Katherine T. Gavilán es una cineasta cubana, actriz y gestora de proyectos culturales y humanitarios. Ha dirigido el documental Brouwer: el origen de la sombra y el corto Los días. En la actualidad, gestiona el proyecto El Ajiaco y la plataforma 5 minutos, orientados a generar espacios de diálogo y expresión para la comunidad cubana, a la par de ayudas humanitarias para la isla. Esta es su forma de Pensar Cuba.
Julio Antonio Fernández Estrada (JAFE): ¿Cómo ha sido tu migración?
Katherine T. Gavilán (KTG): Llevo algo más de tres años fuera de Cuba. Salí en septiembre de 2022. Primero estuve en Valladolid, porque una amiga de mi expareja nos recibió y nos ayudó mucho en esos primeros meses. Después vine a Madrid, donde estuve casi dos años; luego pasé por Barcelona y regresé a Madrid, donde estoy otra vez desde mayo de 2025.
JAFE: ¿Y cómo ha sido ese proceso?
KTG: Muy duro. Hemos pasado muchas de las cosas que atraviesa cualquier migrante. Salimos de Cuba con una visa de turismo cultural, vinculada a un evento relacionado con mi trabajo con Leo Brouwer. Ya habíamos tomado la decisión de quedarnos porque —es la primera vez que lo digo públicamente— en el aeropuerto de Cuba nos retuvieron los pasaportes. A mí me interrogaron y a mi expareja la dejaron aparte con una persona de la Seguridad del Estado.
Luego vino todo el problema de los papeles. Me ofrecieron un máster, pero los antecedentes penales y otros documentos se demoraron en Cuba y terminamos quedando en situación irregular. Ahí una se da cuenta también de la falta de información clara y actualizada, incluso en instituciones que deberían orientarte. Todo eso te coloca en una vulnerabilidad todavía mayor.
JAFE: Es importante contar estas experiencias, porque muchas veces se piensa que irse de Cuba equivale automáticamente a «salvarse». Parece que, una vez que te vas, pierdes el derecho a quejarte. Como si todo se resolviera con haber salido. Y no es así. Migrar implica dejar familia, afectos, proyectos, una vida entera. Hay culpa, frustración, miedo, duelo. A veces, incluso, te sientes cobarde o sientes que dejaste a gente atrás. Nada de esto es color de rosa.
KTG: Exacto. Además, la precariedad no afecta solo a quien está irregular. Conozco cubanos con ciudadanía española que también están pasando muchísimo trabajo. El desempleo y la inseguridad no son problemas exclusivos de los migrantes sin papeles. Hay factores estructurales que atraviesan a todo el mundo, aunque de manera desigual.
JAFE: Cuéntame un poco de tu formación y de cómo llegaste al cine, y cómo has podido sostener esa vocación luego de migrar.
KTG: Yo estudié cuatro años en la Academia Profesional de Artes José Joaquín Tejada, en Santiago de Cuba. Soy de Palma Soriano. Después hice los exámenes para el ISA y aprobé actuación y teatrología. Elegí teatrología porque quería ampliar mi campo de estudio, pero luego me dieron baja técnica en segundo año.
Pedí entonces un examen extraordinario para cambiar de carrera. Aprobé y entré en actuación en el ISA. Ahí estudié cinco años.
En tercer año me colé en un taller de voz con la metodología Fitzmaurice Voicework. A partir de ahí, me ofrecieron una beca en Estados Unidos. Fui a estudiar a Nueva York, iba y venía, y terminé certificándome como associate teacher en esa metodología.
Cuando regresé a Cuba, quería compartir esos conocimientos. Daba clases de voz en la ENA, pero no me reactivaron el contrato. Entonces empecé a hacer talleres y a trabajar en un libro sobre la metodología. En ese proceso, llegué a la Oficina Leo Brouwer.
Allí, muy cerca de Leo, empecé a sentir que había que hacer una película sobre él. Yo no venía de la Famca ni de la Escuela de Cine; venía de actuación, pero me lancé. Pensé: «¿Cómo se hace una película? ¿Qué hace falta?». Empecé a buscar recursos, a armar equipo, y así llegué al cine.
De ese impulso nació Brouwer: el origen de la sombra, una película que codirigí junto a Lisandra López y con la que estoy muy contenta por el recorrido que tuvo.
JAFE: ¿Y qué has podido hacer fuera de Cuba en relación con tu vocación?
KTG: Antes de salir de Cuba dirigí y actué uno de los cortos del largometraje coral Cuentos de un día más, coordinado por Fernando Pérez. Mi corto se llama Los días. Fue una experiencia importante porque formó parte de una colaboración inédita entre cineastas independientes y el Icaic durante la COVID-19.
También había empezado a escribir Perdido, una obra de ficción híbrida con live action y animación 3D. Cuenta una historia a partir de la estatua de Martí y el Ismaelillo que está en la Tribuna (La Habana). Martí despierta y se da cuenta que el niño no está. Entonces, se lanza desde la estatua y atraviesa la ciudad buscándolo. Filmamos ese corto unos meses antes de salir de Cuba y, al llegar a España, empecé a trabajar en la posproducción.
Pero la migración, sobre todo en condiciones de precariedad, te puede dejar sin fuerzas. Perdido entró en una pausa forzada, aunque ahora, con ayuda de amigos y nuevas herramientas tecnológicas, estamos intentando retomarlo. La película es compleja porque requiere mucho trabajo de CGI y la inflación destruyó el presupuesto original que había recibido del Fondo de Cine Cubano en 2020.
A la vez, he seguido colaborando en proyectos de comunicación, que me apasionan muchísimo. También he podido impulsar iniciativas como 5 minutos, presentar Brouwer en espacios como Casa de América y participar en actividades en las cuales comparto lo que sé como creadora y como voice coach. Y el trabajo humanitario, que ya había empezado en Cuba, lo he mantenido aquí con distintas intensidades, según las circunstancias.
JAFE: ¿Qué es El Ajiaco?
KTG: El Ajiaco es una tertulia que organizo más o menos una vez al mes o cada 45 días. Nació después del cierre de la primera temporada de 5 minutos, cuando pensé en qué tipo de espacio necesitábamos. Sentía que faltaban lugares de convivencia, de aprendizaje, de crecimiento para la comunidad cubana, y que fueran seguros.
El Ajiaco mezcla comida cubana, música, baile, poesía, conversación y reflexión. Quise crear un espacio donde la gente pudiera encontrarse, pensar y crecer juntas.
JAFE: Y para quien no lo sepa, ¿qué es 5 minutos?
KTG: 5 minutos es un canal de YouTube, una plataforma de discursos cortos hechos por la ciudadanía y para la ciudadanía. A veces digo que es como un tech talk, pero con ciudadanos en lugar de expertos. O, mejor dicho, donde las personas comunes somos expertas en nuestras vidas.
A mí me interesa mucho la idea de que la gente tome la palabra, que pueda contar su historia con honestidad y responsabilidad, fuera de los espacios tradicionales de poder. Porque cuando una persona habla de su vida, también está haciendo política.
JAFE: Una de las cosas más valiosas de proyectos como 5 minutos es precisamente eso: que la gente tome la palabra. En Cuba ha faltado mucho espacio para que las personas hablen desde sí mismas.
KTG: Yo sigo conectada con Cuba por muchas razones, pero una muy importante tiene que ver con mi abuelo. Él me enseñó a amar y a cuidar el lugar de donde vengo. Me regaló las Obras Completas de José Martí, por ejemplo.
Por otro lado, el trabajo humanitario te conecta de una manera tan directa con la gente y con sus necesidades que no puedes olvidar que siguen habiendo personas ahí. También es una decisión de vida. Yo decidí que una parte importante de mi vida iba a estar dedicada al servicio, al crecimiento de otros, al bienestar de la gente, desde el arte, desde el voluntariado, desde la creación de espacios seguros: El Ajiaco, 5 minutos o las redes de apoyo que he impulsado.
Hablo mucho de la indefensión aprendida, cuando las personas tienen la percepción de que no pueden cambiar nada. Eso también le pasa a las sociedades.
También es muy importante el respeto. Respeto por el dolor, por la rabia, por el miedo de los otros. Yo no he vivido lo mismo que personas que tuvieron que salir huyendo de Cuba por persecución política. No puedo hablar desde ese lugar, pero sí puedo reconocerlo y respetarlo.
Creo que nos faltan, además, espacios sostenidos de formación ética, pensamiento crítico y crecimiento ciudadano. Hay muchos espacios de denuncia, que son necesarios, pero no tantos dedicados a dar herramientas para que las personas se fortalezcan, desarrollen capacidades y puedan defender mejor sus derechos.
Y esos contextos hay que crearlos, porque el Gobierno no los va a crear. No le interesa.
JAFE: ¿Qué significó para ti la Asamblea de Cineastas?
KTG: Yo fui una de las 11 representantes elegidas en el primer proceso electoral de la Asamblea. Me acerqué, como muchos otros, a raíz de lo que pasó con La Habana de Fito, de Juan Pin Vilar.
Lo que detonó aquello no fue solo la censura, sino la impunidad con que se violaron derechos de autor. Que una institución tomara una película inconclusa sin permiso de sus creadores y la pusiera en la televisión nacional estaba mal. Nos podía pasar a todos.
Eso unió a mucha gente dentro y fuera de Cuba. A partir de ahí se empezó a organizar lo que hoy conocemos como la Asamblea. Yo insistía mucho en que nos miráramos como cineastas cubanos, sin importar dónde estuviéramos.
Empecé a buscar asesoría legal, porque entendía que nada se sostiene sin estructura. Aunque supiéramos que legalizar un movimiento así en Cuba era casi imposible, hacía falta claridad, acompañamiento y visión de futuro.
Le dediqué mucho tiempo y mucha energía. Después, tomé distancia porque sentí que necesitaba volcarme en otras urgencias, pero sigo pensando que ha sido uno de los movimientos ciudadanos más importantes de los últimos tiempos en Cuba.
JAFE: ¿Hay algo más que quieras decir antes de cerrar?
KTG: Que te cuides. Que nos cuidemos. Puede parecer una tontería o incluso un privilegio decirlo, pero no lo es. Yo todavía sigo en situación irregular en España por un proceso burocrático larguísimo. He pasado momentos muy difíciles. A veces he tenido ayuda, a veces no.
Pero recordemos que necesitamos cuidarnos, entendernos, conocernos mejor. Porque ese camino nos dará las primeras pistas para encontrar nuestras maneras de hacer realidad lo que queremos de la mejor forma posible.
Yo confío mucho en la ética, la responsabilidad, la honestidad y la transparencia. Para mí eso se parece muchísimo al amor. Y, aunque el miedo muchas veces lleve ventaja, sigo creyendo que el amor es esa fuerza imparable capaz de moverlo casi todo.
Así que mi invitación es esa: cuidarnos, fortalecer las herramientas que ya tenemos y construir las que nos faltan para hacer posible lo que soñamos, incluido el país que queremos tener, donde quiera que estemos los cubanos.









