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Planes olvidados de la agricultura cubana

Foto: Abraham Echevarría.

Planes olvidados de la agricultura cubana

18 / enero / 2022

En Cuba durante décadas se escuchó a Fidel Castro hablar sobre planes, creaciones y proyectos: de Ubre Blanca al chocolatín, pasando por el Cordón de La Habana, los plátanos microjet, la zafra de los diez millones, la moringa, la Revolución energética, la Batalla de ideas… Algunos tuvieron más éxito que otros, por supuesto.

Estas empresas tenían en común que, además de ser anunciadas con grandilocuencia como solución a algún problema, todas fueron puestas en marcha de algún modo. 

Hoy día, a pesar de la ausencia del máximo líder, continúan las propuestas de entusiastas soluciones creativas. En los últimos dos años el Gobierno o autoridades cercanas a él han propuesto a los cubanos carne de jutía, de avestruz, gallinas decrépitas, croquetas de tripas de ave.

Hubo una Mesa Redonda en la que se mencionaron estas propuestas sui generis que provocaron burlas e indignación por igual. De todos modos, nadie se tomó el trabajo de ponerlas en marcha.

La planificación olvidada

La dejadez alcanza las áreas de la economía «planificada». Tal es el caso de la agricultura, cuyo ministerio tenía más de 50 planes que debieron iniciarse entre 2017 y 2019, y culminar en 2021 (Tabla 1).

Corre 2022 y en medio de los efectos acumulativos de una crisis alimentaria, no se informa a la ciudadanía sobre el estado de dichos planes. Tampoco hay datos en medios oficiales de alcance nacional sobre ellos. El ministro del sector, Ydael Jesús Pérez, en su informe a la Asamblea Nacional del Poder Popular, tampoco los analizó. Ni el Partido Comunista o el primer ministro. (En realidad, se cumplió menos de la quinta parte, aunque los datos que hay sobre ellos son poco claros, así que tampoco se puede saber con certeza).

Lo relevante

La dirección del país dice que centra el esfuerzo en las 63 medidas para lograr la producción de alimentos, obviando lo relacionado con los más de 50 planes, cuando se supone que lo que rija la actividad económica sea lograr lo planificado. De hecho, la gestión de la economía ha ido en el sentido contrario de lo que debió hacer. Lo demuestra la caída del 11 % (a precios constantes) en la inversión en la agricultura. Descenso en el que, de seguro, más de un proyecto del sector quedó olvidado o pospuesto.

Por si fuera poco, los más de 50 proyectos que culminarían en 2021 estaban definidos en términos demasiado abstractos, sin cantidades, por ejemplo. No estaban orientados hacia la solución de los problemas crónicos de la economía cubana; más bien parecen propios de una nación con capacidades productivas suficientes que intenta realizar modificaciones, cierta diversificación. Una economía con crisis de producción de alimentos no va lejos si no elabora planes con metas de gran alcance, si reduce su inversión y si, con cierre decadente, no cumple esos modestos planes.

Una gestión responsable habría explicado, públicamente, el estado de cumplimiento, por qué se incumplieron, cuáles, en qué medida. Luego, mostraría diferentes niveles de responsabilidad, así como las decisiones tomadas para con los responsables del incumplimiento, e informaría las acciones a emprender para lograr la ejecución.

Asimismo, el viraje hacia las 63 medidas como foco de atención implicaría justificar, en primer lugar, la relación de estas con los planes. Sin embargo, en la práctica ha ocurrido lo contrario, de la que derivan algunas conclusiones:

1. El Gobierno cubano no fue capaz de prever los síntomas de la incapacidad productiva del país. Se reafirma que el proceso de toma de decisiones no ocurre con la celeridad necesaria. Las soluciones se comienzan a plantear una vez que estalla el problema.

2. En la economía cubana, lejos de una planificación, prima la improvisación, las medidas desconectadas, el abandono de una línea de trabajo para hacer énfasis en otra de manera desorganizada. Falta un cuerpo articulado y orgánico de políticas para dirigir la producción de alimentos. 

3. La política económica en Cuba parece regirse por el entusiasmo y la euforia del momento. Así, si el tema de orden en materia agrícola son las 63 medidas, queda en el olvido lo que se estaba haciendo antes, sin importar si ha quedado a medias. Todos los actores se ponen en función de las nuevas orientaciones. 

4. Los mecanismos y la institucionalidad existentes en el país no logran control ciudadano. Si el Gobierno, involucrado directamente en diversos planes, acaba el año sin mencionar el tema ni actuar, es porque no tiene incentivos, presiones y controles que lo obliguen a hacerlo. La buena gestión sigue dependiendo de la buena voluntad de los dirigentes. La agricultura no es la excepción.

5. Los medios de prensa oficiales continúan lejos de constituir un poder al servicio de la ciudadanía. 

6. Es probable que continuemos escuchando soluciones creativas y padeciendo poca acción concreta.

Miguel Alejandro Hayes Martínez
Aprediz de filósofo y economista político. Editor de La Trinchera y podcaster.
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