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Medicamentos para trans, tratamiento hormonal en Cuba interrumpido por la pandemia

Carlos y su familia. Foto: Cortesía del entrevistado.

Interrupción de tratamientos hormonales para personas trans: otro saldo de la pandemia de COVID-19

Carlos, París y Chris no se conocen, pero sus historias tienen mucho en común. Los tres son personas transgénero que comparten la misma lucha: ser reconocidos a nivel social como individuos plenos.

Para ejercer ese derecho, además de factores culturales y jurídicos, las personas trans recorren un largo camino de transformaciones en su cuerpo.

Como muchos otros, Carlos, París y Chris han acudido a tratamientos hormonales que les permitan conciliar cada vez más su físico con su identidad de género. Sin embargo, durante la pandemia, además de las penurias económicas y la incertidumbre, se ha sumado la intermitencia de las consultas y un seguimiento en muchas ocasiones interrumpido.

Carlos

En su carné de identidad se lee «Diana», pero se llama Carlos. Vive con Niurka, su pareja; Zoel, de cuatro años; y su mamá. Se graduó como enfermero intensivista hace más de una década, pero hoy vende celulares como cuentapropista. Sueña con cambiar su nombre legal, operarse los senos y poder casarse con la persona que ama. Carlos Hernández tiene treinta y dos años y es una persona trans.

En el texto Tratamiento hormonal y sus complicaciones en el paciente con disforia de género, publicado en la Revista Cubana de Endocrinología, se explica que «las personas con disforia de género sienten incongruencia entre el sexo con el que nacen y aquel al que sienten pertenecer, por lo que necesitan adaptar su cuerpo a este último, y uno de los pilares en el logro de ese propósito es el empleo del tratamiento hormonal cruzado».

Amparada por la Resolución 126 del Ministerio de Salud Pública de 2008, se creó ese año la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales, dirigida por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). Esta comisión ofrece una consulta nacional para brindar apoyo especializado a las personas transgénero. Hasta el momento, radica solo en La Habana. Abrir servicios de este tipo en otra provincia del país también es un plan detenido por la COVID-19.

CARLOS (2).jpg

Carlos y Niurka. Foto: Cortesía del entrevistado.

Carlos comenzó su tratamiento «por casualidad. No pertenecía a la Red Trans Cuba, asociada al Cenesex. Llegué por Liam Durán, que en aquel entonces era el coordinador de la Red y el proyecto Alma Azul, para personas trans masculinas».

De este modo también llegó a las consultas. «Me sometí a varios exámenes a lo largo de seis meses antes de comenzar a hormonar. Llevo casi tres años con tratamiento, aunque no me han avisado más para la consulta», comenta.

Carlos cuenta que al inicio de la pandemia se afectó su tratamiento porque no había testosterona disponible en las farmacias. Luego de unos meses, la situación comenzó a normalizarse y ha podido continuar con las inyecciones, que adquiere mediante el llamado tarjetón.

«Desde que comencé el tratamiento he tenido muchos cambios en mi vida y mi cuerpo. Me siento feliz como persona trans. Estoy muy agradecido. Lo único que anhelo con todas las fuerzas de mi corazón es poder operarme y quitarme los senos», confiesa.

Necesita retomar las consultas para comprobar los resultados y la efectividad del tratamiento: «Solo quisiera que un médico me viera para saber cómo está mi nivel de testosterona. He llamado varias veces y siento que me están peloteando», se lamenta. 

CARLOS (1).jpg

Foto: Cortesía del entrevistado.

París

París Brown, de 21 años, desde junio de 2020 no recibe tratamiento hormonal. 

«La primera vez que tuve consulta con el endocrino fue en julio de 2017, y después en 2018. Ese mismo año estuve hormonada durante seis meses. Me fue muy bien. Soy velluda y las hormonas me ayudaron muchísimo. No obstante, cuando tuve que volver a consulta para repetir los análisis y comprobar cómo estaba funcionando el cuerpo, no fue posible», explica.

Al parecer, su doctora salió de viaje y el tratamiento quedó pendiente. Tenía consulta también con el psiquiatra del Cenesex; pero tampoco lo encontró en aquellos días. 

Según París, es muy inestable el proceso y los protocolos de las consultas. «Con mucho esfuerzo puedes lograr que te atiendan; pero luego los tratamientos se interrumpen porque es difícil el seguimiento. Siempre aparece alguna excusa».

Más tarde, en 2020, intentó retomar la atención. Le informaron que debía reunirse de nuevo con la psiquiatra, pero debido a la pandemia de COVID-19 todo estaba en pausa. 

«Me empiezo a hormonar por mi cuenta con parte del tratamiento que tenía antes. Eso fue entre marzo y junio del año pasado. Desde entonces no he tenido una hormona en mi cuerpo, lo cual me afecta. Estoy como desamparada porque no tengo las hormonas que estaba tomando ni un chequeo médico por el Cenesex», expresa.

PARIS (3).jpg

Paris. Foto: Cortesía de la entrevistada.

El estudio antes mencionado plantea que es común que las personas trans comiencen a automedicarse antes de acudir a consulta y a maximizar la dosis, «usando muy diversas pautas terapéuticas aprendidas de la experiencia de otros transexuales, o que incrementa el riesgo de efectos adversos».

La investigación señala que hasta el 20 % de personas con sexo biológico femenino experimentan elevaciones en las cifras de prolactina y por tanto es fundamental su monitoreo. El exceso de prolactina puede causar problemas menstruales e infertilidad. 

En sujetos cuyo sexo biológico es masculino, puede disminuir el deseo sexual y causar disfunción eréctil, también conocida como impotencia.

La ausencia de seguimiento por parte de especialistas impide reconocer cualquier efecto adverso que tenga lugar. Además, la interrupción del tratamiento supone regresión de los caracteres sexuales secundarios; es decir, se detiene o retrocede la transformación de senos, clítoris, vello facial y corporal, pene, testículos, etcétera.

En la consulta de 2018, a París le recetaron tres Androcur diarios con dos tabletas de Estracip o estrógeno conjugado, aunque este último falta en las farmacias desde hace años. Desde entonces, no se ha realizado chequeo médico ni ha sido atendida por un especialista para comprobar que todo esté bien en su cuerpo. 

«Conozco muchachas trans que han interrumpido su tratamiento seis o siete meses porque no logran conseguir la receta para las hormonas. Acceder al endocrino se nos hace casi imposible a quienes no pertenecemos a la Red Trans Cuba y con la pandemia todo se ha prolongado; pero se necesitan otros métodos para poder continuar con las hormonas y retomar las consultas», reclama París.

PARIS (1).jpg

Paris. Foto: Cortesía de la entrevistada.

La Consulta Nacional de Atención Integral a Personas Transgénero radica en La Habana, lo que limita el acceso de quienes viven fuera de la capital y no pueden trasladarse.  

Chris

Christian Suárez vive en Las Tunas y es un hombre trans. «Me declaré lesbiana cuando tenía trece años porque me atraían las chicas, pero no había descubierto mi identidad de género», comenta hoy con veintiún años.

Con el tiempo comenzó a no sentirse identificado con su cuerpo ni le gustaba verse como mujer. «Era una tortura mirarme al espejo cada día. No me sentía bien, cómodo ni feliz», confiesa.

Su pareja vive en Surinam, donde Chris comenzó el tratamiento de reemplazo hormonal. No obstante, regresó a Cuba en diciembre de 2020 para recibir seguimiento médico porque supo sobre la consulta nacional asociada al Cenesex. 

«Tenía turno el 10 de enero con la psicóloga del Cenesex; pero por la pandemia me dijeron que está cerrada la consulta. En Las Tunas se me hace casi imposible conseguir hormonas y más aún sin indicaciones médicas. Tengo que comprarlas por la izquierda y casi siempre aparecen dosis inferiores a las que necesito», comenta.

La pausa de más de un año que ha provocado la pandemia, los largos protocolos para acceder al tratamiento y la ausencia de seguimiento clínico en muchos casos, además de las dificultades para obtener una receta médica y la falta de hormonas en las farmacias, llevan a las personas trans a la automedicación.

CHRIS.jpg

Chris. Foto: Cotesía del entrevistado.

El desconocimiento sobre las dosis, resultados y riesgos de consumir hormonas por su cuenta, vinculados a la necesidad inmediata de sentir bienestar con sus cuerpos, provocan estas decisiones precipitadas.

«La pandemia se ha extendido y no sabemos cuándo acabará, no podemos tener el tratamiento en pausa. Debe existir algún método para lograr una consulta con el endocrino. La demora es interminable, por eso muchas trans se han hormonado por su cuenta y han tenido situaciones graves para su salud», se lamenta París, deprimida por este tema.

El 17 de mayo pasado, en el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, el Ministerio de Salud Pública de Cuba hizo ondear por primera vez la bandera del arcoíris junto a la cubana. Muchos en la comunidad lo han interpretado como una buena señal de cara al futuro; pero continúan a la expectativa de soluciones por las que no pueden seguir esperando. 

Mientras, Carlos, París y Chris comparten el mismo camino sin siquiera conocerse. Sueñan con una sociedad más inclusiva y con vivir a plenitud sus derechos, donde mente y cuerpo estén en perfecto equilibrio con el respeto a su identidad de género. Es una deuda en tiempos de pandemia.


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Rachel Pereda
Periodista y mamá, o al menos eso intento. Sabinera hasta la médula. Amante de la literatura, las causas imposibles, la fotografía, el café y la aventura. Géminis y soñadora. Creo en la magia y en la historia detrás de la historia. Sigo en espera de mi carta a Hogwarts.
rachel

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Para ejercer ese derecho, además de factores culturales y jurídicos, las personas trans recorren un largo camino de transformaciones en su cuerpo.

Como muchos otros, Carlos, París y Chris han acudido a tratamientos hormonales que les permitan conciliar cada vez más su físico con su identidad de género. Sin embargo, durante la pandemia, además de las penurias económicas y la incertidumbre, se ha sumado la intermitencia de las consultas y un seguimiento en muchas ocasiones interrumpido.

Carlos

En su carné de identidad se lee «Diana», pero se llama Carlos. Vive con Niurka, su pareja; Zoel, de cuatro años; y su mamá. Se graduó como enfermero intensivista hace más de una década, pero hoy vende celulares como cuentapropista. Sueña con cambiar su nombre legal, operarse los senos y poder casarse con la persona que ama. Carlos Hernández tiene treinta y dos años y es una persona trans.

En el texto Tratamiento hormonal y sus complicaciones en el paciente con disforia de género, publicado en la Revista Cubana de Endocrinología, se explica que «las personas con disforia de género sienten incongruencia entre el sexo con el que nacen y aquel al que sienten pertenecer, por lo que necesitan adaptar su cuerpo a este último, y uno de los pilares en el logro de ese propósito es el empleo del tratamiento hormonal cruzado».

Amparada por la Resolución 126 del Ministerio de Salud Pública de 2008, se creó ese año la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales, dirigida por el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). Esta comisión ofrece una consulta nacional para brindar apoyo especializado a las personas transgénero. Hasta el momento, radica solo en La Habana. Abrir servicios de este tipo en otra provincia del país también es un plan detenido por la COVID-19.

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Carlos y Niurka. Foto: Cortesía del entrevistado.

Carlos comenzó su tratamiento «por casualidad. No pertenecía a la Red Trans Cuba, asociada al Cenesex. Llegué por Liam Durán, que en aquel entonces era el coordinador de la Red y el proyecto Alma Azul, para personas trans masculinas».

De este modo también llegó a las consultas. «Me sometí a varios exámenes a lo largo de seis meses antes de comenzar a hormonar. Llevo casi tres años con tratamiento, aunque no me han avisado más para la consulta», comenta.

Carlos cuenta que al inicio de la pandemia se afectó su tratamiento porque no había testosterona disponible en las farmacias. Luego de unos meses, la situación comenzó a normalizarse y ha podido continuar con las inyecciones, que adquiere mediante el llamado tarjetón.

«Desde que comencé el tratamiento he tenido muchos cambios en mi vida y mi cuerpo. Me siento feliz como persona trans. Estoy muy agradecido. Lo único que anhelo con todas las fuerzas de mi corazón es poder operarme y quitarme los senos», confiesa.

Necesita retomar las consultas para comprobar los resultados y la efectividad del tratamiento: «Solo quisiera que un médico me viera para saber cómo está mi nivel de testosterona. He llamado varias veces y siento que me están peloteando», se lamenta. 

CARLOS (1).jpg

Foto: Cortesía del entrevistado.

París

París Brown, de 21 años, desde junio de 2020 no recibe tratamiento hormonal. 

«La primera vez que tuve consulta con el endocrino fue en julio de 2017, y después en 2018. Ese mismo año estuve hormonada durante seis meses. Me fue muy bien. Soy velluda y las hormonas me ayudaron muchísimo. No obstante, cuando tuve que volver a consulta para repetir los análisis y comprobar cómo estaba funcionando el cuerpo, no fue posible», explica.

Al parecer, su doctora salió de viaje y el tratamiento quedó pendiente. Tenía consulta también con el psiquiatra del Cenesex; pero tampoco lo encontró en aquellos días. 

Según París, es muy inestable el proceso y los protocolos de las consultas. «Con mucho esfuerzo puedes lograr que te atiendan; pero luego los tratamientos se interrumpen porque es difícil el seguimiento. Siempre aparece alguna excusa».

Más tarde, en 2020, intentó retomar la atención. Le informaron que debía reunirse de nuevo con la psiquiatra, pero debido a la pandemia de COVID-19 todo estaba en pausa. 

«Me empiezo a hormonar por mi cuenta con parte del tratamiento que tenía antes. Eso fue entre marzo y junio del año pasado. Desde entonces no he tenido una hormona en mi cuerpo, lo cual me afecta. Estoy como desamparada porque no tengo las hormonas que estaba tomando ni un chequeo médico por el Cenesex», expresa.

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Paris. Foto: Cortesía de la entrevistada.

El estudio antes mencionado plantea que es común que las personas trans comiencen a automedicarse antes de acudir a consulta y a maximizar la dosis, «usando muy diversas pautas terapéuticas aprendidas de la experiencia de otros transexuales, o que incrementa el riesgo de efectos adversos».

La investigación señala que hasta el 20 % de personas con sexo biológico femenino experimentan elevaciones en las cifras de prolactina y por tanto es fundamental su monitoreo. El exceso de prolactina puede causar problemas menstruales e infertilidad. 

En sujetos cuyo sexo biológico es masculino, puede disminuir el deseo sexual y causar disfunción eréctil, también conocida como impotencia.

La ausencia de seguimiento por parte de especialistas impide reconocer cualquier efecto adverso que tenga lugar. Además, la interrupción del tratamiento supone regresión de los caracteres sexuales secundarios; es decir, se detiene o retrocede la transformación de senos, clítoris, vello facial y corporal, pene, testículos, etcétera.

En la consulta de 2018, a París le recetaron tres Androcur diarios con dos tabletas de Estracip o estrógeno conjugado, aunque este último falta en las farmacias desde hace años. Desde entonces, no se ha realizado chequeo médico ni ha sido atendida por un especialista para comprobar que todo esté bien en su cuerpo. 

«Conozco muchachas trans que han interrumpido su tratamiento seis o siete meses porque no logran conseguir la receta para las hormonas. Acceder al endocrino se nos hace casi imposible a quienes no pertenecemos a la Red Trans Cuba y con la pandemia todo se ha prolongado; pero se necesitan otros métodos para poder continuar con las hormonas y retomar las consultas», reclama París.

PARIS (1).jpg

Paris. Foto: Cortesía de la entrevistada.

La Consulta Nacional de Atención Integral a Personas Transgénero radica en La Habana, lo que limita el acceso de quienes viven fuera de la capital y no pueden trasladarse.  

Chris

Christian Suárez vive en Las Tunas y es un hombre trans. «Me declaré lesbiana cuando tenía trece años porque me atraían las chicas, pero no había descubierto mi identidad de género», comenta hoy con veintiún años.

Con el tiempo comenzó a no sentirse identificado con su cuerpo ni le gustaba verse como mujer. «Era una tortura mirarme al espejo cada día. No me sentía bien, cómodo ni feliz», confiesa.

Su pareja vive en Surinam, donde Chris comenzó el tratamiento de reemplazo hormonal. No obstante, regresó a Cuba en diciembre de 2020 para recibir seguimiento médico porque supo sobre la consulta nacional asociada al Cenesex. 

«Tenía turno el 10 de enero con la psicóloga del Cenesex; pero por la pandemia me dijeron que está cerrada la consulta. En Las Tunas se me hace casi imposible conseguir hormonas y más aún sin indicaciones médicas. Tengo que comprarlas por la izquierda y casi siempre aparecen dosis inferiores a las que necesito», comenta.

La pausa de más de un año que ha provocado la pandemia, los largos protocolos para acceder al tratamiento y la ausencia de seguimiento clínico en muchos casos, además de las dificultades para obtener una receta médica y la falta de hormonas en las farmacias, llevan a las personas trans a la automedicación.

CHRIS.jpg

Chris. Foto: Cotesía del entrevistado.

El desconocimiento sobre las dosis, resultados y riesgos de consumir hormonas por su cuenta, vinculados a la necesidad inmediata de sentir bienestar con sus cuerpos, provocan estas decisiones precipitadas.

«La pandemia se ha extendido y no sabemos cuándo acabará, no podemos tener el tratamiento en pausa. Debe existir algún método para lograr una consulta con el endocrino. La demora es interminable, por eso muchas trans se han hormonado por su cuenta y han tenido situaciones graves para su salud», se lamenta París, deprimida por este tema.

El 17 de mayo pasado, en el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, el Ministerio de Salud Pública de Cuba hizo ondear por primera vez la bandera del arcoíris junto a la cubana. Muchos en la comunidad lo han interpretado como una buena señal de cara al futuro; pero continúan a la expectativa de soluciones por las que no pueden seguir esperando. 

Mientras, Carlos, París y Chris comparten el mismo camino sin siquiera conocerse. Sueñan con una sociedad más inclusiva y con vivir a plenitud sus derechos, donde mente y cuerpo estén en perfecto equilibrio con el respeto a su identidad de género. Es una deuda en tiempos de pandemia.


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