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Ilustración: Wimar Verdecia.

Ilustración: Wimar Verdecia.

Colecciones

Por estos días en que los discursos recurren más que de costumbre al optimismo y al esfuerzo, que los periódicos disminuyen las tiradas y que las colas en los mercados se vuelven inversamente proporcionales a la cantidad de alimentos en los estantes; las alarmas del Período Especial más crudo vuelven a sonar. Muchos recuerdan los temidos apagones de los años noventa, los precios estratosféricos de los alimentos, los blúmeres caseros con elástico de preservativos (cuando aparecían) y los maratones bajo el sol para llegar caminando al trabajo o la escuela. A mí me vienen a la mente las colecciones.

Para la mayoría de los cubanos nacidos entre los años ochenta y los noventa, la palabra colección tiene un significado muy particular: libros que se llenaban de etiquetas y envolturas de los productos de consumo que a mediados de los noventa empezaron a aparecer en las “diplotiendas”, luego en las shoppings o que traían del extranjero en sus abultados maletines denominados “gusanos” —por su forma alargada— aquellos a los que años antes habían calificados de “gusanos”por su forma de pensamiento.

No podría explicar cómo, pero de un momento a otro la fiebre de las colecciones se extendió por todo el país. Ante la falta de juguetes, aquellos libros se convirtieron en uno de los entretenimientos por excelencia de los niños cubanos. En un contexto donde “resolver” se volvió la palabra de orden y el trapicheo reverdeció laureles como mecanismo de subsistencia, también los niños creamos nuestro propio “mercado negro” en torno a las colecciones.

Las etiquetas se intercambiaban, se vendían, se trocaban por otros objetos como bolas o trompos. También surgieron otras estrategias de obtención más peculiares como montar guardia en las afueras de LA shopping de la ciudad a ver si alguien tiraba una envoltura en buen estado; pedirle a personas con familia “afuera” que te guardaran las etiquetas de los productos que venían en los esporádicos paquetes; o volver loco a los padres para que invirtieran el poco dinero que tenían en comprar algo que resultaba más interesante por su envoltura que por su contenido. Recuerdo que el proceso de apertura de un paquete de galleticas se convirtió en un ritual con un grado de tensión similar a la manipulación de un Picasso. Romper la envoltura podía provocar una perreta de las buenas en los niños de la casa.

El arte de coleccionar colecciones fue adquiriendo sofisticación y especialización. No toda etiqueta o envoltura era coleccionable. Un requisito fundamental era su origen, necesariamente foráneo. Tratar de pasar como objeto coleccionable una caja de cigarros Aroma o una etiqueta de compota Osito, podía ser visto como una ofensa. Hubo quienes se tomaron más en serio la cuestión y desarrollaron perfiles de lo que en numismática se conoce como “completistas” y se esmeraban por tener toda la colección de los paquetes de refrescos Caricia en sus diferentes sabores, por ejemplo.

Como algunas de las colecciones conservaban el olor de los productos, se separaban para evitar mezclas odoríferas: en un libro las etiquetas de ropa, en otro los jabones y paquetes de detergente, separados de los alimentos y también de los cigarros. Así el estuche de jabón Sue no se contaminaba con el Malboro ni la etiqueta del “pitusa” Zingaro olía a refresco Toki. Por supuesto, a mayor volumen de colecciones y nivel de especialización, mayor nivel adquisitivo de la familia del niño; esa era una ecuación cuasi infalible.

Las colecciones además de entretenimiento cumplieron varias funciones. Un amigo dice haber aprendido a los 10 años colores como el naranja y el verde fosforescente gracias a estas. Desarrollaron a edades tempranas habilidades de “bisneo” en algunos, tan necesarias para subsistir en el día a día actual. Fomentaron en otros la imaginación olfativa, que te permitía inferir el sabor de un chocolate que nunca habías probado, luego de oler una y otra vez aquel “nailito” cambiado por una caja de pasta dental Close-Up. También nos enseñaron que el tiempo en que todos éramos (casi) iguales había llegado a su fin.

No sé si algún investigador lo habrá hecho, pero las colecciones serían un fenómeno de estudio interesantísimo. Una muestra valiosa para construir una especie de Antropología de la pobreza, de ese consumismo sin consumo que se fue gestando en casi todos nosotros y que podría ser un indicador fehaciente de muchos de los comportamientos y aspiraciones de toda una generación.

Mis libros de colecciones estuvieron guardados en algún rincón de la casa. Sobrevivieron varios años después de que pasó aquella moda, que fue apagándose a medida que cierta mejoría económica hizo que las etiquetas dejaran de ser objetos raros. Un día no los vi más. Seguramente fueron víctima de alguna limpieza de mi mamá, aburrida de “todas esas etiquetas viejas que lo único que llaman es cucarachas y miseria”.

En aquellos libros estaba recogida una parte importante —también feliz— de mi niñez, pero la verdad es que prefiero que queden así, perdidos, como un recuerdo lejano; un cuento “chistoso” que hacer a mis ahijados mientras los incentivo a coleccionar billetes, monedas o sellos; pero no colecciones. Colecciones no. Las etiquetas de las cosas comunes que sigan estando donde deben estar: en las tiendas y no en álbumes como objetos de culto o valiosos.

 

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José Raúl Gallego Ramos
Periodista e investigador. Estudio la comunicación como una clave para tratar de entender lo que me rodea y transformarlo -hasta donde pueda. Por alguna extraña razón, que no logro explicar del todo, tengo la necesidad de regresar siempre, para vivir en Camagüey y en Cuba, donde tengo mi casa, mi familia, mis perros, amigos que disminuyen constantemente por obra y gracia de la emigración y donde sufro y gozo a diario la compleja condición de estar aquí.
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JCNG

Interesante artículo sobre una práctica ya casi olvidada, y de la que creo pocos quisieran acordarse, sobre todo, por el difícil periodo que representó. Felicidades.

José Raúl Gallego

Gracias por la lectura
José Raúl Gallego
JCNG

CUBANO_DE_LOS_80S

Gracias…

José Raúl Gallego

Gracias a usted por la lectura
José Raúl Gallego
CUBANO_DE_LOS_80S

Herson

Felicidades. Buen articulo. No se si habrá alguien investigando pero tenemos un proyecto relacionado con el tema en Santiago de Cuba. Nos gustaria contactar con el autor…..

José Raúl Gallego

Muy buena idea. Es un tema que se puede analizar desde muchas dimensiones y los resutlados en todos los casos estoy seguro de que serán muy interesantes. Estaría encantado de colaborar en lo que necesiten. Por favor, déjenme una forma de contacto, preferiblemente correo electrónico y les escribo. Gracias por la lectura
José Raúl Gallego
Herson

Isel Arango

Me gustó el artículo Gallego. Tiene ese tono cómico-nostálgico con que los cubanos suelen contar sus desdichas. Sin dudas haber pasado nuestra niñez, la etapa de la inocencia, en el período especial se ha convertido en el principal factor de cohesión e identidad de nuestra generación. Yo también coleccionaba etiquetas.

José Raúl Gallego

Gracias Isel
José Raúl Gallego
Isel Arango

Yasmanis Cesar Cabrera Silva

Buen artículo. De verdad que el cubano es exepcional, ya q a pesar de las dificultades que tenga siempre va a encontrar algo positivo en lo que le rodea.
Yasmanis Cesar Cabrera Silva

Psiquis

Excelente artículo. Me remonto a mi niñez. Es como si cada palabra me reviviera a mis 5 años de edad. Gracias por hacerme recordar.
Psiquis

Yanisbel

Me encantó el artículo. Me recordó mi niñez. Me vi reflejada en cada una de sus palabras. Gracias por recordarme una etapa dura pero muy bonita de mi vida.
Yanisbel

diana

Pos sí…triste y alegre a la vez…y suscribo: “pero la verdad es que prefiero que queden así, perdidos, como un recuerdo lejano”…
diana

May

Si,me acuerdo,yo tenia una envoltura d refresco caricia d fresa no se me olvida q habian mandado mi familia eb un paquete y loa niños del barrio me ofrecieron d todo por ese paquete jjj triste y bonito a la vez…
May

Shaky

Hermosos recuerdos me trajo ese artículo yo también guardo ese tipo de cosas me encanta
Shaky

Leñador Sin Bosque

Entre esas colecciones recuerdo las latas de cerveza o refresco vacias que no pocos ponian e un supuesto bar en las casas en forma de repisa, algo a mi parecer de mal gusto,pero que era muy común,recuerdo esas latas de colores muy bonitos y brillantes de varias marcas, mas que las que se comercializan hoy en dia.
Leñador Sin Bosque

Marilyn

Ay, cuánta nostalgia me trajo este artículo, cuántos buenos recuerdos de intercambio con amigos. Gracias por hacerme recordar esa etapa tan linda
Marilyn

MARIA

Holaaaaaaa reciben mi comentario ??????????
MARIA

Marian

Holaaa cómo estan ???
Marian

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