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Foto: Ernesto Verdecia

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Diálogo y reconciliación, ¿es posible en la nación cubana?

26 / octubre / 2021

La reacción represiva del Gobierno cubano a los sucesos del 11 de julio, su negativa a la solicitud de la plataforma Archipiélago para la realización de la marcha pacífica del 15 de noviembre y su deslegitimación al calificarla de ilícita parece complejizar el tenso panorama de la realidad cubana y dejar pocas salidas para la conciliación de las diferencias.

¿Cómo lograr entonces un diálogo entre todos los cubanos en el contexto actual? ¿Existe alguna forma de llegar a un consenso y a una reconciliación? ¿Se hará viable algún día construir la Cuba con todos y para el bien de todos que soñó José Martí?

Diferentes voces cubanas dialogan sobre el tema en el más reciente episodio de La Colada. El escritor Enrique del Risco, la académica Isabel Alfonso, el jurista Michel Fernández, el exdiplomático y analista político Carlos Alzugaray, la historiadora y filósofa Alina Bárbara López Hernández, el politólogo Armando Chaguaceda y la periodista Karla Pérez se toman un café con los conductores del espacio, Enrique Guzmán Karell y Jorge de Armas. Mediante un diálogo plural y diverso llegan a algunas ¿conclusiones?

¿Es necesario el diálogo?

Para el profesor Armando Chaguaceda, hay dos partes en esta ecuación que pueden ser las más complicadas: una es el Estado cubano que domina la isla y la otra es el sector más envejecido del exilio, compuesto por aquellos que fueron despojados de propiedades y otros que se exiliaron a partir del proceso de represión previo. Estos dos actores pueden tener una postura de enfrentamiento y entorpecer el diálogo. Sin embargo, el politólogo considera que el diálogo hay que efectuarlo, porque internamente en la nación cubana existen diferentes voces a las que el Estado no les ha permitido expresarse en el espacio público. De ahí que el diálogo como vehículo político sea necesario en cualquier fenómeno de cambio.

La periodista Karla Pérez, a quien el Gobierno cubano le tiene prohibida la entrada al país y se encuentra viviendo en Costa Rica bajo el estatus de refugiada, afirma que le interesa el diálogo entre cubanas y cubanos, pero no apuesta por la participación del Gobierno: «Personalmente no creo que el Gobierno quepa aquí, porque ha demostrado con creces que su lenguaje es la represión con tal de mantenerse en el poder. Entonces, esa idea del diálogo con el Gobierno está agotadísima, tiene que haber justicia y reparación, pero con ellos diálogo de mi parte, no».

«Volviendo al diálogo entre cubanos, quiero que los nietos se sienten con los abuelos y nos pidamos perdón, quiero que como en Costa Rica —el país que me ha dado refugio— nos sentemos en una misma mesa personas de diferente signo político, discutir de todo y seguir queriéndonos, recuperar a la familia y a los amigos, escucharlos… eso nos lo ha arrebatado el régimen cubano por más de 60 años y es una de las cosas que al menos yo no les perdono», dice Pérez.

El abogado Michel Fernández considera que el diálogo entre todos los grupos de la sociedad civil es fundamental. Afirma que en toda sociedad, para que haya una democracia, tiene que haber diálogo. La única forma de lograrlo es que sea entre iguales, una condición que la sociedad cubana hoy no acepta. Un gran lastre que se tiene es que ni en la Constitución cubana está considerado el pluralismo político como un derecho, puesto que reafirma un único Partido como dirigente de toda la nación.

Aun así, Fernández piensa que se puede avanzar mucho partiendo de la base legal que tenemos. Se pueden identificar pequeños elementos de conversación en los que hay intereses concurrentes que pueden llevar a la búsqueda de una agenda común para alcanzar la mayor felicidad del pueblo cubano. No obstante, reconoce la complejidad de concretar el diálogo, ya que «el Gobierno cubano se sigue moviendo sobre la lógica de la plaza sitiada y de que toda disidencia es traición, y no reconoce a ninguno de estos grupos como interlocutores válidos. Incluso después de tener la oportunidad el 27 de noviembre, ese camino se cerró rápidamente».

¿Hace falta una reconciliación?

«La población está reconciliada de manera autónoma, son familias transnacionales, en las que los de afuera mantienen a los de adentro y la política no media para impedir que el dinero llegue» —dice Chaguaceda. «Desde el momento en que tú te vas de un país que cercenó tu desarrollo, pero sigues queriendo a las personas que dejaste atrás, no les tienes rencor, le mandas dinero a tu familia, llamas a tu madre, etcétera. No tienes que reconciliarte con nadie».

«Buena parte de la población cubana vive de las remesas de sus familiares; hay viejos exiliados que mantienen a la familia que renegó de ellos y se ve la capacidad de comprender de los nuevos exiliados que, desde el momento en que salen y tienen un poco de plata, la mandan a la familia. La nación cubana como un todo transnacional está fundamentalmente reconciliada. Lo que impide que esta reconciliación dé más pasos y lleve a más procesos es la negativa del régimen político vigente, del Gobierno y la élite cubana de concederles derechos a sus pobladores emigrados como ciudadanos cubanos», afirma el politólogo.

El intelectual Enrique Guzmán Karell señala que el tema del diálogo y la reconciliación es otro conflicto y la aspiración más alta. «Hay un conflicto para el que aparentemente existen dos soluciones: el diálogo o la violencia. Una de las partes se niega a destrabarlo de manera pacífica y ahí hay un gran problema».

Sobre la reconciliación, el escritor Enrique del Risco considera que es una propuesta muy tardía o muy precoz: «Tardía porque en los últimos 30 años en Cuba ha habido un largo proceso de reconciliación de familias que fueron separadas por la política dentro y fuera de Cuba. A raíz de la difícil situación de los noventa, se produjo la reconciliación de esas familias y se sanaron muchas heridas. Otras, en muchos casos, son imposibles. Ahora, la reconciliación entre el Estado totalitario y el resto del pueblo cubano todavía es precoz. Nada más claro que la respuesta al 27 de noviembre y el 11 de julio. En ambas ocasiones hubo un grupo de cubanos pidiendo ser escuchados y se respondió con violencia, de un tipo o de otro».

«Creo que el amago de diálogo del 27 de noviembre fue más un repliegue táctico que una decisión pensada de que querían escuchar a esos artistas, lo cual se demostró al día siguiente con el ataque violentísimo que recibieron de la prensa nacional. El 11 de julio se demostró con la respuesta del presidente Miguel Díaz-Canel: “la orden de combate está dada”. El Gobierno cubano ha dejado claro que no le interesa el diálogo. Uno no se puede reconciliar con quien le sigue haciendo daño, hay que parar el daño primero si se quiere sanar una herida. Ese es el primer paso y quien lo tiene que dar es el Estado cubano», afirma el intelectual.

¿Cuáles serían las pautas a seguir para lograr el éxito de la reconciliación?

La reconciliación requiere de pautas y parámetros para que sea efectiva, según la profesora de Español del St. Josephʼs College de New York, Isabel Alfonso:

«Primero, no hay que esperar a un futuro para hablar de reconciliación en el contexto de Cuba. He visto comentarios de cubanos que dicen que no hay nada que reconciliar, que lo que hace falta es que se caiga el sistema totalitario. Estos cubanos deben entender que hay mucha gente que no tiene necesariamente la misma idea de la Cuba que quieren ellos. Es imposible imaginar una Cuba para todos cuando hay un grupo de gente que excluye ciertas alternativas y posibilidades. Entonces, esperar a que se caiga el sistema para hablar de reconciliación nos atrasa y es errado; incluso empezar a pensar cómo incluir a todos puede ser parte de esa reconciliación».

«Como cubanos debemos estar conscientes de las cosas que hemos hecho y dicho para entrar en esta dinámica, tanto allá en Cuba como aquí afuera. El que ha apoyado una actitud beligerante e incluso el terrorismo tiene derecho a entrar en un diálogo siempre y cuando revise los posicionamientos que ha tenido, porque es imposible tener una Cuba reconciliada donde se perpetúen los mismos mecanismos de exclusión y violencia, que pueden ser tanto física como los linchamientos mediáticos que ocurren».

«Podemos aprender siempre de conflictos anteriores para hacer la reconciliación efectiva. La historia de la humanidad está llena de estos y de posibilidades de reducir los niveles de violencia. Para lograrlo hay técnicas, por ejemplo, la idea de mediadores, que son personas que ayudan a las dos partes a entenderse. Lo primero que necesitamos es estar conscientes de la necesidad de una Cuba plural y democrática, y debemos tener una disponibilidad a la reconciliación».

¿Debe ser el Gobierno cubano un interlocutor dentro del diálogo?

«Cuba está en un momento de cambios extraordinarios por un desgaste absoluto del modelo desde el punto de vista económico, político, cultural, simbólico e ideológico. Tan es así que los supuestamente defensores de este proceso están incurriendo en posturas muy degradantes y fundamentalistas en ciertos casos; estoy hablando de medios y voces que promueven la violencia y la criminalización», apunta la intelectual y ensayista Alina Bárbara López. Algo similar nota dentro de ciertos grupos en Miami y en otros países que promueven lo mismo y quieren borrar del mapa todo lo que huela a izquierda y comunismo, por eso considera que el diálogo nacional es importante.

«Hay que considerar al Gobierno cubano como interlocutor, porque nos guste o no es un Gobierno constitucionalmente instituido. A mí en particular no me gusta su forma porque no la considero adecuada y justa para la participación de la ciudadanía en los destinos del país, pero me guste o no, está legalmente instituido y es un Gobierno que no ha sido derrotado. Así que, aunque sea un Gobierno que está en un momento de debilidad tremenda, debe ser un interlocutor respecto a la sociedad».

Para la doctora en Ciencias Filosóficas, el diálogo nacional sería un cambio de transformaciones pacíficas que podría curar viejas heridas. Cuando piensa en la soberanía de la patria, piensa en ese espacio que imbrica tanto a los que viven en él como a los que no. Por eso cree que debe convencerse al Gobierno de que el diálogo es importante. Eso se logra abordando el tema, haciéndolo trascender a la ciudanía, utilizando los medios legales que la Constitución establece, como la manifestación pacífica y la libertad de expresión, para abogar y presionar por un diálogo nacional.

«La reconciliación pasa también por entender las conveniencias y necesidades de la patria por sobre las conveniencias y necesidades individuales de las personas» —afirma la intelectual. «Creo que es un momento significativo, importante y de presión para lograr ese diálogo nacional. Considero que la solicitud del permiso y la autorización para una manifestación pacífica puede ser el camino. No creo que haya que ir bajo ninguna bandera en particular. Los ciudadanos deben ejercer el derecho que tienen y que su Constitución les confiere para presionar pacífica y respetuosamente sobre el Gobierno en el sentido que se asuma la necesidad de dirimir las diferencias por vías respetuosas y legales; en un intercambio que incluya no a personas determinadas por el Gobierno, sino por la sociedad civil».

¿Qué elementos se deben considerar dentro del diálogo?

«El proceso de reconciliación nacional debe estar basado en el reconocimiento de todo lo que se ha roto, sobre todo en las acciones que han provocado daños en los cubanos en este período histórico» —apunta el jurista Michel Fernández. «El caso cubano no es tan traumático, porque a pesar de la represión, no han sido los niveles de las dictaduras latinoamericanas ni del Apartheid en Sudáfrica. Por eso digo que es imprescindible hacerlo y creo que no va a ser muy difícil desde el punto de vista de lo que hay que sanar».

«Debe tenerse en cuenta a grupos que han sido discriminados históricamente en Cuba por tener una opinión política diferente y han sido acusados de traidores a la patria, de mercenarios, y no lo son. Eso puede verse con la migración, que es cierto que se ha avanzado con el Estado cubano, pero todavía falta mucho por recorrer en esa relación, que incluye su participación en la vida política del país».

«Esto debe partir de la voluntad de todas las partes. El objetivo final es lograr que el pueblo cubano obtenga más posibilidades de desarrollo y que no tenga que vivir pensando en cómo sobrevivir al día a día, sino que pueda tener una esperanza de construir una sociedad futura. Eso fue lo que se prometió en 1959 y es por lo que tantos cubanos, como mis abuelos y mis padres, lucharon durante años tratando de conseguirlo. Nunca lo han logrado producto del establecimiento en Cuba de un Estado con un modelo de socialismo totalitario, que ha sido incapaz de transformarse y adaptarse a los tiempos, y que ha mantenido a Cuba presa en un esquema improductivo sin darle la posibilidad a sus ciudadanos de desarrollarse plenamente».

Por su parte, el analista político Carlos Alzugaray señala: «Veo a mucha gente diciendo que el diálogo es sobre todo, sobre la existencia misma del sistema económico y político cubano, sobre la permanencia del Gobierno en el poder… Ahí el diálogo es muy difícil. Yo sugeriría que puede haber diálogo sobre cosas específicas, por ejemplo, algo que podría ser el objetivo de la marcha del 20 de noviembre: un diálogo sobre el cumplimiento de la Constitución. La Constitución cubana tiene unos cuantos preceptos que les dan amplias garantías a los ciudadanos para ejercer su derecho de libertad de expresión. Uno de los diálogos puede ser la capacidad que tiene la sociedad cubana de expresar sus opiniones políticas y decirlas abiertamente, aunque sean contrarias al Gobierno».

¿Están dispuestos los partidarios del Gobierno cubano a iniciar un diálogo? ¿Es posible un diálogo entre el Gobierno cubano y la diáspora?

«Estoy a favor de la reconciliación, porque se asocia a la paz y a la resolución de los conflictos, pero mi experiencia cada vez que he hablado del tema de la reconciliación en las fuerzas revolucionarias y con la gente que apoya al Gobierno es que hay rechazo total y absoluto a la idea de la reconciliación», afirma Alzugaray.

Para el exdiplomático, esta actitud reacia tiene que ver con la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba: «Aclaro que no estoy justificando la represión con el bloqueo. Lo que digo es que al ejercer un bloqueo contra Cuba y una política de fomento a grupos opositores, el Gobierno norteamericano es un actor en la política interna que tiene un efecto perverso. Primero, porque empobrece al pueblo cubano, más de lo que lo empobrece el Gobierno cubano —dando por sentado que el Gobierno cubano es el principal responsable del empobrecimiento del pueblo—».

En el caso de la diáspora, el analista piensa que el Gobierno cubano sí está dispuesto a un diálogo. Considera, además, que los cubanos de fuera tienen demandas justas y lícitas que van más allá del pasaporte y están enfocadas hacia la posición y el papel de los emigrados en los procesos políticos cubanos. «Creo que la diáspora responsablemente tendría que dar claras señales de que son independientes de Estados Unidos y, por una razón tácita de principios, que están en desacuerdo con el bloqueo. Tienen que convencer al Gobierno cubano de que vale la pena reconciliarse».

¿Están dadas las condiciones para un diálogo?

Según Jorge de Armas, no existen ahora las condiciones ni la predisposición para un diálogo. La reconciliación sería un paso posterior. Son procesos. El intelectual opina que aún debe trabajarse en la reconciliación familiar también porque existen familias divididas, amigos que discuten, convierten la política en una cuestión personal y se separan. «No hay que esperar a la suprarreconciliación para entre nosotros mismos empezar a bajar los tonos y alcanzar objetivos comunes que nos enfrenten a ese sistema que cada día más personas identifican como un sistema totalitario que nos niega derechos». 

Enrique del Risco concluye que una condición para el diálogo es eliminar la violencia como variable, «dejando nosotros mismos de ser totalitarios, poniéndonos de acuerdo, porque el totalitarismo no solo tiene expresión en el Estado, sino en los grupos y ciudadanos que niegan a otros, en los asesinatos de reputación. Si nos ponemos de acuerdo como sociedad civil, las cosas cambian».

Puedes escuchar el capítulo Diálogo y reconciliación, el único camino en el podcast de elTOQUE, La Colada:




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Contamos las historias de jóvenes como tú que se sienten protagonistas de esta Cuba que cambia; aquellos que transforman los barrios, que emprenden, dialogan y construyen iniciativas ciudadanas para su gente. Te mostramos cómo otros jóvenes superaron las barreras y hoy impulsan un proyecto propio.
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