Desde inicios de 2026 se ha consolidado en redes sociales un formato que algunas creadoras ya venían probando: los vlogs de «un día conmigo». Sus protagonistas se presentan a menudo como «amas de casa», graban y comparten rutina: limpian, cocinan, salen a comprar y cuidan a sus hijos e hijas. En esos videos se ve lo que cuesta sostener un hogar cubano en medio de la crisis. Algunas quieren abrirse camino en la creación de contenido y ganar dinero al documentar su realidad.
En algunos vlogs «soy mantenida» o «dicen que soy millonaria en Cuba» sirven de gancho por el contraste con las condiciones materiales que enfrentan: cocinan con lo que tienen, buscan sustitutos, se encargan de que el hogar siga funcionando. Hay quienes numeran cada entrega y arman una serie de sus jornadas. Expresiones como «rutina de mañana», «vlog de limpieza» y «compra semanal» se repiten y convierten «la vida de la ama de casa cubana» en un contenido reconocible entre tantos otros que circulan por internet.
Según cuenta en sus vlogs, Ady Machín es mamá de una niña, esposa, y «desde hace unos meses», creadora de contenido. En uno de ellos muestra lo que compra «con 1 500 pesos viviendo en Cuba». La dinámica, que data de mucho antes, ha ganado visibilidad y frecuencia durante la crisis de 2026. En muchos de estos vlogs de «un día conmigo», la jornada comienza con una fórmula que sitúa de inmediato el relato: «Vivo en Cuba y…». A partir de ahí, el día se organiza en torno a decisiones impuestas por las limitaciones del entorno, por ejemplo, qué tareas conviene adelantar en la cocina o en la casa para aprovechar las horas en que hay electricidad. Incluso cuando las imágenes muestran una vivienda más equipada, con mayores comodidades y una despensa más abastecida, las creadoras suelen sentir que deben justificar ante sus seguidores lo que tienen y explicar de dónde provienen esos recursos. Es decir, la crisis ocupa el centro de la imagen y organiza el relato.
El auge visible de la crónica doméstica
En diciembre de 2025, Lianet compartió en Instagram un vlog que comienza con una afirmación: «Ser ama de casa en Cuba no es tarea fácil y más aún si creas contenido». Lava, tiende la ropa, friega y ordena la casa. Cuida a su esposo enfermo y le lleva sus pastillas. Limpia el refrigerador, ordena el comedor y prepara la comida: tareas que reivindica como trabajo, aunque muchas personas no las reconozcan de ese modo. Lianet defiende el valor de cuidar y sostener el hogar, una tarea constante que rara vez se reconoce, reclama un espacio propio y se plantea crecer en las redes. Entre una actividad y otra, encuentra tiempo para editar sus videos. Asegura que tiene «sueños, metas» y una voz que quiere compartir. Esa voz le permite reconocer el esfuerzo de la mujer cubana con cierto optimismo. Cuando abre las persianas del comedor para dejar entrar la luz, intenta recordar que «cada día tiene su brillo, aunque a veces cueste verlo».
Mientras barre y cocina espagueti, Ali Noriega cuenta que lleva cinco años como «ama de casa a tiempo completo» y habla del desgaste que ha experimentado durante ese periodo. «Poco a poco te vas perdiendo a ti misma», dice al recordar momentos en los que sentía que solo existía para los demás y que sus sueños habían quedado «guardados en algún cajón». Esa sensación la llevó a compartir su realidad en las redes sociales. Comenzó sin experiencia, con un teléfono modesto y sin saber editar ni hablar frente a la cámara. En el video pide ayuda para alcanzar los 5 000 seguidores antes de su cumpleaños, el 25 de junio. Actualmente, su cuenta supera los 7 000 y continúa publicando contenidos vinculados a su experiencia. El relato de Ali ayuda a explicar el auge de estos contenidos: una mujer que se sentía borrada en la rutina doméstica decide contarla y, desde ahí, abrirse camino como creadora.
En TikTok, Leya Cuba publica videos como «un día en la vida de una joven ama de casa». En uno de ellos, detalla cómo la familia cubana se organiza mientras se ocupa de la abuela enferma. Narra que una tía ha llegado a la casa para ayudar y comparte con ella la limpieza, la cocina y otras tareas del hogar. El apagón condiciona la organización efectiva del quehacer. «Amanecimos sin corriente y, como de costumbre, usamos el carbón», explica antes de mostrar cómo prepara la comida. La joven concluye con una frase que resume su balance del día: «Con la casita limpia y la barriga llena, la vida es mucho más linda». El video supera los mil «me gusta» y en los comentarios aparecen reacciones de personas dentro y fuera y de la isla: unos añoran «ese almuerzo cubano» y otros se preguntan cómo el país llegó a tal nivel de crisis.
En Facebook, Hildalens Álvarez se presenta como Hilda: «cubana, mamá de dos niñas y ama de casa». «Este es oficialmente mi primer video», anuncia. La publicación, difundida el 22 de julio con el título «Vivo en Cuba y así es un día conmigo», marca lo que ella llama una «nueva etapa» como creadora. Durante las semanas siguientes continuó con videos de cocina y minivlogs. En uno afirmó que «en Cuba desayunar ya es un lujo»; en otro mostró lo que comió «en un día normal entre apagones y dificultades». Ese debut dio paso, en pocas semanas, a una producción frecuente sobre la alimentación, los cuidados familiares y la vida en la isla.
«Soy cubana y aun así decidí intentarlo: crear contenido real desde mi casa, siendo ama de casa y mamá», explica Maday Tamayo, mientras se le ve preparando croquetas y cuidando a su hijo. Tamayo reconoce que todavía le falta «camino por recorrer y conocimientos que adquirir» y presenta un proyecto a partir de esa vida cotidiana que ya forma parte de sus publicaciones.
Maray dice que es mamá, trabajadora, esposa y «un poco ama de casa». En el vlog de un domingo, muestra cómo gestiona las horas de electricidad para lavar, cocinar y cuidar a su familia tras un apagón de 24 horas. En su caso, «un poco ama de casa» designa una parte de su vida, compuesta por varios trabajos y un fin de semana ocupado.
La crisis proporciona la materia narrativa. Sin embargo, estas crónicas no dependen únicamente de una imagen extrema de la precariedad para circular. Mientras muchos videos sobre Cuba alcanzan la viralidad con imágenes que muestran los efectos más duros de la escasez y la deshumanización, «el vlog del ama de casa» recibe visualizaciones y reacciones con escenas mucho más comunes: cambiar las sábanas o preparar el desayuno. Su presencia en cuentas consolidadas y en nuevos perfiles, a través de distintas plataformas, permite hablar de un auge. Ana Leyva cuenta con más de 34 000 seguidores en Instagram donde pide ayuda a través de sus vlogs para llegar a los 100 000 seguidores en TikTok y ha dicho que «de vez en cuando le cae un dinerito de las redes». Ari_vlogs_medina, con más de 16 000 seguidores publica sobre «casa, limpieza, organización y recetas de cocina». La vida doméstica en tiempos de crisis ha encontrado una audiencia y un lenguaje reconocibles en las redes, una suerte de costumbrismo digital.
Del trabajo del hogar al trabajo digital
Las cuidadoras y trabajadoras del hogar encontraron la manera de convertir una actividad no remunerada en un insumo para generar ingresos. Las limitaciones para monetizar directamente desde Cuba no han impedido que esos retornos lleguen por otras vías. Anarelys Abascal abre uno de sus vlogs con un gancho: «Acompáñame un día conmigo viviendo en Cuba, siendo una mantenida y sin hacer nada». Sí hace: prepara café, lleva a su hijo enfermo al hospital, limpia, «aprovecha» las horas. Al final responde a quienes la llaman «vaga» y cuestiona que ser «madre a tiempo completo» equivalga, para muchos, a no trabajar. En el mismo vlog incorpora dos contenidos comerciales: una colaboración promocional con una oficina de trámites radicada en Miami y la recomendación de la batidora recargable con la que se le ve preparando un batido de mamey.
Una persona puede publicar en las principales redes sociales desde Cuba y acumular seguidores, pero no recibir directamente los pagos de sus programas de monetización. Estos exigen residir en un país habilitado y vincular una cuenta bancaria o un servicio de cobro aceptado. En YouTube, por ejemplo, los pagos se gestionan mediante Google AdSense, que no está disponible en la isla debido a las sanciones estadounidenses. Meta y TikTok tampoco permiten cobrar desde Cuba. La verificación fiscal y la ausencia de canales bancarios compatibles elevan el riesgo y el costo de procesar esos pagos. Por eso, algunas creadoras recurren a familiares o a intermediarios en el extranjero, mientras otras obtienen ingresos mediante promociones pagadas con dinero, productos y servicios.
No todas ellas se definen como amas de casa, el perfil de Briana Espino anuncia «vlog de mis días en Cuba», recetas cubanas y colaboraciones. En sus videos ha defendido que las redes sociales sí son un trabajo. Después de unos cinco meses creando contenido, contó en uno de los videos que estaba construyendo su cuarto «con el dinero hecho en estos últimos meses con las redes sociales». Muestra la llegada de arena y cemento y anuncia que irá contando cuánto cuesta cada etapa. Aunque su contenido se ha diversificado, la materia de sus vlogs sigue siendo la vida cotidiana en tiempos de crisis.
Lo particular de estas dinámicas es que la exposición de la cotidianidad del hogar puede generar recursos para algunas creadoras. Por la centralidad que concede a las tareas domésticas y de cuidado, este tipo de contenido podría llevar a pensar en tendencias internacionales como las tradwives, que también convierten el ámbito familiar en materia de sus publicaciones y, en algunos casos, en una fuente de ingresos. Sin embargo, en muchas de las publicaciones cubanas el relato no parte de la nostalgia por un orden familiar tradicional. No aparece de manera consistente una defensa de la subordinación femenina ni se idealizan el papel de ama de casa, el hombre proveedor o el abandono del empleo como modelos para otras mujeres. Es, más bien, una crónica del presente cubano: de los apagones, la crisis económica que golpea a las trabajadoras del hogar y de las decisiones que deben tomar a diario para sostener la vida.




