Altavoces del Kremlin y Minsk en Latinoamérica: cuatro años de desinformación y silencios

26 min de lectura

Gasta menos datos recibiendo nuestro contenido en WhatsApp o Telegram
Ilustración: Santiago Quintero.
Ilustración: Santiago Quintero.

El 24 de febrero de 2022, mientras el presidente de la Duma Estatal rusa, Viacheslav Volodin, concluía una visita oficial a Cuba, Rusia inició la invasión a gran escala de Ucrania. Ese mismo día, Volodin viajó a Nicaragua y pronunció un discurso ante la Asamblea Nacional. Días antes, otros altos funcionarios rusos habían visitado La Habana, Caracas y Managua. Moscú iniciaba la guerra mientras estrechaba lazos con sus aliados latinoamericanos.

En la ONU, ese respaldo quedó registrado en cada votación. Cuba y Nicaragua se abstuvieron o votaron en contra de las resoluciones de la Asamblea General que condenaron la agresión, rechazaron las anexiones, suspendieron a Rusia del Consejo de Derechos Humanos y exigieron reparaciones. En 2025 votaron en contra de la que reclamaba el regreso de los niños ucranianos deportados por Rusia. Venezuela no votó: había perdido temporalmente ese derecho por impago de sus cuotas.

Esa proximidad diplomática también tuvo una expresión mediática. El análisis de 2 708 publicaciones de Granma, diario del Partido Comunista de Cuba; teleSUR, cadena con sede en Caracas controlada mayoritariamente por el Estado venezolano, y El 19 Digital, portal del sandinismo en el poder en Nicaragua, entre febrero de 2022 y agosto de 2026, revela un ecosistema transnacional que reprodujo y amplificó la propaganda y la desinformación de Rusia y Bielorrusia.

Cuba, Nicaragua y Venezuela son, junto con Haití, los únicos países de América que Freedom House clasifica como «no libres» en su informe de 2026. Los registros de las organizaciones que monitorean la prisión política (ver 1, 2 y 3) suman más de 1 700 personas entre los tres países, incluidas personas con libertad restringida y personas en desaparición forzada. En ese contexto, Granma marca la pauta informativa de un Estado que prohíbe los medios independientes y somete a sus periodistas a detenciones, interrogatorios y prohibiciones de salir del país; El 19 Digital es la voz de un Gobierno que confiscó los medios críticos y empujó al exilio a sus periodistas, y teleSUR, creada en 2005 por iniciativa de Hugo Chávez, proyecta ese discurso al resto de América Latina. Esta investigación examina cómo esas plataformas incorporaron narrativas procedentes de Moscú y Minsk y qué versiones, fuentes y acontecimientos quedaron fuera de sus relatos.

Para hacerlo, trazamos un mapa de 23 acontecimientos y procesos ocurridos en Rusia y Bielorrusia, que permitió contrastar cada versión oficial con la evidencia documentada. Sobre esa base, clasificamos cada publicación según su tema, la narrativa que transmitía y la posición del medio frente a ella. La metodología completa y las bases de datos pueden consultarse al final de este reportaje. 

La primera matrioska: qué se dijo y qué se calló

En 2022, el primer año de la invasión a gran escala, registramos 335 publicaciones en Granma. El pico llegó en marzo, con 84 piezas, de las cuales 58 estaban dedicadas a la guerra entre Moscú y Kiev. La cobertura incluía seguimientos prácticamente diarios bajo títulos como «En vivo: Operación militar especial de Rusia en Ucrania».

Al anunciar el ataque, el 24 de febrero de 2022, Vladímir Putin habló de una «operación militar especial», un eufemismo que presentaba la ofensiva como limitada y defensiva y borraba lo que la ONU calificó de agresión. En Rusia, ese término se impuso por la fuerza: dos días después del inicio de la invasión, el regulador de medios prohibió a la prensa llamarla «guerra», «ataque» o «invasión», y desde marzo contradecir la versión oficial sobre el Ejército podía costar hasta 15 años de prisión. Granma replicó ese término. En sus titulares, «operación militar especial» aparece 49 veces e «invasión», solo una, y no referida a Ucrania. De lo que no se habló también pesa: cuando la Corte Penal Internacional ordenó en 2023 el arresto de Putin por la deportación ilegal de niños ucranianos hacia Rusia, no hallamos ninguna mención en el corpus analizado. 

En el diario del PCC, el segundo gran pico mensual apareció en mayo de 2025, con 57 publicaciones. El aumento coincidió con la visita de Miguel Díaz-Canel a Rusia.

teleSUR pasó de 74 publicaciones en 2023 a 136 en 2024 y a 687 en 2025. En ese último año, la cobertura se multiplicó por cinco. El salto arranca en octubre de 2024, con la Cumbre Brics de Kazán, donde Venezuela buscó entrar al bloque como país socio. Ese nivel de atención ya no baja.

En mayo-junio de 2025 llega el pico más alto del año: el 44 % de la cobertura sobre la guerra cae bajo la narrativa «Negociación entre grandes potencias», en torno a la ronda de diálogo Rusia-Ucrania en Estambul. Pero mayo tiene también su hito: Maduro viaja a Moscú junto a Díaz-Canel, en el marco del 80.º aniversario del Día de la Victoria, y firma con Putin un tratado de asociación estratégica a diez años. En todo ese corpus no hay una sola mención a la recompensa de 25 millones de dólares que Washington ofrecía entonces por su captura ni a la acusación federal por narcoterrorismo vigente desde 2020, el contexto judicial bajo el cual viajaba. 

En agosto de 2025, con la escalada militar de Estados Unidos en el Caribe, se intensifica la narrativa de «defensa colectiva de la soberanía». Cuando fuerzas estadounidenses capturan a Maduro en Caracas, el 3 de enero de 2026, teleSUR titula ese mismo día que Rusia exige a EE. UU. liberarlo. Durante un mes sostiene esa exigencia con voces de la Cancillería o diputados de la Duma que crean un comité por la liberación de Maduro. La demanda sigue en portada incluso después de que el medio informe, el 19 de enero, que Moscú mantiene «contacto permanente» con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. La última pieza, del 2 de febrero, recoge que Rusia «exhorta» a EE. UU. a liberar a Maduro. Después, el líder chavista desaparece de la cobertura sin que se diga que la liberación nunca llegó. 

Dentro del corpus recuperado, El 19 Digital presenta un volumen mucho menor que muestra un crecimiento gradual, con una presencia cada vez mayor de Bielorrusia.

Qué relato construyen los tres medios

De las 2 708 publicaciones analizadas, una de cada cuatro (691, el 25.5 %) trató la guerra en Ucrania. Pero el segundo tema no fue el frente de batalla, sino la alianza: 478 piezas (17.7 %) se dedicaron a las relaciones de Rusia y Bielorrusia con Cuba, Nicaragua y Venezuela. Los tres medios no solo replicaron la versión de Moscú sobre la guerra: la tradujeron a un relato propio, en el que el Kremlin aparece como socio leal frente a un enemigo común. 

Al poner las tres bases de datos una junto a otra, aparecen diferencias en los temas y narrativas que cada medio prioriza. 

En Granma, la narrativa más repetida es la de «Países aliados»: aparece en 203 de las 1 133 publicaciones analizadas (17.9 %), por encima de cualquier otra. Se corresponde con el segundo tema más tratado por el diario, las relaciones bilaterales con Rusia, donde más de seis de cada diez piezas insisten en el apoyo recíproco y en que La Habana «no está sola». Es un recurso de la propaganda cubana, pero encaja con uno central del Kremlin: un bloque de aliados que se respaldan frente a Occidente. Los picos lo muestran. El 22 de noviembre de 2022, Granma publicó nueve piezas sobre Rusia, todas sobre la relación con La Habana. El 7 de mayo de 2025, durante la visita de Díaz-Canel a Moscú, publicó otras nueve, y ocho más al día siguiente. Es la lógica del blindaje mutuo, y ninguno de los otros dos medios la repite con esa intensidad. 

Hay, además, un patrón reconocible en una sección del periódico llamada «Hilo Directo», que concentra 352 publicaciones, casi un tercio del corpus de Granma. El espacio, que puede aparecer más de una vez al día, reúne titulares del panorama mundial y breves resúmenes de actualidad. En muy escasas ocasiones no aparece algo vinculado con Rusia. Lo que se cubre de Moscú en Hilo Directo no es solo la guerra, es también la agenda diaria de Putin —sus declaraciones, reuniones, viajes…— (ver 1, 2, 3, 4, 5, 6), junto a información sobre ciencia, deporte y cultura en Rusia, con un énfasis particular en salud.

La coincidencia ilustra cómo contenidos originados en medios estatales rusos se incorporan a la agenda informativa de Granma.

La coincidencia ilustra cómo contenidos originados en medios estatales rusos se incorporan a la agenda informativa de Granma.

La cobertura general de Granma repite otro patrón: la insistencia en presentar a Rusia como parte de un bloque, vinculándola con China, Bielorrusia, Irán o Corea del Norte directamente en el titular. Esto ocurre en el 11.5 % de la muestra del medio. En teleSUR, ese mismo patrón de asociación aparece en el 15.1 % de sus publicaciones (ver 1, 2, 3).

En El 19 Digital, el hallazgo más revelador no está en sus publicaciones sobre Rusia, sino en las que dedica a Bielorrusia: son más (65) que las que dedica a Moscú (44). En ningún otro medio ocurre esto —en Granma, Bielorrusia representa apenas el 2 % de lo que representa Rusia; en teleSUR, el 5 %—. El 19 Digital no cubre Bielorrusia como aliado de Moscú en la guerra: la cubre como socio comercial directo de Managua, casi al margen del conflicto.

En teleSUR la cobertura está dominada por la guerra y el conflicto Rusia-Ucrania, con 440 publicaciones, pero el marco narrativo más frecuente es «Negociación entre grandes potencias», con 204 registros. El conflicto aparece, por tanto, integrado en una lectura geopolítica más amplia, en la que la disputa entre potencias y la reorganización de alianzas tienen un peso considerable.

altavoces_del_kremlin_y_minsk_en_latinoamérica:_cuatro_años_de_desinformación_y_silencios

Quién habla y de dónde viene la información

En Granma, más de la mitad de las notas las produce su Redacción Internacional —574 de 1 133 (50.7 %)—, con Elson Concepción Pérez, Alina Perera Robbio y René Tamayo León como firmas recurrentes. Prensa Latina, la agencia estatal cubana, es la segunda fuente más citada. Pero el medio también republica contenido de la maquinaria estatal rusa, principalmente de RT (Russia Today) y reproduce declaraciones textuales de Putin, otros altos funcionarios rusos y, al menos una vez, aparece la firma directa del canciller Serguéi Lavrov en un texto. A ello se suma teleSUR, que aparece como una fuente primaria de Granma. Es decir, el contenido analizado no solo circula desde Moscú hacia La Habana, Caracas y Managua, sino que también se mueve lateralmente entre los medios que analiza esta investigación.

Para la doctora Iria Puyosa, investigadora especializada en comunicación política y operaciones de información, «estos procesos de recirculación de información en diferentes medios del Estado ruso, así como en los de sus aliados en América Latina, como teleSUR y Prensa Latina, contribuyen a legitimar las narrativas rusas ante las audiencias latinoamericanas». Y añade: «Además de los medios oficiales, el ecosistema incluye medios privados ideológicamente afines (por ejemplo, La Jornada de México), medios digitales que están asociados a los regímenes autoritarios de la región sin ser medios oficiales y periodistas o analistas políticos vinculados al Kremlin».

Entre los autores de Granma también se incluye Raúl Antonio Capote, quien firma, por ejemplo, un texto que rechaza la versión occidental sobre el origen de la guerra y otro que pone en duda la autenticidad de documentos filtrados sobre el conflicto. Capote se identificó públicamente como agente de la Seguridad del Estado cubano, infiltrado durante años en círculos disidentes. No es un colaborador externo: es un oficial de inteligencia escribiendo bajo firma periodística.

En teleSUR, el patrón se repite con nombres rusos en primera línea: después de sus periodistas, la fuente más citada es TV BRICS, una red mediática con sede en Moscú y vinculada a instituciones estatales rusas, seguida por Sputnik (31 veces), TASS (14) y RIA Novosti (4) —las tres, agencias estatales rusas—. La Cancillería y el Ministerio de Defensa de Rusia también aparecen citados de forma directa. Y no son solo rusos: la agencia china Xinhua aparece varias veces citada como fuente. 

El 19 Digital lleva esa lógica un paso más allá. Funcionarios y representantes del Estado ruso aparecen como autores de textos publicados por el medio. En la muestra figura el entonces embajador ruso en Managua, A. N. Khokhólikov, con artículos sobre la guerra (ver 1 y 2); el canciller ruso Lavrov firma un texto sobre las relaciones de Rusia con América Latina; y Putin aparece como autor de un artículo sobre la asociación entre Rusia y China. A lo anterior se suma el flujo de contenidos «tomados de» o «con información de» RT, Sputnik y BelTA, la agencia telegráfica estatal bielorrusa. El Consejo de Comunicación y Ciudadanía figura además como autor institucional en 15 de las 147 publicaciones analizadas, mientras Fabrizio Casari firma de forma recurrente artículos de opinión sobre Rusia y geopolítica. En este caso, las fuentes no solo aportan información al medio: algunas pasan directamente a ocupar el lugar de la firma.

En ninguna de las publicaciones analizadas se incorporaron fuentes independientes frente a las versiones oficiales rusas y bielorrusas ni elementos de contraste o cuestionamiento de esas versiones.

Lo que se publicó aunque ya había sido desmentido 

El caso más documentado es Bucha. El 3 de abril de 2022, el Ministerio de Defensa ruso calificó las imágenes de civiles asesinados de «puesta en escena del régimen de Kiev para los medios occidentales». Al día siguiente, PolitiFact verificó esa afirmación como falsa y Bellingcat documentó evidencia que contradecía la versión rusa. El 6 de abril, Granma tituló «Bucha o la mentira como pretexto», y teleSUR: «Rusia culpa a Occidente de apoyar montaje de Bucha en Ucrania». Una semana después, teleSUR añadió «Rusia desmiente su responsabilidad en la masacre de Bucha». Ninguna de esas piezas incorporó la evidencia que ya existía.

Resultados de una búsqueda de imágenes sobre la masacre de Bucha. La crudeza de algunas de las escenas ha llevado a que parte de las imágenes aparezca desenfocada. Mientras el registro visual disponible muestra la dimensión de la violencia y sus víctimas, esa evidencia no aparece de forma sustantiva en el corpus de los tres medios analizados.

Resultados de una búsqueda de imágenes sobre la masacre de Bucha. La crudeza de algunas de las escenas ha llevado a que parte de las imágenes aparezca desenfocada. Mientras el registro visual disponible muestra la dimensión de la violencia y sus víctimas, esa evidencia no aparece de forma sustantiva en el corpus de los tres medios analizados.

El atentado contra Crocus City Hall, el 22 de marzo de 2024, siguió un recorrido similar. El Estado Islámico lo reivindicó esa misma noche, pero Putin, en su primer mensaje, omitió esa reivindicación y señaló que los sospechosos huían hacia Ucrania. Seis días después del atentado, teleSUR tituló «Rusia confirma conexión entre Ucrania y atentado en Crocus». Lo que el medio presentó como confirmación era una acusación oficial sin pruebas públicas: Kiev negó cualquier implicación y EUvsDisinfo catalogó la tesis como desinformación. En mayo, el director del Servicio Federal de Seguridad (FSB), principal organismo de inteligencia ruso, Alexandr Bórtnikov, reconoció que el ataque había sido preparado, financiado y coordinado por la rama afgano-pakistaní del Estado Islámico, aunque siguió sosteniendo, sin aportar pruebas, que los atacantes tenían una «ventana» preparada en la frontera ucraniana. 

La justificación de la invasión también siguió circulando después de ser refutada. El 16 de marzo de 2022, la Corte Internacional de Justicia señaló que no tenía pruebas del «genocidio» en el Donbás que Putin invocó para invadir. En agosto de 2025, teleSUR seguía reproduciendo, con la Cancillería rusa como única fuente, que Rusia «acusa a Kiev de terrorismo y genocidio».

La anexión por Rusia de territorios ucranianos ocupados muestra otro mecanismo: convertir una decisión unilateral en un hecho consumado. En septiembre de 2022, tras organizar referendos no reconocidos internacionalmente en las zonas ocupadas de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, las autoridades rusas proclamaron su incorporación a la Federación Rusa. Granma informó que los referendos habían sido «declarados válidos»; El 19 Digital publicó la firma de los tratados de «adhesión», y teleSUR describió en 2023 a Crimea como «territorio reunificado con Rusia». Dos semanas después de las publicaciones de Granma y El 19 Digital, la Asamblea General de la ONU declaró que los referendos no tenían «validez alguna» y rechazó el intento de anexión.

Lo que queda fuera del encuadre

No todo lo que distorsiona la cobertura es una afirmación falsa. Muchas veces, la distorsión opera por lo que no se dice: hechos documentados que nunca llegan al lector o que llegan solo con el encuadre oficial. 

Entre finales de febrero y el 20 de mayo de 2022, la ciudad portuaria Mariúpol en Ucrania fue sitiada y bombardeada por fuerzas rusas. Las autoridades locales estimaron entonces en más de 10 000 los civiles muertos y advirtieron que la cifra real podía ser el doble. Un teatro que servía de refugio fue bombardeado durante el asedio, en el que según una investigación de Associated Press unas 600 personas murieron. Periodistas de la agencia estadounidense permanecieron en Mariúpol durante el ataque y documentaron la destrucción y el sufrimiento de la población civil. El último bastión ucraniano fue la planta siderúrgica de Azovstal, donde se refugiaron civiles, evacuados a inicios de mayo, y combatieron soldados que comenzaron a rendirse el 16 de mayo.

En esta imagen de archivo, Iryna Kalinina, una embarazada herida de 32 años es transportada desde una maternidad dañada por un ataque aéreo ruso en Mariúpol, Ucrania, el 9 de marzo de 2022. El fotógrafo de The Associated Press Evgeniy Maloletka ganó el World Press Photo a la imagen del año el 20 de abril de 2023 por esta instantánea. (AP Foto/Evgeniy Maloletka, archivo)

En esta imagen de archivo, Iryna Kalinina, una embarazada herida de 32 años es transportada desde una maternidad dañada por un ataque aéreo ruso en Mariúpol, Ucrania, el 9 de marzo de 2022. El fotógrafo de The Associated Press Evgeniy Maloletka ganó el World Press Photo a la imagen del año el 20 de abril de 2023 por esta instantánea. (AP Foto/Evgeniy Maloletka, archivo)

En las 2 708 publicaciones analizadas, Mariúpol aparece en cinco, y ninguna aborda el ataque ni las víctimas civiles. Granma la menciona por primera vez el 26 de mayo de 2022, seis días después de la rendición de Azovstal, para anunciar que «el puerto de Mariúpol retoma sus actividades»: la ocupación, normalizada como una nota económica más. Dos meses después vuelve a ella para informar que Rusia declara al batallón ucraniano Azov «una organización terrorista». teleSUR reporta, en marzo de 2022, que Rusia «reporta interrupción de evacuación» en la ciudad, trasladando la responsabilidad del cerco a un tercero antes de que termine el sitio; cuatro años después, informa que Rusia «destruye equipo militar» del batallón Azov. El 19 Digital solo menciona Mariúpol en septiembre de 2025, cuando la Embajada rusa en Managua inaugura una exposición fotográfica sobre la ciudad. 

Mariúpol, por tanto, no desaparece de la cobertura. Lo que desaparece es el acontecimiento como tragedia civil. 

Tampoco aparece la evidencia posterior sobre crímenes de guerra documentados por organismos internacionales (ver 1, 2, 3, 4, 5) en Mariúpol y otros territorios ocupados por Rusia durante el conflicto.

La muerte de Alexéi Navalny, uno de los principales opositores a Putin, en una prisión del Ártico ruso en febrero de 2024 —que provocó condenas internacionales— tampoco aparece en Granma ni en El 19 Digital: cero menciones en el corpus analizado de ambos medios. teleSUR la cubre una sola vez, bajo el título «Rusia investiga deceso en prisión de opositor Alexéi Navalny». El encuadre es significativo: el titular presenta el hecho como un «deceso» y atribuye a Rusia la investigación de sus circunstancias, mientras organizaciones internacionales reclamaban una investigación independiente.

Una declaración conjunta publicada en febrero de 2026 por Reino Unido, Suecia, Francia, Alemania y los Países Bajos, señaló que Navalny fue envenenado con epibatidina, una toxina rara y letal presente en la piel de ranas dardo de Sudamérica, que no existe de forma natural en Rusia. Moscú rechazó la acusación como propaganda.  

Los presos políticos o presos de conciencia están completamente invisibilizados en los medios. El silencio se sostiene incluso cuando entre 2025 y agosto de 2026, Bielorrusia liberó a cientos de presos políticos como parte de un acercamiento diplomático con Washington que le valió alivios de sanciones; ninguno de los tres medios lo reportó.

Las protestas —que provocaron miles de detenciones dentro de Rusia tras el inicio de la invasión y en otros momentos del período estudiado— tampoco existen en esta cobertura. Es revelador que Granma sí cubriera protestas en Australia, Perú o Estados Unidos durante el mismo período. La diferencia no está, por tanto, en la ausencia de protestas del escenario informativo del medio, sino en cuáles llegan a su cobertura cuando ocurren dentro de Rusia.

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, Bielorrusia no ha vivido protestas masivas. Las históricas desatadas en el país por el fraude electoral de agosto de 2020 que Lukashenko usó para asegurarse un sexto mandato habían sido aplastadas antes de que comenzara la invasión, con una represión que dejó más de 60 000 detenidos y 500 000 exiliados desde entonces, según el centro de derechos humanos Viasna. Pero sí hubo, dentro del período estudiado, una respuesta ciudadana puntual. Días después de que tropas rusas entraran en Ucrania desde Bielorrusia para avanzar sobre Kiev, más de 1 100 personas fueron detenidas en ciudades de todo el país por manifestarse contra la guerra los días 27 y 28 de febrero de 2022; al menos 589 de ellas recibieron arrestos administrativos, registró Viasna. Ninguno de los tres medios lo reportó. 

Un grupo conocido como los «partisanos ferroviarios» saboteó durante semanas las vías usadas para el paso de tropas y equipo militar ruso hacia Ucrania, hasta que el régimen bielorruso los declaró «terroristas» y comenzó a procesarlos con penas de hasta 23 años de cárcel. La represión también alcanzó la cultura: en agosto de 2023, dos poemas del escritor bielorruso del siglo XIX Vintsent Dunin-Martsinkyevich —que llamaban a no confiar en el imperio zarista ruso— fueron incluidos en la lista oficial de «material extremista». En Cuba, el Estado ha empleado otros mecanismos para censurar y castigar expresiones consideradas subversivas, desde la confiscación y prohibición de obras hasta restricciones para publicarlas o difundirlas.  

Las elecciones muestran otra forma de omisión. Granma, teleSUR y El 19 Digital sí cubrieron los comicios rusos y bielorrusos, pero la cobertura se concentró en los resultados, la participación, la estabilidad y el respaldo a Putin o Lukashenko. Quedaron mucho menos visibles las condiciones en las que se celebraron. Rusia no invitó a observadores de la OSCE/ODIHR para las presidenciales de 2024; Bielorrusia tampoco lo hizo para las parlamentarias de 2024 y, para las presidenciales de 2025, la invitó sin la antelación necesaria para observar el proceso. En los tres casos, la organización señaló que esas decisiones impedían una evaluación independiente e imparcial del proceso. La OSCE, de hecho, sí aparece mencionada en la cobertura de teleSUR —pero solo cuando Rusia la acusa de sesgo respecto a Ucrania, nunca en relación con las elecciones—.

El 23 y 24 de junio de 2023, combatientes del Grupo Wagner tomaron instalaciones militares en Rostov del Don, sede del cuartel general del Distrito Militar Sur, y avanzaron hacia Moscú en el desafío armado más serio al poder de Putin desde que llegó al Kremlin. La rebelión terminó horas después con una negociación en la que intervino Lukashenko.

Granma y teleSUR dedicaron diez piezas al episodio —cinco cada uno, sin contar la felicitación por Artiómovsk de mayo de 2023—; El 19 Digital, ninguna. En esas publicaciones no hay contexto independiente, análisis de las consecuencias ni cuestionamiento de la versión oficial. La narrativa «Estabilidad frente al desorden» domina cuatro de ellas: la rebelión se cuenta como una amenaza que el Estado supo controlar, no como una crisis de mando ni como evidencia de fractura en el aparato militar. El titular de Granma ni siquiera parafrasea al Kremlin, lo cita: «Putin sobre líder del Grupo Wagner: la ambición desorbitada llevó a una traición contra Rusia». Dos meses más tarde, Yevgueni Prigozhin, jefe del Grupo Wagner y líder de la rebelión, murió al estrellarse el avión en el que viajaba al noroeste de Moscú. Granma y teleSUR reportaron una «muerte confirmada» sin plantear la pregunta que sí abordaron BBC News Mundo, AP, The Washington Post, The Guardian y The Wall Street Journal: si se trató de una represalia del Kremlin.

La represión contra opositores, periodistas y organizaciones independientes tampoco forma parte de la cobertura. Durante el período estudiado, las autoridades rusas ampliaron el uso de las leyes sobre «agentes extranjeros» y «extremismo» para restringir y criminalizar actividades de organizaciones, medios y voces críticas. Sin embargo, ese proceso solo aparece en las publicaciones analizadas como medidas oficiales, nunca como represión.

¿Estamos ante una estrategia coordinada de influencia rusa, una convergencia ideológica entre estos gobiernos o ambas cosas? 

Para Puyosa, ambas dinámicas pueden coexistir. «Las operaciones de información de Rusia en Latinoamérica se han adaptado al contexto de los países objetivo, anclando sus narrativas en temas de interés para las audiencias de cada país», explica en declaraciones a elTOQUE. En el caso de Venezuela, Cuba y Nicaragua, añade, las narrativas de estos países y de Rusia «se alinean para reforzar sus intereses comunes», particularmente en oposición a los mecanismos internacionales de protección de los derechos humanos y a las políticas de sanciones de Estados Unidos y Europa. También identifica una convergencia entre Rusia y China alrededor de la idea de un mundo multipolar, un marco que, según señala, conecta con ideas políticas presentes en América Latina desde hace dos siglos.

El politólogo e historiador Armando Chaguaceda, especializado en el estudio de la democracia y los autoritarismos en Latinoamérica y Rusia, plantea en declaraciones a elTOQUE que para entender estas coincidencias hay que distinguir entre cooperación y convergencia. «Cuando se analiza que hay Gobiernos distintos que coinciden en cosas que hacen, tú tienes que revisar si existe primero una cooperación explícita —un préstamo de guiones, protocolos de actuación, documentos, valores, ideas— o si existe una convergencia, por default, por casualidad. Casi siempre pasan las dos cosas». En el caso de Rusia y los Gobiernos autoritarios de izquierda de América Latina, sostiene, existe una convergencia que parte de un rasgo común: «son todos regímenes antiliberales, es decir, se oponen al pluralismo político y al Estado de derecho». Por esa razón, aunque estén en posiciones ideológicas distintas, «convergen desde distintas coordenadas en una misma forma de entender el mundo y un mismo enemigo al que adversar».

Chaguaceda señala, además, que «el Estado soviético es justamente el creador de los mecanismos de influencia, de propaganda, de los scripts, de los programas del movimiento comunista internacional». La Unión Soviética, añade, «asesoró» y «adiestró» a expertos de inteligencia y propaganda de Cuba y Nicaragua, que posteriormente «adiestraron a expertos del chavismo». A esa herencia se suma una estrategia rusa contemporánea: «Rusia apostó por la desinformación, que de nuevo tiene sus fuentes, sus orígenes en la historia del Estado soviético: la desinformatsia [término original en ruso para referirse a la desinformación] y la maskirovka [enmascaramiento o engaño militar]». Según Chaguaceda, esa estrategia opera mediante un sistema de medios estatales como RT y Sputnik, pero también a través de operaciones digitales y redes sociales, y «en ese proceso converge, por ejemplo, con la propaganda cubana, Prensa Latina, pero también teleSUR».

Al final de esta investigación no queda una matrioska por abrir. Queda una pregunta: quién, durante estos cuatro años y medio, estuvo del lado de afuera, leyendo solo lo que cada capa dejaba pasar 

Un lector de Granma, de teleSUR o de El 19 Digital pudo seguir cada giro de la guerra más grande de Europa desde 1945 sin encontrar, en las 2 708 publicaciones analizadas, una sola fuente independiente que contrastara las versiones oficiales de Moscú o Minsk. No porque esa voz no existiera —existieron, y quedaron documentadas en cada hueco que esta investigación fue llenando—, sino porque la arquitectura editorial de los tres medios decidió, publicación tras publicación, que no llegara. La solidaridad entre Cuba, Nicaragua, Venezuela, Rusia y Bielorrusia no se sostiene solo en votos de la ONU o visitas de cancilleres: se sostiene en esa decisión, repetida miles de veces, de qué contar y qué no. Al cierre de esta pieza, esa decisión sigue vigente. La guerra continúa. Y también el silencio que la acompaña en estas tres redacciones.


Nota metodológica: cómo seguimos el rastro

Reconstruimos lo ocurrido en Rusia y Bielorrusia entre febrero de 2022 y agosto de 2026 mediante un mapa de 23 acontecimientos y procesos seleccionados por su relevancia y repercusión pública. Algunas de las versiones oficiales sobre esos hechos ya habían sido documentadas como falsas o engañosas por organismos internacionales, investigaciones independientes y bases especializadas como EUvsDisinfo, del Servicio Europeo de Acción Exterior que cataloga desde 2015 casos de desinformación pro-Kremlin. Para cada episodio registramos tres elementos: qué dijeron Moscú y Minsk, con su fuente oficial; qué estableció la evidencia documentada; y si la versión oficial contenía una afirmación falsa o engañosa o constituía principalmente un encuadre interpretativo. Con esa línea de base, rastreamos después cómo esas versiones circularon en Granma, teleSUR y El 19 Digital en el mismo período. 

Mapa_de_acontecimientos (2).pdf

Con ese mapa como punto de partida, trazamos la ruta para analizar la cobertura de los tres medios. Diseñamos tres codebooks (guías de clasificación): uno para identificar de qué hablaba cada publicación entre 12 temas; otro para determinar qué narrativa transmitía, entre 21 posibles; y un tercero para establecer qué hacía el medio con esa narrativa: reproducirla, amplificarla, transformarla o adaptarla, cuestionarla, o bien limitarse a informar sin promover ninguna. Cada publicación fue clasificada en los tres ejes.

No todas las narrativas rastreadas son falsas ni de origen ruso o bielorruso. Algunas, como la solidaridad entre aliados o la defensa de la soberanía, ya formaban parte del discurso de estos Gobiernos antes de 2022. Por ese motivo, no afirmamos que cada publicación copie a Moscú o Minsk, sino que mostramos dónde coinciden. Solo consideramos desinformación los casos en que un medio presentó como verdadera una afirmación ya desmentida por la evidencia disponible en el momento de publicarla. 

Codebooks.pdf

Con los criterios definidos, construimos una base independiente para cada medio a partir de las siguientes vías de búsqueda: 

-Introdujimos los términos «Rusia», «Bielorrusia» y «Belarús» en el buscador de cada sitio y registramos manualmente todas las publicaciones del período estudiado que arrojaron esas búsquedas. 

- Realizamos búsquedas en Google a partir de los acontecimientos y las narrativas identificadas previamente en el mapa. Utilizamos palabras claves asociadas a esos episodios —Kremlin, Putin, Donbás, OTAN, sanciones, Wagner, Brics, Bucha, Lukashenko, entre otras— para localizar publicaciones que no aparecían en los buscadores internos. En teleSUR, el buscador interno no conserva publicaciones de 2022, por lo que su hoja «Rusia» comienza en 2023; las publicaciones de ese año recuperadas mediante búsquedas externas se incorporaron a la muestra temática. Aun así, teleSUR reúne 1 428 registros, la cifra más alta de las tres bases. 

En El 19 Digital, el buscador tiene un alcance limitado y pocas funciones para explorar contenido antiguo o etiquetado; su hoja sobre «Rusia» reúne apenas 44 publicaciones. Esta cifra debe interpretarse como resultado de esa limitación técnica y no necesariamente como medida de cuánto cubrió el medio el tema.

Cada publicación —con fecha, título, autor o fuente, tema, narrativa, posición y enlace— fue clasificada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un humano, de acuerdo con los codebooks establecidos. 

Las tres bases —disponibles aquí (Granma), aquí (teleSUR) y aquí (El 19 Digital)— incluyen una hoja de metodología que documenta este proceso y otra de resumen con los totales por medio. 





Apoya a elTOQUE, necesitamos tu ayuda. Dona aquí
toque_logo_white

Mercado Informal de Divisas en Cuba

(Tiempo Real)
1 USDDólar Estadounidense
795.00 CUP+5
1 EUREuro
890.00 CUP+5
1 MLCUSD en saldo de cuenta bancaria
532.33 CUP+17.67
1 CADDólar Canadiense
517.35 CUP+4.2
1 MXNPeso Mexicano
51.34 CUP-0.17
1 ZELLEZelle
762.84 CUP-0.85
1 CLAClásica
417.79 CUP+40.82

Los valores de REFERENCIA que aquí se muestran son el resultado del cálculo de la mediana de los números escritos en ofertas de compra y venta de divisas registradas por nuestro sistema automatizado en sitios web de clasificados y grupos de redes sociales. No son operaciones concretadas, sino expresiones de «deseos» de los actores del mercado informal. El precio final de la compraventa entre privados puede y suele variar. Insistimos en que los números que mostramos no son la tasa OFICIAL, sino que deben ser tomados solo como REFERENCIA. Más información, clic en el botón de +

Registro de elTOQUE sobre cubanos muertos y desaparecidos en rutas migratorias

+0
Muertes
+0
Desapariciones