María Elena tiene un solo hijo. «Nada más he tenido ojos para él durante todos estos años y ahora vivo con un sufrimiento constante porque sé que la está pasando mal. Tiene miedo. Yo también», contó a elTOQUE.
El joven ingresó en agosto pasado al Servicio Militar Activo (SMA). «Al inicio, podía verlo los domingos, llevarle algo de comida y acompañarlo un rato. Después, lo trasladaron más lejos de nuestro municipio, a bases de almacenes de la región militar» en la zona montañosa del Escambray, en Cienfuegos, explicó.
Según su testimonio, desde hace dos meses no le han concedido pase —las visitas a la casa— y solo ha podido verlo en una ocasión durante ese período. «Desgraciadamente, no he tenido las condiciones materiales para viajar hasta allá», lamenta.
«Les dicen que Cuba está en guerra, que tienen que estar preparados. Los tienen en un terror constante. Son niños que lo único que quieren es estar con su familia y seguir con su vida. Mi hijo me cuenta que no puede dormir por la cantidad de ratones que pasan por las literas, la comida es un asco, apenas puede descansar. Estoy viviendo un infierno, pero él más. La culpa la tiene este sistema que cree que nuestros hijos son carne de cañón, pero no lo son», subraya María Elena.
Desde un municipio de Pinar del Río, otra cubana relató que su hijo se encuentra en una unidad de guardafronteras de la que tampoco puede salir «desde hace dos meses y medio».
«Cada vez que lo veo con el uniforme verde, la cabeza casi rapada, tan delgado —ha bajado muchas libras— y con los ojos que se le quieren salir de tanta tristeza, me quedo sin palabras», expresó esta madre, que desde el 14 de junio de 2026 no logra comunicarse con él ni siquiera por teléfono.
En sus declaraciones, sostuvo: «si finalmente ocurriera una intervención de Estados Unidos en Cuba, algo que les advierten constantemente, lo que va a ocurrir es que los altos jefes se van a largar de una vez y nuestros hijos estarán en primera fila, poniendo el cuerpo. De solo imaginármelo ya no los perdono».
Otra madre que habló con elTOQUE cuenta que, durante su última visita a su hijo este junio en una brigada de defensa antiaérea en Santiago de Cuba, escuchó a un capitán decirles a otros padres que en este momento era «un honor poder defender la Revolución».
«Yo me quedé horrorizada. Le dije a mi hijo que él estaba ahí obligado y que no tenía que defender nada. Le dejé claro que, si ocurría algo y lo movilizaban, se escapara a la casa con su familia en la primera oportunidad». Desde entonces, dice, no logra dormir bien, y piensa que en cualquier momento pueden avisarle de que algo ocurrió con su hijo. Ella cuenta que, «desgraciadamente», el padre de su hijo —de quien está separada desde hace muchos años— no comparte sus ideas «y le dice otras cosas al niño», pero ella está «convencida» de que el Servicio Militar es «un abuso».
También habló con elTOQUE una madre de Puerto Padre, Las Tunas, cuyo hijo se encuentra en el «Segundo Reparto Militar» del Ejército Central. «Los muchachos tienen miedo. Sobre todo, le temen a un capitán que ellos han apodado «Trinchera», quien los tiene avasallados y todos los días les dice que el país está en guerra y que deben defenderlo a toda costa. ¿Defender qué?», comentó.
Según su testimonio, a los jóvenes «no les dan respiro desde que atraparon a [Nicolás] Maduro en Venezuela y murieron los militares cubanos. Les dicen constantemente que a Maduro lo traicionaron pero que eso en Cuba no va a pasar y que para garantizarlo están ellos ahí. A mí me parece maquiavélico cómo los intentan manipular. Yo siento que hago poco, pero tampoco sé cómo ayudarlo más. Estoy contando los días para que en julio salga de allí», expresó.
Por otro lado, denuncia que «apenas les dan alimentación, que no los dejan prácticamente dormir porque les ponen castigos para que sigan haciendo guardias y ejercicios. Creo que los jefes transmiten a nuestros hijos la frustración de que hoy vivimos en un país en el que no funciona nada, y ellos saben de quién es la culpa: de ellos mismos. No hay nada peor que la resignación y así está viviendo nuestra familia, entre apagones interminables y pensando en cómo estará nuestro hijo», afirmó.
Esta madre también comentó que le preocupa mucho que los jóvenes «estén expuestos a armas y material que muchas veces es viejo y puede provocar accidentes. Eso no es lo único, casi todos los de la unidad de mi hijo están enfermos, con fiebre alta, erupciones, sarna, heridas infectadas… de todo. Y ni así los dejan irse a sus casas», añadió.
Las entrevistadas solicitaron mantener el anonimato de sus identidades y de los nombres de sus hijos por temor a represalias derivadas de sus declaraciones. Todas coinciden en que existe un trato «más agresivo» hacia los jóvenes reclutas y sus familias. Por ello, los testimonios han sido recogidos bajo confidencialidad.
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El Servicio Militar Activo en Cuba es presentado oficialmente como un deber «voluntario» o formativo, pero en la práctica funciona como una obligación legal para los jóvenes a partir de los 18 años. Está respaldado por la Ley de Defensa Nacional y el Código Penal, que establecen sanciones de entre dos y cinco años de prisión para quienes abandonen la unidad, no se presenten o evadan el cumplimiento del servicio militar. También se han reportado restricciones administrativas, como dificultades para salir del país en edad de servicio o si no se ha cumplido el alistamiento, lo que refuerza su carácter coercitivo.
Diversas investigaciones y reportes periodísticos han documentado que el Servicio Militar Obligatorio (SMO) ha estado marcado por accidentes, negligencias y muertes de reclutas. Entre los casos más conocidos está la explosión en la Base de Supertanqueros de Matanzas (2022) —donde murieron jóvenes que pasaban el servicio militar— y las explosiones en la unidad militar de Melones, en Holguín (2025), que causaron al menos 13 fallecidos. También se han reportado muertes recientes de reclutas en entrenamientos, como un joven en Santiago de Cuba que fue aplastado por un tanque durante una maniobra militar en 2026 —además de casos de suicidios y otros accidentes dentro de unidades militares—.
En 2022, tras la muerte de cuatro reclutas de entre 18 y 20 años en el incendio de la Base de Supertanqueros, aumentaron las críticas al SMO. Madres y familiares cuestionaron en redes sociales la obligatoriedad del reclutamiento y denunciaron presiones, acoso y falta de garantías para los jóvenes llamados a cumplir el servicio.
Esto ocurre en un país donde no se reconoce el derecho a la objeción de conciencia frente al Servicio Militar Obligatorio. Además, en octubre de 2024, el Gobierno cubano aprobó el Decreto 103, que endurece las sanciones contra quienes incumplan obligaciones relacionadas con el Servicio Militar. La norma impone multas de hasta 7 000 CUP y permite iniciar procesos penales contra quienes no acaten las órdenes de las autoridades militares, ampliando las herramientas de presión sobre jóvenes, reservistas y personas que promuevan o faciliten la evasión del servicio.
En medio del relato oficial que describe el Servicio Militar como «formativo, patriótico y necesario para la defensa nacional», el reclamo de las madres no se limita al fin de los abusos ni a las condiciones precarias dentro de las unidades militares, sino a algo más esencial: que sus hijos no sean tratados como recursos desechables en un sistema que, aseguran, los expone a riesgos que no eligieron asumir.






