La inteligencia artificial (IA) también forma parte de la vida cotidiana en Cuba, una isla pequeña y con una infraestructura precaria que, en muchos aspectos, parece avanzar a un ritmo muy distinto al de la revolución tecnológica global. En 2026, puertas adentro, la crisis lleva a algunas personas a consultar herramientas como ChatGPT o Gemini sobre asuntos que van desde qué cocinar con lo que queda en el refrigerador hasta cómo gestionar pequeños negocios para generar nuevos ingresos. Sin embargo, esa función de «resolvedora» alcanza a decisiones sensibles en las que los asistentes virtuales no deberían sustituir el criterio profesional.
La posibilidad de realizar consultas mediante una conversación ganó popularidad con el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022. Al igual que Gemini, Claude o DeepSeek, esta herramienta utiliza una modalidad de inteligencia artificial llamada generativa, capaz de producir respuestas a partir de las preguntas del usuario y de la información con la que fue entrenada. Estos sistemas permiten formular preguntas sucesivas, pedir aclaraciones y ajustar la respuesta en la misma conversación, una dinámica que algunos usuarios consideran más cómoda que revisar varias páginas de resultados en Google. En Cuba, la elección de una plataforma depende de las posibilidades de acceso. Algunos usuarios recurren a una red privada virtual (VPN) para sortear las restricciones a servicios como ChatGPT o Gemini, y otros utilizan directamente DeepSeek, una herramienta desarrollada en China cuyo uso creció en la isla durante 2025.
Una estimación de Microsoft situó el uso de IA generativa en Cuba en el 6.7 % de la población de 15 a 64 años durante el primer trimestre de 2026. El cálculo se basa en registros de actividad agregados y anonimizados. En otro contexto latinoamericano, la encuesta brasileña TIC Domicílios 2025, realizada mediante entrevistas presenciales a personas de diez años o más, encontró que el 84 % de quienes habían utilizado IA generativa declaró emplearla para fines personales. Los datos sitúan a Cuba en un escenario de adopción de la inteligencia artificial generativa todavía limitada.
En la vida doméstica, muchos cubanos y cubanas encuentran en la IA una forma de resolver tareas por su cuenta y ahorrar dinero ante la crisis. Recurren al chat para contar sus preocupaciones y aliviar la ansiedad cuando sienten que la situación económica y social los sobrepasa. En ciertos casos, la inteligencia artificial llega a convertirse en la única «ayuda» disponible.
¿Para qué se consulta la IA en casa?
Dayana decidió vender panetelas, pero no tenía una receta ni sabía por dónde empezar. «Una cosa es para tu consumo y otra para la calle, si quieres que te dé negocio», dijo a elTOQUE. Le preguntó a la IA y recibió una receta básica, «sin leche ni mantequilla», con la que hizo una prueba. Como le faltaban algunos utensilios de repostería, pidió a ChatGPT las cantidades en tazas y cucharas y le explicó qué recipientes tenía a su disposición. Le contó que bate a mano y que a menudo «se le corta el merengue». El chat le fue indicando, paso a paso, cómo mejorar la técnica y aprovechar la mezcla que ella creía haber «echado a perder». Luego pasó a calcular cuánto necesitaba invertir y en cuánto debía vender cada panetela. Con esas cuentas podía fijar un precio que le dejara ganancias. En la última parte del proceso suele pedir a la IA que le genere imágenes con ideas de decoraciones para los dulces con lo que tiene en casa. Ver cómo podrían quedar sus panetelas la anima muchísimo. Por último, genera una imagen promocional con Gemini que comparte con sus contactos en los estados de WhatsApp. «Y las panetelas se venden», asegura.
A diferencia de Dayana, otra joven de la capital prefiere DeepSeek para sus consultas porque puede acceder sin necesidad de una VPN. «DeepSeek no se demora, no se me cae», explica.
Una noche, mientras entraba el agua, quiso saber si la estación de energía EcoFlow que le habían regalado por su cumpleaños podía alimentar su «ladrón de agua», un equipo de 220 voltios con el que intenta compensar la poca presión del suministro que llega a su hogar. Consultó el manual, pero le resultó demasiado difícil entenderlo y acudió a la IA en busca de una explicación más clara, aunque advierte que no se le puede creer «al cien por cien». En esa ocasión decidió confiar al comprobar que la respuesta se apoyaba en el manual de su modelo exacto, disponible en línea. En cambio, con una secadora Samsung tuvo una experiencia menos satisfactoria. Según su testimonio, el equipo giraba, pero había dejado de calentar. Quería averiguar si podía repararlo ella misma porque el arreglo «costaba mucho dinero». Según cuenta, DeepSeek primero le indicó que lo desarmara y después le advirtió que no lo hiciera bajo ningún concepto. «Es una mala IA», asegura. El chat terminó recomendándole acudir al servicio oficial de la marca Samsung, una opción a la que no podía acceder desde Cuba.
El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) incluye entre los riesgos de la IA generativa las respuestas falsas o incoherentes presentadas con seguridad, conocidas como «alucinaciones». Por eso, antes de actuar en casos como este, conviene contrastar las indicaciones con el manual del fabricante y, si la reparación implica riesgos, con una persona cualificada. Muchas de estas herramientas incorporan reglas para evitar recomendaciones perjudiciales y pueden negarse a responder determinadas consultas por razones de seguridad. Sin embargo, esos controles no garantizan que todas las instrucciones que sí ofrecen sean seguras.
Talía, en Mayabeque, hace muy poco que vive sola y, cuando aparece una rotura doméstica que cree que puede resolver por su cuenta, suele consultar a ChatGPT antes de buscar otra ayuda. Le describe el problema, pregunta qué puede estar fallando. «Antes tenía que molestar a los vecinos; ya no», bromea.
Así ocurrió cuando «el fogón eléctrico dejó de funcionar». Le envió al chat la foto de un cable dañado. La herramienta le indicó cómo empalmarlo y qué precauciones debía tomar durante la reparación. En otra ocasión, ante una tupición en el baño, volvió a preguntar qué podía intentar con los recursos que tenía en casa. Como no disponía de un destupidor, el chat le propuso otras alternativas, entre ellas recurrir a determinados productos químicos o probar con agua hirviendo. Con el tiempo, Talía ha comenzado a confiar cada vez más en la IA. Hasta ahora, asegura, las recomendaciones que ha decidido seguir le han dado resultado. En consultas relacionadas con electricidad o el uso de determinados productos, ChatGPT suele acompañar las instrucciones con varias advertencias, que Talía dice seguir «al pie de la letra». Cada problema resuelto mejora su experiencia y amplía el abanico de asuntos que está dispuesta a confiarle a la inteligencia artificial. «Ya no hago nada sin preguntarle», afirma. Si quiere saber qué productos de limpieza pueden dañar determinadas superficies o cómo eliminar una mancha de café de su ropa, la IA es su primera opción. «Es más rápido que Google», resume.
Un informático de La Habana consultado por elTOQUE explica que esa percepción de «rapidez» que refieren varios usuarios «no necesariamente se debe a que la información cargue más rápido». Cree que la razón es que la IA reduce considerablemente los pasos para llegar a una respuesta: puede buscar, resumir y organizar datos en una sola conversación, sin que el usuario tenga que abrir y comparar varias páginas. Lo ejemplifica con su propia experiencia. Una noche, en horario pico de la red móvil, quiso saber si era buena idea comprar una batería de 12 voltios y 300 Ah por 700 USD. Le pidió a DeepSeek que investigara la reputación de la marca y si el precio valía la pena y después contrastó algunas dudas con ChatGPT. Según cuenta, tomó la decisión «en menos de cinco minutos», un proceso que considera especialmente útil en Cuba, donde una consulta en texto puede ahorrar tiempo y, en determinados casos, datos móviles.
Para él, el acceso mediante VPN, las alternativas como DeepSeek y las recomendaciones de boca en boca han facilitado la incorporación de los chatbots a la vida cotidiana en un país empobrecido como Cuba. «La gente que tengo cerca la usa a diario precisamente porque yo les he enseñado las posibilidades», cuenta. En su opinión, en la isla todavía no existe una cultura consolidada en torno al uso doméstico de estas herramientas: «La usan, pero como a una cotorra que habla, que te puede dar ideas; y no todos le dan crédito cuando se trata de cosas importantes». A partir de su experiencia de trabajo frecuente con estos sistemas, insiste en que «la IA no entiende realmente ni la pregunta ni la respuesta que está dando». Los modelos generan sus respuestas mediante cálculos probabilísticos sobre patrones del lenguaje, por lo que la fluidez y la coherencia aparentes de una conversación no significan que comprendan lo que dicen.
Ana María, una emprendedora de Matanzas, le pide a Gemini que le confeccione dietas para perder peso, rutinas de ejercicios para entrenar y técnicas de relajación con el fin de «controlar la ansiedad». Según su testimonio, le parece una experiencia «maravillosa» poder conversar, explicar sus circunstancias y seguir ajustando las recomendaciones a medida que avanza el intercambio. En momentos de mayor tensión, las charlas con la IA pueden prolongarse durante horas. Algunas madrugadas, conversa con Gemini sobre lo que le preocupa. Le plantea situaciones, le hace preguntas y le pide que analice sus problemas. «Mi familia emigró y mis amigos tienen sus propios dramas», contó a elTOQUE. Para Ana María, Gemini es la que mejor la entiende. «Es como decirle que se ponga en el papel de la persona que tú necesitas en ese preciso momento: un psicólogo, un coach personal o simplemente una compañía», explica.
Ale, una artista de La Habana, cuenta que en su entorno familiar ha visto múltiples usos. Su madre, por ejemplo, consulta a la IA como una especie de veterinario cuando necesita orientación sobre las mascotas de la casa. También menciona herramientas para restaurar fotografías antiguas, recuperar información de documentos casi ilegibles o facilitar búsquedas sobre antepasados a partir de los datos que una persona ya posee. Relaciona este último uso con cubanos interesados en reconstruir su historia familiar para trámites de la ciudadanía española. «De hecho, hay algunas IA que te reconstruyen el árbol genealógico. Ahora, con la ley de nietos (Ley de Memoria Democrática), mucha gente ha aprovechado esas funciones», asegura.
¿Qué opinan los expertos?
Una madre de Mayabeque contó a elTOQUE que consulta a la inteligencia artificial sobre la salud de sus dos hijos que «son muy enfermizos». Por esta razón, les realizan análisis con frecuencia, pero no siempre hay un pediatra disponible en su municipio para interpretar los resultados. En esas ocasiones, introduce los datos en el chat. A menudo pregunta por medicamentos y combinaciones de vitaminas. «Es mi médico personal», resume.
La crisis económica y energética ha deteriorado aún más la atención sanitaria en Cuba y reducido la capacidad del sistema para garantizar diagnósticos y consultas oportunos. Una evaluación de la Organización Panamericana de la Salud de 2026 documenta retrasos y limitaciones en el acceso a la atención especializada, restricciones a los servicios de diagnóstico que requieren un alto consumo eléctrico, incluidas ciertas tecnologías de laboratorio.
El doctor Iván Pírez, especialista en Medicina Interna, reconoce que las dificultades de acceso a la atención pueden llevar a las personas a buscar orientación en internet. Sin embargo, advierte que interpretar un análisis requiere conocer el contexto clínico del paciente, dijo a elTOQUE. Los valores de referencia pueden variar entre laboratorios, y una misma cifra puede tener significados distintos según los síntomas o los tratamientos. «En la medicina, las cosas hay que contextualizarlas. Las enfermedades no siempre se comportan de la misma manera en todo el mundo, de ahí que digamos que uno no trata enfermedades sino a personas», señala. Además, insiste en que existe un límite básico: «La inteligencia artificial no te puede examinar, no te puede ver ni te puede tocar. La valoración médica depende también de elementos clínicos y del contexto del paciente que una conversación con una IA no puede recoger por sí sola».
«Habría que ver en qué condiciones se extrajo la muestra, en qué horario del día y una serie de variables que el paciente desconoce y que las personas no manejan porque son cuestiones técnicas. Esa falta de contexto puede hacer que la respuesta que te brinde la inteligencia artificial no sea exacta, justo porque no tiene todos los datos si tú mismo no los tienes para brindárselos», concluye.
Un estudio publicado en Nature Medicine en 2026, con 1 298 participantes del Reino Unido, evaluó consultas sobre situaciones médicas simuladas. El grupo que usó IA no obtuvo mejores resultados al decidir qué hacer ante los síntomas. Los investigadores observaron tanto información incompleta aportada por las personas como errores de los modelos, incluidas respuestas contradictorias y recomendaciones fuera de contexto.
Un psiquiatra cubano consultado bajo condición de anonimato asegura que encuentra con creciente frecuencia pacientes que han hablado con una inteligencia artificial sobre su salud mental antes de llegar a consulta. Para algunos, dice, la IA funciona incluso como un primer «filtro»: describen lo que sienten y acuden al psicólogo o al psiquiatra después de que la herramienta les recomienda buscar ayuda profesional. «Llegan y te dicen: “Yo vine porque estuve hablando con la IA y me dijo que sería bueno que fuera a visitar a alguien informado del tema”», cuenta.
Una de sus principales preocupaciones surge cuando la conversación sirve para confirmar un diagnóstico que la persona ya sospecha tener. Menciona la proliferación de contenidos en redes sociales sobre trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), autismo y otras neurodivergencias. En el contexto cubano, las dificultades para acceder a servicios de Psicología y Psiquiatría pueden hacer que la IA se convierta en una alternativa inmediata para alguien que necesita orientación o simplemente hablar.
«Uno de los riesgos inmediatos de la IA es que siempre va a tender a complacerte», dijo el especialista a elTOQUE. Una interacción que constantemente valida o refuerza al usuario puede favorecer que este quiera regresar una y otra vez. Por eso, considera fundamental que quien utiliza estas herramientas conserve una distancia crítica respecto a sus respuestas. «Tiene que haber un filtro y, en ese caso, el filtro tienes que ser tú». En su opinión, aún falta desarrollar una cultura que facilite entender claramente qué se puede esperar de una inteligencia artificial y cuánto confiar en ella sin correr el riesgo de generar dependencia.
La complacencia es otro de los factores que han sido examinado experimentalmente. Un estudio publicado en la revista científica Science en 2026 incluyó tres experimentos con 2 405 participantes y encontró que las respuestas que daban la razón al usuario aumentaban su convicción de estar en lo correcto y reducían su disposición a reparar conflictos interpersonales.
La Asociación Estadounidense de Psicología recomienda no utilizar los chatbots como sustitutos de profesionales de la salud mental. Advierte, entre otros problemas, sobre la falsa sensación de relación terapéutica y la capacidad limitada e impredecible de estas herramientas para responder ante una crisis. Las alertas incluyen casos como los de Sewell Setzer, de 14 años, y Adam Raine, de 16, fallecidos por suicidio tras mantener conversaciones con Character.AI y ChatGPT, respectivamente. Sus familias denunciaron que esas interacciones contribuyeron a las muertes y llevaron sus acusaciones ante los tribunales.
Si bien los usos domésticos de la inteligencia artificial con fines médicos generan preocupación, también entrañan riesgos aquellas consultas relacionadas con reparaciones en casa.
Para Rafael, un trabajador de mantenimiento y reparaciones domésticas que aprendió el oficio de su padre, «no es recomendable ponerse a hacer trabajos eléctricos en casa sin alguien que sepa». Durante los años que lleva prestando servicios en su comunidad, desde pequeños trabajos eléctricos hasta labores de albañilería y plomería, asegura haber presenciado accidentes graves. «He visto a gente que no sabe lo que está haciendo pegarse un buen susto con la 220 V», cuenta.
Rafael insiste en que hace falta experiencia para identificar los riesgos. «Por muy fácil que parezca pelar dos cables, yo siempre te voy a decir que busques ayuda de alguien que sepa y tenga las herramientas». Su recomendación es recurrir a una persona con experiencia antes de intentar una reparación, en lugar de seguir únicamente instrucciones encontradas en internet o generadas por una IA. «Cualquiera no te lo hace gratis, pero, como dice el refrán, puede ser peor el remedio que la enfermedad».
Después bromea con otro temor asociado desde hace años al desarrollo de la inteligencia artificial: que estas herramientas terminen desplazando a trabajadores de distintos oficios. «Además, yo también tengo que comer», dice entre risas.
Recientemente, el discurso oficial cubano ha incorporado la IA a sus planes de transformación. En junio de 2026, el primer ministro Manuel Marrero propuso utilizarla en la administración pública «con supervisión humana y equidad territorial». Un mes después, la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich, la presentó como una «herramienta social» orientada, entre otros ámbitos, a la salud pública y la mejora de los servicios. En agosto, Granma insistió en una estrategia de IA «soberana, ética y orientada al bienestar». Esa narrativa institucional contrasta con la realidad: en los hogares, la adopción avanza sin políticas claras de alfabetización, supervisión ni acompañamiento. En un país donde las carencias empujan a resolver por cuenta propia, la IA empieza a ocupar vacíos que deberían ser cubiertos por servicios y profesionales.






