Foto tomada del Periódico Trabajadores

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¿Para qué necesitamos un Presidente?

29 / octubre / 2018

El proyecto constitucional en debate nos trae, en el ordenamiento político, una de sus modificaciones más drásticas: incorpora la figura de Presidente de la República.

Sobre esto pareciera que lo más polémico es el límite de edad previsto, los períodos en los que puede permanecer una misma persona en ese cargo y si debe o no ser votado de manera secreta, directa y libre por la ciudadanía. También se debate si esta figura tiene demasiadas prerrogativas o, por el contrario, tiene las manos atadas. Incluso se diserta sobre la forma de gobierno: ¿seremos presidencialista, parlamentario o un poco de ambos?

Pareciera que existe consenso respecto a esta inclusión. De hecho, aun antes de que se hiciera público el proyecto y, sobre todo después de las elecciones de abril último, se esparció una suerte de demanda compartida: votar directamente por el Presidente. Aunque obviamente no fue tenida en cuenta por quienes aprobaron el proyecto, supongo que sustenta la idea del consenso.

Aun frente a esos argumentos, me aventuro a preguntar: ¿necesitamos la figura del Presidente?, ¿para qué?

El argumento más o menos claro que hay detrás de esta propuesta pudiera apuntar a la búsqueda de mayor eficiencia en la gestión estatal y gubernamental. ¿Eficiencia respecto a qué?

Supongamos que respecto a la agilidad en la toma de decisiones, a la celeridad para responder a las urgencias, a la operatividad ejecutiva y legislativa. Pudiéramos añadir, además, mayor eficiencia en la lucha permanente contra las trabas burocráticas, así como una mejor condición para arbitrar las relaciones entre los actores diferentes —y los antagónicos— que describen la realidad cubana. Tal vez para que Cuba se parezca más al “mundo”. ¿Parecerse en qué?

Este enfoque sería suficiente si dejamos fuera del análisis la variable democracia, aun en su significado mínimo de gestión colectiva de la política. Otro camino pudiera tener en cuenta una comprensión de la eficiencia que contenga la democrática socialista, entendiendo por esta el permanente proceso de socialización del poder y las formas políticas que lo garanticen.

Simplifiquemos eso en la lógica siguiente: un grupo de personas que para tomar decisiones colegian criterios, visiones y representaciones diversas, resulta más eficiente como fórmula de gobierno que las que puede tomar una sola. Además de ser más justo, inclusivo y abarcador. Lo anterior no excluye la posibilidad de que una persona puede representar operativamente a ese conjunto y tener dentro de él funciones específicas.

Es importante recordar que en Cuba no existe la figura de Presidente del país. El orden institucional surgido en 1976 concibió un Consejo de Estado y un Consejo de Ministros, encabezados por un Presidente, cuyo principio constituyente está en la forma colegiada y deliberativa de los órganos de gobierno.

Sin embargo, esa norma ha experimentado una permanente desviación, una suerte de esquizofrenia entre el diseño político y su implementación. Aquel principio vio reducido su potencial democrático en una práctica política basada en el carisma personal que, durante mucho tiempo, contribuyó a reforzar en el sentido común el valor de contar con un Presidente, un líder, una voz unipersonal. Valor que parece ser asumido como condición natural de toda organización política y desde el que se presume que otras formulaciones son inoperantes.

El hecho concreto es que no se tuvo en cuenta suficientemente que la tradición socialista consagra variadas formas de gobierno colegiado: consejos, comunas, comité, asambleas; las que, en última instancia, condicionan los espacios representativos —también necesarios, funcionales y orgánicos al gobierno colectivo—, y colocan otros sentidos y exigencias a los liderazgos individuales, al controlarlos desde y subordinarlos al bien común.

La comprensión personalista del diseño propuesto se contradice con la tradición socialista republicana encarnada en el gobierno colegiado. Una cosa es corregir las desviaciones y otra renunciar a ese principio. Retomar este asunto como variable para el análisis, pone entre signos de interrogación la pertinencia de las figuras unipersonales que trae el proyecto, que incluye, además del Presidente de la República, al Primer Ministro y al Gobernador.

También en el sistema de tribunales aparece la tendencia personalista en la posibilidad de que las decisiones judiciales sean tomadas individualmente por jueces profesionales, sin estar conminados a colegiar entre varios, incluyendo a los jueces legos. Nótese que, aunque están fuera del contenido de la propuesta de Constitución, el poder de los directivos/as al interior de la empresa estatal socialista y de las instituciones del gobierno, así como de quienes encabezan las organizaciones políticas y de masas, reafirman este signo.

Otro presupuesto de la tradición socialista democrática poco atendido es el que consagra la supremacía de la elegibilidad y revocabilidad de los cargos públicos por sobre la designación. Esta es una disyuntiva esencial respecto a los modos en que el soberano controla a sus representantes. Solo el Presidente es elegido, y de manera indirecta. El Primer Ministro y el Gobernador son designados a propuesta de él, por lo que, en la práctica, estos últimos serán eslabones de su cadena de mando.

Puede que estemos frente a un diseño técnicamente más eficiente para dirimir conflictos, para distribuir riquezas y para el control estatal; pero no políticamente más democrático para el control popular de la gestión de un Estado que se proclama representante del pueblo. Elegir personas no reduce todo el acto democrático, pero sin elección la democracia es una entelequia.

Entonces, ¿es el socialismo antidemocrático per se? No. Lo es el verticalismo, la personalización de los procesos, los limitados mecanismos de control popular, el estrechamiento de la política y de lo político.

Para intentar el socialismo de otra manera probemos un gobierno con mandato popular, con órganos colegiados y deliberativos a todos los niveles, donde podamos elegir y revocar todos los cargos públicos en el Estado, el gobierno, la fábrica, la escuela, en las organizaciones políticas y sociales.

Reconstruyamos democráticamente el pasado que está inconcluso. Para eso, no necesitamos el presidente que nos están proponiendo.

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Ariel Dacal Díaz
Educador Popular
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Liborio

¿Para qué necesitamos un Presidente?
A preguntas tontas, respuestas logicas, no vagas , en las circunstancias actuales en que se encuentra la Isla, es necesario lavar la cara sucia, del inmovilismo, para buscar tontos utiles tanto policos como economicos, o sea ganar tiempo para cuando al titere se le agote el tiempo nombrar al oficial, si se lograra establisar la economia, con agentes inescrupulosos.
La pregunta sensatas seria y nadie se lo cuestiana es la siguiente, que tambien tiene un respuesta sensata.
¿Para qué necesitamos un ejercito?, si estos solo consumen recursos del presupuesto nacional, que se necesitan en otros menesteres, la respuesta seria en democracia, no los necesitamos , pero para mantener una dictadura, si!, tomando en cuenta la historia pasada y contemporanea, en Cuba, solo el ejercito Mambi, brindo beneficios a la Republica, los ejercitos que de este se derivaron, solo han servido para sustentar y proteger dictaduras.
Para eso, no necesitamos el presidente, ni los ejercitos que nos están proponiendo.
No creen?
Liborio

NEMESIS

Un tema picante y polemico en verdad me gusta que uses el tecnicismo literario para no ser tan directo, pero me gustaria que no dieran tantas vueltas para dar argumentos que no dejan de ser inteligentes y objetivos , mi opinion y que es muy concreta, es que hay que hacer mas y hablar menos , el peor defecto de esta sociedad es que todo circunda al rededor de la politica, mal que no alimenta sino que empobrece y nos deja en el olvido , si ! yo soy parte de este pueblo como muchos otros y pienso que un presidente si hace falta , pero no nos hace falta alguien que solo hable y no resuelva nada por que seria otro mas del monton, hace falta un cubano real uno que tenga los pies sobre la tierra, uno que se sensibilice con el pueblo con sus malestares sus disgustos, que tenga interés en ayudar al projimo,que sea valiente como lo fueron nuestros mambises, que no claudique y que defienda nuestro valores , cubano es una palabra mas amplia de lo que pensamos, somos únicos en el mundo irrepetibles y humanos , no merecemos pasar mas trabajo tenemos derecho a ser mejores cada dia , y yo tengo fe que algun dia eso cambiara y estaremos orgullosos de ello, muy buen trabajo como siempre escritor crónico , sigan asi saludos .
NEMESIS

Jorge Alfonso

¿Para qué necesitamos un presidente?
El pueblo siempre ha planteado sus principales necesidades que por cierto son muchas, nunca escuche inquietudes respecto a la necesidad de un “Presidente”; desde la constitución de 1976 aun cuando no existía la figura del presidente para la ciudadanía en general y para el mundo siempre tuvimos de hecho la existencia del Presidente, pues ese título y funciones de hecho lo recayó en el Presidente del Consejo de Ministros, del Consejo de Estado y Primer Secretario del Partido además Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, ante tal cúmulo de poderes en un solo individuo nadie se preguntó de si existía o no un presidente legitimado por la Constitución vigente.
Existía la ventaja adicional que ese poder absoluto tenía visos de dirección colegiada más próxima a la forma de gobierno a otros apaíses socialistas del mundo, mientras que la forma de elección a través de la Asamblea Nacional del Poder Popular en los cargos de Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, le permitía justificar o calificar su sistema de gobierno a los países no afines al Socialismo cubano como un término medio entre el gobierno Parlamentario y el presidencialista. Aunque en realidad era un régimen autoritario y Absolutista.
Que cambia entonces en la nueva Constitución que hace necesaria la Figura del Presidente, en primer lugar la descentralización del poder gubernamental, en segundo lugar la necesidad de legitimar y darle autoridad a un Presidente nombrado por el anterior mandatario que carece de legitimidad y carisma ante el pueblo, elegido solamente por unanimidad como siempre por la Asamblea Nacional del Poder Popular, mientras que el pueblo insistía en la elección libre, igual, directo y secreto entre varias propuestas o candidatos, a nuevo Presidente en cuyas manos quedaría el futuro de la nación, las expectativas y esperanzas de la población.
No cabe dudas que posee demasiadas prerrogativas, pues aun cuando todos los presidentes de organismos del Estado que son elegidos por La asamblea Nacional del Poder Popular es facultad del Presidente la destitución de cada uno de ellos, incluso el mismo Presidente es elegido por el voto calificado de las dos terceras partes de los diputados, entonces yo me pregunto quién y cómo se destituye al Presidente para ser juzgado en caso de la comisión de algún delito.
En conclusiones ninguno de los supuestos o argumentos los cuales algunos resultan contradictorios explican con más fuerzas la necesidad de un Presidentes que las ya expuestas en este comentario.
Lo que sí es muy contradictorio es que la elección y nombramiento de funcionarios y sus destitución no correspondan a facultad de el mismo organismo que los nombro.
Todos estos males nacen del hecho que para la elaboración del Proyecto de Constitución que se discute no son fruto del trabajo de la creación de una Asamblea Constituyente, y que la misma naciera con más democracia, transparencia y participación de representantes del pueblo, ahora tenemos y serán males del futuro una Constitución que será aprobada hecha a la medida de los requerimientos de gobernabilidad del Estado y del Partido, una vez más hecha según su consideración de lo que el pueblo necesita, y donde la forma de preguntarle hace que su voluntad no sea totalmente tenida en cuenta, como ocurrió en la discusión de los Lineamientos de Políticas Económicas y Sociales, donde se careció de argumentos en contra y poco tiempo para el debate.
Ahora aun cuando mucho mejoro la calidad del debate, existió poco tiempo en asambleas donde siempre los participantes estuvieron presionados por el tiempo, y todo estos documentos que circularon por medios alternativos como Cuba Posible, Joven Cuba y otros muchos blogs, nunca estuvieron al alcance del pueblo, fue buen cálculo de una estafa planificada.
Solución, no más artículos, no más Post, ahora lo que se requiere es hacer llegar a la población la necesidad de dar una lección a nuestros gobernantes votando NO en el referendo para redactar una nueva Constitución con participación de personalidades calificadas del pueblo, y también miembros del Estado y del partido
Jorge Alfonso

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