En su hábitat natural, Eduardo Ceballos Pérez es Eddy Jones. Con sombrero y chaleco explora la destrucción de La Habana con una cámara y convierte cada hallazgo en una historia que cuenta en su canal satírico Despingovery Channel.
Desde hace poco más de tres meses ha cambiado su entorno, aunque no el deterioro. Ahora, lejos de los suyos, lo rodean barrotes y guardias.
Eddy está en prisión preventiva a la espera de un juicio ante un tribunal militar, acusado por las autoridades cubanas, presuntamente, de un delito de espionaje y revelación de secretos concernientes a la Seguridad del Estado.
Todo comenzó después de la publicación de un episodio de Despingovery Channel grabado en una antigua instalación militar de La Habana, donde mostró misiles soviéticos, radares, búnkeres y otros restos de material bélico desactivado.
Antes de ser un expediente judicial, Eddy llevaba ya media vida convirtiendo el arte en su manera de estar en el mundo.
Antes del personaje
Para entender quién es Eddy hay que retroceder mucho más. En conversación con elTOQUE, su madre, Marieta Pérez, lo recuerda como un niño enfermizo y tranquilo, al que nunca le gustaron las peleas ni los ambientes de confrontación, y que desde muy pequeño tuvo clara su vocación artística.
«Desde pequeñito siempre había manifestado que él quería ser artista. Antes de ir a la escuela, mi mamá lo cuidaba y escuchaba novelas de radio y él se aprendía la presentación de cada novela. Por ejemplo, había un programa muy gracioso de Vincent van Gogh y él se aprendió eso y lo dramatizaba desde la cuna. Él siempre estaba dramatizando».
Su entrada al mundo profesional llegó a través del circo, prácticamente por casualidad. Allí trabajó como payaso y creó personajes como Metebulla. Tenía formación teatral, algo que, según Marieta, lo llevó a desarrollar una manera particular de actuar. Cuando se encontraba en uno de los mejores momentos de aquella etapa, Eddy decidió concentrarse en el humor porque era lo que realmente le interesaba.
«Le gustaba mucho Héctor Zumbado y lo leía. Le gustaba ese tipo de humor. En 2018 empezó con el grupo Pagola La Paga, haciendo parodias y eso le llevó también a cantar. Siempre fue muy rítmico, bailaba, cantaba».
Tras el stand up y otras experiencias escénicas, apareció la cámara, y con ella una nueva manera de convertir la observación en humor.
Para Despingovery Channel tomó como referencia los documentales de exploración y naturaleza y los llevó a las calles de La Habana. Eddy bautizó el proyecto jugando con el popular Discovery Channel, y creó a Eddy Jones, un explorador que recorría baches, ruinas, edificios abandonados e instalaciones olvidadas como si estuviera descubriendo territorios desconocidos.
El proyecto empezó como una ocurrencia y terminó convirtiéndose en un trabajo. Eddy hacía buena parte de la producción por sí mismo: grababa, dirigía, editaba y fotografiaba. Muchas veces trabajaba con una sola persona detrás de la cámara y con un teléfono y un estabilizador como principales herramientas. Los espectadores comenzaron a enviarle lugares, fotografías y videos para futuras expediciones, y el proyecto fue creciendo alrededor de esa comunidad. Su madre vio de cerca el proceso.
«Pienso que el trabajo que él estaba haciendo con Despingovery era algo que en primer lugar lo apasionaba y, además, él fue preparando todo: creó el personaje, fue desarrollando una serie de aristas del personaje; y realmente él vivía eso con tremenda emoción».
Había que improvisar en cada lugar, encontrar palabras, sostener el personaje y jugar con el lenguaje. Marieta considera que estaba haciendo «un muy, muy buen trabajo»; varios colegas artistas ya lo habían felicitado por eso.
El proyecto ha seguido ganando visibilidad incluso mientras Eddy permanece en prisión. Despingovery Channel cuenta actualmente con unos 96 500 seguidores en Instagram, pese a llevar más de tres meses inactivo.
Fuera de cámara, Eddy llevaba una vida bastante más tranquila que la de su personaje.
«Él tiene poco tiempo libre, pero realmente le gusta mucho estar tranquilo en su casa, disfrutar de su privacidad, ver películas, cocinar».
Marieta lo describe como un hombre reservado, muy apegado a su familia. Vive con su esposa, Daniela, y su hija de cinco años, una niña que lo admira y que, según su abuela, suele presentarse orgullosa como «la hija de Despingovery Channel».
Desde hace más de tres meses, esa vida cotidiana ocurre sin él.
Cuando el juego dejó de ser un juego
Antes de la detención, Eddy ya había recibido citaciones y advertencias de la Seguridad del Estado, según su familia. Cuando comenzaron a aparecer señales de que su trabajo podía traerle problemas, no contó demasiado en casa.
«Yo no supe de la situación, que empezó a raíz de una entrevista que él le concedió a Mario Pentón, hasta una semana después. Él no me dio muchos detalles para que yo no me preocupara», dice Marieta.
Su esposa, Daniela Escarra, relató posteriormente que, después de una citación en una unidad policial, le dijeron que podían «construirle una causa».
El 20 de mayo de 2026 Eddy grabó el capítulo en la unidad militar abandonada. Lo publicó la noche del 24. Pocos días después, el 1 de junio, fue detenido cerca de su vivienda durante un amplio operativo policial. Según personas cercanas a la familia, no le permitieron siquiera llegar a casa para avisar.
Durante los primeros días permaneció bajo investigación de la Contrainteligencia Militar. El 4 de junio fue enviado a prisión preventiva en el Combinado del Este, donde continúa. Desde entonces, la familia ha solicitado sin éxito un cambio de medida cautelar. La última negativa le fue comunicada a Marieta el 1 de septiembre. Además, presentó un recurso de queja, también rechazado hasta ahora. Según la familia, el motivo continúa siendo la acusación de un delito contra la Seguridad del Estado y el proceso permanece pendiente ante el tribunal militar.
A más de cien días de la detención, la investigación todavía no ha concluido y la familia sigue reclamando respuestas y las evidencias que sustentan la acusación.
Marieta asegura que tampoco ella imaginó al principio hasta dónde podía llegar aquella situación.
«Uno piensa: me van a llamar, me van a decir, me van a cuestionar, me van a mandar a parar, pero no que habrá una situación tan fuerte, tan violenta, tan tremenda, a partir de una filmación en un lugar que realmente está abandonado», asegura.
El sitio que Eddy había ido a explorar era, aclara su madre, una instalación deshabilitada y sin restricciones de paso, distinta del área militar activa que se encontraba a su lado y que sí contaba con cercas y vigilancia.
La incertidumbre ha terminado formando parte de su vida cotidiana, pero Marieta intenta enfrentar lo que está pasando desde la aceptación.
«Realmente tú piensas que no es cierto, que eso no está pasando. Yo nunca he salido de esa posición de que es una exageración, de que es ilógico, pero también uno sabe cómo son las cosas aquí: no importa que uno no haya hecho algo como para que eso suceda, y está sucediendo», afirma.
Vivir con la ausencia
«Verdaderamente todos los días uno no está igual, hay días que estoy un poco más triste, un poco sentimental, o un poco más molesta por ver que lo han involucrado en una situación de este tipo, pero yo no veo una manera diferente de afrontar esto que no sea enfrentándolo», afirma Marieta.
Para su nieta, la ausencia de su padre ha tenido que traducirse a un lenguaje que pueda entender.
«Su hija es todavía pequeñita, es bastante inocente. A veces ella se pone un poco triste. Pero ella es una niña muy alegre, muy conversadora. Ella lo extraña y lo admira mucho y su mamá le ha dicho que su papá está en una escuela enseñándole a otras personas su trabajo».
Daniela, por su parte, contó en Facebook que la niña pregunta cada noche cuándo papá termina la «escuelita». Cuenta los días para volver a verlo y pregunta por qué los guardias no dejan pasar algunas de las cosas que la familia prepara para él. «Una niña de 5 años no debe tener ese tipo de problemas», escribió.
La vida del resto de la familia también ha quedado organizada alrededor de la ausencia, explica Marieta.
«Nosotros estamos prácticamente volcados todo el tiempo en las cosas de Eduardo, el abogado, las gestiones, la búsqueda de cosas para llevarle. Es desgastante llenar un saco, que es lo que te permiten entrar, para llevar a un preso. En este momento es una tarea titánica».
La espera se hace más dura por la escasa comunicación. «Su esposa se pone nerviosa, se asusta, llora. Me empieza a preguntar: ¿Te llamó?, ¿te llamó? La dinámica de la familia completa se ha afectado muchísimo. Estamos de cabeza enfrentando esto».
Una voz desde la celda
Mientras tanto, Eddy relata desde dentro su situación. El 1 de agosto, su madre hizo pública una carta suya.
«Desde el lugar donde me encuentro, confinado en una celda, con escasez de alimentos y de agua, alejado de mis seres queridos —escribe—, hace dos meses ya que me encuentro privado de libertad y a la espera de un juicio, acusado de cometer el delito de espionaje contra la seguridad del Estado cubano. Pareciera un chiste..., pero no lo es».
Ante la acusación, Eddy empieza por describirse. «Soy un artista, no un espía; un humorista que muestra la realidad que está a la vista de todos, no un delincuente... Soy inocente; aun así, aquí estoy, queriendo estar a la altura de esta batalla en la que me va la vida propia, consciente del sacrificio de mi familia para mantenernos a flote; pero con la alegría de contar con el afecto de miles de personas que me apoyan a pesar de no conocernos».
Sin perder la esperanza, sueña con volver a las calles de su ciudad y al trabajo que dejó pendiente:
«Sueño con el día en que vuelva a casa para abrazar a los míos y agradecer personalmente a todos por no abandonarnos y darnos fuerzas para seguir resistiendo. Estoy en deuda con todos ustedes y mantengo la esperanza de encontrarnos para seguir compartiendo las crónicas de la descojonancia por las calles de mi querida, agujereada y rota Habana», afirmó.
El próximo capítulo
En casa, Marieta no quiere adelantarse a lo que pueda suceder. «Yo les pido a los demás que vivamos el día de hoy, que asumamos la cotidianidad y no pensemos en el futuro porque realmente no sabemos cómo vamos a llegar a ese futuro».
Prefiere centrarse en su hijo como «un joven que tiene mucho valor como artista, como profesional, que es un muchacho que ha estado enamorado de su trabajo y de su carrera, que es una persona inteligente, muy analítica, muy social y que está dando lo mejor que puede».
Por ahora, la familia sigue en modo supervivencia. La niña cuenta los días para visitar a su papá en la «escuelita». Los adultos preparan el próximo saco y esperan otra llamada.
En su hábitat natural, un humorista dormiría cada noche en casa y no en prisión. Y Eddy sueña con volver a los suyos y filmar el próximo episodio de Despingovery.






