Mendoza: el quarterback que llevó su herencia cubana a la cima del fútbol universitario

Foto: Instagram de Mendoza
Antes de lanzar pases de touchdown ante estadios repletos, el cubanoamericano Fernando Mendoza aprendió a tocar puertas en Miami para vender los mangos de su abuelo Alberto.
Durante los veranos, cuando las frutas maduraban en el patio, él y su hermano recorrían la cuadra con un carrito improvisado. Vendían los frutos que crecían en su casa, en la de sus abuelos y en la de vecinos a los que llamaban, con cariño, «primos».
«Les decíamos que teníamos mejores precios que Publix o Kroger. No ganamos mucho dinero, pero fue una experiencia divertida que ayudó a formar nuestro carácter», detalló Mendoza a NBC Sports, en 2025.
Ahí, entre mangos, calor y conversaciones de acera, empezó a forjarse la estirpe del mariscal que hoy es campeón nacional invicto del fútbol americano universitario y ganador del Trofeo Heisman, el reconocimiento individual más importante de este deporte en Estados Unidos.
De Miami a la historia del fútbol universitario
Nacido en Miami, Florida, Mendoza cerró una temporada que ya es parte de los libros de historia. Como mariscal de campo de los Hoosiers de la Universidad de Indiana, lideró a su equipo durante una campaña perfecta de 16 victorias y ninguna derrota, algo que no se veía en el fútbol americano universitario desde 1894, cuando lo logró Yale.
Sus números explican buena parte del fenómeno: 3 523 yardas por pase, 41 anotaciones, 273 pases completos y apenas seis intercepciones.
Con ello, Mendoza se convirtió en el primer jugador en la historia de Indiana en ganar el Heisman y apenas el segundo de origen latino en conseguirlo, después de Jim Plunkett en 1970.
La herencia cubana como brújula
Detrás de estos logros deportivos hay una historia que Mendoza repite como un mantra: la de sus abuelos cubanos.
«Todos mis abuelos nacieron y se criaron en Cuba: tres en La Habana y uno en Santiago. Estoy extremadamente agradecido por todo lo que atravesaron al emigrar, por empezar desde cero y sentar una base para que nosotros pudiéramos tener oportunidades en Estados Unidos», contó a NBC.
La migración no es para Mendoza una idea abstracta. Es memoria familiar. Sacrificio heredado. Ética laboral transmitida.
«Cuando veo los sacrificios que mis abuelos tuvieron que hacer, se me hace muy fácil cumplir con mis obligaciones en el campo y en el aula», agregó.
En 2018, Fernando viajó a Cuba junto a su abuelo y su hermano. Caminaron por los barrios de Santiago de Cuba, visitaron escuelas, iglesias y casas familiares hoy deterioradas, pero cargadas de historia.
«Fue una experiencia muy transformadora. Cuba es un país hermoso, aunque ahora mismo está pasando por momentos difíciles (...) fue impactante verlo. Ese viaje realmente nos mostró a mi hermano y a mí lo afortunados que somos por el riesgo que tomaron nuestros abuelos al venir a Estados Unidos», añadió.
Las historias familiares dejaron de ser relatos lejanos para convertirse en experiencias palpables.
Más allá del boxeo y el béisbol
Criado en una ciudad como Miami, donde el béisbol y el boxeo son símbolos culturales cubanos, Mendoza eligió otro camino. El fútbol americano lo atrajo por el compañerismo, pero también por la posibilidad de romper moldes.
«Mi idea era tener la capacidad de expandir el horizonte y demostrar a las distintas comunidades cubanas que no solo se trata del boxeo y del béisbol, disciplinas en las cuales destacamos y que me encantan. Disfruto mucho viendo esos deportes, pero también podemos jugar fútbol americano y cualquier otra disciplina que queramos hacer», declaró recientemente a CNN.
No es solo una elección personal. Es una declaración. Mendoza sabe que hay pocos jugadores de origen cubano en el fútbol americano universitario, y por eso asume su visibilidad como responsabilidad.
«Es un orgullo enorme poder representar a la comunidad hispana», afirmó.
Al recibir el Trofeo Heisman, el 13 de diciembre de 2025, Fernando habló en español con sus abuelos. Un gesto breve, pero cargado de significado. Un recordatorio de que, incluso en la cima del deporte universitario estadounidense, su historia no se explica sin Cuba.












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