La visita de María Corina Machado a Madrid traspasó la agenda política venezolana. Su paso por la capital española, marcado por encuentros con dirigentes del Partido Popular y Vox, la entrega de la Llave de Oro de la ciudad y un multitudinario acto en la Puerta del Sol, despertó una fuerte identificación entre cubanos residentes en España, que siguieron de cerca cada uno de sus movimientos y participaron en varios de los actos públicos.
La líder opositora venezolana, reconocida internacionalmente por su enfrentamiento sostenido al chavismo, llegó a Madrid el 17 de abril de 2026 y fue arropada por decenas de venezolanos, cubanos y políticos españoles. Machado recibió la máxima distinción de la ciudad de manos del alcalde José Luis Martínez-Almeida, después de una jornada en la que también evitó reunirse con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En la sede del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo la presentó como una figura a la que España debía respaldar frente a «la tiranía que la ha perseguido y la sigue persiguiendo».
Pero fuera del protocolo institucional, hubo otra lectura de su visita: la identificación política y una sensación de cercanía que, entre muchos cubanos en Madrid, remitió a una experiencia compartida de exilio, autoritarismo y esperanza.

Encuentro en Génova 13
Yoelkis Torres Tapanes, activista y antropólogo cubano residente en Madrid desde hace dos años, fue uno de los presentes en el recibimiento de la sede del Partido Popular (PP). Para él, la reacción que despertó Machado no se limitó a la comunidad venezolana.
«La visita de María Corina Machado no solamente ha despertado la emoción en los venezolanos, sino en los cubanos y en todas aquellas personas de Latinoamérica que ven esto como un faro de luz y de esperanza para alcanzar la libertad, la democracia y la justicia en los países que están hoy bajo dictadura», declaró a elTOQUE.
Su lectura sitúa a Venezuela, Cuba y Nicaragua dentro de una misma sensibilidad política, donde Machado refleja, para la ciudadanía de los tres países, la posibilidad del fin de la experiencia autoritaria. Y añadió lo que considera un componente simbólico central: «Que la lucha se levante desde las mujeres representa el alma de cada patria levantándose por sus hijos».
Gran manifestación en la Plaza del Sol
Esa misma percepción apareció, con otros matices, en la voz de Manuel Alejandro Yong, cineasta y activista cubano que asistió al acto multitudinario en la Puerta del Sol el 18 de abril. Allí, entre miles de personas y de consignas a favor de la libertad, la presencia cubana fue visible. Para Yong, la emoción que generó Machado entre los cubanos no fue improvisada ni circunstancial.
«María Corina no es una desconocida para nosotros, no es alguien que conocemos ahora a raíz de las elecciones que fueron robadas o del Premio Nobel de la Paz. María Corina es conocida desde hace muchos años, cuando se enfrentaba en directo desde su silla en el Congreso en Venezuela a alguien como Hugo Chávez», añadió.
En la Puerta del Sol, esa identificación se expresó también como acompañamiento. Yong describe la acogida cubana con una mezcla de fraternidad política y destino común. «Hoy en día yo creo que Venezuela y Cuba son de un pájaro las dos alas». Y enseguida añade que ambos pueblos están unidos no solo por afinidades culturales, sino también por experiencias difíciles.
El abrazo del exilio cubano
Un momento clave de la visita ocurrió antes del acto en Sol, durante la conferencia de prensa de la mañana del sábado 18 de abril. Allí, el activista cubano Lázaro Mireles protagonizó una escena que condensó, en pocos segundos, buena parte del vínculo emocional que la visita de Machado despertó entre los cubanos.
Mireles, fundador del Movimiento Acciones por la Democracia, pidió subir al escenario para abrazarla «en nombre de los millones de cubanos que esperamos la libertad» y dirigirse a ella como «la futura presidenta de Venezuela». Fue una intervención breve, pero cargada de simbolismo.
La respuesta de Machado también tocó esa sensibilidad compartida: «Nadie puede asegurar quién será libre primero si Cuba o Venezuela». Luego añadió: «Esto es un compromiso de vida. Lo es del movimiento y lo es mío a título personal, contigo y con todos los cubanos».
Desde la llegada de Machado a Europa, varios activistas cubanos buscaron que la realidad de la isla no quedara fuera de su agenda pública. «Nosotros queríamos poner o queríamos incidir en que Cuba fuera el principal foco de atención, porque la principal responsabilidad de lo que ha pasado en Venezuela es de la dictadura cubana», explica Mireles.
En ese empeño, dice, hubo un trabajo previo con el entorno de la líder opositora venezolana: «Hicimos mucho hincapié, sobre todo con los organizadores de Vente Venezuela, que es el equipo de María Corina Machado, con quienes venimos trabajando hace muchos años, para estar presentes en todos los eventos de María Corina y visibilizar la realidad del pueblo cubano».
«María Corina Machado ha demostrado que, a pesar de un régimen totalitario en el poder, se puede incidir en un cambio de sistema desde la valentía, desde el sacrificio y desde la perseverancia», afirma.
Mireles ve en María Corina una referencia de liderazgo al que aspirar en el caso cubano. «Cuba no tiene una imagen visible», lamenta.
Para unos, María Corina Machado es«un faro de luz». Para otros, «símbolo de esperanza». Hubo quien la llamó «la voz de aquellos que silencian». Los tres testimonios coinciden en que muchos cubanos en Madrid no vieron en ella solo a la líder de la causa de otra nación, sino a una figura en la que también proyectan sus propias expectativas de cambio.









