Yunior García Aguilera. ¿Qué se necesita durante una transición?

Yunior García Aguilera es actor, dramaturgo y activista cubano. En 2020 fue una de las voces visibles del movimiento 27N y al año siguiente fundó la plataforma Archipiélago, desde la cual convocó a la Marcha Cívica por el Cambio en noviembre de 2021. Tras semanas de vigilancia y amenazas de la Seguridad del Estado, logró salir de Cuba y establecerse en Madrid, donde continúa defendiendo los derechos humanos y apostando por el arte como herramienta de memoria y resistencia.
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JAFE: ¿Cómo era en Cuba, para una persona joven como tú, hacer teatro, dirigir, venir desde fuera de La Habana? ¿Cómo te insertaste en ese mundo? ¿Era posible hacer teatro nuevo? ¿Qué barreras encontraste?
YGA: Está lleno de obstáculos, obviamente. El teatro cubano fue de los que más sufrió desde el principio de la Revolución. Piensa en Virgilio Piñera: todo el estigma, la persecución, las sospechas. Y, además, el coraje tremendo de un hombre que se paró delante de Fidel Castro y dijo: «Tengo miedo». Decir «tengo miedo» delante del monstruo era un acto de valentía tremendo.
El teatro heredó ese lastre del miedo y de la censura. Recuerda Los siete contra Tebas, censurada en 1968. Las UMAP estuvieron llenas de teatristas; los «parametrados» de después. Siempre le han tenido miedo al teatro. Supongo que es por esa magia de un espacio en el cual los actores y el público coinciden.
En el teatro pasan cosas: alguien se levanta y grita «¡Viva Cuba libre!». Eso pasó una vez en Visiones de la cubanosofía. O piensa en el Teatro Villanueva: cuando un actor gritó «¡Viva la tierra que produce la caña!», los voluntarios españoles comenzaron a disparar. Eso marcó la historia de Cuba.
El régimen lo sabe y por eso amordaza el teatro.
Mi generación heredó todo eso, pero también coincidimos con un pequeño espacio de libertad en los años noventa, cuando muchos creadores se fueron y quedó un vacío. Ahí entramos nosotros. Pero cuando empecé a hacer teatro en Cuba aún era ingenuo. Todavía no entendía lo difícil que era cambiar algo en una sociedad como la cubana.
JAFE: Yo siempre he visto el teatro como algo político, incluso cuando no lo parece. Por lo confrontativo que es, por los mensajes directos.
YGA: Es que es un espejo. Y cuando te ves como un monstruo, te reconoces.
Díaz-Canel fue a ver mis obras en Holguín. La primera era una comedia, Todos los hombres son iguales. Fue con Lis Cuesta. Y entonces lo que me llamó la atención fue que ellos se estaban viendo en aquella comedia en la que había un personaje que decía: «Soy puta, ¿qué quieren que haga?». Y Lis Cuesta después repetía todo el tiempo: «Soy…, ¿qué quieren que haga?».
Pero la segunda obra que fueron a ver era una obra política: Sangre. El problema es que los burócratas y los comisarios culturales en Cuba están entrenados para detectar metáforas. Y lo que pasaba con el teatro nuestro es que era tan directo que no se reconocían.
Era tan político que había una Dama de Blanco en escena. Y, aun así, lo único que les molestó fue una metáfora de un personaje que se afeitaba la barba. Dijeron: «Es Fidel». Una obra que atacaba el sistema, pero solo les molestó la metáfora.
JAFE: Tú terminaste asumiendo un papel político. ¿Lo buscaste? ¿Cómo llegaste ahí?
YGA: Yo estaba lleno de ingenuidad. Pensaba que aquello era reformable, que había diálogo posible. No tenía formación política. Y por eso me aplastaron. Me derrotaron y lo reconozco. Destruyeron la ilusión que yo tenía.
El cubano no quiere reconocer derrotas. Fidel nunca reconoció una. Yo sí. Las derrotas también te construyen.
Cuando eres artista ya estás en política. Cuando tienes un rol público, ya estás asumiendo, de cierta forma, una responsabilidad política. Yo no quise escudarme en ese «yo soy artista» para decir ciertas cosas. Muchos me decían: «Critica, pero que lo hagan tus personajes». Y eso me parecía tan cómodo, indecente incluso. Empecé a hablar como ciudadano. De ahí salió Jacuzzi, una obra autorreferencial donde mi personaje era yo mismo.
En la segunda función me llenaron el teatro de militares. Camilitos. Yo dije: «Actuamos». Y actuamos.
La obra empezaba como comedia. Los muchachos se relajaron, se rieron. Cuando llegó lo político, el silencio fue total. Al final, aplaudieron, gritaron. Los oficiales se molestaron tanto por la reacción que los mandaron a poner en firme y los hicieron marchar escaleras abajo.
JAFE: ¿Cómo evalúas ese momento en el que tu vida entró en un tobogán que ya no tenía forma de detenerse: oposición, identificación de ti como líder? ¿Cómo lo asumes ahora? ¿Qué harías diferente? ¿Cómo crees que llevaste ese liderazgo?
YGA: He asumido algo en mi vida de manera consciente y plena: la máquina del tiempo no existe. No hay forma de virar atrás, no hay manera de arreglar el pasado. Solo se puede cambiar en la narrativa, pero eso me parece hipócrita. Yo hice lo que pude, de la manera que pude, con muchos errores. Yo no era del todo consciente de lo que pasaba.
Quizá la gente desde fuera veía el fenómeno con más claridad que yo. Yo estaba metido en La Coronela haciendo lo mismo que hago ahora: publicando en Facebook. Porque la gente dice: «No, es que ya tú no estás en Cuba». Pero cuando estaba en Cuba, yo lo que hacía era publicar en Facebook.
Yo no recorrí el país. Yo no di charlas en Holguín, no hice una campaña ni me moví por los municipios conociendo a la gente, saludándola, dándole la mano. Prácticamente, lo que hacía en Cuba lo hacía desde mi apartamento en La Coronela, supervigilado, con el poco Internet que tenía.
¿Cuál es la diferencia con lo que hago ahora? De hecho, yo creo que ahora puedo estar más en contacto con los cubanos que cuando estaba en Cuba, porque ahora puedo publicar en Facebook cuando me da la gana. En Cuba no podía. En Cuba tenía que hacer trucos con varias líneas que me prestaban los amigos para poder conectarme.
Entonces, yo no era del todo consciente del liderazgo; tampoco era mi propósito. Y la gente cree que eso es una pose, el tema de «no me interesa ser líder». El tema no es que no me interesara ser líder: el tema es que yo sabía que no estaba preparado para ser líder.
Creo que para liderar algo como eso en Cuba hay que tener experiencia política, conocimientos, contactos, preparación; y yo no la tenía. Mi formación es como teatrista. Entonces, en todo caso, yo era un líder de opinión, pero no era un líder político en el sentido tradicional del término.
Y por eso cometí los errores que cometí.
Recuerdo que en Archipiélago, en un momento, estábamos muy atemorizados con el tema de lo que dirían de nosotros en la televisión. Y alguien propuso que suspendiéramos el contacto con las embajadas: «A partir de ahora no vamos a hablar más con las embajadas». Y creíamos que era noble no hacerlo, porque así demostrábamos la soberanía y la independencia del movimiento.
Era un disparate político. Tú no te puedes quitar las pocas armas y las pocas herramientas que tienes, que son esos contactos, esa protección. ¿Cómo te vas a desarmar tú mismo? Es como ir a la guerra y quitarte el chaleco, el casco, las botas, y decir: «Aquí estoy, soy más valiente que nadie». Te van a destruir.
Esas novatadas las sufrimos por esa razón: porque Cuba, a diferencia de Venezuela… yo creo que Venezuela sí tiene políticos formados. Tienen gente que ha tenido experiencia como alcaldes, gobernadores; que han administrado, que han gobernado, que han hecho políticas duras. En Cuba no.
JAFE: En Venezuela no tienen tantos años sin pluralismo político como nosotros.
YGA: Yo creo que la gran diferencia y el gran problema es ese: que en Cuba no tenemos líderes políticos en el sentido real salvo, quizá, los que han tenido cargos en Estados Unidos; los cubanos que han podido experimentar la política real, la política dura. Pero los demás no.
Los demás son influencers, líderes de opinión, comunicadores. El hecho de que tú tengas, qué sé yo, 10 000 seguidores no significa que tú seas un líder político. Eres alguien que tiene un liderazgo de opinión y eso hay que reconocerlo.
Pero creo que una de las cosas que quizá nos lastra —y nos afecta— es la poca fe que tiene la comunidad internacional en que los cubanos seamos capaces no solo de tumbar al régimen, sino de construir una Cuba nueva. El tema de la transición: qué proyecto concreto tenemos. Porque hay gente que tiene muchos proyectos, yo lo sé. Pero ¿los conoce la mayoría de la población cubana?
No hemos sido capaces de construir y consensuar proyectos sólidos de transición y de la nueva Cuba. Y no solo construirlos, sino socializarlos: hacer que la gente los conozca y decirles: «Mira, esta es la Cuba que vamos a tener. Estos son los pasos concretos que vamos a seguir. Y de esta manera vamos a resolver, por ejemplo, el problema energético», que es una de las cosas que más le preocupa a la gente.
Porque mañana mismo ocurre un golpe de Estado en Cuba y los apagones van a seguir, las bodegas van a seguir vacías, y la escasez también…, a menos que venga una ayuda internacional enorme. Pero hay que entender que no es un milagro. No es que los buques van a llegar llenos de mercancía y los aviones van a soltar dólares para que la población se enriquezca. Será un proceso duro.
JAFE: Es verdad que a la gente le preocupa mucho eso. He hablado con mucha gente —desde que estaba en Cuba— y siempre era una preocupación dolorosa. Personas que querían encontrar algo que no veían. Estaban buscando la política tradicional: líderes tradicionales, conocimiento, presencia política; personas que pudieran asumir una nueva Cuba o ser una cara de esa nueva Cuba para saber qué apoyar, de qué agarrarse.
Lamentablemente, nuestra inexperiencia política, nuestro desconocimiento, nuestra falta de relaciones y de redes hacen que la pelea con ese sistema haya sido una pelea muy injusta, por desequilibrada.
YGA: Igual te digo: mañana se cae el sistema y se establece un Estado de derecho con libre mercado y va a mejorar el país. Aunque estén al frente los más mediocres, los líderes menos formados, va a mejorar. Porque el problema de Cuba es un problema de sistema. La gente cree que se trata de este funcionario que lo hace mejor o peor. No. El sistema no funciona aunque pongas ahí a la persona más brillante.
Cambiando el modelo, con democracia, Estado de derecho y libre mercado, el país va a mejorar. Ahora: ¿va a mejorar para la Cuba que realmente queremos? Ahí está la pregunta.
Y estaría bien prepararnos para eso. Cada uno desde su posición. Porque también hay un problema: los líderes apuestan a ser presidente de la República. ¡Hace falta alcaldes! Y hace falta gente que atienda la agricultura en un municipio, por ejemplo.
JAFE: Hay una necesidad histórica de encontrar una figura. Realmente, la democracia no debería ser eso, esa no debería ser la aspiración, pero es un producto normal del totalitarismo: nos gustan todavía los caudillos, las grandes figuras.
Ahora, más concretamente: ¿qué país te gustaría que existiera? Dicho de otra manera: ¿a qué país tú volverías?
YGA: Yo creo que hay como cinco cuestiones básicas aquí.
Lo primero: un Estado de derecho que garantice libertades. La mayor libertad posible.
Lo segundo —y es muy importante—: ley y orden. Tienes que garantizar la seguridad al ciudadano. En Cuba, hay delincuentes, y los va a haber mañana aunque haya democracia. Va a haber crimen.
En los últimos días, hemos visto cosas tremendas: un atropellamiento múltiple en La Habana; una cabeza que aparece en un basurero en Santiago de Cuba. Estamos viendo un alza del crimen tremendo; esa violencia es hija de la precariedad.
Esa es una de las cosas que menos se ha discutido en la oposición: ¿cómo se garantiza mañana, en una transición, ley y orden? ¿Quién se encarga? ¿Quién sustituye a la Policía de ahora? ¿Quién sustituye al ejército, si se mantiene?
Tercero: libertad de mercado. La gente tiene que tener libertad de prosperar, crecer, sin trabas absurdas. Y hay que eliminar esa cosa de la empresa estatal socialista, que es un disparate; no ha funcionado. Los chinos y los vietnamitas lo tienen claro hace mucho tiempo, y en Cuba no acaban de entenderlo.
Eso garantizaría mayor producción y bienestar económico.
Cuarto: garantías desde el Estado para mantener cosas que la sociedad cubana va a necesitar mucho al principio: acceso universal a la salud pública y mejorarla; educación; cultura; deporte. Ahora mismo están cerrando escuelas; los hospitales ya sabemos cómo están. Todo eso hay que levantarlo, y le toca al Estado.
El sector privado puede encargarse de cosas también, pero el Estado tiene que garantizar el acceso universal y gratuito a estos servicios, que son derechos humanos.
Quinto: hay que sanar a la nación. La sociedad cubana está enferma, en descomposición. Se ve en el aumento de la violencia, en el lenguaje, en Facebook, en la educación. Cuba ha sufrido un deterioro tremendo, sobre todo en los últimos tiempos.
Esa reconstrucción espiritual tiene que ver con ideas, con cultura, con tratar de que la gente valiosa regrese. Eso está por ver. Aunque mañana ocurra una transición, mucha gente ya está establecida afuera: trabajo, casa… y a lo mejor tú quieres volver, pero tu pareja, tus hijos, te dicen: «No».
Entonces: ¿cómo reconstruir esa nación? ¿Cómo lograr que los hijos de la nación regresen y trabajen en la reconstrucción? ¿Cómo convencer al mundo de que es necesario reconstruir? Porque solos no podemos.
Eso, a grandes rasgos. Pero ya te digo: hay aspectos de todo esto que no se han tocado. Tenemos que discutirlos más.
JAFE: Y la gente lo necesita, Yunior. Damos por hecho que nuestras ideas, nuestros sueños, incluso nuestras utopías, son conocidas, que llegan a todas partes, y no es así. El pueblo cubano necesita saber que lo que estamos pensando para el futuro no es un caos, no es una transición para peor. Ese miedo es lógico.
YGA: Lo otro es que el sistema cubano no se cae con insultos, y no se cae ni siquiera con manifestaciones. Yo creo en la manifestación; de hecho, promoví una. Creo en la presión popular. Pero con eso no basta.
Hay que tener acompañamiento internacional. Como en el 11J. Y hay que tener a la prensa del mundo entero mirándote: eso te protege, aunque no es garantía. Y, sobre todo, hay que tratar de que el sistema se quiebre por dentro.
JAFE: Una última pregunta, Yunior: ¿cómo has vivido la migración en España? ¿Te sientes parte? Hay quien dice que los cubanos se insertan distinto en Madrid que en Miami. ¿Hay diferencias? ¿Es generacional? ¿Es el contexto europeo?
YGA: Primero, estoy muy agradecido con España porque me salvaron la vida. Si me hubiera quedado, estaría preso, muerto o loco; no hay otra opción.
Ahora, eso de sentirme parte de aquí… yo sigo sufriendo como «cubano crónico». Sigo pensando en caminar en Cuba. Cuando actúo aquí extraño mucho actuar en Cuba: subirme a un escenario allá, en los escenarios donde actué.
El recuerdo tonto del barrio… Mi barrio está en candela, y probablemente cuando vuelva —si vuelvo algún día—, a lo mejor no lo reconozco. Ya no voy a conocer a casi nadie: casi todos mis amigos se han ido.
No es el amor ridículo a la tierra. Son sensaciones y recuerdos que te hacen ser quien eres.
Lo que me pasa con España es sentir todavía que estoy de paso, que es una etapa previa para algo que viene luego. Y a lo mejor me muero y no pasa nada.
Por ejemplo, conocí en sus últimos días a Carlos Alberto Montaner. Yo no sabía que él había tomado la decisión de la eutanasia. Y cuando nos despedimos me dijo: «Ya yo no voy a ver la libertad de Cuba, pero ojalá que tú sí». Yo me quedé así. Y le dije: «Pero tú sí la vas a ver», para darle optimismo.
Y me he quedado pensando: si quizá me toque a mí también morirme sin verlo. Es duro. Casi todos queremos ser optimistas y decir: «Está cerca, se va a lograr». Pero probablemente nos toque morirnos sin verlo.
Lo más duro es morirte en la pausa, sin llegar a donde estabas esperando darle play.
JAFE: Gracias por esta conversación. Para mí es un gusto verte de nuevo, hablar contigo.
Y lo último que voy a decir: yo fui de las personas que te dijeron que te fueras. Sé que te han dicho muchas cosas por eso, pero quiero que todo el mundo sepa que yo fui de los que te pidió que te salvaras, como persona.
Yo temía por tu vida cuando estabas en Cuba. Y responsablemente lo haría otra vez con personas como tú y con cualquiera en ese caso. Te pedí que te salvaras porque no hacíamos nada con tenerte preso 20 años o que te pasaran por encima.
YGA: Gracias.













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