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El niño, el camión y los Reyes Magos

Tractor con carreta de juguete hecha por Yosdiel. Foto: Didier Cruz Fernández.

El niño, el camión y los Reyes Magos

Esa tarde, cuando después de muchos años decidieron ir a los carnavales, el niño vio que estaban vendiendo un camión de juguete.

—Papá, ¡qué lindo está ese camión! —dijo y abrió los ojos brillantes.

El camión era verde y azul. El niño haló a su padre por la mano y se acercó a verlo. Acarició temeroso la superficie rugosa del juguete, después miró a su papá. Este se engalló sobre su estatura diminuta y le preguntó al vendedor:

—¿Cuánto es? ¿Cuánto cuesta el camión?

—Una bicoca, puro, 300 pesos.

El padre, Luis Manuel Machado, mueve la cabeza de un lado al otro, luego se vuelve hacia mí, que estoy escuchando la historia en silencio, y me dice:

—Yo no le podía comprar ese camión a mi hijo. Imagínese usted, nosotros no tenemos ni refrigerador.

El niño juega unos metros más allá, en el patio de tierra. Luis Manuel lo mira con orgullo y confiesa:

—Yosdiel vino para la casa esa tarde y empezó a rebuscar entre sus cosas —el padre da una chupada al cigarro y agrega—, a los dos o tres días él mismo se hizo un camión como aquel, pero de madera.

Esta familia, como la de los cuentos de hadas, tiene solo tres miembros: mamá, papá y este niño de doce años. Son gente de campo, personas amables que viven casi recluidos en su casita de madera y tejas a la vera de un camino polvoriento que conduce al “Ifraín Alfonso”, central azucarero ubicado unos 30 kilómetros al suroeste de Santa Clara.

Por mucho tiempo fueron padres descontentos de ese, su hijo más chiquito. Los pocos juguetes que ellos podían procurar, el muchacho los desarmaba para construir tractores, camiones, máquinas para cortar caña y pequeños buldóceres hasta reunir un “parque automotor” que hoy sobrepasa los 30 vehículos.

—Yo me siento en el portal de mi casa y miro los carros que pasan por el camino —afirma Yosdiel—. Si alguno me gusta, vengo al patio y empiezo a construirlo.

—Él tiene un poco de madera, que ha recogido de una carpintería allá arriba —dice Dayamí Beltrán, su mamá, con las manos en la cintura—, consigue los hierros en el central, y los pedacitos de aluminio los busca aquí en el taller de Luis Manuel.

—¿Cuántos días demora en hacer cada modelo?

Luis Manuel me mira y se ríe:

—¿Días? ¿Días, dice usted? Que va, él construye un carrito en par de horas.

Foto: Didier Cruz Fernández

Foto: Didier Cruz Fernández

Miro los instrumentos de Yosdiel: un pedazo de machete, martillo, alicate, un cincel pequeñito y una tijera para cortar hojalata. Le miro también sus dedos, llenos de magulladuras, heridas, pinchazos.

—¿Y no va a la escuela? —pregunto.

—Sí, sí va —afirma su madre—. A él no le gusta mucho, pero yo le digo que tiene que ir y aprobar porque mire, yo no pude estudiar, a mí me sacó de la secundaria mi papá. Él decía que las mujeres que andaban por ahí eran putas y que él no iba a tener ninguna hija así. La suerte que mi abuelita, me enseñó a coser, y así me defiendo. A Yosdiel no le puede pasar lo mismo.

—Por las tardes, antes de jugar, él solito se sienta a hacer las tareas —interviene Luis Manuel—. Dayamí se las revisa, ella no estudió, pero entiende de esas cosas. Yo no, yo dejé la escuela a los 17 años y me puse a trabajar.

—¿Y en qué trabaja usted?

—Soy mecánico aquí en la casa, hago “cositas”, porque no tengo torno, ni máquina de oxicorte. La verdad es que tengo pocas cosas, pero con eso resuelvo muchos problemas.

Yosdiel y otro niño están jugando en el patio. Han ordenado todos los carritos, estos ocupan bastante espacio. Hay una motoniveladora, arados y surcadoras, una pipa de agua con agua de verdad, y hasta un central rústico que usan para hacer simulaciones de carga y descarga.

—¿Desde cuándo el niño construye esas máquinas?

—Empezó como a los cinco años —a Dayamí se le iluminan los ojos—. Y ya usted ve cuántas tiene.

“Hoy no porque estamos en las fiestas de año nuevo —me dicen—, pero todos los días esto se llena de muchachos que vienen a jugar con los carros. Vienen del crucero, que está a dos kilómetros de aquí, y de más lejos también a jugar con Yosdiel”.

—Una vez se los pidieron para hacer una exposición en la escuela —agrega Dayamí—. Él los llevó y los tuvo unos días por allá, pero se encabronó y los trajo porque los otros muchachos se pasaban el día tocándolos.

—Es muy celoso con sus carros. Por las noches, antes de acostarnos, nosotros revisamos debajo de las camas, porque uno vive en el campo y a lo mejor alguien se esconde debajo de la cama para robarnos —dice Luis Manuel y da otra cachada al cigarro—. Y cuando nos ponemos a buscar, ¿qué encontramos?: los juguetes de Yosdiel, que los ha escondido ahí.

Foto: Didier Cruz Fernández

Foto: Didier Cruz Fernández

Dayamí va para la cocina y vuelve con unos calderos. “Él no solo hace juguetes, también me arregla las cosas de la casa”, afirma. Los calderos tienen agarraderas nuevas, de tintineante aluminio. Luis Manuel se ríe y me enseña el ventilador que hizo el niño: un pequeño motorcito con veleta de plástico y encendedor rústico.

—Aquí la gente tiene mucho lío con él —dice y conecta el ventilador para que yo vea cómo funciona—. Vienen a ver los carros, les tiran fotos.

La verdad es que Dayamí, la madre, lo pensó mucho para tener a Yosdiel.

—Y ya usted ve —el hombre se afinca en su corta estatura—, ahora el muchacho es la alegría de uno. Yo tengo un amigo, incluso, que le quiere pagar los estudios. Enano, me dice, yo le doy cien pesos todos los meses, yo le pago la escuela.

Luis Manuel arroja lejos la colilla de cigarro y concluye: “Pero yo no puedo decidir eso, él mismo tiene que elegir su camino en la vida”. Mientras tanto, Yosdiel ya ha terminado de organizar todos los carros.

—Este es el que más me gusta —dice y levanta un tractor rojo.

—¿Por qué? —le pregunto porque tiene otros más “sofisticados”, como la motoniveladora y el buldócer.

—Porque es grande y porque me costó mucho trabajo hacerlo.

—¡Ah! —digo yo—. Oye, dentro de poco es el día de los Reyes.

Hago una pausa y miro a los padres.

—¿Qué te van a regalar?

Los padres se ríen, pero no contestan nada. Yo me callo también la boca. Miro los ojos verdes del niño y me doy cuenta de que hace tiempo él es su propio Rey Mago.

Yosdiel y su juguete preferido. Foto: Didier Cruz Fernández

Yosdiel y su juguete preferido. Foto: Didier Cruz Fernández

Yandrey Lay
Periodista, escritor y editor. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana (2008). Egresado del IX Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Ganador de los premios periodísticos 26 de julio y Primero de mayo. Recibió mención especial en el concurso literario «De Cervantes a Borges», auspiciado por la Fundación Borges. Ha publicado los volúmenes Guerra del Agua (Editorial Capiro, 2012) y La vez que Borges conoció a Ilyá Prigogine (Sed de Belleza Ediciones, 2016). Textos suyos aparecen en publicaciones de Argentina y Estados Unidos.
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Israel

Genial. Tu narración, la historia de Yosdiel y el mismo Yosdiel, gracias por compartir tan bonita historia de día de reyes. [email protected]
Israel

Lisban

Me gustaría conocerlo en persona ya que el es un artista diminuto con esa edad y mira todo lo que sabe hacer de verdad es muy bueno con las manos lo felicito de corazón le deseo mucha suerte en la vida y mucho triunfo en su camino
Lisban

LEOVEL

Bonito comentario me hace recordar la yunta de bueyes q me hacían mis padres dos botellas atadas por los picos de una cuerda y así pasábamos los días tirando de la cuerda y por las noches las dejábamos donde había hierba para q se alimentaran PERO Q FELICES ERAN ESOS TIEMPOS….
LEOVEL

Carpediem

Bonita y emotiva historia.la humildad es el detonante hacia el éxito porque es allí donde se aprende a construir el destino del hombre.
Carpediem

Jorge Montero

Es muy duro verdad? Saber la importancia que tiene para un niño un ? juguete. Además lo que esto le aporta a su formación. Además sabemos que estamos en condiciones de tener en nuestro país una tienda donde se vendan estos juguetes ya que la materia prima en la mas barata y
Jorge Montero

RDluis

Un futuro ingeniero o t�cnico en mec�nica,lo exhorto a que estudie y siga desarroll�ndose,tambi�n a sus padres que lo apoyen,me encanto el art�culo.
RDluis

El Were

Que alguien convierta a ese niño en presidente POR DIOS!!!
El Were

Pachi

Para q vean q el dinero no lo es to2 ,somos felices como somos ,el talento de este niño es una pura enseñanza ,lo exorto a q se afinque con ese gran talento y a sus padres q lo apoyen y en el mañana recoger los frutos de tan temprana sabiduría
Pachi

ALI

El chico tiene potencial, pero creo que debe continuar sus estudios, solo así podrá sacar ese genio o ese artista que lleva dentro. Mis felicitaciones al periodista buen artículo.
ALI

Jose

Muy linda historia y muy conmovedora.
Jose

Delia

Estuvo maravilloso ese artículo,y el niño es un genio,con tan poca edad ase Cosas asombrosas,que estudie para q pueda prepararce mejor para Acer las cosas que le gustan
Delia

Roberto Daniel

Es muy lindo lo que el niño hace, pero a la vez es triste que a su edad lo haga por la necesidad que impera en este país, ese niño a su edad no está para preocuparse ni para crear dichos artefactos, a mi en lo personal me duele y me llena de recuerdos porque aunque tuve buenos juguetes rusos, también me las tuve que ingeniar después del año 1990, haciendo juguetes de palo junto a mi gran amigo Guillermo Andino, juntos fuimos ingenieros igual que este niño, no por amor a crear, sino por la misma razón que este pobre niño, la pobreza y la escaces.
Roberto Daniel

Valentina

Un ni�o incre�ble. Cierto es que nuestro pa�s tiene talentos ocultos que necesitan de una luz para florecer. Bendiciones para este jovencito. El art�culo merece un aplauso.
Valentina

Valentina

Un ni�o incre�ble. Cierto es que en nuestro pa�s, existen muchos talentos ocultos que necesitan una luz para florecer. Bendiciones para ese jovencito. El art�culo merece un aplauso.
Valentina

Elisa

Bendiciones para Yosdiel, dios te ha dado un don, no pierdas la humildad con la que te están criando tus padres y dale gracias a Dios por haberte dado dos padres maravillosos, no deseches sus consejos, estudia y esfuerzate todo lo que puedas, que tu eres la bendición mas grande que ellos tienen y se que vas a sacar adelante a tu familia. Eres una estrella, lo sabias? Solo los grandes hombres saben ver las esmeraldas en una simple piedra y convertir en una obra maestra el barro.
Ojalá todos los cubanos fueran como tu Yosdiel, que en vez de enfrascarse en la necesidad busquen alternativas para superarse y seguir adelante.
Elisa

Yordanka

Es muy bella la historia del niño hace falta q su talento tenga la ayuda q merece este inocente y q pueda hacerla estallar para q su futuro sea feliz por sus mismas ideas y q los padres colaboren con la inteligencia del mismo y lo encaminen q Dios estara con ellos
Yordanka

Ari

En ocasiones damos a nuestro hijo lo que pide y no lo que necesita,esto influye en una incorrecta formacion de su personalidad.Agradezco este articulo echo con puro corazon y felicito a Yosdiel por tener la capacidad de salir adelante solo con la pureza de su alma.
Ari

Lau

Wow!!!! Simplemente wow, no se como todos aqui logran tener palabras para comentar porq yo no las tengo.
Lau

LEIDYS MARTÍNEZ

Felicidades corazón muy linda y conmovedora historia sigue luchando y sobre todo estudia mucho para que ese talento lo puedas desarrollar aún más recuerda hacer caso a tus padres que siempre serán tu apoyo incondicional verás que algún día tu esfuerzo no será en vano y vendrán otras historias y otros juguetes pero te aseguro ninguno cómo los tuyos lucha por tus sueños y serás recompensado
LEIDYS MARTÍNEZ

Jose Luis Fernández

Sigan p lante
Jose Luis Fernández

Martha

Eres un niño con una imaginación increíble, pero nunca dejes de estudiar el futuro te va a dar grandes cosas porque eres emprendedor sigue así.
Martha

Cadmiel

Como dice el animado cubano: nada se aprende de la nada… ya ustedes saben el resto. No dejes de estudiar hijo mio.
Cadmiel

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—Papá, ¡qué lindo está ese camión! —dijo y abrió los ojos brillantes.

El camión era verde y azul. El niño haló a su padre por la mano y se acercó a verlo. Acarició temeroso la superficie rugosa del juguete, después miró a su papá. Este se engalló sobre su estatura diminuta y le preguntó al vendedor:

—¿Cuánto es? ¿Cuánto cuesta el camión?

—Una bicoca, puro, 300 pesos.

El padre, Luis Manuel Machado, mueve la cabeza de un lado al otro, luego se vuelve hacia mí, que estoy escuchando la historia en silencio, y me dice:

—Yo no le podía comprar ese camión a mi hijo. Imagínese usted, nosotros no tenemos ni refrigerador.

El niño juega unos metros más allá, en el patio de tierra. Luis Manuel lo mira con orgullo y confiesa:

—Yosdiel vino para la casa esa tarde y empezó a rebuscar entre sus cosas —el padre da una chupada al cigarro y agrega—, a los dos o tres días él mismo se hizo un camión como aquel, pero de madera.

Esta familia, como la de los cuentos de hadas, tiene solo tres miembros: mamá, papá y este niño de doce años. Son gente de campo, personas amables que viven casi recluidos en su casita de madera y tejas a la vera de un camino polvoriento que conduce al “Ifraín Alfonso”, central azucarero ubicado unos 30 kilómetros al suroeste de Santa Clara.

Por mucho tiempo fueron padres descontentos de ese, su hijo más chiquito. Los pocos juguetes que ellos podían procurar, el muchacho los desarmaba para construir tractores, camiones, máquinas para cortar caña y pequeños buldóceres hasta reunir un “parque automotor” que hoy sobrepasa los 30 vehículos.

—Yo me siento en el portal de mi casa y miro los carros que pasan por el camino —afirma Yosdiel—. Si alguno me gusta, vengo al patio y empiezo a construirlo.

—Él tiene un poco de madera, que ha recogido de una carpintería allá arriba —dice Dayamí Beltrán, su mamá, con las manos en la cintura—, consigue los hierros en el central, y los pedacitos de aluminio los busca aquí en el taller de Luis Manuel.

—¿Cuántos días demora en hacer cada modelo?

Luis Manuel me mira y se ríe:

—¿Días? ¿Días, dice usted? Que va, él construye un carrito en par de horas.

Foto: Didier Cruz Fernández

Foto: Didier Cruz Fernández

Miro los instrumentos de Yosdiel: un pedazo de machete, martillo, alicate, un cincel pequeñito y una tijera para cortar hojalata. Le miro también sus dedos, llenos de magulladuras, heridas, pinchazos.

—¿Y no va a la escuela? —pregunto.

—Sí, sí va —afirma su madre—. A él no le gusta mucho, pero yo le digo que tiene que ir y aprobar porque mire, yo no pude estudiar, a mí me sacó de la secundaria mi papá. Él decía que las mujeres que andaban por ahí eran putas y que él no iba a tener ninguna hija así. La suerte que mi abuelita, me enseñó a coser, y así me defiendo. A Yosdiel no le puede pasar lo mismo.

—Por las tardes, antes de jugar, él solito se sienta a hacer las tareas —interviene Luis Manuel—. Dayamí se las revisa, ella no estudió, pero entiende de esas cosas. Yo no, yo dejé la escuela a los 17 años y me puse a trabajar.

—¿Y en qué trabaja usted?

—Soy mecánico aquí en la casa, hago “cositas”, porque no tengo torno, ni máquina de oxicorte. La verdad es que tengo pocas cosas, pero con eso resuelvo muchos problemas.

Yosdiel y otro niño están jugando en el patio. Han ordenado todos los carritos, estos ocupan bastante espacio. Hay una motoniveladora, arados y surcadoras, una pipa de agua con agua de verdad, y hasta un central rústico que usan para hacer simulaciones de carga y descarga.

—¿Desde cuándo el niño construye esas máquinas?

—Empezó como a los cinco años —a Dayamí se le iluminan los ojos—. Y ya usted ve cuántas tiene.

“Hoy no porque estamos en las fiestas de año nuevo —me dicen—, pero todos los días esto se llena de muchachos que vienen a jugar con los carros. Vienen del crucero, que está a dos kilómetros de aquí, y de más lejos también a jugar con Yosdiel”.

—Una vez se los pidieron para hacer una exposición en la escuela —agrega Dayamí—. Él los llevó y los tuvo unos días por allá, pero se encabronó y los trajo porque los otros muchachos se pasaban el día tocándolos.

—Es muy celoso con sus carros. Por las noches, antes de acostarnos, nosotros revisamos debajo de las camas, porque uno vive en el campo y a lo mejor alguien se esconde debajo de la cama para robarnos —dice Luis Manuel y da otra cachada al cigarro—. Y cuando nos ponemos a buscar, ¿qué encontramos?: los juguetes de Yosdiel, que los ha escondido ahí.

Foto: Didier Cruz Fernández

Foto: Didier Cruz Fernández

Dayamí va para la cocina y vuelve con unos calderos. “Él no solo hace juguetes, también me arregla las cosas de la casa”, afirma. Los calderos tienen agarraderas nuevas, de tintineante aluminio. Luis Manuel se ríe y me enseña el ventilador que hizo el niño: un pequeño motorcito con veleta de plástico y encendedor rústico.

—Aquí la gente tiene mucho lío con él —dice y conecta el ventilador para que yo vea cómo funciona—. Vienen a ver los carros, les tiran fotos.

La verdad es que Dayamí, la madre, lo pensó mucho para tener a Yosdiel.

—Y ya usted ve —el hombre se afinca en su corta estatura—, ahora el muchacho es la alegría de uno. Yo tengo un amigo, incluso, que le quiere pagar los estudios. Enano, me dice, yo le doy cien pesos todos los meses, yo le pago la escuela.

Luis Manuel arroja lejos la colilla de cigarro y concluye: “Pero yo no puedo decidir eso, él mismo tiene que elegir su camino en la vida”. Mientras tanto, Yosdiel ya ha terminado de organizar todos los carros.

—Este es el que más me gusta —dice y levanta un tractor rojo.

—¿Por qué? —le pregunto porque tiene otros más “sofisticados”, como la motoniveladora y el buldócer.

—Porque es grande y porque me costó mucho trabajo hacerlo.

—¡Ah! —digo yo—. Oye, dentro de poco es el día de los Reyes.

Hago una pausa y miro a los padres.

—¿Qué te van a regalar?

Los padres se ríen, pero no contestan nada. Yo me callo también la boca. Miro los ojos verdes del niño y me doy cuenta de que hace tiempo él es su propio Rey Mago.

Yosdiel y su juguete preferido. Foto: Didier Cruz Fernández

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Genial. Tu narración, la historia de Yosdiel y el mismo Yosdiel, gracias por compartir tan bonita historia de día de reyes. [email protected]
Israel

Lisban

Me gustaría conocerlo en persona ya que el es un artista diminuto con esa edad y mira todo lo que sabe hacer de verdad es muy bueno con las manos lo felicito de corazón le deseo mucha suerte en la vida y mucho triunfo en su camino
Lisban

LEOVEL

Bonito comentario me hace recordar la yunta de bueyes q me hacían mis padres dos botellas atadas por los picos de una cuerda y así pasábamos los días tirando de la cuerda y por las noches las dejábamos donde había hierba para q se alimentaran PERO Q FELICES ERAN ESOS TIEMPOS….
LEOVEL

Carpediem

Bonita y emotiva historia.la humildad es el detonante hacia el éxito porque es allí donde se aprende a construir el destino del hombre.
Carpediem

Jorge Montero

Es muy duro verdad? Saber la importancia que tiene para un niño un ? juguete. Además lo que esto le aporta a su formación. Además sabemos que estamos en condiciones de tener en nuestro país una tienda donde se vendan estos juguetes ya que la materia prima en la mas barata y
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RDluis

Un futuro ingeniero o t�cnico en mec�nica,lo exhorto a que estudie y siga desarroll�ndose,tambi�n a sus padres que lo apoyen,me encanto el art�culo.
RDluis

El Were

Que alguien convierta a ese niño en presidente POR DIOS!!!
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Pachi

Para q vean q el dinero no lo es to2 ,somos felices como somos ,el talento de este niño es una pura enseñanza ,lo exorto a q se afinque con ese gran talento y a sus padres q lo apoyen y en el mañana recoger los frutos de tan temprana sabiduría
Pachi

ALI

El chico tiene potencial, pero creo que debe continuar sus estudios, solo así podrá sacar ese genio o ese artista que lleva dentro. Mis felicitaciones al periodista buen artículo.
ALI

Jose

Muy linda historia y muy conmovedora.
Jose

Delia

Estuvo maravilloso ese artículo,y el niño es un genio,con tan poca edad ase Cosas asombrosas,que estudie para q pueda prepararce mejor para Acer las cosas que le gustan
Delia

Roberto Daniel

Es muy lindo lo que el niño hace, pero a la vez es triste que a su edad lo haga por la necesidad que impera en este país, ese niño a su edad no está para preocuparse ni para crear dichos artefactos, a mi en lo personal me duele y me llena de recuerdos porque aunque tuve buenos juguetes rusos, también me las tuve que ingeniar después del año 1990, haciendo juguetes de palo junto a mi gran amigo Guillermo Andino, juntos fuimos ingenieros igual que este niño, no por amor a crear, sino por la misma razón que este pobre niño, la pobreza y la escaces.
Roberto Daniel

Valentina

Un ni�o incre�ble. Cierto es que nuestro pa�s tiene talentos ocultos que necesitan de una luz para florecer. Bendiciones para este jovencito. El art�culo merece un aplauso.
Valentina

Valentina

Un ni�o incre�ble. Cierto es que en nuestro pa�s, existen muchos talentos ocultos que necesitan una luz para florecer. Bendiciones para ese jovencito. El art�culo merece un aplauso.
Valentina

Elisa

Bendiciones para Yosdiel, dios te ha dado un don, no pierdas la humildad con la que te están criando tus padres y dale gracias a Dios por haberte dado dos padres maravillosos, no deseches sus consejos, estudia y esfuerzate todo lo que puedas, que tu eres la bendición mas grande que ellos tienen y se que vas a sacar adelante a tu familia. Eres una estrella, lo sabias? Solo los grandes hombres saben ver las esmeraldas en una simple piedra y convertir en una obra maestra el barro.
Ojalá todos los cubanos fueran como tu Yosdiel, que en vez de enfrascarse en la necesidad busquen alternativas para superarse y seguir adelante.
Elisa

Yordanka

Es muy bella la historia del niño hace falta q su talento tenga la ayuda q merece este inocente y q pueda hacerla estallar para q su futuro sea feliz por sus mismas ideas y q los padres colaboren con la inteligencia del mismo y lo encaminen q Dios estara con ellos
Yordanka

Ari

En ocasiones damos a nuestro hijo lo que pide y no lo que necesita,esto influye en una incorrecta formacion de su personalidad.Agradezco este articulo echo con puro corazon y felicito a Yosdiel por tener la capacidad de salir adelante solo con la pureza de su alma.
Ari

Lau

Wow!!!! Simplemente wow, no se como todos aqui logran tener palabras para comentar porq yo no las tengo.
Lau

LEIDYS MARTÍNEZ

Felicidades corazón muy linda y conmovedora historia sigue luchando y sobre todo estudia mucho para que ese talento lo puedas desarrollar aún más recuerda hacer caso a tus padres que siempre serán tu apoyo incondicional verás que algún día tu esfuerzo no será en vano y vendrán otras historias y otros juguetes pero te aseguro ninguno cómo los tuyos lucha por tus sueños y serás recompensado
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Martha

Cadmiel

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Cadmiel
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