Régimen cubano gestiona la crisis a puerta cerrada: informa por interno y pide silencio

Foto: elTOQUE.
En medio del agravamiento de la crisis humanitaria y energética en Cuba, el régimen de La Habana ha comenzado a aplicar medidas que impactan directamente la vida cotidiana.
Sin embargo, lejos de informar de manera transparente, las autoridades están ofreciendo información a cuentagotas, poco precisa, acompañada de la retórica de la propaganda; mientras la información más sensible y determinante sigue divulgándose en espacios cerrados, como grupos de WhatsApp, con indicaciones de mantenerla en secreto.
No obstante, estos mensajes terminan filtrándose. Son los ciudadanos quienes rompen el cerco informativo.

Imagen: X/@MagJorgeCastro
elTOQUE accedió a comunicaciones internas de universidades de La Habana, Cienfuegos y Camagüey, así como del Instituto Superior de Diseño (ISDi), además de centros de Ciencias Médicas en Cienfuegos y Matanzas. En esos mensajes, enviados por profesores y directivos a estudiantes, se informa la suspensión de las clases presenciales y se detallan ajustes en las dinámicas de formación, la reprogramación de exámenes y la continuidad —parcial o remota— de las tesis de grado.
El contenido y el tono de estas orientaciones sugieren que no se trata de una interrupción temporal ni de una medida de corto alcance. Por el contrario, las comunicaciones asumen un escenario prolongado de crisis, en el que se normaliza la enseñanza a distancia y se traslada la responsabilidad de los medios técnicos y económicos a los estudiantes. Esto ocurre en un contexto de altos costos del acceso a Internet y de conectividad inestable. ¿Si los apagones superan las 20 horas diarias en casi todo el país, como podrán cargar sus equipos (quienes pueden tenerlos) y estudiar? Además, cuando no hay corriente también falla la señal de Internet.

Capturas de mensajes a estudiantes del Isdi.
También han trascendido comunicaciones enviadas a trabajadores que están siendo removidos de sus puestos tras el cierre total de los hoteles donde trabajaban. Al menos dos grandes complejos de playa en Cayo Coco, en la costa norte de Cuba, cerraron y sus 200 huéspedes serán enviados a Sol Cayo Coco, a 50 kilómetros de distancia. Un empleado del hotel Mojito Cayo Coco declaró que no había combustible para que los empleados pudieran transportarse al resort.
En tanto, a partir de la información que se ha filtrado a la prensa extranjera se conoció que embajadas y empresas internacionales en Cuba están revisando sus planes de contingencia. «Es nuestra responsabilidad revisar los planes y preparar escenarios», aseguró a EFE una diplomática en La Habana.
Cerca de una decena de países europeos y latinoamericanos reconocieron a la citada agencia que están actualizando sus planes de evacuación y sus listados de nacionales residentes en Cuba.
La cadena española Meliá también ajustó sus operaciones en la isla y redujo la disponibilidad en tres hoteles.
Ninguna de estas informaciones ha sido reportada por el oficialismo.
Además, ha trascendido la suspensión de las clases en escuelas de diferentes niveles de enseñanza, incluida la formación artística y deportiva.

Captura tomada de Lucio Enriquez/Facebook
elTOQUE también conoció que personal del CEA (Centro Especializado Ambulatorio) en Cienfuegos, está siendo reubicado en el Hospital General «Gustavo Aldereguía Lima». El CEA es es una institución especializada en cirugía mayor ambulatoria y ofrece servicios vitales como quimioterapia, diálisis, rehabilitación y atención oncológica.
Fuentes de la misma provincia aseguraron que a varios trabajadores de la refinería cubano-venezolana «Camilo Cienfuegos», la más grande del país, «se les está mandando para su casa de forma definitiva y a otros para continuar con teletrabajo».
Mientras, los funcionarios estatales buscan a través de comparecencias en los medios estatales simular control: hablan de que se «mantendrán nuestras conquistas» y de planes para enfrentar la crisis (otra), aunque no ofrecen detalles.
En una larga comparecencia ante la prensa, el 5 de febrero de 2026, el gobernante Miguel Díaz-Canel no informó sobre cuál es la situación real del país con respecto al abasto de combustible ni informó de medidas particulares, solo habló de supuestos planes a largo plazo. En tanto, se han transmitido dos «emisiones especiales» del programa televisivo Mesa Redonda, con la presencia de funcionarios gubernamentales para supuestamente explicar las medidas, y aún la población no tiene claridad de cómo se traducen concretamente varias de las decisiones.
La propaganda busca minimizar la gravedad de un colapso que la ciudadanía vive a diario, evidenciando una vez más la desconexión entre discurso oficial y realidad.
Ante la emergencia, el Gobierno anunció un paquete de medidas que contempla la reducción de la semana laboral a cuatro días, la ampliación del teletrabajo, restricciones en la venta de combustible y la disminución de los servicios de autobuses y trenes interprovinciales. Además, informó la suspensión del suministro de combustible para la aviación civil, aunque los vuelos regionales podrían continuar operando mediante escalas técnicas en países vecinos.
En medio de ese escenario, también se multiplican los reportes de represión policial y de la Seguridad del Estado, una respuesta recurrente del régimen cuando la crisis se profundiza. El 9 de febrero se le prohibió la entrada al país a la activista y opositora Leticia Ramos Herrería, integrante de las Damas de Blanco; activistas y periodistas independientes han denunciado arrestos domiciliarios e interrupciones de las comunicaciones; en Holguín fueron arrestados arbitrariamente los jóvenes del proyecto audiovisual El4tico; y miembros de la organización Bienestar Animal Cuba (BAC) han sido citados y acosados por la policía política.
«¿Con qué legitimidad puede este Gobierno hablar de democracia y de derechos humanos cuando esto es lo que hace con nuestros miembros y con sus familias? ¿Con qué cara se presentan ante el mundo mientras persiguen, acosan y destruyen a quienes solo exigen justicia y respeto?», denunció BAC en redes sociales.
El Gobierno no solo fragmenta la comunicación y la desplaza a circuitos internos, sino que intenta administrar el relato público: reduce la visibilidad de la crisis, evita nombrar el colapso y sustituye la información verificable por consignas. Al mismo tiempo, refuerza los mecanismos de silenciamiento para contener cualquier cuestionamiento.
En Cuba, la gestión de la crisis no pasa solo por decisiones económicas o administrativas, sino por ocultar, distorsionar y castigar.











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