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Carne de res

Matamos la vaca, ¿y qué?

Siempre recuerdo a Juanito. Guajiro esbelto, rudo y de pocas palabras. Lo conocí en mis tiempos de defensoría de oficio. Su situación fue de las más comunes por aquellos y por estos tiempos: se vio envuelto en el sacrificio de una de las vacas que tenía en la finca de su propiedad.

Cuando lo vi por primera vez llevaba cuatro meses preso. Con mucha tranquilidad y entereza, me dijo que no me preocupara. Solo me pidió que hiciera lo que estuviera a mi alcance para mejorar su situación. En ese primer encuentro también me hizo saber que lo que teóricamente había hecho, lo repetiría gustosamente, pues era de la estirpe de los Iznaga y “nadie podía decirle qué hacer con lo suyo”.

Cuando estudié la causa de Juanito con detenimiento, no encontré nada que lo vinculara con el sacrificio. No ocuparon carnes en su casa, no había ningún comprador que lo indicara como vendedor, solo el cadáver inerte de una de sus dieciséis vacas en uno de los potreros de “La Esmeralda” y sus propias declaraciones, lo ligaban al delito. No obstante, su confesión y el hecho de que en su zona habían ocurrido en los meses anteriores varios sucesos del mismo tipo, fueron suficientes para que las autoridades consideraran a Juanito responsable de la muerte del animal.

Durante el proceso nunca vi a su familia. Sólo el día del juicio conocí a su esposa y a uno de sus tres hijos. Con la humildad campesina cubana, me trajeron una gallina viva, pues los animales, según ellos, se regalan mientras todavía respiran, y me dijeron que les había sido imposible verme antes. Estaban en La Habana en el Hospital Oncológico con una de las hijas de Juanito y me traían un certificado médico que así lo acreditaba, para si quería usarlo en el juicio. Apelaban al menos a la clemencia del Tribunal.

Antes de dar su declaración, le pedí a Juanito que negara los hechos, que contradijera lo que ya había reconocido. Veía importantes oportunidades de defensa. Como un hombre que cumple con su palabra sin importar el costo, se negó. No obstante, con la voz entrecortada me repitió que diera lo mejor de mí, que solo estaba allí, porque desde el principio supo quiénes eran los asesinos de su animal y cuando pretendió denunciarlos, le ofrecieron diez mil pesos para que asumiera la responsabilidad. Malandrines despiertos, le informaron que, por ser el dueño del animal, podría recibir un tratamiento especial. Juanito, necesitado de dinero, con una hija en la capital requerida de cuidados especiales y sin otras opciones, aceptó el trato.

Después comprendió que la Ley no hace distinción entre matarifes comunes y dueños que disponen de sus animales.

El diseño penal cubano regula la persecución de ciertas conductas cuya erradicación, al menos así lo considero, solo puede ser lograda con mecanismos de control social o cambios económicos. La protección penal del ganado mayor y las penas que su menoscabo implican es una muestra ineludible de ello.

La penalización inicial del sacrificio de vacunos en 1962, tiene como hijo más joven al artículo 240 del vigente Código Penal, en el que se incluye también la protección a los equinos. Sin embargo, esa protección penal no tiene como justificación la defensa de una especie, lo cual pudiera ser loable si se valora su peligro de extinción o el equilibrio que su desaparición implica para el medio ambiente. El propio Código o los más elementales tratados de derecho cubano, indican que lo pretendido por los legisladores al tipificar el sacrificio ilegal como delito, es la protección de algo tan importante e intangible como la Economía Nacional.

Casos como el de Juanito me hicieron defender con vehemencia la injusticia que implica imponer al dueño de una res que dispone de ella, una pena entre 4 y 10 años de privación de libertad. Mi consideración de las reses como elementos utilitarios sin peligro de extinción y el respeto que debiera existir al derecho de propiedad me ayudaban a hacerlo.

Con la misma energía defendí a los matarifes, pues considero que el tratamiento a quienes sacrifican también es desmedido.

Si quienes roban y sacrifican un cerdo, una gallina o un chivo ajeno, son simples ladrones, ¿cuál es la diferencia entre ellos y los matarifes de vacas? Me hice muchas veces esa misma pregunta cuando era estudiante y otras tantas como profesional. La única respuesta que encontré de mis profesores y de los jueces en sus sentencias es que, de acuerdo con nuestra Ley, los matarifes no solo son ladrones, son personas que atentan contra nuestro sistema económico y, por ende, merecen una pena adicional.

Soy un poco testarudo; hasta hoy nadie me ha convencido con argumentos de justicia y no con la simple lectura de la Ley, de que los matarifes sean más que ladrones.

El principal argumento utilizado en los estrados para demostrar la influencia del sacrificio ilegal de ganado mayor en la economía cubana, es su impacto en la producción lechera del país. Valdría cuestionarse entonces si la causa de la escasez de la leche y sus derivados se debe a la matanza ilegal de vacas. Si la justificación penal para determinar como delito al Sacrificio Ilegal es solo la producción lechera (al menos en los estrados no he escuchado otro), ¿por qué penalizar el sacrificio del género masculino de la especie o de los equinos?

La respuesta a esta última interrogante es mucho más esquiva y las veces que la he recibido solamente se ha referido a la necesidad de la importación de ese tipo de carnes, ante su deficiente producción en el mercado nacional. Siendo así, reconozco con tristeza que la protección penal de la ganadería, no ha eliminado el permanente deseo de los cubanos por degustar un buen fillet mignon.

La imposibilidad del país de suplir la necesidad de pollo para la población ha motivado también la importación del producto. Si se sigue la misma lógica motivadora de la criminalización del sacrificio del ganado mayor, puede entonces que mañana la matanza de aves de corral pueda constituir un delito que atente también contra la economía nacional.

Juanito fue puesto en libertad antes de que nuevos aires extendieran la criminalización del sacrificio animal, justo después del juicio. No obstante, fue sancionado a cuatro años bajo la supervisión de un juez de ejecución y el mantenimiento de la forma de vida “del trabajo a la casa”. Esa fue la cuota que pagó en desagravio a la economía cubana.

Eloy Viera Cañive
Cienfueguero ausente. Graduado de Licenciatura en Derecho en 2011. Abogado de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos hasta 2017. Director legal del Colectivo+Voces. El Derecho sigue siendo mi esperanza, pero he renunciado a ser un abogado que solo recomienda paciencia y fe.
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Amigo

El 1ro de enero de 1959, Cuba contaba con 6 millones de cabeza de ganado. Casi había una vaca por persona, pues entonces la población de la isla rondaba los 6 millones y medio de habitantes. Hoy 2017 hay 11 millones de habitantes pero en Cuba solo quedan 4 millones de cabezas de ganado.
El genio matarife que tomo el poder el 1ro de enero que sabia de todo y no era estudiado en nada salvo en perpetuarse en el poder destruyo la ganaderia en Cuba completamente pero usted puede estar seguro que ese matarife no dejo de tener su buen fillet minong en su mesa asi como toda su familia y el pueblo pasando un hambre de 3 pares de ping. Saludos
Amigo

Amigo

Y de Ubre blanca que se ha sabido?
Amigo

Otro Amigo

Hay q ver como dirigentes incluso a nivel nacional, roban y realmente atentan contra le Economía Nacional, y son sancionados removiéndolos del cargo y poniéndolos a dirigir en otras empresas donde roben menos. Pero como Juanito no es hijo de “Alberto el militar”, hay q procesarlo como delincuente.
Otro Amigo

Karelin Viera

Es increible, pero paradojas como esta ya forman parte de la vida diaria cubana y se siguen justificando de manera similar. Muy buen análisis!
Karelin Viera

Osmel

Muy bien escrito Eloy, sigue siendo para el cubano de a pie el tema del ganado mayor uno de los mayors desenlaces tanto penal como a la hora de servir la mesa, hasta tanto no se vea como algo ilegal, continuará tratándose como tal, la política penal está cada año enfocada en esa dirección, y lo que es cierto que en las amplias cooperativas que se dedican a la cría de ganado mayor, y dígase UBPC, CCS, CPA cada año mueren más de lo podrían sacrificar los matarifes por la mala manipulación del forraje y agua para los vacunos, es una lástima no tenga en mi poder las estadísticas de al menos el 2014 o 2015 para que vieras, que el problema es siempre del Estado por querer tener td bajo su manto.
Osmel

Jesús Arencibia Lorenzo

Certero análisis. Felicidades
Jesús Arencibia Lorenzo

Ángel

La penalización del sacrificio de ganado mayor en Cuba, tiene un fondo político más profundo aún y maquiavélico. La cosa es crear miseria a como de lugar amarrando las manos al pueblo cubano en todos los frentes. Es, sabotear la economía desde arriba y expropiar al pueblo de su verdadera soberanía popular (recursos en manos del pueblo, no del estado), convirtiendo defacto en soberano al gobierno (no electo legítimamente por nadie). De esta manera, los sicarios que componen o han compuesto el gobierno desde 1959 cumplen su parte del pacto con el “demonio”, que es el que los mantiene ahí de verdugos… En término exactos en Cuba gobierna una satrapía del sindicato del crimen…
Ángel

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Matamos la vaca, ¿y qué?

Siempre recuerdo a Juanito. Guajiro esbelto, rudo y de pocas palabras. Lo conocí en mis tiempos de defensoría de oficio. Su situación fue de las más comunes por aquellos y por estos tiempos: se vio envuelto en el sacrificio de una de las vacas que tenía en la finca de su propiedad.

Cuando lo vi por primera vez llevaba cuatro meses preso. Con mucha tranquilidad y entereza, me dijo que no me preocupara. Solo me pidió que hiciera lo que estuviera a mi alcance para mejorar su situación. En ese primer encuentro también me hizo saber que lo que teóricamente había hecho, lo repetiría gustosamente, pues era de la estirpe de los Iznaga y “nadie podía decirle qué hacer con lo suyo”.

Cuando estudié la causa de Juanito con detenimiento, no encontré nada que lo vinculara con el sacrificio. No ocuparon carnes en su casa, no había ningún comprador que lo indicara como vendedor, solo el cadáver inerte de una de sus dieciséis vacas en uno de los potreros de “La Esmeralda” y sus propias declaraciones, lo ligaban al delito. No obstante, su confesión y el hecho de que en su zona habían ocurrido en los meses anteriores varios sucesos del mismo tipo, fueron suficientes para que las autoridades consideraran a Juanito responsable de la muerte del animal.

Durante el proceso nunca vi a su familia. Sólo el día del juicio conocí a su esposa y a uno de sus tres hijos. Con la humildad campesina cubana, me trajeron una gallina viva, pues los animales, según ellos, se regalan mientras todavía respiran, y me dijeron que les había sido imposible verme antes. Estaban en La Habana en el Hospital Oncológico con una de las hijas de Juanito y me traían un certificado médico que así lo acreditaba, para si quería usarlo en el juicio. Apelaban al menos a la clemencia del Tribunal.

Antes de dar su declaración, le pedí a Juanito que negara los hechos, que contradijera lo que ya había reconocido. Veía importantes oportunidades de defensa. Como un hombre que cumple con su palabra sin importar el costo, se negó. No obstante, con la voz entrecortada me repitió que diera lo mejor de mí, que solo estaba allí, porque desde el principio supo quiénes eran los asesinos de su animal y cuando pretendió denunciarlos, le ofrecieron diez mil pesos para que asumiera la responsabilidad. Malandrines despiertos, le informaron que, por ser el dueño del animal, podría recibir un tratamiento especial. Juanito, necesitado de dinero, con una hija en la capital requerida de cuidados especiales y sin otras opciones, aceptó el trato.

Después comprendió que la Ley no hace distinción entre matarifes comunes y dueños que disponen de sus animales.

El diseño penal cubano regula la persecución de ciertas conductas cuya erradicación, al menos así lo considero, solo puede ser lograda con mecanismos de control social o cambios económicos. La protección penal del ganado mayor y las penas que su menoscabo implican es una muestra ineludible de ello.

La penalización inicial del sacrificio de vacunos en 1962, tiene como hijo más joven al artículo 240 del vigente Código Penal, en el que se incluye también la protección a los equinos. Sin embargo, esa protección penal no tiene como justificación la defensa de una especie, lo cual pudiera ser loable si se valora su peligro de extinción o el equilibrio que su desaparición implica para el medio ambiente. El propio Código o los más elementales tratados de derecho cubano, indican que lo pretendido por los legisladores al tipificar el sacrificio ilegal como delito, es la protección de algo tan importante e intangible como la Economía Nacional.

Casos como el de Juanito me hicieron defender con vehemencia la injusticia que implica imponer al dueño de una res que dispone de ella, una pena entre 4 y 10 años de privación de libertad. Mi consideración de las reses como elementos utilitarios sin peligro de extinción y el respeto que debiera existir al derecho de propiedad me ayudaban a hacerlo.

Con la misma energía defendí a los matarifes, pues considero que el tratamiento a quienes sacrifican también es desmedido.

Si quienes roban y sacrifican un cerdo, una gallina o un chivo ajeno, son simples ladrones, ¿cuál es la diferencia entre ellos y los matarifes de vacas? Me hice muchas veces esa misma pregunta cuando era estudiante y otras tantas como profesional. La única respuesta que encontré de mis profesores y de los jueces en sus sentencias es que, de acuerdo con nuestra Ley, los matarifes no solo son ladrones, son personas que atentan contra nuestro sistema económico y, por ende, merecen una pena adicional.

Soy un poco testarudo; hasta hoy nadie me ha convencido con argumentos de justicia y no con la simple lectura de la Ley, de que los matarifes sean más que ladrones.

El principal argumento utilizado en los estrados para demostrar la influencia del sacrificio ilegal de ganado mayor en la economía cubana, es su impacto en la producción lechera del país. Valdría cuestionarse entonces si la causa de la escasez de la leche y sus derivados se debe a la matanza ilegal de vacas. Si la justificación penal para determinar como delito al Sacrificio Ilegal es solo la producción lechera (al menos en los estrados no he escuchado otro), ¿por qué penalizar el sacrificio del género masculino de la especie o de los equinos?

La respuesta a esta última interrogante es mucho más esquiva y las veces que la he recibido solamente se ha referido a la necesidad de la importación de ese tipo de carnes, ante su deficiente producción en el mercado nacional. Siendo así, reconozco con tristeza que la protección penal de la ganadería, no ha eliminado el permanente deseo de los cubanos por degustar un buen fillet mignon.

La imposibilidad del país de suplir la necesidad de pollo para la población ha motivado también la importación del producto. Si se sigue la misma lógica motivadora de la criminalización del sacrificio del ganado mayor, puede entonces que mañana la matanza de aves de corral pueda constituir un delito que atente también contra la economía nacional.

Juanito fue puesto en libertad antes de que nuevos aires extendieran la criminalización del sacrificio animal, justo después del juicio. No obstante, fue sancionado a cuatro años bajo la supervisión de un juez de ejecución y el mantenimiento de la forma de vida “del trabajo a la casa”. Esa fue la cuota que pagó en desagravio a la economía cubana.

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El genio matarife que tomo el poder el 1ro de enero que sabia de todo y no era estudiado en nada salvo en perpetuarse en el poder destruyo la ganaderia en Cuba completamente pero usted puede estar seguro que ese matarife no dejo de tener su buen fillet minong en su mesa asi como toda su familia y el pueblo pasando un hambre de 3 pares de ping. Saludos
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Y de Ubre blanca que se ha sabido?
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Hay q ver como dirigentes incluso a nivel nacional, roban y realmente atentan contra le Economía Nacional, y son sancionados removiéndolos del cargo y poniéndolos a dirigir en otras empresas donde roben menos. Pero como Juanito no es hijo de “Alberto el militar”, hay q procesarlo como delincuente.
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Karelin Viera

Es increible, pero paradojas como esta ya forman parte de la vida diaria cubana y se siguen justificando de manera similar. Muy buen análisis!
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Osmel

Muy bien escrito Eloy, sigue siendo para el cubano de a pie el tema del ganado mayor uno de los mayors desenlaces tanto penal como a la hora de servir la mesa, hasta tanto no se vea como algo ilegal, continuará tratándose como tal, la política penal está cada año enfocada en esa dirección, y lo que es cierto que en las amplias cooperativas que se dedican a la cría de ganado mayor, y dígase UBPC, CCS, CPA cada año mueren más de lo podrían sacrificar los matarifes por la mala manipulación del forraje y agua para los vacunos, es una lástima no tenga en mi poder las estadísticas de al menos el 2014 o 2015 para que vieras, que el problema es siempre del Estado por querer tener td bajo su manto.
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Jesús Arencibia Lorenzo

Ángel

La penalización del sacrificio de ganado mayor en Cuba, tiene un fondo político más profundo aún y maquiavélico. La cosa es crear miseria a como de lugar amarrando las manos al pueblo cubano en todos los frentes. Es, sabotear la economía desde arriba y expropiar al pueblo de su verdadera soberanía popular (recursos en manos del pueblo, no del estado), convirtiendo defacto en soberano al gobierno (no electo legítimamente por nadie). De esta manera, los sicarios que componen o han compuesto el gobierno desde 1959 cumplen su parte del pacto con el “demonio”, que es el que los mantiene ahí de verdugos… En término exactos en Cuba gobierna una satrapía del sindicato del crimen…
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