Kirby Allison, el influencer del lujo elegido para sostener Habanos

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Foto: AP/Ramón Espinosa

Foto: AP/Ramón Espinosa

En junio de 2023, el empresario texano Kirby Allison visitó La Habana por primera vez. El enamoramiento fue instantáneo. Se paseó por la ciudad en un trepidante Buick rojo, de traje blanco y sombrero, con un puro en la mano. Varios jerarcas del habano lo estaban esperando para concederle «acceso sin precedentes» a las instalaciones tabacaleras de la isla. Se consideraba a sí mismo, con razón, un elegido.  

Allison llegó a la isla con una invitación para el Festival del Habano, que ese año fue particularmente escandaloso. Durante la cena de clausura, Miguel Díaz-Canel rescató una lucrativa costumbre de Fidel Castro: la firma y subasta de un humidor, el mueble de cedro en que se guardan los puros. Un comprador anónimo lo adquirió por 4.2 millones de euros. Ajeno a la censura cubana, Allison fue uno de los pocos en reportar la cena

Desde aquel viaje, el vendedor de artículos de lujo se convirtió en el mejor embajador de Habanos, un monopolio que en teoría se reparten a partes iguales Cuba y España, pero cuyas acciones han llegado a estar en manos tan turbias como las del capo asiático del ciberfraude Chen Zhi. El conglomerado de Chen, cuya extradición a China desde Camboya —donde estaba escondido— se anunció en enero de 2026, llegó a controlar la mitad de Habanos. 

A pesar de la crisis sistémica del país, el Gobierno cubano sigue apostando por el tabaco premium como una de las vías autóctonas para mantenerse a flote. Habanos facturó en 2024 la apabullante cifra de 827 millones de dólares, 106 millones más que el año anterior. Durante la subasta de humidores que cerró el evento, el Gobierno cubano se llevó otros 17 millones de dólares, un cuarto de esas ganancias vinieron de otro humidor firmado por Díaz-Canel y comprado por un anónimo millonario chino. Lo recaudado en 2025 se conocerá el mes que viene, en el Festival del Habano. 

Contratar a Kirby Allison es una jugada promocional tan inteligente como desesperada. La competencia de Nicaragua y República Dominicana es más dura que nunca y basta revisar la prestigiosa lista de los mejores tabacos del mundo de la revista Cigar Aficionado para comprobarlo. El puro nicaragüense Padrón 60th Anniversary, con un costo de 100 USD por unidad, relegó al segundo lugar al Cohiba Ámbar, vendido justamente por ese precio. En el inventario, dominado por tabacos nicaragüenses, dominicanos y hondureños, solo hay otros tres puros de la isla. 

El canal de YouTube de Kirby Allison tiene casi 900 000 suscriptores, una cifra muy significativa si se toma en cuenta que su público es gente rica y de buen gusto, que quiere saber qué traje ponerse, con qué escopeta cazar y cuál puro fumar. Nacido en 1983 en Dallas, Allison se hizo rico vendiendo percheros de lujo y luego expandió el negocio. Después de varios años como asesor financiero y empresario, abrió su canal «para personas bien vestidas» en 2015. Desde entonces, viaja por el mundo durante casi todo el año, aunque la sede de su tienda sigue estando en Texas. 

Al parecer, Allison pretendía grabar una serie de videos made in Cuba como los que ha hecho en Mónaco o Italia. Los dueños de Habanos tuvieron una idea mejor. En lugar de vender un país, vendería una marca y una empresa. Desde entonces, ha generado frenéticamente contenido promocional para Habanos, se ha vuelto su publicista particular y ha puesto toda su infraestructura y clientela a disposición del monopolio tabacalero. 

En 2024, por ejemplo, dedicó una miniserie a la marca Trinidad, la preferida de Fidel Castro. Trinidad se mantuvo escondida como secreto de Estado hasta 1994. Era el puro que le regalaban a los presidentes y diplomáticos, siempre bajo la advertencia de no revelar la existencia del más exclusivo de los tabacos, más exclusivo que las marcas históricas —Montecristo, Partagás, Romeo y Julieta—, más exclusivo aún que el Cohiba, el buque insignia de la tabaquería castrista. 

Pero en 2025 llegó el turno de la línea más costosa de Cohiba, el Behike, en su aniversario 15. Quienes han probado un Behike saben que es un tabaco espeso. Uno tarda casi dos horas en gastarlo y, al final, la sensación es de mareo y desgaste incluso para fumadores expertos. Por eso es el tabaco preferido de muchos extranjeros y la clave para la campaña de promoción en la cual Allison es protagonista. 

Entusiasta hasta la irritación, quién mejor que Kirby Allison para promocionar el Behike y qué mejor época que la Navidad. En otra miniserie de cuatro capítulos recién transmitida en los canales del negociante y de Habanos, no se limitó a contar la historia de la marca y entrevistar a sus conocedores: presentó el Behike como la quintaesencia del puro cubano y un objeto indispensable para estar a la moda.

En Europa, en un estanco tan emblemático como la Casa del Puro de Madrid, la caja de diez puros del Behike 54 —«un cañonazo», según la web de la tienda— se vende a 3 114.50 EUR. La de su hermano menor, el Behike 52, cuesta 2 469.80 EUR. La del 56, de casi 3 500 EUR, ya no se encuentran en la capital española. No es un producto que pueda permitirse cualquiera.

«La hoja más escasa y sofisticada de Cuba». Ese eslogan es la piedra angular de la campaña. En el primer capítulo de La magia del Behike, Allison oficia de sumo sacerdote y prende los primeros tabacos creados para celebrar el aniversario. «Entre los tesoros del habano», le dice a la cámara, «hay uno sin igual: el Cohiba Behike, una obra maestra entre las obras maestras».

A lo largo de los documentales, Allison insiste en que las autoridades cubanas le han abierto las puertas y que es un privilegiado. El viaje que promete a sus espectadores lo llevará de los campos pinareños de Vueltabajo —la meca de la hoja— hasta el búnker creativo de El Laguito, la casona donde se tuercen los Behikes más caros, y de ahí a «los clubes de fumadores más exclusivos del mundo». 

La línea Behike, según Allison, es hija del cigar boom de los noventa, cuando el mundo se aficionó al puro de la isla durante el Período Especial. En 2006, cuando la marca madre, Cohiba, cumplía 40 años, no se escatimaron gastos para crear un producto nuevo. Al principio, los Behikes fueron fabricados por una sola persona: Norma Fernández, la torcedora de confianza de Castro. Según AFP, en 1986, cuando el caudillo dejó de fumar, hizo que Norma abandonara el oficio y se dedicara a la administración de El Laguito. 

Su regreso a la mesa de torcido fue un suceso que cubrieron los periódicos y agencias internacionales. Norma fue la responsable de las 100 únicas cajas del Behike original, obra de un diseñador francés, cada una con 40 puros numerados. Fue vendido como objeto sagrado. Si el tabaco tenía el nombre de los sacerdotes taínos, entonces tenía que ser el «santo grial» de los puros. Cada caja se sometió a un implacable racionamiento: una por persona. Al fin y al cabo, era un tabaco vendido en Cuba y por Fidel Castro. 

Entre los conocedores que Allison entrevista para reconstruir la leyenda del Behike está Edward Sahakian, dueño de la tienda Davidoff en Londres. Sahakian, como otros 99 millonarios, había mandado su dinero a La Habana solo para lograr estar en la lista de espera. Tiene que haberse sentido como los niños de Willy Wonka en espera del boleto dorado de la Fábrica de Chocolate. Pasaron los días y cuando más nervioso estaba, recibió una llamada de confirmación. La caja llegó meses después, a bordo de una camioneta cuya matrícula rezaba CIGAR, y fue necesario que dos personas la cargaran hasta su tienda. 

En el resto del mundo, los 99 millonarios vivieron situaciones similares a lo largo de 2006. Habían comprado el Behike a ciegas. En Gran Bretaña, se comenzó a vender cada puro a 1 000 libras esterlinas, pero ese precio pronto se disparó hasta quintuplicarse. Las cajas estaban decoradas con la típica cabeza de indio, hecha de nácar, y de madera barnizada en negro. «Todo es tan precioso», le confiesa Sahakian a Allison. 

Fidel Castro se sentó a disfrutar el éxito y vio cómo el Behike comenzaba a crear su propio mercado negro entre los millonarios. Era un juego de paciencia. No se volverían a producir más tabacos de esa línea hasta 2010, cuando los supervivientes de entre los 4 000 puros torcidos por Norma Fernández alcanzaban precios imposibles: de 5 000 USD en adelante, afirma Sahakian. Ese año, salieron al mercado tres vitolas con calibres distintos, la BHK 52, BHK 54 y BHK 56. 

Según Sahakian, el Behike se vende bien y caro, pero La Habana no puede producirlos en masa. «Nos llegan pocos», dice, «porque todo tiene que ser perfecto». Pero no todo es leyenda. La pandemia, la devastación de los ciclones y los impagos a los vegueros también inciden sobre el equilibrio de la producción de tabaco premium

En agosto de 2025, después de meses de inconformidad y reclamos, el Gobierno prometió a los vegueros aumentar el 3.6 % sus pagos en moneda libremente convertible (MLC) para incentivar la producción. Era su única esperanza de ganar dinero real. En moneda nacional, la ganancia por quintal no supera los 1 000 CUP: el Estado paga un máximo de 8 040 CUP por quintal, pero 7 400 se van en insumos para la cosecha y el pago de trabajadores. «En buen cubano, debo decir que estoy trabajando para la divisa», le contaba un veguero al periódico Guerrillero en marzo de 2025. 

Ahora, los Behikes se compran y se guardan, porque se espera, asegura Sahakian, que su precio vuelva a dispararse en los próximos años: «Yo le digo a mis clientes cuando van a comprar uno que compren dos. Fuma uno ahora y guarda el otro. Si compras una caja, mejor compra dos. Un día la segunda pagará lo que te costó la primera».

La limitación no deriva solo de las circunstancias económicas y del campo; está en la esencia del Behike. El español Luis Sánchez-Harguindey, copresidente de Habanos, fue el cicerone de Allison en su expedición por El Laguito. Allí admitió que se producen pocos puros de esa línea para hacerlos más apetecibles. El truco de encarecer el producto es viejo pero funciona, y Habanos lo sabe aplicar cada vez que el país no puede estar a la altura de la demanda. 

Para Sánchez-Harguindey, la limitación la impone la naturaleza: cada Behike lleva dos hojas que crecen rara vez y que los tabaqueros seleccionan cuidadosamente en Vueltabajo. Sin ese par de hojas, el Medio Tiempo, no hay Behike. Cada cilindro, además, tiene una etiqueta con medidas de seguridad para evitar la falsificación. El Behike es uno de los tabacos más imitados del mundo. 

Una parte importante del viaje de Allison transcurre en Pinar del Río, en los deprimentes barracones donde los despalilladores identifican las mejores hojas, que luego envían a los bien iluminados almacenes de El Laguito. El contraste entre ambos mundos es tan obvio que Allison no disimula sus nervios al caminar entre los sudorosos guajiros de Vueltabajo. Muy pronto, la guayabera del impecable texano también se llena de sudor. 

Otro de los nombres claves del tabaco cubano, Armando Arroyo, es el protagonista del tercer capítulo de La magia del Behike. Arroyo, antiguo director de marketing de Habanos, fue una de las mentes detrás de la creación del Behike hace 15 años. Su misión: hacer depender el destino del tabaco cubano del destino de Cohiba. En su cuarta década, la marca no tenía nada nuevo que ofrecer y había que reinventarla. 

Fue la gente de Arroyo la que, consultando un libro del siglo XVIII sobre el cultivo de tabaco, descubrió la mención a las hojas Medio Tiempo. Entonces, se les conocía como el «cacho duro» de la planta. «Así empezó todo», cuenta. 

El último capítulo es un descenso a los clubes más extravagantes de fumadores de Londres y un retrato en miniatura de varios millonarios aficionados. El primero es el autor británico Nicholas Faulkes, nombrado Hombre Habano en 2007 por sus conocimientos sobre el comercio de puros. Para Faulkes, los clientes chinos son y seguirán siendo la clave del mercado del Behike, al cual considera «el Rolex» de los tabacos cubanos. 

«Hay un grupo de personas que quieren vestirse como tú o como yo», le dice Faulkes a Allison. «Y tener los accesorios que esta vida trae consigo. Un puro es parte de eso, como los relojes o los vinos. Yo dejé de beber en 1997 y transferí todo mi esnobismo al tabaco». El emiratí Eisa Rasti, dueño del club Fumar de Londres, tiene una opinión similar sobre el estatus que da el Behike: «No es fumar, es meditar». 

El Behike es el mascarón de proa de una industria que sigue siendo una de las más lucrativas de Cuba. Pero un negocio así necesita dinero, insumos e infraestructura para el cultivo, condiciones políticas favorables, una clientela estable —no solo millonarios— y nuevas estrategias para mantener a raya a la competencia. Cuba carece de todo eso y Habanos no puede vivir solo de mitos y leyendas; ni siquiera si el hombre que los inventa es Kirby Allison.

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