Héroes en las alturas, titanes cotidianos, guardianes invisibles del bienestar colectivo: lo que el Estado cubano ahorra en medidas de seguridad para los linieros de la Unión Eléctrica se lo devuelve —con creces— en metáforas. Las notas de la prensa oficial están repletas de elogios para quienes desempeñan uno de los oficios más peligrosos del país. Sin embargo, esos reportes son el testimonio más elocuente de lo desprotegidos que están.
La seguridad laboral de los linieros ha vuelto al debate público tras el hallazgo, el 14 de septiembre de 2026, del cuerpo de Alexander Pantoja Bertot, un liniero desaparecido desde el 10 de septiembre «mientras cumplía funciones de trabajo» en Santiago de Cuba. El cadáver de Pantoja fue encontrado por los guardabosques de Contramaestre en una zona llamada El Palmar.
Una hermana de Pantoja, residente en Estados Unidos, aseguró días después que había muerto por causas naturales —luego eliminó el acceso a esta publicación—, aunque no tardó en dudar de la versión oficial. «Presiento que hubo algo detrás que quizá nunca sepamos», dijo.
Varios días antes, el 4 de septiembre, la Unión Eléctrica había ofrecido condolencias por la muerte de otro liniero, Edisvey Rolando Pérez Rodríguez. El joven de 32 años formaba parte de una brigada de Sancti Spíritus que operaba en La Habana. La Unión Eléctrica aludió a un «accidente laboral», sin dar más detalles.
No son los únicos linieros que han muerto este año. Los casos de Osmani Rosales —fallecido por una descarga eléctrica en junio de 2026— y Mario Vives, tras la rotura de un poste en Cienfuegos en septiembre. Junto a Vives cayó también Rider Molina León, su compañero, hoy hospitalizado. Ambos vivían en Palmira y trabajaban en la construcción de una línea que salía del Parque Solar de Juraguá. La Empresa Eléctrica cienfueguera pidió «respeto a la privacidad» para las familias de Vives y Molina, este último sujeto a «atención médica especializada».
Según cifras publicadas por la Oficina Nacional de Estadística y Información en junio de 2026, durante 2025 se produjeron 664 accidentes de trabajo —una cifra menor que la de 2024, año en que hubo 935—; de ellos, resultaron fatales 38, la mayoría ocurridos en Matanzas, Artemisa y Cienfuegos. En 2025, en el sector de Suministro de Electricidad, Gas y Agua ocurrieron 29 accidentes, en los cuales acabaron muriendo cinco personas.
Ese mismo año, el 8 de septiembre, elTOQUE recibió un Reporte Ciudadano en el cual se denunciaba la situación. «Las condiciones en las que trabajo son pésimas y peligrosas, carentes de todos los medios de seguridad y protección», afirmaba un liniero con identidad protegida. «Son escasos los uniformes, estos no son un lujo porque nuestra labor exige que sean fabricados especialmente para el trabajo con electricidad, deben ofrecer resistencia a la corriente y al fuego». En aquel momento, la Unión Eléctrica acababa de informar sobre la muerte de Carlos López Ibarra, un operador de turbina de 33 años fallecido durante el enésimo arranque de la central Antonio Maceo de Santiago de Cuba.
El liniero que envió su denuncia a elTOQUE lamentó también la falta de botas dieléctricas —el calzado especial que usan los trabajadores de la Unión—, una carencia que los ha obligado a utilizar botas militares o de goma. Tampoco cuentan con arneses, cascos, escaleras o fajas en buen estado, elementos básicos para manipular el tendido eléctrico.
Los reportes de Televisión Cubana en los centros de capacitación para linieros muestran cómo sería su situación ideal. Ante las cámaras, los técnicos en preparación sí cuentan con los instrumentos e indumentaria apropiada. En un video grabado en Mayabeque se les ve ascender por escaleras impecables hacia un pilar de mampostería, nada que ver con los enclenques postes del sistema eléctrico de la isla, a veces de madera que se va pudriendo por la humedad. Uniformes limpios, llaves y destornilladores en cada cinturón, y walkie-talkies para reportar incidencias: esa es la realidad, al menos en la pantalla y ante la mirada atenta de los dirigentes que presencian la demostración.
«Hay mucho riesgo, pero es un riesgo controlado», asegura uno de los formadores. «Cada día se enfrentan a un trabajo muy peligroso».
El 14 de enero de 2025, Cubadebate recogió el día a día de dos gemelos linieros en Sancti Spíritus. Jimmy y Yanier Zamora aseguraron haber escalado hasta 30 metros para manipular líneas de 110 000 voltios. «Allá arriba el aire es muy fuerte y nosotros hemos tenido que subir, incluso, de madrugada. Yo soy chofer liniero y a veces uno sube medio asustado», contaba uno de los hermanos. «Cuando subes con espuelas estas se te pueden patinar, o el poste inclinarse o las líneas correrse».
Ese es el trabajo rutinario, pero cuando ocurre un desastre, un ciclón o una caída del Sistema Eléctrico —que no han faltado en 2026— cambian por completo su rutina, que suele empezar «antes del amanecer». Los Zamora fueron movilizados durante tres meses a Pinar del Río tras el paso del huracán Rafael, en noviembre de 2024.
Es una vida dura, pese al tono triunfal de Cubadebate (y de los propios linieros). Están en riesgo diario de electrocución y a merced de las descargas eléctricas de una red obsoleta e inestable. Ocurren con frecuencia, según los gemelos, explosiones e incendios, por no hablar de la exposición a campos magnéticos fuertes y a la posibilidad de una caída. El miedo a las alturas, explican, no es raro: «Lo tienes que superar o no puedes dedicarte a esto… también hay que perderle el miedo a la corriente».
Cualquiera resbala y se accidenta. Es un «corrientazo en el cerebro», como lo definen los hermanos Zamora. «Recuerdo que un día nos encontrábamos realizando una poda de árboles en el municipio de Cabaiguán», cuentan. «Un compañero nuestro iba a desgajar una mata cuando una de las ramas golpeó la motosierra y esta le ocasionó una herida tan profunda que cabía un dedo completo». Tenía un corte de 13 puntos de sutura.
«Este liniero caminó más de un kilómetro con el aislante a cuesta», fue el titular de Cubadebate publicado junto a la fotografía de un liniero el 16 de noviembre de 2025. Doblado por el peso del aislante —los discos de vidrio que rodean un cable—, el hombre ni siquiera podía mirar a la cámara. Iba hasta la subestación de Arroyo, en Mayarí. En lugar de denunciar el «desafío» de trabajar sin condiciones, el medio lo elogiaba.
Otras fotos en la prensa oficial muestran cómo los linieros atraviesan campos inundados y, sin vehículos ni protección alguna, suben desde el agua hasta los postes eléctricos.
Los directivos de la Unión Eléctrica —cuyas redes sociales son extremadamente activas— están conscientes de la precariedad en que laboran sus trabajadores. En septiembre de 2026 lamentaban la falta de «piezas de repuesto, tecnología y combustibles». La denuncia, sin embargo, se convertía pronto en propaganda. Es verdad que el sistema eléctrico cubano está sumergido en la «obsolescencia» y que el trabajo de los linieros solo puede definirse como «una batalla». Pero la culpa, subrayan, no es de la Revolución.













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