madre trabajando con hijos

Foto: Rachel Pereda

Mujer y mamá: mi nuevo yo

18 / marzo / 2023

Nadie te habla o te prepara para ese primer baño luego de tener un hijo. Todavía recuerdo cuando tuve que quitarme la bata vieja del hospital, manchada de sangre, el apósito también lleno de sangre, y miré hacia abajo. El bebé no estaba en la barriga y en su lugar quedaba una extraña sensación de vacío. 

Ya no era la pancita linda con un niño adentro. Lo que quedaba era una barriga extraña, pendular, que caía encima de la herida de la cesárea, tapada por un vendaje de un extremo al otro de la pelvis. Por suerte, en el baño del hospital no había espejos, ni siquiera agua, así que tuve que bañarme con un cubo y ayudada por mi esposo.

No soportaba la idea de que él me viera así. Pero tampoco tenía mucha fuerza para pensar, ni mucho tiempo; un bebé llorando afuera me pedía que me apurara. Ese primer baño fue traumático. Cuando llegó mi segunda cesárea, dos años después de tener a Daniel, me bañé sola. No quería que nadie me viera así.

Me costó trabajo, mucho trabajo, encontrarme debajo de mi nueva piel de mamá. De hecho, todavía siento que me pierdo un poco. Nadie te habla de eso, de los cambios, de la pérdida de identidad, del poco control de tu tiempo y de tu cuerpo.

Luego todo se va recuperando lentamente, pero nunca vuelves a ser la misma. Cuando nace un hijo, a su lado también nace una madre que se reinventa, que muchas veces pone pausa a sus sueños, a sus necesidades; porque un recién nacido demanda toda la atención.

Nadie te cuenta lo duro que es ese choque. Por más que leas, que consultes, que investigues, cuando llega el momento cada persona vive una experiencia tan personal como transformadora.

¿Quién soy?

Daniel nació en 2020, justo cuando el mundo se detuvo por la COVID-19. El nuevo contexto de encierro y distancia social implicó otros retos a mi experiencia como madre. Porque en realidad cuidar de los hijos no es solo lo que atormenta y agota, son también los factores externos que inciden en la maternidad y la condicionan.

A las largas noches de cólicos, llantos, biberones, también se le suman las tareas cotidianas del hogar, el estrés de conseguir algo tan simple como un paquete de pañales en una Cuba llena de carencias y necesidades. 

Son tantas responsabilidades que consumen todo el tiempo de la nueva madre. Acciones tan simples como bañarse, peinarse, cepillarse los dientes, comer se consideran un lujo. Entonces te miras al espejo y no te reconoces. Te buscas muchas veces, pero no te encuentras. 

Por suerte compartir este peso con mi esposo y sostenernos juntos ha logrado aliviar la carga, compartida entre dos, acompañada también por la familia y los amigos que han servido como apoyo. 

En esa montaña rusa de emociones, intentas conservar los rasgos que más extrañas de tu antigua identidad. De algún modo vas limpiando todo lo que no encaja en tu nueva vida. Esa depuración es necesaria para aliviar el peso de tantos sentimientos encontrados y sumar otras aristas que ahora te identifican.

Antes de ser mamá yo era un poco torpe para las manualidades. Tenía muchas ideas, una tremenda imaginación, pero mis habilidades para dibujar, recortar, diseñar eran prácticamente nulas.

Entonces llegó Daniel, en plena pandemia, y se despertaron esas nuevas capacidades para crear. Comencé a hacerle escenarios divertidos en casa, con telas, ropa, toallas y sábanas. Cada día era una aventura diferente.

Viajábamos a Egipto, a la Luna o nos íbamos de pesca. Fue increíble descubrirme en ese nuevo papel de mamá artista. 

Cuando nació Emma tuve que reinventarme por partida doble. El tiempo alcanzaba menos, los días eran más cortos y las noches de cólicos muy largas. Fue y es un reto atenderlos a los dos, con sus distintas necesidades cognitivas según sus edades, con sus crisis, sus brotes y sus intereses.

Con materiales reciclados hemos construido aviones, cocinas de cartón, carros de bomberos y hemos inventado nuestro propio mundo. Nunca imaginé que pudiera hacer cosas así. Cuando me convertí en mamá, algo en mí se transformó de una manera tan explosiva que comencé a hacer cosas que antes parecían imposibles.

Reacomodar espacios

Para mí, la maternidad ha sido una experiencia maravillosa y transformadora, pero, aun así, difícil y caótica. Las personas esperan que de alguna manera seas una especie de mujer maravilla que puede con todo. Eso nos hace exigirnos demasiado y en muchas ocasiones anular espacios propios que habíamos construido con el paso de los años.

Cuando nació Daniel, me quedé traumada con el cambio en mi físico. Estaba acostumbrada a ir al gimnasio y a canalizar mi energía haciendo ejercicios, además de que toda mi adolescencia estuve inconforme con mi peso al punto de hacer dietas extremas que afectaron mi salud.

Por eso, apenas la cesárea me lo permitió, volví a hacer mis ejercicios en casa y logré tener ese pequeño tiempo para mí. Luego sufrí mi primera parálisis facial y como parte del tratamiento regresé al gimnasio, lo cual me ayudó muchísimo a recuperarme.

Gracias a mis redes de apoyo, podía planificarme y salir con una amiga, tomarnos una cerveza juntas o encerrarme un rato en el cuarto a escribir, o dormir un poco cuando me cuidaban al niño.

Con Emma realmente ha sido más difícil lograr esos espacios a solas porque son dos pequeños que necesitan cuidados y atención; incluso teniendo cerca la ayuda de mi mamá y la paternidad a plenitud que ejerce mi esposo y que me alivia la carga y el estrés cotidianos.

Lo confieso, a veces me gustaría poder sentarme un rato a solas en alguna biblioteca, o en la playa, hacer un poco de ejercicios, tomarme el café caliente o escribir sin tener a un pequeño encima gritando. Pero también sé que el tiempo pasa rápido. Ellos van creciendo y serán más independientes ya lo están siendo, especialmente Daniel, y yo recuperaré parte de esos espacios.

Por eso, aunque cuidarlos a tiempo completo me ha limitado en muchas cosas, también me ha aportado grandes aprendizajes como persona, como madre y como mujer. Porque no solo los hijos van creciendo, también nosotros crecemos junto a ellos. 

Lo más simple que antes no llamaba mi atención ahora me parece maravilloso. Ayudarlos en sus primeros pasos, ser su lugar seguro, leerles un cuento o disfrazarnos juntos es una manera también muy sana de complacer y escuchar a mi niña interior que se sintió desatendida por mucho tiempo.

Cada familia, a su ritmo, encuentra sus espacios, rutinas y silencios, que son sagrados, para tomar una pausa y luego volver a ser mamá y papá.

Maternar en tribu: mi red de apoyo

Sería una tortura tremenda vivir la maternidad aislada del mundo, al menos para mí. Se necesita de una tribu, desde la familia, hasta las amigas que también son madres y las que no lo son, pero te brindan su apoyo.

Cuando estaba en el hospital, casi a punto de nacer Daniel, todos los días recibía un millón de visitas. Mi suegra me malcriaba con mi antojo de arroz con pollo, mi esposo salía a buscarme chocolate, las embarazadas de la sala nos apoyábamos entre nosotras, y toda mi familia pasó fin de año en el hospital porque el Travieso se demoraba en nacer. 

La cesárea de Emma llegó en un momento más complicado. Mi esposo tenía que quedarse con el niño en la casa, atenderlo, estar al tanto de todo lo que necesitábamos y también mantener su trabajo porque no podíamos perder esa entrada de dinero. Por suerte, tuvo la ayuda de la madrina del Travieso que es como otra madre para mí, y que nos ha brindado su apoyo en todo momento.

Mi mamá me acompañó a tiempo completo en el hospital y cuidó de Emma y de mí. Aunque no había cambio de acompañante, cada día una amiga diferente iba a llevarnos la comida y lo que nos hiciera falta. Personas que la vida va poniendo en nuestro camino y que en los momentos difíciles se mantienen cerca.

No se permitían visitas en la sala del hospital, pero nunca me sentí sola. Eso sucede cuando tenemos una red de apoyo que nos sostiene, nos acompaña, nos cuida. 

Recuerdo que cuando estaba en Cuba, una amiga que quiero mucho y que no tiene hijos estaba al tanto de los culeros. Hacía colas cuando aparecían en alguna tienda y me los guardaba en su casa. También me buscaba el yogur para el Travieso y, si conseguía algún «combo de aseo» online, intentaba que tuviera toallitas húmedas para dármelas. Luego mi papá iba en bicicleta hasta su casa y ella no sabía qué más mandarme para su sobrino. 

Porque sí, mis niños tienen tantas tías y tíos pendientes de ellos, tantas abuelas, abuelos, primos, primas, que son muy dichosos. Aunque ellos por ahora no sepan qué es la dicha, lo notan. El exceso de amor les garantizará un futuro como adultos sanos emocionalmente. Esa será mi mayor satisfacción como madre.

Mi experiencia en la maternidad nunca ha sido solitaria y soy muy afortunada por eso. Tener a Daniel en plena pandemia, aislada de todos y sin visitas de las personas cercanas fue muy difícil. Luego cuando llegó Emma y emigramos a un nuevo país, alejados físicamente de muchas personas que queremos, el reto aumentó.

Por suerte las redes sociales acortan un poco la distancia y muchos siguen cerca, aunque solo sea por WhatsApp o Messenger. Desde que llegamos a Estados Unidos también se han sumado a la tribu muchas amigas, algunas conocidas de tiempo atrás y otras que hemos conocido aquí y ahora forman parte de esas personas indispensables.

Una de mis mejores amigas se convirtió en mamá hace poco más de un año y conversar con ella por WhatsApp es parecido a una terapia. Aunque vivimos en distintos países, nos desahogamos juntas, nos damos consejos, y en audios de cinco minutos compartimos nuestras experiencias.

Sin embargo, hace meses que no hemos podido hacer ni una sola videollamada. A las dos nos ha cambiado la vida desde que somos madres, pero lo entendemos, lo aceptamos. A pesar de lo agitados que son los días, al menos con una foto y un mensaje hacemos lo que llamamos nuestro «reporte» diario. Así sucede con muchas otras amigas, las que son madres y las que no, que se han mantenido pendientes de nosotros e incluso en la distancia nos han apoyado. Ese es realmente un regalo maravilloso de la vida.

Compartir anécdotas con otras madres, desahogarse, sentirse escuchada, validar las emociones es una manera sana de atravesar esta época tan linda pero también complicada. Incluso, la maternidad me ha acercado a otras madres que no conozco en persona o coincidimos alguna vez. Ahora nos sentimos tan identificadas que parece que llevamos toda la vida cerca.

Quería que este texto saliera publicado el 8 de marzo para agradecer por las mujeres especiales que tengo en mi vida. Por casualidades del destino, no pude escribir porque actualmente he vuelto a sufrir una parálisis facial que no solo me desfiguró el rostro una vez más, sino que me ha vuelto a dañar la autoestima. 

Sin embargo, ahí están todas esas amigas, tías, hermanas y madres de la vida que me escriben cada día para saber de mí. Con eso se alivia el dolor. Porque la maternidad implica de algún modo saltar al vacío, pero con una red de apoyo que te sostiene comienzas a reconstruirte a ti misma, mientras aceptas tu identidad renovada y ese caos maravilloso que es ahora tu vida.

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Ketty

Cada escrito es maravilloso,único e instructivo para todas las madres del mundo!! No dejes de escribirle NUNCA!Llegará el momento q todos en el.mundo te lean y reconozcan!!! Bendiciones !!! Excelente mensaje y reflexión!!
Ketty

Kiara

Gracias Rache por compartir cada vez estos textos… Gracias porque en cada uno de ellos me reconozco muchas veces y me inspiras a seguir adelante. Gracias por mostrar tu fuerza y de esa manera hacernos un poquito más fuerte a quienes te leemos y especialmente a quienes tenemos la dicha de conocerte. Te abrazo inmenso y deseo que pronto muy pronto estés recuperada. Ninguna parálisis podrá acabar con lo que eres y lo que representas para tus dos pequeñitos. 🤗
Kiara

Yisel

No sé cómo lo logras, pero cada escrito tuyo es una obra de enseñanza y a la vez, me saca un montón de lágrimas por todos esos abrazos que no pude darte mientras aún estábamos cerca. Gracias por tus enseñanzas, por tu magia, por tus escritos, no pierdas la fuerza ni la fe, todo va a estar bien, tus hijos tienen mucha suerte de tener la mejor madre del mundo, así como yo tengo en ti, una amiga maravillosa a la que amo muchísimo. Aunque el escrito no haya salido el 8 de marzo, felicidades a ti, a Kety, que es la guerrera mayor y felicidades a todas las mujeres que como tú, son mujeres maravilla. Bendiciones para ti y la pandilla Traviesa.
Yisel

Alba Barroso

Te conozco de lejos pero a tu esposo lo vi nacer y crecio muy rápido Evita el estres ,disfruta a esos muñecos Haz hasta donde puedas ya llegaron muy lejos y veras que muy pronto esas hojas blancas donde guardas estos escritos seran hojas amarillas y El travieso y Enma seran ya adultos ❤️
Alba Barroso

Rachel Sau Garcia

Cuando me siento un poco sola o desorientada, te leo y me identifico tanto pero tanto contigo que ese momento de lectura me calma inmensamente.Gracias Miles por escribir, no dejes de hacerlo nunca.
Rachel Sau Garcia

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