Hace nueve años que Verónica Carrillo vive en España, pero su camino ha sido mucho más largo. Con 19 años salió de La Habana hacia Ciudad de México en un viaje que ella llama «exploratorio», pero que terminó dándole una segunda patria. Desde entonces, su meta ha sido «ser exitosa», no solo por ambición personal, sino como forma de recordar lo que dejó atrás y agradecer a quienes la ayudaron en el camino. Su inclusión, en abril, en la lista Forbes Women de 50 latinas a seguir en 2026 viene a coronar esa trayectoria como empresaria y mujer de éxito.
La lista anual de Forbes premia la trayectoria y el impacto de mujeres latinoamericanas que logran conectar sus proyectos y raíces latinas con el mundo europeo. En el caso de Carrillo, de 41 años, la revista premió su trayectoria: «Presentó un programa financiero en TV Azteca y saltó al emprendimiento cofundando una de las revistas de moda y lifestyle más influyentes del país. En 2017, se trasladó a Madrid, donde lidera nuevos negocios y eventos en Cambio 16. Hoy impulsa la plataforma Lujo Consciente, para posicionar marcas como lujo ético y sostenible».
Además de Carrillo, otras tres cubanas entraron en la lista: Yohania de Armas, Mayi de la Vega y Mayte Medina. «Es una gran satisfacción. A todos nos gusta que nos reconozcan por lo que hemos hecho, pero, sinceramente, lo más bonito es que se honren sobre todo las raíces, el camino recorrido y que se visibilice a tantas mujeres y lo que significa emigrar, lo que significa emprender de nuevo, los retos y desafíos que enfrentamos», cuenta.
Explica que, como ella, muchas cubanas y latinas han tenido que dejar atrás sus países, sus familias y enfrentarse al «renacer» que es empezar de cero en una cultura ajena, y que exige un esfuerzo doble por ser extranjera. Carrillo salió de Cuba con 19 años. Desde ese momento, cuando estudiaba Economía en la Universidad de La Habana, le preocupaba su futuro.
«Me fui de Cuba en 2005», cuenta. «Tuve la oportunidad de que una amiga de la infancia que se había ido a México me invitara a pasar el verano allá. Inicialmente, me pareció bastante complicado, porque se sabe lo difícil que es salir de Cuba. Tuve que pedirle hasta un permiso directamente al rector para poder salir y, en principio, iba a explorar. Estaba convencida de que en Cuba no podía vivir, no quería vivir. Me veía ya en quinto año o haciendo el servicio social, trabajando en un ministerio por 10 USD al mes y no veía ninguna proyección a futuro».

Tomada del IG de Verónica.
Cuando llegó a Ciudad de México, Carrillo no tardó en darse cuenta de que ese país tenía mucho que ofrecerle. «La madre de mi amiga trabajaba y daba clases en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y me dijo: “¿Por qué no investigamos a ver qué tal es el plan de estudios cubano con respecto al de México y, por lo menos, podemos ver qué opciones hay?”».
La decisión fue rápida y la idea de estudiar y terminar su carrera en México fue «el gran móvil» que la convenció de quedarse. «Después de los supuestos dos meses que iba a estar, le dije a mi familia, a mis padres, que no iba a regresar a Cuba. Por supuesto, no les gustó la idea».
Carrillo siguió adelante con su plan y logró terminar la carrera mientras compaginaba sus estudios con un trabajo de modelaje. Cuando se graduó, le ofrecieron un puesto como parte de un programa financiero en TV Azteca, un canal del grupo Mundo Ejecutivo, con el que también trabajó y más tarde fundó la revista Only Santa Fe.
Mientras trabajaba con ese grupo editorial conoció a su esposo, un venezolano que se instaló en España tras comprar la revista Cambio 16. Después de un año de tener una relación a distancia, Carrillo decidió establecerse también en Madrid, en 2017. «Yo sabía que no podía venir sin un proyecto, que tenía que hacer algo mío», explica. A pesar de estar familiarizada con los medios de comunicación, Carrillo decidió no formar parte en ese momento del proyecto de su pareja. «Estaba un poco saturada de los medios, y le dije a mi esposo: tú a lo tuyo yo a lo mío. Cambio 16, por ahora, no».
Entonces fundó Soma Life, un centro de yoga y bienestar. «Quería un giro profesional. Pusimos este centro de bienestar para inspirar y promover la vida saludable».
Sin embargo, tras la pandemia, Carrillo se dio cuenta de que Soma ya no era rentable y decidió cerrarlo. Poco a poco, después de tomarse un año sabático y por petición de su pareja, fue haciéndose cargo de pequeños proyectos en Cambio16 hasta convertirse en la directora de la Fundación Cambiemos, a la que pertenece la revista, y experta en lujo consciente. La publicación había sido una pieza clave en los medios de la transición española a la democracia, pero su enfoque hoy —en parte gracias a ella— es distinto: de la política, ha dado un giro hacia temas de sostenibilidad y humanismo.
«A día de hoy», afirma Carrillo, «estamos apoyando a las empresas en esa transición hacia lo ético, lo sostenible, sobre todo en el sector del lujo. Y en mayo se anunciará que me integro a una empresa muy importante de este sector del lujo». También gestiona el proyecto España, cuna de lujo consciente, que busca reivindicar los productos españoles y su excelencia, siempre desde la consciencia y la sostenibilidad.

Tomada del IG de Verónica.
Pese a que su vida parece haberla llevado muy lejos de Cuba, no solo en términos de distancia —ya no tiene familia en la isla—, Carrillo tiene muy presente a su país natal. «Siempre sigo las noticias y estoy muy en contacto con lo que pasa en Cuba. Son 67 años y nos parece toda una vida… Espero que pase algo rápido y pronto en ese país», añade.
En los días en que recibió el reconocimiento de Forbes, la madre de Carrillo había viajado a Cuba. «Ella me iba diciendo todo lo que pasaba. Me hablaba de que la gente se levanta a las dos de la mañana cuando llegaba la luz para poder lavar, para cocinar y dejar algo listo. Aquí creen que la gente tiene los patios adaptados con un sistema de carbón para cocinar, y no es así. La gente en Cuba es ingeniosa por necesidad. Este es el momento más caótico que ha tenido la isla en la historia, porque ni en el Período Especial… Esto no tiene comparación con nada, y yo lo único que pienso es en el sufrimiento de la gente, de las madres que tienen que alimentar a sus hijos. El hecho de que yo esté aquí y ellas estén allá es solo casualidad».
La última vez que estuvo en Cuba, en 2023, ya el país le parecía profundamente triste. «Siempre que voy me gusta correr por el Malecón y ahora hay que tener cuidado de no hacerse un esguince porque está lleno de huecos por todos lados. Vi edificios bonitos totalmente derrumbados y otros apuntalados, con ropas colgadas. Son edificios en los que no debería vivir nadie. Pero claro, ¿adónde va a ir esa gente, si por la crisis habitacional a veces hay tres generaciones viviendo en una misma casa? Y si te encuentras a alguien con quien estudiaste, lo único que te dice es: “¿Tú crees que me puedes conseguir un contrato de trabajo o algo para salir de aquí?”».
Carrillo apunta que su posición hacia el sistema y el Gobierno es la misma que tienen muchos cubanos: la necesidad de un cambio. «Las cabezas pensantes se están yendo y la gente no tiene ni el incentivo ni las ganas de trabajar. Hablo con gente que está muy preparada, con una capacidad intelectual enorme, y no hay tema de conversación. Todo gira en torno a si llegó el pollo o a dónde llegó. Están en modo supervivencia».
Por esa razón, explica Carrillo, su premio viene con dedicatoria: «A toda la gente de Cuba, que tengan fuerza y resiliencia, que no pierdan la esperanza, aunque sé que muchos ya se han resignado».




