Polémica colectiva: Regla Torres y el eterno «quién fue la mejor»

Foto: Captura de Pantalla
En el voleibol cubano hay debates que reaparecen como los viejos balones Mikasa: cambian los colores, pasa el tiempo, pero el pique sigue siendo igual.
La polémica de la semana, cortesía de la estelarísima Regla Torres en el pódcast Pidiendo pista, entró directo en esa categoría.
La tricampeona olímpica, mejor jugadora del siglo XX según la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) y dueña de una franqueza que no conoce el pase corto, dejó fuera a Mireya Luis de su lista ideal de las Morenas del Caribe. Y claro, las redes sociales hicieron lo que mejor saben hacer: saltar en defensa de zaguero, pero sin rotación.
Vayamos por partes, como diría cualquier entrenador con el silbato en la boca. Regla Torres tiene una opinión. Es suya. No la pidió prestada, no la redactó un community manager ni salió de una encuesta popular. Y en el deporte, como en la vida, las opiniones no se revisan en el VAR.
Desde acá mi posición es clara y sin regateos: creo que Mireya Luis debería estar en cualquier listado serio de las mejores voleibolistas cubanas y universales. Pero también creo —y aquí está la clave— que la opinión de Regla merece respeto, aunque no nos guste, aunque no coincidamos, aunque nos haga levantar la ceja izquierda. Porque si algo no se le puede pedir a Regla Torres es tibieza. Cuando habla, dispara con franqueza. Cuando opina, lo hace a mano cambiada.
Esta vez, al señalar a Magaly Carvajal como su ídolo y sugerir que, de no haberse retirado tras Atlanta 96, pudo haber sido la Mejor Jugadora del Siglo XX, volvió a encender una discusión que parecía archivada junto a los VHS de Barcelona 92.
La afirmación «se las trae», como se dice en buen cubano, y no solo por la controversia, sino por la modestia implícita: la mejor del siglo diciendo que otra pudo haberlo sido. No es poca cosa.
Recordemos el contexto. Regla Torres fue elegida por la FIVB como la jugadora más destacada del siglo XX. En entrenadores, el premio fue para Eugenio George; y en selecciones, para las japonesas, las Niñas Magas del Oriente que, dicho sea de paso, todavía provocan debates en la isla.
Muchos pensaron entonces que las cubanas merecían ese honor. Dentro de Cuba, tampoco faltaron quienes dijeron que Mireya Luis, capitana y alma competitiva del equipo, había sido más decisiva que Regla en los tres oros olímpicos y los títulos mundiales.
Es decir, la polémica viene de lejos; solo que ahora volvió a saltar la net con zapatillas nuevas.
Regla, fiel a su estilo, no habló desde el archivo estadístico, sino desde la memoria de vestuario y tabloncillo. Recordó un voleibol sin líbero, cuando las jugadoras tenían que hacerlo todo: recibir, atacar, bloquear y, si hacía falta, empujar el carro. Y puso como ejemplo aquel Mundial de 1994 en Brasil, con un Maracanazinho a reventar y un equipo brasileño que se creía campeón antes del primer saque.
Según Torres, Magaly Carvajal les apagó la luz con cinco bloqueos consecutivos. Cinco. No uno, no dos. Cinco. Una secuencia que, en palabras de Regla, le bajó la autoestima a las brasileñas más rápido que un tiempo técnico mal pedido.
¿Significa eso que Mireya Luis no fue grande? En absoluto. Significa que Regla ve el juego desde su experiencia, desde lo que a ella la marcó. Y ahí es donde muchos se pierden el partido: confunden opinión con sentencia histórica.
Mireya Luis fue decisiva, carismática, líder y símbolo. Magaly Carvajal fue estabilidad, fuerza, bloqueo y constancia. Regla Torres fue una atacadora central adelantada a su época. ¿Cuál fue la mejor? Depende de a quién le preguntes.
El problema no es que Regla opine. El problema sería que no pudiera hacerlo. Que una leyenda no tenga derecho a decir lo que piensa sin que le caigan encima como si hubiera cometido una falta en la red invisible. En el deporte, las listas ideales son eso: ideales, subjetivas, imperfectas. No son una ley.
Sobre si existe alguna enemistad entre Regla y Mireya, tampoco lo creo. En 2017, entrevisté a Luis y nombró a Torres como «su hija» y aclaró que no se molestó por el nombramiento de Regla como «mejor voleibolista del siglo» cuando muchos pensaron que sería ella.
«Sinceramente, no me causó ninguna impresión negativa. Estuve contenta, porque la decisión que se tomó de que fuera Reglita (Torres) reconocía también a una atleta cubana. No me hizo daño (...). Le dejo ese dilema a los fanáticos», me dijo entonces.
Al final, esta polémica dice más de la grandeza de la generación de oro del voleibol cubano que de sus diferencias. Porque solo los equipos históricos generan discusiones eternas.
Mientras hoy debatimos si Mireya debía estar o no en esa lista, lo verdaderamente importante es recordar que las Morenas del Caribe fueron tan buenas que todavía, décadas después, nos hacen discutir con pasión. Y eso, en el deporte, también es una victoria.











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