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Pelea entre el cubano Yordenis Ugás y el filipino Manny Pacquiao vence Ugás a Pacquiao

El cubano Yordenis Ugás venció al legendario boxeador filipino Manny Pacquiao en el T-Mobile Arena. Foto: Teve Marcus / Getty images.

Las inesperadas victorias de Yordenis Ugás

Un mes atrás Yordenis Ugás ansiaba la llegada del sábado 21 de agosto por varias razones, pero ninguna relacionada con su espléndida victoria contra el legendario boxeador filipino Manny Pacquiao. Para esa noche, en el T-Mobile Arena de Las Vegas, el cubano tenía prevista una pelea contra el argentino Fabián «TNT» Maidana, en lo que sería su primera defensa de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA, por sus siglas en inglés), peso superwélter. Por su parte, el filipino se enfrentaría al temible e invicto campeón mundial del Consejo Mundial de Boxeo (WBC, por sus siglas en inglés) y de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), Errol «The Truth» Spencer Jr., en la misma categoría. De forma impredecible, los contrincantes de Ugás y Pacquiao no lograron recuperarse a tiempo de las lesiones sufridas a última hora, lo que posibilitó el acuerdo entre ambos.

En rigor, aceptar el reto con solo diez días de antelación fue una decisión arriesgada por parte de Ugás. Sin embargo, cuando recibió la llamada con el ofrecimiento no dudó en asentir, aunque hacerlo implicara reorganizar su entrenamiento en función de contrarrestar el estilo de uno de los boxeadores más probados del planeta. El cubano había vivido un relativo éxito en peleas profesionales desde su debut en 2010 hasta dos significativas derrotas en 2014, las cuales le provocaron un colapso en su autoestima y en la fe de sus seguidores. El impacto de estos golpes lo mantuvo inactivo durante dos años. Pero Ugás ya había arriesgado bastante como para rendirse de forma definitiva, sobre todo si se tiene en cuenta sus seis fracasados intentos de salida ilegal de la Isla. Como él mismo explicara en numerosas entrevistas, no fue hasta un séptimo intento que pudo materializar su escape hacia México luego de una travesía de dos largas jornadas en una pequeña embarcación.

Como otros boxeadores cubanos que se insertan en el mundo profesional, Ugás ha tenido que sortear los traumas de una deserción y el inicio de un nuevo proyecto de vida en los Estados Unidos, lo cual implica un costo de edad y de valor simbólico que no necesariamente conducen a finales felices. Él mismo confesó que durante aquellos tristes dos años de vida en New Jersey, a los cuales sobrevivió con trabajos mal pagados, ni siquiera pudo entrenar para mantenerse en forma. En ese sentido, la diferencia entre los 35 años de Ugás y los 42 de Pacquiao se esfuman de tan solo equiparar la irregularidad y los contratiempos del primero y la estabilidad y sostenidos logros del segundo —desde su debut a mitad de la década de los noventa, con todo y sus dos años fuera de competiciones—.

La victoria de Ugás fue inesperada por el repentino cambio de última hora que lo puso frente al filipino y por la poca confianza que le mostraron tanto colegas foráneos como expertos en la materia y decisores del deporte. En una entrevista a inicios de agosto, el cubano se lamentó de ser «el boxeador más eludido de la división». A Ugás no solo le han rechazado varios de sus retos, sino que también ha vivido tropiezos inadvertidos desde su regreso al ring, como el fracaso contra el norteamericano Shawn Porter en marzo de 2019 tras una decisión de los jueces que algunos consideraron injusta. Por otra parte, la apuesta por los filipinos en detrimento de los cubanos creció luego de que una semana atrás Guillermo Rigondeux perdiera contra el joven John Riel Casimero en la categoría de peso gallo, en una pelea que trascendió como la de menor cantidad de golpes anotados por ambos contrincantes en la historia del deporte. Como si no fuera suficiente, la misma noche de la pelea de Ugás, el también filipino Mark Magsayo destruyó con un knockout escalofriante al excampeón mexicano Julio Ceja en la categoría de peso pluma, en un combate favorable al segundo hasta el momento del derribo.

Todo parecía indicar que los cubanos no tendrían oportunidad contra el poderío de los filipinos en los pesos pequeños, por lo cual los expertos que predicen los venideros éxitos de exponentes del país caribeño, giraban la vista hacia el hasta ahora invicto y muy joven David Morrell, quien obtuviera el título de la WBA en la categoría de peso supermediano. Después del sábado, esos expertos se vieron obligados a cambiar de manera radical su opinión.

Fuera de los cubanos, es posible que nadie más hubiese apostado al triunfo de Ugás. La afición que llenó el inmenso estadio parecía haber acudido en mayor medida para ver pelear a Pacquiao; es decir, para saborear el placer de disfrutar el regreso de un clásico del deporte, de una estrella que nunca los decepcionó a lo largo de sus más de 70 peleas. Todo se configuró en función de la «anunciada» victoria del filipino, con inclusión del árbitro quien fue visiblemente grosero y agresivo con Ugás, y demostró así su abierto favoritismo. Además, las cámaras secundaron todo el tiempo a Pacquiao, lo cual restó espectacularidad al esfuerzo del cubano. Al tener a los medios de prensa, las predicciones y a la afición en su contra, el trabajo de Yordenis se sobredimensiona. Tanto el control de sus movimientos, la efectividad (y letalidad) de su derecha y su voluntad de romper el ritmo del filipino, requirieron de una enorme concentración durante los 12 rounds. En especial, vale mencionar su arrojo durante la segunda mitad de la pelea, en la cual sorteó las combinaciones en racimos del ocho veces campeón mundial, bloqueó de forma efectiva los golpes y devolvió esos ataques con poderosos impactos. La victoria se decidió por unanimidad a través de una puntuación de 115-113, 116-112 y 116-112, lo que pudiera significar el retiro definitivo de Pacquiao y la llegada de un nuevo orden en la división.

Junto al afán de mantener el triunfo de la WBA, Ugás insistió durante todas las entrevistas previas en aprovechar su plataforma mediática para denunciar la represión y la falta de libertades en Cuba. Pensaba dedicar su pelea contra Maidana (la cual hubiese sido menos visible) a la causa cubana, pero su deseo se amplificó luego de escenificar el momento principal de la noche. No solo acompañó su entrada al ring con el conocido tema musical «Patria y Vida», sino que vistió una camiseta y unos zapatos con mensajes alegóricos a las recientes protestas en la Isla. Es importante mencionar que hasta para hacer posible este objetivo, el boxeador tuvo un sinfín de tropiezos. Principalmente se debió a que la relación entre deporte y política venía capitalizada por Pacquiao, quien además de jugar un rol como senador en su país natal, insinuó su postulación para la presidencia en las elecciones de 2022. Fue en especial fastidioso ver cómo la entrevistadora insistía en estos pormenores externos a la pelea, mientras que su conversación con Ugás estuvo de pleno enfocada en su carrera profesional y en sus proyecciones futuras.

Esa fue la razón por la cual el boxeador prácticamente le arrebató el micrófono para gritar dos veces la frase «Patria y vida» como colofón de la noche. Aunque muchos fanáticos leyeron el suceso como una respuesta al gesto del medallista Julio César de la Cruz, quien exclamara un «Patria o muerte» en los recientes encuentros olímpicos de Tokio, la voz de Yordenis se transforma en un pequeño, pero rotundo mensaje de aliento para un gran número de cubanos en un contexto de impotencias y desilusiones. Hacer referencia de forma especial a los detenidos durante las protestas del 11 de julio en medio de la que se prefigura como la pelea del año, es una conquista simbólica que el escandaloso silencio de medios de prensa estatales cubanos como Granma y Cubadebate no podrán minimizar.  


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Reynaldo Lastre
Ensayista y crítico de cine. Amante de las películas asiáticas y del boxeo profesional. Estudioso de las tecnologías nucleares. En estos momentos realiza un doctorado en la Universidad de Connecticut. Contra todos los pronósticos, piensa que una Cuba mejor es posible.
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En rigor, aceptar el reto con solo diez días de antelación fue una decisión arriesgada por parte de Ugás. Sin embargo, cuando recibió la llamada con el ofrecimiento no dudó en asentir, aunque hacerlo implicara reorganizar su entrenamiento en función de contrarrestar el estilo de uno de los boxeadores más probados del planeta. El cubano había vivido un relativo éxito en peleas profesionales desde su debut en 2010 hasta dos significativas derrotas en 2014, las cuales le provocaron un colapso en su autoestima y en la fe de sus seguidores. El impacto de estos golpes lo mantuvo inactivo durante dos años. Pero Ugás ya había arriesgado bastante como para rendirse de forma definitiva, sobre todo si se tiene en cuenta sus seis fracasados intentos de salida ilegal de la Isla. Como él mismo explicara en numerosas entrevistas, no fue hasta un séptimo intento que pudo materializar su escape hacia México luego de una travesía de dos largas jornadas en una pequeña embarcación.

Como otros boxeadores cubanos que se insertan en el mundo profesional, Ugás ha tenido que sortear los traumas de una deserción y el inicio de un nuevo proyecto de vida en los Estados Unidos, lo cual implica un costo de edad y de valor simbólico que no necesariamente conducen a finales felices. Él mismo confesó que durante aquellos tristes dos años de vida en New Jersey, a los cuales sobrevivió con trabajos mal pagados, ni siquiera pudo entrenar para mantenerse en forma. En ese sentido, la diferencia entre los 35 años de Ugás y los 42 de Pacquiao se esfuman de tan solo equiparar la irregularidad y los contratiempos del primero y la estabilidad y sostenidos logros del segundo —desde su debut a mitad de la década de los noventa, con todo y sus dos años fuera de competiciones—.

La victoria de Ugás fue inesperada por el repentino cambio de última hora que lo puso frente al filipino y por la poca confianza que le mostraron tanto colegas foráneos como expertos en la materia y decisores del deporte. En una entrevista a inicios de agosto, el cubano se lamentó de ser «el boxeador más eludido de la división». A Ugás no solo le han rechazado varios de sus retos, sino que también ha vivido tropiezos inadvertidos desde su regreso al ring, como el fracaso contra el norteamericano Shawn Porter en marzo de 2019 tras una decisión de los jueces que algunos consideraron injusta. Por otra parte, la apuesta por los filipinos en detrimento de los cubanos creció luego de que una semana atrás Guillermo Rigondeux perdiera contra el joven John Riel Casimero en la categoría de peso gallo, en una pelea que trascendió como la de menor cantidad de golpes anotados por ambos contrincantes en la historia del deporte. Como si no fuera suficiente, la misma noche de la pelea de Ugás, el también filipino Mark Magsayo destruyó con un knockout escalofriante al excampeón mexicano Julio Ceja en la categoría de peso pluma, en un combate favorable al segundo hasta el momento del derribo.

Todo parecía indicar que los cubanos no tendrían oportunidad contra el poderío de los filipinos en los pesos pequeños, por lo cual los expertos que predicen los venideros éxitos de exponentes del país caribeño, giraban la vista hacia el hasta ahora invicto y muy joven David Morrell, quien obtuviera el título de la WBA en la categoría de peso supermediano. Después del sábado, esos expertos se vieron obligados a cambiar de manera radical su opinión.

Fuera de los cubanos, es posible que nadie más hubiese apostado al triunfo de Ugás. La afición que llenó el inmenso estadio parecía haber acudido en mayor medida para ver pelear a Pacquiao; es decir, para saborear el placer de disfrutar el regreso de un clásico del deporte, de una estrella que nunca los decepcionó a lo largo de sus más de 70 peleas. Todo se configuró en función de la «anunciada» victoria del filipino, con inclusión del árbitro quien fue visiblemente grosero y agresivo con Ugás, y demostró así su abierto favoritismo. Además, las cámaras secundaron todo el tiempo a Pacquiao, lo cual restó espectacularidad al esfuerzo del cubano. Al tener a los medios de prensa, las predicciones y a la afición en su contra, el trabajo de Yordenis se sobredimensiona. Tanto el control de sus movimientos, la efectividad (y letalidad) de su derecha y su voluntad de romper el ritmo del filipino, requirieron de una enorme concentración durante los 12 rounds. En especial, vale mencionar su arrojo durante la segunda mitad de la pelea, en la cual sorteó las combinaciones en racimos del ocho veces campeón mundial, bloqueó de forma efectiva los golpes y devolvió esos ataques con poderosos impactos. La victoria se decidió por unanimidad a través de una puntuación de 115-113, 116-112 y 116-112, lo que pudiera significar el retiro definitivo de Pacquiao y la llegada de un nuevo orden en la división.

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Esa fue la razón por la cual el boxeador prácticamente le arrebató el micrófono para gritar dos veces la frase «Patria y vida» como colofón de la noche. Aunque muchos fanáticos leyeron el suceso como una respuesta al gesto del medallista Julio César de la Cruz, quien exclamara un «Patria o muerte» en los recientes encuentros olímpicos de Tokio, la voz de Yordenis se transforma en un pequeño, pero rotundo mensaje de aliento para un gran número de cubanos en un contexto de impotencias y desilusiones. Hacer referencia de forma especial a los detenidos durante las protestas del 11 de julio en medio de la que se prefigura como la pelea del año, es una conquista simbólica que el escandaloso silencio de medios de prensa estatales cubanos como Granma y Cubadebate no podrán minimizar.  


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