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Animación cubana: “Los contenidos no son los frenos”

Animación cubana: “Los contenidos no son los frenos”

Tras los colores y la ficción de los dibujos animados, en Cuba florece desde hace algunos años una producción cultural que refleja conflictos de la sociedad y participa desde el arte.

Un grupo de jóvenes creadores tratan con muy pocos recursos y escaso amparo institucional fenómenos como los problemas de la adolescencia, la vulgarización del lenguaje y la postergación de la mujer.

“Cada cual desde sus posibilidades está haciendo un trabajo, aunque no puede hablarse de movimiento porque no estamos reunidos”, dice Ernesto Piña, director de Sin Pelos en la Lengua y Todo por Carlitos.

Por su parte Víctor Alfonso Cedeño (Vito), autor de “Dany y el Club de los Verracos” y “Lavando Calzoncillos” describe: “Conviven dos perspectivas: la institucional, con los estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la producción independiente, en un marco de “alegalidad” porque no tenemos amparo legal pero tampoco nada que nos prohíba”.

Aunque no puede hablarse de una floreciente producción, sí es notable que algunos de estos productos animados no encuentren difusión en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), único ente de señal abierta y propiedad totalmente estatal.

“A mí no me han trasmitido dos de mis cortometrajes, pero es que en los últimos tiempos en las pantallas casi ni se ven dibujos animados producidos por instituciones estatales del país”, afirma Vito.

Según su colega Piña, la promulgación de una reciente medida legal que regula el pago de los derechos a los creadores audiovisuales ha condicionado esa realidad, pues al parecer, los fondos del ICRT no alcanzan para pagar los honorarios establecidos a los autores del archipiélago.

Sin embargo, otros ven en lo que dicen esos animados y, en cómo lo dicen el motivo de la falta de promoción.

“Los contenidos no son frenos. Los frenos lo ponen las censuras y los empresarios. Eso no solo pasa en Cuba, en todas partes del mundo existen patrones que deben ser respetados”, asegura Piña, quien trabaja en el ICAIC, aunque también mantiene su independiente Erpiro Studio.

“Es verdad que existen en el mundo limitaciones de acuerdo a los intereses de cada televisora, pero Cuba es especial”, interviene Vito, encargado de su propia productora, La Casita del Lobo.

“Es muy frecuente escuchar a los programadores decir esto no le va a gustar a los niños o esto no lo deben ver los niños;  pero eso es muy relativo porque una cosa es lo que no le gusta a los niños y otra lo que no le gusta a los padres que los niños vean”, opina.

“Lo normal es que si la cadena considera el dibujo no apto para niños, se le ofrece a otros públicos, o a otra cadena; pero en Cuba todo se complica porque hay una única cadena y además estatal”, reflexiona.

Ante esos problemas, los realizadores recurren a caminos alternativos. Por ejemplo, una foto anuncia en las redes sociales el estreno del cuarto capítulo de Dany y el Club de los Verracos, “disponible muy pronto en memorias USB y El Paquete”, ésta última es una vía de difusión sin control estatal que es usada por el 86% de los hogares cubanos, según una encuesta difundida por un periódico local.

“Es un salto de fe que di esperando que en el futuro cambien las cosas”, dice Vito, creador de la iniciativa y quien asegura sentirse a veces como un delincuente, porque “No tengo una ley que me permita promover y distribuir legalmente mis obras”, afirma.

El autor sabe muy bien lo que dice, pues por falta del amparo legal a los realizadores independientes no pudo cobrar 1.000 CUC (unos 1.200 USD) ganados en un certamen por su cortometraje Incontrolable.

Piña también es optimista, y espera que el Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, que tendrá del 11 y 13 de abril, finalmente impulse la creación de un Registro del Creador Audiovisual. Esta demanda fue hecha pública por un grupo de cineastas y que finalmente otorgaría personalidad jurídica a las productoras independientes.

“Solo así podremos obtener equilibrio en el tratamiento y la difusión de todos los productos animados”, considera.

 

José Jasán Nieves Cárdenas
Periodista y Editor general de elTOQUE en Cuba. Canalicé mi curiosidad en un oficio y una profesión que me permite invitar a mirar hacia lo que, muchas veces, no se mira.
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“Cada cual desde sus posibilidades está haciendo un trabajo, aunque no puede hablarse de movimiento porque no estamos reunidos”, dice Ernesto Piña, director de Sin Pelos en la Lengua y Todo por Carlitos.

Por su parte Víctor Alfonso Cedeño (Vito), autor de “Dany y el Club de los Verracos” y “Lavando Calzoncillos” describe: “Conviven dos perspectivas: la institucional, con los estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la producción independiente, en un marco de “alegalidad” porque no tenemos amparo legal pero tampoco nada que nos prohíba”.

Aunque no puede hablarse de una floreciente producción, sí es notable que algunos de estos productos animados no encuentren difusión en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), único ente de señal abierta y propiedad totalmente estatal.

“A mí no me han trasmitido dos de mis cortometrajes, pero es que en los últimos tiempos en las pantallas casi ni se ven dibujos animados producidos por instituciones estatales del país”, afirma Vito.

Según su colega Piña, la promulgación de una reciente medida legal que regula el pago de los derechos a los creadores audiovisuales ha condicionado esa realidad, pues al parecer, los fondos del ICRT no alcanzan para pagar los honorarios establecidos a los autores del archipiélago.

Sin embargo, otros ven en lo que dicen esos animados y, en cómo lo dicen el motivo de la falta de promoción.

“Los contenidos no son frenos. Los frenos lo ponen las censuras y los empresarios. Eso no solo pasa en Cuba, en todas partes del mundo existen patrones que deben ser respetados”, asegura Piña, quien trabaja en el ICAIC, aunque también mantiene su independiente Erpiro Studio.

“Es verdad que existen en el mundo limitaciones de acuerdo a los intereses de cada televisora, pero Cuba es especial”, interviene Vito, encargado de su propia productora, La Casita del Lobo.

“Es muy frecuente escuchar a los programadores decir esto no le va a gustar a los niños o esto no lo deben ver los niños;  pero eso es muy relativo porque una cosa es lo que no le gusta a los niños y otra lo que no le gusta a los padres que los niños vean”, opina.

“Lo normal es que si la cadena considera el dibujo no apto para niños, se le ofrece a otros públicos, o a otra cadena; pero en Cuba todo se complica porque hay una única cadena y además estatal”, reflexiona.

Ante esos problemas, los realizadores recurren a caminos alternativos. Por ejemplo, una foto anuncia en las redes sociales el estreno del cuarto capítulo de Dany y el Club de los Verracos, “disponible muy pronto en memorias USB y El Paquete”, ésta última es una vía de difusión sin control estatal que es usada por el 86% de los hogares cubanos, según una encuesta difundida por un periódico local.

“Es un salto de fe que di esperando que en el futuro cambien las cosas”, dice Vito, creador de la iniciativa y quien asegura sentirse a veces como un delincuente, porque “No tengo una ley que me permita promover y distribuir legalmente mis obras”, afirma.

El autor sabe muy bien lo que dice, pues por falta del amparo legal a los realizadores independientes no pudo cobrar 1.000 CUC (unos 1.200 USD) ganados en un certamen por su cortometraje Incontrolable.

Piña también es optimista, y espera que el Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, que tendrá del 11 y 13 de abril, finalmente impulse la creación de un Registro del Creador Audiovisual. Esta demanda fue hecha pública por un grupo de cineastas y que finalmente otorgaría personalidad jurídica a las productoras independientes.

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