, alegóricamente, alzaron la bandera del arcoíris gay, a dos décadas y más de aquel fenómeno cinematográfico y cultural.

Boda gay en Cuba

Jorge y Lázaro celebraron su boda en el restaurante La Guarida. Foto: Aire de Fiesta Cuba

El casamiento en La Guarida se ha convertido en inyección para otros cubanos, quienes ya se comunican con PA para filmar sus bodas simbólicas, teniendo en cuenta la imposibilidad de formalizar sus uniones conyugales a través de un acta notarial, porque la Constitución de la República decreta que “el matrimonio es aquel que tiene lugar entre un hombre y una mujer”. Varias parejas gays, tras algún tiempo de compromiso, creen que es momento de casarse, fundar familia y hasta pensar en hijos, aun cuando el Código de Familia cubano no los incluya, y se encuentren en un limbo legal, como parte de una población flotante que los Censos del país no recogen.

Mucho menos vislumbran la adopción como una realidad a corto o mediano plazo, pues resulta un proceso complejo incluso para padres heterosexuales, cuyos requisitos contemplan desde la edad —25 años mínimo—, la solvencia económica, el pleno goce de los derechos civiles y políticos, hasta la moral o la capacidad de obrar íntegramente sin ninguna de las restricciones que en ese sentido establece el Código Civil.

Cuba, un país con algunos índices demográficos de primer mundo y una proyección progresista que tiene al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) como abanderado y a Mariela Castro como cohesora, no integra aún la lista de estados latinoamericanos donde el matrimonio igualitario es ley: Argentina, Uruguay, Brasil, Puerto Rico, Colombia y México.

La realidad es que algo, poco a poco, parece estar cambiando. La sociedad ofrece sus propias respuestas…Los rostros de Lázaro y Jorge, y los de sus seguidores, lo demuestran, aunque sea por un camino paralelo a la “legalidad”.