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Julio Antonio Mella: nuestro desagravio

Julio Antonio Mella: nuestro desagravio

Hay personas que son difíciles de clasificar. En la historia de la república neocolonial cubana, una de ellas es Julio Antonio Mella. Su vida, hechos y escritos son bastante conocidos. Ha sido inspiración de poetas, cineastas, artistas de la fotografía, la pintura y la escultura. Es un símbolo de la juventud irredenta cubana pero su ejemplo es poco seguido por las nuevas generaciones. Su imparable afán de fundación y de lucha no serían conductas muy reconocidas en los años que corren, en los cuales es más importante la disciplina y el respeto a los «canales establecidos».

Mella fue martiano, comunista y férreo contrincante de Gerardo Machado, pero no siguió guiones de la Unión Soviética ni de la Internacional Comunista y se enfrentó a los poderes de turno dentro de la Universidad de La Habana. Su vida, contada como una película de acción o como un poema épico, parece imposible concentrarla en 25 años.

Julio Antonio llevó una vida de héroe, paso a paso, desde el deporte hasta la huelga de hambre, desde su relación con Tina Modotti hasta su asesinato en México, todo en él parece una oda a la acción y al fervor.

Así fue, también, su odisea después de muerto. Las cenizas de Mella fueron custodiadas por décadas desde que salieron del crematorio mexicano. Hay mártires cubanos relacionados con las honras a Julio Antonio, en diferentes momentos de nuestra historia, como Paquito González Cueto en 1933 y Rubén Batista en 1953.

Las cenizas de Mella están en el Memorial que lleva su nombre, al pie de la escalinata de la Universidad de La Habana. Cuando quisieron hacerle un entierro digno en el Parque de la Fraternidad un mes después de la caída de Machado, el acto fue reprimido por el ejército y cayó el primer pionero mártir cubano. Era septiembre de 1933. Los restos de Julio Antonio debieron ser cuidados nuevamente por manos amigas. Veinte años más tarde un grupo de jóvenes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) develaron un busto de Mella en la plazoleta al pie de la escalinata de los 88 peldaños, pero este fue manchado con chapapote días después. La profanación fue desagraviada con manifestaciones y en una de ellas cayó Rubén, el primer mártir de la FEU, que el mismo Julio Antonio había fundado.

Mella ha sufrido ofensas impensables en los últimos tiempos. Su busto en el centro de la Manzana de Gómez, donde existía un Politécnico que llevaba su nombre, fue extraído del lugar cuando se construyó en ese enclave el Gran Hotel Manzana Kempinsky y en días recientes ha circulado por las redes sociales la foto de un agente del orden, miembro de la Policía Nacional Revolucionaria, que aparentemente orina detrás del Memorial que desde 1976 guarda las cenizas del fundador del PCC.

Mi desagravio es este. Igual que el pueblo de la Habana Vieja salió de sus casas a detener a los marines estadounidenses que orinaron sobre la estatua de Martí en el Parque Central, en 1949, ahora debemos salir de nuestras cuevas de comodidad ciudadana, en las que esperamos, apacibles, la hora del noticiario estelar, para exigir que los monumentos de los héroes del pueblo no sean orinados.

Hace pocos días el Tribunal Municipal Popular de Plaza de la Revolución impuso duras sanciones a dos hombres que habían ultrajado, meses antes, bustos de Martí. Aquella sangre había sentado mal en la mayoría de la gente que supieron de aquellos ataques, pero ahora me parece que esa investigación y persecución de los profanadores estaba más relacionada con sus móviles políticos que con la protección de la memoria del Apóstol de la independencia de Cuba.

No me interesa la venganza. La coacción es la característica que menos me atrae del derecho. No se resuelve nada con las sanciones sin que se les acompañe con educación, instrucción, organización, cultura jurídica, buen funcionamiento de las instituciones y salud del Estado de derecho. Pero las autoridades deben dar el ejemplo en la sociedad en la que vivimos, o estamos perdidos antes de zarpar.

Mella debe ser desagraviado. Un símbolo de la frescura, valentía, inteligencia, honor y heroísmo de nuestra juventud no puede ser orinado como si se tratara de un descampado o un bosque de marabú.

La educación ciudadana en Cuba ha caído a niveles de horror. No son solo los policías los que orinan detrás de muros y en árboles ahuecados, sino que se ha extendido la costumbre, bárbara y sintomática de una decadencia galopante, de orinar, escupir, excretar, arrojar basura, maldecir, en cualquier lugar, plaza, edificio, solar, parada de ómnibus, portal, corredor, como si la urbe fuera un enorme excusado, especie de cloaca máxima tropical.

Sin embargo, después de respirar hondo detrás del nasobuco-mordaza, debemos encontrar dentro de nosotros algo que nos devuelva a la civilidad, al respeto por nuestra historia, a la valentía para exigir derechos y deberes, a la honradez de la pobreza, y al trabajo por la prosperidad; porque si nada vale ya entre nosotros, si fundamos un orden en el cual sea posible orinar mausoleos sin que nada se erice dentro de nuestras almas, entonces no debemos esperar nada respetable, digno y vivible en el futuro inmediato.

 

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Julio Antonio Fernández Estrada
Profesor titular. Licenciado en Derecho e Historia. Doctor en Ciencias Jurídicas.
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Yoa09

Hola!
Sentí mucha tristeza cuando leí la noticia de los policías que estaban orinando en el monumento a Mella 🙁 es verdad que no existen baños públicos pero que falta de respeto hacerlo ahí 😡
Vas caminando por la ciudad y sin pudor alguno de pronto un hombre decide orinar frente a ti a plena luz del día….
Gracias por su trabajo, usted cuenta con mi admiración.
Yoa09

Ángel

Si Mella era comunista, entonces merece ser invisibilizado, ya sabemos lo malos y satánicos que son. Que no siguiera el guión de la URSS ni de la internacional comunista es algo meritorio, pero así y todo, y con el fin de no crear confusión debemos ocultarlo. Al parecer era un romántico utópico. No lo he leído, pero fundó algo que luego cambió su rumbo… En cuanto a las sanciones a los que derramaron “sangre” sobre bustos de Martí y la tolerancia al que orinó a “Mella” sólo podemos entender que estamos ante un gobierno que gobierna de forma arbitraria, según le convenga a su clase política (no hay ley… ) … Es necesario acabar de entender que el compromiso del gobierno desde hace más de 60 años, es con el imperialismo, no con el pueblo, aunque no todos logran ver los colmillos a este vijo lobo…
Ángel

Pocoyó

Eso es lo menos que hacen los militares de este país.
Vivan las tiendas en MLC??
Pocoyó

Ernesto Daranas

Agradezco este necesario ejercicio de memoria. La verdad, la honestidad y la ética están más allá de cualquier militancia política. Mella es la prueba. Felicitaciones Julio Antonio.
Ernesto Daranas

Fr Pividal

A esto nos enseñó Fidel, a orinarnos sobre los derechos de los demás. Esta vez lo hicieron sobre Mella, sobre nosotros lo hicieron hace rato y no ha merecido un artículo y mucho menos un desagravio. Al final Mella ha sido un ídolo por imposición, de lo contrario ese policía habría encontrado otro “baño”. También mi perro orina sin saber donde lo hace.
Fr Pividal

Andrés Dovale Borjas

Es una deuda a la verdad histórica que, el autor de este escrito, no dedicara, aunque fuera un párrafo al asesinado de Julio Antonio Mella por el italiano, agente de la Internacional Comunista, al igual que Tina Modotti, Vittorio Vidali alias Carlos Contreras o Enea Sormenti, mismo que ordenó el asesinato de Andreu Nin en Barcelona, Tina, que fue testigo presencial del crimen, negó ante la policía mexicana que Vidali les acompañaba y que fue quien le disparó a Mella mientras el corría para evitarle como lo afirmaron los dos testigos mexicanos un panadero y un vecino del lugar que presenciaron el hecho. Mella murió en México por orden de Stalin, del mismo modo que 22 años más tarde fue asesinado León Trotsky.
Andrés Dovale Borjas

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