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Descemer Bueno / Foto: Alejandro Taquechel

Descemer Bueno / Foto: Alejandro Taquechel

Descemer Bueno, un genio extraterrestre

1 / noviembre / 2021

Por los resquicios del apartamento del quinto piso de la calle Ten Eyck, en la ciudad de Brooklyn, por las ventanas y las puertas y los vertederos del lugar, se filtra la canción «Guajira, I love U 2 much», que llega desde afuera en un anuncio publicitario de la marca de gaseosas Pepsi, la bebida que todos toman entonces en el recio verano de Nueva York.

«Acabadito de nacer, eso la verdad que no le pasa a la gente», dice Descemer Bueno, y cree firmemente que es un tipo con suerte y que cosas así no suceden con facilidad. «Al principio pensé que era algo normal, pero luego de 20 años te das cuenta de que eso no pasa».

Es 2003. Dos años antes Descemer había llegado a Estados U nidos desde Cuba de la mano del músico y productor venezolano Andrés Levin, para integrar la banda de fusión Yerba Buena, que también conformaban Cucú Diamantes (voz), El Chino (voz), Xiomara Laugart (voz), Rashawn Ross (trompeta), Ron Blake (cañas), Sebastián Steinberg (bajo), Pedrito Martínez (percusión), Terreon Gully (batería) y Horacio Hernández (batería).

El tema, en el que Descemer mezcla con toda intención el inglés y el español, se lo presenta a Levin, quien en un primer momento no apuesta por su éxito. La canción luego aparecería también en las bandas sonoras de más de una película estadounidense.

«Guajira, I love you too much», dice la letra, una y otra vez. «Oh, yeah, chiquita, quiero volar contigo, tocar tu ombligo».

En varias ocasiones le ofrecieron dinero a Descemer por los derechos del tema. Sin pensarlo, lo vendió trozo a trozo hasta quedarse con el 10 %.

«Necesitaba comer y empecé a vender los pedazos de la canción. Firmaba el papel que fuera para tener el dinero, porque Nueva York no es fácil».

Descemer calcula que tuvo que dormir al menos dos noches en algún parque de la ciudad, luego de que el dueño polaco del edificio de la calle Ten Eyck pusiera un aviso en la puerta para que abandonara el espacio por no cumplir con el pago mensual de la renta.

Al tercer día, Descemer pasó por alto el aviso y entró en el apartamento. El dueño polaco, quien realmente estaba en disposición de ayudarlo, le dijo después de llevarlo a juicio: «¿Qué tú necesitas para funcionar como una persona normal?».

Su casa de North Miami en la que ahora me recibe tiene un hall en cuyas paredes cuelgan los reconocimientos por las ventas millonarias de sus éxitos musicales de los últimos tiempos. Al centro, un piano Yamaha, y a su derecha, en un rincón, ofrendas de la religión yoruba donde Descemer tiene coronado a Obatalá.

Una llamada de su hijo Desci, de 12 años, interrumpe nuestra conversación apenas al inicio. «I love you, papi», le dice, y el artista responde que también lo ama.

El patio de la casa es grande. En él destaca un mural con las figuras de los músicos Benny Moré, Santiago Feliú, y del santero Sergio Pupo.

El patio de la casa de Descemer Bueno en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

El patio de la casa de Descemer Bueno en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

Descemer, de 50 años, viste pantalón ajustado con detalles florales, pulóver de imperceptibles puntos plateados y un sombrero verde al que le nace una pluma de ave en el ala derecha. Lulú, la perrita que se perdió un mes antes y que sus seguidores de Facebook ayudaron a encontrar, se sube inquieta a sus piernas una y otra vez, mientras él intenta calmarla, aunque pareciera más bien calmarse a sí mismo. Al día siguiente lo espera una deposición en la que quedarán registradas bajo juramento las respuestas que ofrezca a las abogadas de Alexander Otaola, popular presentador cubano del sur de la Florida con quien el músico, ganador de varios Grammy Latinos, Goya y Billboards, tiene pugnas legales que lo llevarán a la corte.

Mientras el presentador exhibe intimidades de Descemer y lo muestra cantando en Cuba, en bares de la familia de algún militar al servicio del castrismo, Descemer publica un video en el que Otaola aparece robando ropa interior en una de las tiendas de la cadena Burlington.

Trumpista y rocambolesco, el presentador tiene un show en la plataforma YouTube que ven 113 mil personas cada semana de lunes a viernes, y que los camioneros cubanos de Miami adoran sintonizar mientras hacen sus kilométricos viajes por las intrincadas carreteras de Estados Unidos.

Descemer Bueno en su casa en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

Descemer Bueno en su casa en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

***

La casa familiar, ubicada entre las calles Picota y Paula en el barrio de Belén, en La Habana Vieja, era una casa fundamentalmente de mujeres. La bisabuela, las tías, la madre. La abuela de Descemer, no. Porque la abuela, que bailó junto a Chano Pozo en la comparsa de Los Dandy, fue asesinada en el barrio por agentes de la policía; una historia difusa de la cual la familia no suele hablar.

Descemer no recuerda durante su infancia más hombres que él en la casa del barrio de Belén. Su padre, Pedro Bueno, pasaba buen tiempo en la cárcel por motivos que el cantante no menciona, y luego, cuando Descemer cumplió los ocho años, el padre emigró a España y, en 1979, a Estados Unidos.

Desde su casa de Fort Lauderdale, Pedro Bueno, de 85 años hoy, joyero de oficio mientras vivió en Cuba, contesta el teléfono y dice que, si un recuerdo tiene de la familia materna de su hijo, es la predilección que siempre tuvieron por la música y que indiscutiblemente depositaron en el niño.

«Descemer era un chiquito que le ponía mucha atención a todo, un niño muy extraño. Fruncía el ceño y se ponía a oír las canciones, muy curioso; un niño muy tranquilo. Descemer es una buena persona, no porque sea mi hijo, pero es un gran ser humano», dice.

Una mañana el Gobierno envió por 45 días a la familia materna de la calle Belén a un albergue en el reparto Bahía, para supuestamente arreglar el edificio, y los 45 días se convirtieron en diez años que definieron para siempre el futuro de sus tías, de sus primos y de los nuevos miembros que después llegaron.

Años después, Descemer culpará públicamente a Eusebio Leal, historiador de La Habana, de haber robado la casa.

«Solo cabe decir que, a mi familia, Eusebio Leal les robó directamente la casa en 1992. Protestaron y los mandaron para el peor de los albergues. Ese fue el final de una familia negra unida que cayó en desgracia».

Una de las tías de Descemer había estudiado Medicina; la madre, Mercedes Martínez, cursó las carreras de Arquitectura y Geografía; y la tía Farah María, apodada «La gacela de Cuba», devino ícono musical de la escena artística de los años setenta.

Los primos de Descemer, que nacieron o crecieron en el albergue, comenzaron a meterse en problemas y terminaron, uno a uno, en prisión. Incluso, a algunos de esos primos Descemer solo los ha visto presos, no los conoce en otras facetas. Ahora que son mayores de edad siguen presos, por motivos que se suceden y que se vuelven ciclos interminables.

Hace unos meses Descemer recibió una llamada desde Cuba en la que le avisaban que uno de sus primos había matado a otro. Las últimas veces que el cantante visitó La Habana uno de esos primos le pidió que le comprara una casa porque se iban a matar. Y así fue.

«Es darme cuenta de que en el fondo yo vengo de una familia marginal. Eso es marginalidad total, eso no existe en las familias normales».

A otro primo no lo dejaron salir de prisión el año pasado cuando su madre, la tía Consuelo, murió de un derrame cerebral. Le faltaba muy poco tiempo por cumplir con la justicia. El joven, a quien le dieron una puñalada en un brazo en el albergue del Bahía, luego hizo lo mismo que le hicieron y fue condenado a 15 años de privación de libertad. Descemer arremetió acaloradamente contra el Gobierno cubano: «Eso ustedes lo hacen porque son unos racistas de mierda». Otro de los primos de Descemer murió de sida.

«Nosotros venimos mordiendo callado año tras año. Esa era una familia que se podía haber mantenido unida de no haber ido al albergue. ¿Y qué tengo hoy? Una familia completamente dispersa», asegura el cantante.

Descemer todavía recibe cartas en Miami desde prisiones cubanas. Alguna vez uno de sus familiares reclusos le envió un Jesucristo hecho de jabón.

Descemer Bueno en su casa en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

Descemer Bueno en su casa en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

La familia logró finalmente irse del albergue del Bahía solo cuando una de sus tías, obstinada, dijo que no iba a votar por presidente alguno y que iba a hacer que la gente a su alrededor tampoco votara.

Descemer retiene con particularidad dos momentos de su niñez: la madre visitando prisiones o centros de detención, y la madre asistiendo disciplinadamente a cada uno de los trabajos voluntarios que se convocaban para que le asignaran una casa que nunca le dieron.

Aun así, Descemer corrió con mejor suerte que el resto de su familia. Antes de irse de Cuba, el padre garantizó para él y su madre un cuarto en el solar en que se había convertido un antiguo hotel de la calle Villegas, entre Sol y Muralla, donde los vecinos hacían colas para usar el baño colectivo; donde la madre de Descemer tenía una pequeña cocina afuera del cuarto; y donde muy a menudo, cuando Descemer llegaba de la escuela, se encontraba el espacio inundado de aguas albañales, como los residentes de La Habana Vieja bien saben que sucede.

Descemer no imagina de qué manera, pero su madre siempre se las arregló para que hubiera comida en la mesa. Los bienes que la madre llegó a adquirir hablan de su fuerza: era ella quien poseía el único teléfono de todo el solar, y fue ella quien se agenció el único televisor, alrededor del cual se juntaban los demás niños del edificio.

«Mi mamá es la única; mi mamá y mis tías», asegura el cantante.

El primer piano que tuvo Descemer lo consiguió también su madre, quien hizo que lo subieran a aquel espacio reducido de manera tal que luego, cuando dejaron el solar para siempre, quisieron llevárselo y no pudieron. Hasta el día de hoy el piano permanece en el mismo sitio.

Es en ese solar donde Descemer conocerá a Genoveva, la señora de la casa vecina, muy católica, viuda, que nunca tuvo hijos, y que era blanca.

«Por esa señora empecé a naturalizar los colores y las razas», sostiene y dice que llegó a considerar a Genoveva, quien lo cuidaba y lo instruía, una segunda madre.

Por muchos años Descemer vivirá en el solar donde los vecinos permanecían con las puertas y las ventanas abiertas, dejando correr el aire; donde la gente entraba a la casa sin avisar; y donde el hombre que cobraba los servicios de luz eléctrica también pasaba como si ese fuese su solar o como si se tratara de su propia casa.

Fue su madre la que lo llevó a estudiar música, primero en el centro de cultura del barrio Belén, y luego en la Escuela Elemental de Música Manuel Saumell, donde suspendió las pruebas de admisión en un primer intento, pero aprobó la segunda vez.

Después de la Saumell, Descemer pasó a estudiar en el Conservatorio Amadeo Roldán. Ahí perteneció a un pequeño grupo de jazz en el que tocaba el contrabajo con una peseta, y se tituló de guitarrista y concertista.

Su amigo y compañero de estudios en ese entonces, Fabien Pisani, quien sería su vecino muchos años después en el edificio de la calle Ten Eyck, recuerda que armaron la banda de latin jazz Yemajazz, una etapa que considera de mucha experimentación y crecimiento.

Pisani dice de Descemer: «Como músico y creador, es alguien de una profunda sensibilidad e inteligencia, que nunca ha dejado de sorprender a los que lo conocemos bien. Su trabajo ha sido una pauta de las más importantes en la evolución de la escena musical cubana de los últimos 30 años por su frescura, originalidad y capacidad para incorporar lenguajes y sonidos nuevos».

Cuando Genoveva estaba a punto de morir, arregló todo para que su casa la ocupara una familia negra de los bajos, los vecinos Eliseo, María y su hija pequeña. Descemer nunca entendió la decisión de Genoveva hasta mucho tiempo después, en que tuvo que mudarse del solar y, no pudiendo sacar el piano, este fue heredado por la niña. La hija de Eliseo y María aprendió a tocar el piano y luego también fue aceptada en la escuela Manuel Saumell.

«Yo pienso que hay algo espiritual alrededor del piano», dice.

En la escuela de música, Descemer se distanció del barrio. A uno de sus amigos lo mataron en una pelea callejera, y otro se encuentra internado en el Hospital Psiquiátrico de La Habana. Eduardito, vecino, se lanzó al mar y nunca llegó a Estados Unidos. «El guajiro» sigue preso. Se salvó uno que se hizo babalawo y los que se largaron del país.

«La vida que yo viví fue ideal. Mi mamá me sacó de eso, me desvió por completo», insiste.

Descemer vivirá en el solar hasta que, con poco más de veinte años, habiendo podido viajar y reunir algo de dinero, compró un apartamento en un piso altísimo de un edificio de la calle Infanta, donde su madre, al cabo del tiempo, enfermó. Descemer lo supo cuando los vecinos del solar le avisaron que Mercedes Martínez, en las noches, visitaba su antiguo barrio de La Habana Vieja y reclamaba su casa del solar, que tenía otros dueños. La madre desarrolló demencia senil o Alzheimer, no se sabe a ciencia cierta. Todavía hoy la familia no posee un diagnóstico exacto de la enfermedad.

Luego, Descemer compró una casa más cómoda y la familia se trasladó a Línea y H, en el Vedado.

—Ahí mi mamá nunca supo para dónde fue, y ese era el sueño de su vida, una casa en el Vedado.

—¿Y el tuyo también?

—No, a mí no me importaba nada de eso. Me encantaba La Habana Vieja.

***

A sus 16 años Descemer Bueno fue a un concierto del trovador Santiago Feliú en la sala Covarrubias del Teatro Nacional.

«Quedé impresionado cuando vi al tipo aquel. Dije: “coño, esto qué cosa es”. Era alguien de otra galaxia, que tocaba con la guitarra al revés. Nosotros estudiábamos solo los clásicos, ¿entiendes?».

En la escuela Amadeo Roldán solían enseñarles músicos principalmente estadounidenses, como John Scofield, Jaco Pastorius o John Williams.

«Como si tú no vivieras en un país con una tradición como la cubana», dice Descemer, quien estableció una relación estrecha con Santiago desde su último año de escuela.

A inicios de la década del noventa, aún como estudiante, se une con el bajo al grupo Estado de Ánimo, que dirigía Santiago y que integraban además Robertico Carcassés en el piano, Elmer Ferrer en la guitarra y Ruy López-Nussa en la batería. Con una fusión de ritmos tradicionales y extranjeros, mezcla de funky, rock, jazz y rumba, Estado de Ánimo dejó eufórico a buena parte del público de la isla y sentó las bases para el nacimiento de otras agrupaciones de jazz en el país. Cada uno de sus miembros, cuando tomaron su propio camino, formaron también bandas de renombre en la escena musical cubana como Habana Ensemble, Interactivo, La Academia, Columna B o Siete Rayo.

Del aprendizaje con Santiago, de quien Descemer dice que era «un tipo a todo dar», nació la necesidad de componer canciones. También fue con Estado de Ánimo que Descemer cantó por primera vez fuera de Cuba, en escenarios de España, Bolivia, Uruguay, Alemania y Argentina.

Robertico Carcassés recuerda que, en uno de esos viajes, Descemer a quien describe como un «genio extraterrestre»— casi se va a los golpes con Santiago.

«Descemer roncaba como una moto con desperfectos y Santi tenía el sueño muy ligero y se ponía mal cuando compartían habitación de hotel», cuenta el director de Interactivo. «Para tratar de pararlo, Santi chasqueaba las uñas o le tiraba una almohada, y llegaron casi a fajarse un día que Desce se despertó aturdido mientras Santi lo zarandeaba para que dejase de roncar».

En 1993 Descemer y Robertico Carcassés, en busca de nuevos ritmos, se unen a dos músicos estrella, el baterista Dafnis Prieto y el saxofonista Yosvany Terry, para conformar Columna B. Con esta nueva agrupación, Descemer conocería Estados Unidos y entraría en contacto con el jazz insigne, ya sea tocando con Steve Coleman o impartiendo clases en la Universidad de Stanford.

«Yo tengo un maestro dentro», se atreve a decir Descemer. A los estudiantes de Stanford, con su escaso inglés, les decía: «miren, esto de aquí es el pentagrama, esto de acá se los voy a hacer con el pie, esto con este otro pie, y estas notas se las voy a tocar con el bajo». Los alumnos quedaban atónitos y los maestros de la universidad no menos sorprendidos con el nivel musical del cubano.

«Esa vez el maestro que estaba en el aula se volvió loco y dijo a un traductor: “no, no, no traduzcas eso”. El tipo pensó que el nivel que traíamos era algo que ni él mismo entendía y su clase se iba a quedar chiquita», asegura.

El Descemer bolerista nace con Sé feliz, el disco de 12 boleros que le produjera a Fernando Álvarez —los primeros que había compuesto hasta entonces— luego de encontrarlo matando moscas en ropa interior en el pasillo de un edificio.

«En calzoncillos de pata estaba», especifica Descemer. «Pobrecito, con su ojo de cristal. Nadie lo llamaba para nada». Descemer conocía bien la voz de Fernando, su madre tenía en casa sus discos y los de Elena Burke. Después de años en el completo olvido, Fernando Álvarez, una de las voces más potentes que ha dado Cuba, graba en 2001 Sé feliz. En agosto de 2002 Fernando muere, a los 74 años, y en 2008 la discográfica EGREM lanza el disco.

«Con sus más de 70 años, la voz del Sr. Álvarez había cambiado; era más limitada y más delicada, sin la autoridad y firmeza que tenía cuando era más joven. Pero su voz estaba emocionalmente intacta, y consiguió sacar adelante la combinación del anhelo estoico y de la inseguridad trágica en las letras de los temas del Sr. Bueno, muchas de las cuales vale la pena saborear…», escribiría en 2009 el crítico musical Ben Ratliff para The New York Times.

Descemer Bueno en su casa en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

Descemer Bueno en su casa en Miami / Foto: Alejandro Taquechel

De visita en Nueva York, Descemer conoce a Andrés Levin, quien le habla de la posibilidad de componer y trabajar juntos. Dos años después, el cubano le toma la palabra, regresa a la ciudad y se integra a Yerba Buena, donde escribió la mayoría de las canciones de President Alien, un álbum que en 2003 estremece de arriba a abajo la escena neoyorkina, y que en 2004 fue nominado al premio Grammy al Mejor Álbum de Rock Latino/Alternativo. Ratliff describiría en esa época al grupo como «una de las mejores bandas de baile nuevas de Nueva York, mezclando el boogaloo latino de los años sesenta, música religiosa cubana, algo de soul estadounidense y afrobeat Fela».

Descemer permaneció en Yerba Buena hasta que las relaciones se pusieron demasiado tensas. Si hoy le preguntas qué sucedió entre sus integrantes, dirá que prefiere no entrar en detalles, porque, después de años en pugna, ahora nuevamente han recobrado la amistad. Sí reconocerá que dejó de asistir a un concierto muy importante que el grupo tenía en el Central Park y que ese fue el fin.

No obstante, por encima de todo hay una causa innegable que llevó a Descemer a desentenderse de Yerba Buena. Quiso ser su propio líder, no acatar órdenes y crear fuera de los márgenes del grupo.

«Me fui porque yo quería ser yo, creo que eso es lo más importante. Al principio no pensaba mucho en eso, era un músico más, pero Nueva York me enseñó lo que yo era realmente».

Así nace en 2004 Siete Rayo, donde Descemer, ahora como productor y artista, graba su primer disco en solitario titulado Siete Rayo, en el que colabora el guitarrista George Pajon, de The Black Eyed Peas.

En 2005, por cuestiones mayormente económicas, Descemer se muda de Nueva York a Miami. «Nueva York me encantaba. Pero nunca se me olvida una vez que vi 14 mil pesos en la cuenta y pensaba que era rico, y de momento eso empezó a bajar y me tuve que ir».

Al año siguiente regresa a trabajar en Cuba. Comienza a visitar el país y, con la reputación que le había dado principalmente Yerba Buena, encuentra su espacio en la escena musical de entonces. De esos tiempos nacen Haydée, el disco que le produjo a la cantante Haydée Milanés; La isla milagrosa, para William Vivanco; Breathe para Yusa; Art Bembé, para Gema y Pavel; y Amor y Música, para Kelvis Ochoa.

«Hasta ahí yo era más músico. Entonces empiezan a verme más como compositor y productor», dice.

Junto a Kelvis Ochoa y X Alfonso compuso la música de la película Habana Blues que en 2006 ganó el premio Goya de España a Mejor Banda Original.

El ingeniero de sonido Maykel Bárzagas, quien le ha producido a Descemer los discos Bueno, Bailando, Mi primer concierto. DVD, entre otros, asegura que el cantautor tiene una personalidad muy singular. «Pocos lo entienden, es extremadamente sensitivo y espiritual; tiene una espiritualidad muy elevada que no es por gusto, es cultivada. Es volátil, sensible, espontáneo, ocurrente, y por momentos, muy hiriente».

A la hora de trabajar con él, no obstante, lo más difícil, según Bárzagas, reside en que delega toda su confianza en los demás.

«Confía mucho en uno, en las decisiones de uno. No está pendiente al cien por ciento de lo que hago con su obra. Y ese es un gran reto porque la obra de Descemer no es cualquier obra; necesita ser bien cuidada y trabajada. Muchas son las canciones que han llegado a mí con una guitarra y he buscado el equipo correcto en el momento correcto para convertirlas en lo que Descemer soñó. Eso me encanta y nos hace crecer en paralelo», dice.

A mediados de los 2000, por mediación de la empresa EMI Music Publishing, Enrique Iglesias visita a Descemer en su pequeño apartamento de South Beach, en Miami.

«Vi ese día por primera vez a Enrique Iglesias y hasta hoy somos amigos, grandes amigos», asegura.

Si bien es cierto que la carrera de Descemer despuntó a escala internacional con la presencia de Iglesias, también es innegable que la carrera musical del español le debe al cubano una inyección de frescura y su consecuente resurrección.

El primer gran hit compuesto por Descemer para Enrique Iglesias fue «Lloro por ti», lanzado en junio de 2008 y que, luego de estar en el top ten en el Hot Latin Tracks de éxitos durante casi dos meses, alcanzó el primer puesto por dos semanas consecutivas en noviembre.

En 2010, Descemer compone «Cuando me enamoro». En el Billboard Hot 100, el tema alcanzó el número 89, la posición más alta lograda por una canción de Iglesias en español.

En 2014 le cede «Bailando», que vendió más de un millón de copias en Estados Unidos y más de ocho millones en todo el mundo, convirtiéndose así en la décima canción más vendida del año.

En un primer momento Descemer pensó «Bailando» como una bachata y se la ofreció a Romeo Santos, pero nunca recibió respuesta. Más bien cree que nunca la escuchó. Luego intentó con Enrique, quien al inicio no le hizo mucho caso.

«Se la mandé de casualidad, porque yo sabía que Enrique no hacía bachata», cuenta.

Luego Descemer le sumó a «Bailando» el toque flamenco, un ritmo que lo marcó desde que visitó España con Santiago, viaje en que se la pasaron oyendo el disco Soy Gitano, de Camarón de la Isla. No obstante, Descemer creyó que los españoles, recelosos de sus tradiciones, nunca iban a aceptar su tema.

«Cuando vi lo que estaba pasando en España con la canción no me lo creía. Dejaron entrar la canción y eso era mucho», dice con asombro aún.

«Bailando» es un tema que a Descemer le sigue reportando dinero hasta hoy. La canción despegó con una deuda de más de un millón de dólares porque sucedió lo que casi siempre sucede con todos los grandes éxitos, que llega alguien y demanda al autor por plagio.

«Todas las canciones grandes del mundo han terminado en demanda. Porque todo el mundo lo ve como un as para ganar dinero, es como una lotería. Yo, por ejemplo, no lo haría. Es como si te dijera que “Despacito” tiene algo de “Bailando” y yo fuera a demandar a Luis Fonsi», comenta.

Al preguntarle a Descemer si «Bailando» es un tema que le gusta, se limitará a decir: «Es un tema en el que confié desde el principio».

También en 2014 Descemer hace junto a Iglesias «El perdedor», que alcanzó entonces el lugar número uno en la lista de Billboard Tropical Songs.

En 2017 escribe «Súbeme la radio», cuyo video oficial superó el billón de visitas en YouTube.

«Nos fuimos lejos», en la que Descemer y Enrique suman al cubano El Micha, llega en 2018, certificada con un disco Platino por más de 60 mil copias vendidas en Estados Unidos.

Este 1 de julio ambos cantantes lanzaron junto a Farruko el video del tema «Me pasé», que en pocos días ha alcanzado más de cinco millones de visualizaciones en YouTube.

Descemer recuerda que luego de la primera canción que grabó con Iglesias, este le dijo que no solía repetir grabaciones con el mismo músico. Hoy suman varios éxitos juntos. Descemer también menciona que, cuando tocaba esas canciones en El Sauce, un pequeño centro cultural habanero, más de una vez le gritaron «recortero» desde el público.

La investigadora cubana asentada en Miami, Dra. Eva Silot, quien lo conoce desde pequeña y compartió con él espacios profesionales y personales durante la etapa en que ambos vivieron en Nueva York, dirá que Descemer es un músico en evolución.

«Su trayectoria profesional ha tenido diferentes etapas que se distinguen claramente. La de Estado de Ánimo es quizá la fase de Descemer más experimental, trovadoresca y a la vez jazzística. En la etapa de Yerba Buena, Descemer muestra su destreza como productor musical, su cosmovisión neoyorquina en diálogo desprejuiciado con todo tipo de referencias culturales, y la influencia e importancia de su vocación y legado afrodescendiente y específicamente su espiritualidad afrocubana», asegura Silot.

No obstante, desde su perspectiva, la investigadora considera que son los boleros los que muestran su madurez, su vocación cosmopolita y el potencial global de su música.

«Con los boleros Descemer se muestra conocedor de las mejores tradiciones de la cultura musical cubana, las que sabe tan bien recrear y deconstruir», dice. «Pero, indudablemente, su explosión comercial vino tras sus colaboraciones con Enrique Iglesias. En esta etapa Descemer se convierte en un músico de alcance global con amplio éxito internacional. A la vez, se consolida como un ícono de la música cubana en la isla».

Aunque un día para Descemer lo más difícil fue componer canciones, hoy se le hace muy fácil. Antes escribía en prosa, y hoy lo mismo hace primero la música que luego la letra o viceversa. Se considera a sí mismo un maestro de este arte.

Descemer, eso sí, tiene un dilema con sus canciones. Las que más le gustan no son precisamente las que le han reportado dinero. No obstante, de todos sus temas, son los últimos con los que siente una especie de deuda.

«El agradecimiento es para los que me han dado de comer: “Bailando”, “Súbeme la radio”, “El perdedor”, “Cuando me enamoro”. Los demás los sigo queriendo. A mí me encanta “Ciego amor”, y esa es una canción que no ha dado un centavo. Es una dicotomía entre lo que es bueno y no te está dando nada, y lo otro. “Sé feliz” no dio dinero, pero la cantó Luz Casal. Yo amaba esa voz, era mi voz. ¿Sabes lo que es decir: “coño, la tipa de Tacones Lejanos, de Almodóvar, me cantó una canción?”».

A pesar de tanto éxito, Descemer cree que lo mejor aún está por aparecer. «A mí me falta mi mejor época. La época de Descemer el artista todavía no ha llegado. Nunca me vi como un artista, ahora no tengo excusa. Me pienso más como Frank Sinatra, Compay Segundo, que son artistas que crecen después de los 50 años».

Descemer Bueno / Ilustración: Mary Esther

Descemer Bueno / Ilustración: Mary Esther

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Luego de más de 15 años en Miami, Descemer Bueno ha valorado la posibilidad de instalarse nuevamente en Nueva York y experimentar con otros ritmos musicales, además de rescatar el uso del espanglish en sus composiciones, al estilo de su éxito «Guajira…». En varias de sus últimas transmisiones en directo por redes sociales se le ha visto caminando, como quien se siente en casa, por los paseos de Central Park, o disfrutando algún concierto desde algún césped de Williamsburg, o compartiendo con amigos desde algún rooftop las relucientes vistas de Manhattan.

Nueva York ha tratado a Descemer como no lo ha tratado Miami, una ciudad que en los últimos años se le ha vuelto particularmente hostil. «Nunca me imaginé estar en un Miami donde no pudiera tocar», dice. «Ha sido duro, porque soy precursor del éxito de la música joven cubana en Miami».

Desde hace un tiempo al intérprete le han cancelado conciertos en el sur de la Florida y cada vez son menos los espacios que lo contratan para un show. «Nadie me ha llamado para hacer cosas, antes lo hacían constantemente».

En 2019, mientras el cantante se encontraba de visita en Cuba, robaron en su casa de Miami-Dade varios televisores, una lavadora, una secadora, todos los equipos de su estudio de grabación, su computadora y un Mercedes C 300 modelo del año.

Días después del robo, el presentador Alexander Otaola lanzó varias preguntas sobre el artista en su programa vía streaming: «¿Dónde estaba Descemer mientras su casa era saqueada? ¿Dónde se presenta Descemer cuando va a la bellísima isla de Cuba? ¿Cuál es una de las paladares preferidas por el artista cubano?».

Otaola no dudó en compartir con su audiencia imágenes de Descemer junto a los dueños del bar habanero Destino, perteneciente a los nietos del comandante del Ejército Rebelde Víctor Bordón, quien estuvo involucrado en el fusilamiento de muchas personas con la llegada de Castro al poder, durante los llamados Tribunales Revolucionarios.

Las imágenes generaron un intenso y polémico debate sobre cuestiones de intercambio cultural entre Estados Unidos y Cuba, y los privilegios con que cuentan algunos artistas cubanos en el exterior para presentarse en escenarios de la Isla, cuando otros están completamente prohibidos. De inmediato, parte de su público en el exilio le dio la espalda. Descemer incluso aseguró que más de una persona le estaba haciendo bullying, y amenazó con demandar a Otaola por difamación.

«Gracias a la campaña de Otaola me han cancelado todos los conciertos aquí», dijo entonces un Descemer decepcionado a través de Facebook Live. «Lo siento, Miami, no van a poder contar más conmigo».

En ese entonces, Avelino González, abogado de Descemer, declaró a América TeVé que si Otaola seguía podría enfrentarse a los tribunales. Por su parte, Otaola dijo al mismo medio: «Yo no lo acuso de nada, yo solamente pongo unas pruebas, unas fotos, pido que Descemer explique su relación con los herederos de la alta jerarquía castrista».

Sobre el argumento de Otaola, Descemer dirá: «Sí, eso sucedió. Todos los artistas que han tocado en ese bar han coincidido con sus dueños. Yo he tocado en ese y en muchos más. Toqué en el Fantaxy, que todo el mundo sabe que es de Sandro Castro, el nieto de Fidel, y él podía haberse metido con ese, pero no lo hizo. Él la coge conmigo y no entiendo bien por qué».

Hasta ese momento Descemer se había mantenido al margen de la política, y no declaraba en contra del régimen de La Habana. Si algo sorprendió a los cubanos del exilio fue su repentino cambio, el cual muchos comenzaron a tildar de oportunista.

«Creo que hice demasiado hincapié en el derecho a no hablar y a hacer silencio, y me lo echaron en cara», reconoce Descemer.

Pero su nueva postura no solo sorprendió al exilio. «Descemer es víctima de la presión de la mafia de Miami», aseguró el viceministro de Cultura de Cuba, Fernando Rojas; mientras que el funcionario Alexis Triana dijo que cada vez que veía a Descemer «compitiendo de manera mísera con el infame de Otaola o más ebrio o drogado (…)—, me pregunto hasta dónde llega nuestra cuota de responsabilidad en haber convertido a este desafinado cantante y, lamentablemente, buen compositor, en este sujeto tan popular en nuestros escenarios y en nuestra radio y televisión».

Según Descemer, su «aversión» por el Gobierno cubano le viene de siempre. «Mi familia materna nunca ha tenido nada que ver con eso, nunca ha habido nadie del Partido. Mi papá lleva 40 años sin hablarse con su hermano porque era teniente coronel». Incluso se vanagloria de ser el único músico cubano que ha tenido sentado entre su público del Karl Marx al gobernante Miguel Díaz-Canel y que no ha exaltado su presencia. «Ni te saludé ni dije nada de ti. Como si tú no estuvieras porque tú no eres más importante que ninguna de la gente que va a mis conciertos», le dejó saber en una ocasión al presidente cubano. También ha dicho que cree que la madre de Fidel Castro nunca tuvo que haberlo parido.

En un momento, Descemer fue muy presionado por parte del exilio para que se pronunciara políticamente. «Tampoco hablo de deporte, porque no sé. ¿Tú sabes de la cantidad de cosas que yo no hablo? Sentía que todo el mundo tenía una infraestructura, que además les permitía ganar dinero, haciendo contenido que a la larga se traduce en dinero, y me estaban poniendo a mí en situación de tener que hablar de política. Entonces, sentía que era una estrategia de ciertas y determinadas personas de usar a otros para ganar dinero, y es lo que sigue siendo».

¿Qué fue, entonces, lo que hizo que Descemer de repente comenzara a enfrentar abierta y públicamente al Gobierno de su país? Según él, el hecho de que el año pasado varios funcionarios saquearan primero la finca que compró en 2010 en el municipio Alquízar, Artemisa, y luego fuera desalojada por la policía cubana.

«Hay un momento en que me doy cuenta de que la gente del Gobierno de Cuba está exactamente en lo mismo que están los influencers aquí en Miami, que me están cogiendo para las cosas», dice. «Ya el Gobierno se había metido en mi finca y me había quedado callado. Pero la segunda vez, no. De momento a alguien por allá arriba no le gustó que yo tuviera eso. La pagué, saqué mi dinero de derechos de autor y en vez de tenerlo en el banco compré la finca. Cuando tú me preguntas a mí por el bloqueo (ahora no, pero en aquella época), pensaba que era un absurdo y ayudaba a que el Gobierno se pudiera mantener. Pensaba que si lo quitaban el Gobierno desaparecería o tendría que dar explicaciones. Pero esa lógica en Miami no la puedes defender de ninguna manera. Recuerdo que en abril de 2020 dije públicamente que el bloqueo había que quitarlo. Lo sacan en el periódico Granma y como 18 o 20 días después se meten de nuevo en la finca. Yo dije: “no, esta gente me está tirando con todo”. Veo que tú me estás usando para decir que en Miami hay gente que está en contra del bloqueo y te estás metiendo en mi casa, ¿entiendes? ¿Entonces qué soy yo?».

La primera vez que el Gobierno intervino en su finca Descemer se quedó callado, pero la segunda vez pidió ayuda a Israel Rojas, integrante del dúo Buena Fe, al que ahora considera un «trovador de la dictadura», y con quien ha tenido pleitos públicos, como también lo ha tenido con Yoel Martínez, con Manolín «El médico de la salsa», con La Diosa, con Alexander Abreu o con Yotuel Romero.

Le digo a Descemer que, si acude a Israel, es porque en algún punto sabe que el cantante de Buena Fe puede intervenir con funcionarios del Gobierno para beneficiarlo, pero niega que eso haya pasado por su mente.

«No, yo no sabía exactamente qué podía ser Israel», me responde. Luego le digo que cómo es posible que no supiera, si todo el mundo habla de que Israel simpatiza con el Gobierno de La Habana.

«Coño, te estoy diciendo la verdad. Ahora puedo especular que Israel es algo. Me cuesta trabajo hoy en día pensar que Israel pueda ser policía, pero ahora que lo vi, bróder, está para darle una galleta», afirma. «Pero si me preguntas, te estoy diciendo la verdad, me cuesta trabajo pensar que Israel sea un tipo del aparato. No es que yo le tenga odio a Israel. He tenido conversaciones con ese tipo. Hoy en día no me quedan dudas, sé que él tiene responsabilidades ahí. Pero vivo con la duda de mañana poder encontrarme a un Israel que me diga: “mi hermano, ¿qué iba a hacer yo?, ¿dónde me metía yo?”. Yo no te digo de ponerme en el lugar de Israel, que es un lugar complicado, porque sé que le gustan las guitarras buenas. Israel no tiene sonidos ni guitarras chinas, y yo sé que Israel se fajó con Yotuel cuando quería poner a los hijos de Díaz-Canel a abrirle un concierto. Yotuel estaba luchando para que esos muchachitos le abrieran los conciertos. Si me preguntas qué pienso yo de quién, yo estoy confundidísimo. Porque tengo un Yotuel ahora con el que no hablo porque es amigo de Otaola».

Después de que Yotuel y Descemer trabajaron junto a Gente de Zona, el Funky y Maykel Osorbo en el tema «Patria y Vida» —que se ha vuelto una suerte de himno para los cubanos y que acaba de ser nominada a Canción del Año y Mejor Canción Urbana en los Premios Latin Grammy 2021, los músicos se han distanciado. Descemer, según ha dicho, está en desacuerdo con la repartición de las ganancias de la canción, ya que los músicos que hoy están dentro de Cuba (Osorbo y El Funky) recibirían menores porcientos que el resto.

«Yo no quiero el porcentaje ese», dice Descemer, refiriéndose a su 15 %, la misma cantidad que obtendría el resto, excepto El Funky y Osorbo, que tendrán un 5 %. «Eso para mí es algo ridículo, porque yo vivo de canciones millonarias. Mis canciones están sonando en la caja registradora todo el tiempo. El día que el dinero de “Patria y Vida” caiga en mi cuenta, yo no lo voy a notar».

Después de que Descemer hiciera público el tema de las ganancias de la canción y fuera criticado por no pocos seguidores por ventilar asuntos tan delicados, Yotuel no dudó en responder: «Tú estás mezclando todo. ¿Qué tiene que ver Patria y Vida con esos temas personales?», le dijo el exintegrante de Orishas en un encuentro en el programa del youtuber Adrián Fernández.

Con temas personales Yotuel se refería a la figura de Otaola, ya que Descemer no estaba de acuerdo con la participación que tuvo Yotuel en el espacio del presentador.

«Yo rompí con Yotuel porque le dije: “oye, mi hermano, no dejes que este muchacho te utilice, porque él me está faltando el respeto a donde quiera que yo voy”. Y cuando llamo a Yotuel, al mismo Yotuel que conozco de toda la vida, me dice: “no, no, ese es mi amigo también”. Me dice que Otaola es su amigo y le dije: “nunca debieron haberme puesto a mí en esto de la canción, porque eso se llama conflicto de interés”».

Descemer ha tildado de «racista total» la deposición que tendrá mañana con los abogados de Otaola. Según él, todo lo que le preguntarán es si es o no comunista.

«Ahí yo tengo a sus abogadas preguntándome si yo soy comunista, y yo teniendo que decir que los negros en Cuba no son comunistas, y ellas diciéndome que si Esteban Lazo y el señor Mesa son comunistas, y yo respondiendo que el único Mesa que yo conozco es Víctor Mesa, que lo conoce toda Cuba. Es un absurdo en lo que se ha convertido esto».

El pasado mes de marzo, Descemer apareció en redes sociales para compartir un video y acusar al presentador de robar ropa interior en una tienda de la cadena Burlington y salir corriendo.

«Este es el video que prueba que Alexander Otaola robó un blúmer con nalgas en Burlington y otros artículos que verán en la foto. Esto demuestra que es una persona de pocos valores, que se apropia de lo que no le pertenece, con tan poca moral se ha dedicado a difamar y a desprestigiar a todo el que se cruza en su camino», dice Descemer.

Enseguida sus seguidores especularon sobre la posibilidad de que alguien le hubiese hackeado la cuenta de Facebook al cantante y otros de que se hubiese vuelto loco. «Maestro, usted ha perdido todo. Ya por último hasta su moral», le dijo un comentarista.

Cuando le pregunto a Descemer por qué un músico como él responde a las constantes provocaciones de Otaola, dice lo siguiente: «Tuve que hacerlo. Me dije: “han acabado conmigo, hasta cuándo voy a dejar que acaben conmigo”. Otaola tiene un mundo en las redes y otro mundo en la corte. El de la corte no trasciende, nunca llega a las redes. Yo puedo ganar el caso de Otaola y seguir sucio. Yo lo demando por racismo, difamación, acusación de comunista. Todo es una cosa hecha para pedirme una supuesta cantidad de dinero.

«La pregunta tuya es la pregunta de todo el mundo, pero, ¿cuántas personas saben verdaderamente cómo afrontar un caso legal? Esa es la pregunta clave porque le permite saber al mundo lo que está pasando, porque si no para el mundo yo soy un imbécil. Pero todo lo imbécil que tú seas, mientras sea bueno para tu juicio, no te tiene que importar, tú vas a hacer el papel del imbécil lo mejor que puedas. Este es un caso que puede durar años si no lo presiono. Tengo que estarlo presionando constantemente porque él no le paga a sus abogadas. Todo es un fenómeno mediático. Y mis abogados me van a cobrar mientras que el caso dure. Por eso tengo que sacarlo robando, lo que salga de él lo tengo que poner. Si me preguntan si yo quiero sacar a la luz las cosas de Otaola, claro que no me interesa para nada. Si me preguntas si le quiero hacer daño a Otaola, claro que no».

El comportamiento de Descemer en los últimos tiempos, sus constantes cambios de ánimos en los videos de las redes sociales, sus frecuentes peleas con otros artistas, han hecho pensar a muchos que el tema Otaola lo ha afectado de alguna manera.

«La gente ni sabe», me dice. «Aquí eso es un chiste. Hasta las personas que me encuentro por ahí me dicen: “coño, verdad que ese tipo te tiene loco”. Yo, al final del día, soy el negro de La Habana Vieja que tiene que decir: “espérate, aguanta, que mira lo que te ha costado llegar hasta aquí”. Yo tengo que aguantar que ese tipo diga que tiene guardias de seguridad por mí. Si yo no salgo de mi casa, compadre».

Otros, incluso, han pensado en la posibilidad de que no sea solo Otaola y han visto su comportamiento como una consecuencia directa del consumo de drogas. El cantante, por su parte, rechazará esta teoría.

«Forma parte del mismo fenómeno, pero hace mucho tiempo que ni bebo», asegura. «No tomo por el daño que me hice con la bebida, alguna vez abusé. Yo abusé de todo y precisamente por eso me tuve que quitar de todo. De todas esas cosas que todavía hoy en día me dicen, me tuve que ir por circunstancias complicadas. Por ejemplo, para tener la custodia de mis hijos pasé por un proceso superriguroso, en el que hay cosas que no puedes hacer más».

Descemer no querrá entrar en detalles sobre la madre de sus hijos, quien, según dice y ha contado a la prensa en ocasiones anteriores, vive en las calles, afectada por el consumo de estupefacientes.

«Mis hijos son mis amigos, mi todo», dice el cantante. De su hija Lucía dirá que es «malísima» en la escuela, exactamente como lo fue él, pero que siempre que lo llaman para suspenderla en alguna clase él lleva sus dibujos y los maestros se quedan muy impresionados. De Desci, su padre dirá que es un «chamaco pasado», que se aprendió de manera íntegra el discurso «Yo tengo un sueño», de Martin Luther King, y lo recitó de memoria delante de los demás niños del aula.

«Yo le digo a mi hijo: “no te puedo ayudar a ser doctor, no te puedo ayudar a ser abogado ni biólogo marino; en lo único que te puedo ayudar es en el negocio mío”. Le digo: “mira lo que yo he podido hacer sin escribir canciones en inglés, imagínate si tu logras esto en inglés”. Si los puedo ayudar a que sean lo mismo que soy yo, pero para el mundo anglo, es la manera en que cumplo mi sueño. Ese es el sueño americano multiplicado, poder hacer en el mundo anglo lo que hago yo», asegura.

En este momento Descemer, quien recién estrenó el tema «Libertad y Amén» junto a los músicos exiliados Baby Lores, Insurrecto, Amaury Gutiérrez, Eddy K, El Uniko y Trueno Aguilera, se encuentra solo al cuidado de los niños. No tiene pareja. Tiene gente que lo ayuda y amistades, aclara, pero no pareja.

«La gente no está para Otaola, nadie está para eso. Las muchachas les tienen un miedo de madre. Es que tú sabes que te va a coger. ¿Dime quién va a estar para meterse en problemas con Otaola? Ni yo mismo estoy para eso, pero yo soy muy solariego al final. Yo pude haber leído a Dostoievsky pero al final soy tan Dostoievsky como el propio Dostoievsky, que era un tipo de bajo mundo. Y yo soy un tipo de bajo mundo».

Descemer Bueno / Fotos: Alejandro Taquechel

Descemer Bueno / Fotos: Alejandro Taquechel

* Este texto forma parte de una alianza entre los medios de periodismo independiente cubanos elToque, Periodismo de Barrio y El Estornudo.

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Carla Colomé
Periodista, editora de la revista de periodismo independiente cubana El Estornudo. Reportera en People en Español.
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