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Casas de renta en La Habana Cuba

Foto: Pedro Sosa Tabío.

Ser anfitrión de Airbnb en Cuba: un viaje cuesta arriba

10 / marzo / 2022

Lisbel López alquila una casa con varias habitaciones en el centro histórico de La Habana, muy cerca de la Plaza Vieja. Ella trabaja en un hotel estatal; pero desde 2016 se dedica al emprendimiento privado, impulsada por lo que llama «el boom de Airbnb en Cuba».

En diciembre de 2014, la Casa Blanca anunció la ampliación de los permisos generales de viaje a Cuba para 12 categorías autorizadas por la ley. Por primera vez en décadas los estadounidenses tuvieron permitido viajar a Cuba sin necesidad de una autorización especial de su Gobierno. En febrero de 2016 se restablecieron los vuelos comerciales directos entre ambos países; y en mayo del mismo año llegó a La Habana el primer crucero desde el puerto de Miami.

En 2018 más de 600 mil estadounidenses visitaron Cuba, de ellos cerca de 400 mil a través de 17 compañías de cruceros, con una sostenida tendencia al crecimiento, hasta la prohibición de Trump el 5 de junio de 2019, que restringió casi todos los viajes no familiares a Cuba, incluida la categoría persona a persona, una de las más usadas.

«Con la apertura de Obama, muchas personas se animaron a destinar una habitación de su casa o un apartamento entero para la renta en Airbnb. Tantos turistas viniendo hacían que fuera un negocio muy rentable», comenta Lisbel. 

«¡Las habitaciones no daban abasto!», agrega con nostalgia. 

Cuba, el mercado de más rápido crecimiento en Airbnb

Desde 2010 el Gobierno cubano legalizó la renta de casas y habitaciones como negocio por cuenta propia. Muchas personas, desde antes, realizaban esta actividad de forma ilegal, pero se popularizó mucho al ser permitida por las autoridades y por una reducción de carga impositiva sobre los anfitriones. Esta popularidad creció más un año después, cuando se permitió también la compraventa de inmuebles, que hasta ese momento solo podían ser permutados.

Charly, como se identifica en Airbnb, fue uno de los tantos que se hizo de un apartamento para alquilarlo. Poco tiempo después, vería oportunidades de crecer mucho más en el negocio del arrendamiento. 

En el contexto del deshielo entre Cuba y Estados Unidos, varias empresas estadounidenses vieron una oportunidad para acceder al mercado cubano, hasta entonces muy cerrado. Durante 2015, se abrieron a clientes de la isla MasterCard, American Express, Netflix y la plataforma de alojamiento internacional Airbnb, que habilitó sus servicios en Cuba desde abril de ese año.

«Llamé a nuestro equipo de inmediato y dijeron: “Sería genial para nosotros conseguir 100 casas en Cuba”, y dije: “¿Qué tal 1 000?”», contó Brian Chesky, cofundador de Airbnb, quien rápidamente notó la infraestructura de casas de alquiler particulares que existía en el país caribeño y cuánto esta podía llegar a crecer. 

La empresa comenzó a enviar representantes para inscribir a los nuevos anfitriones cubanos y el propio Chesky hizo un recorrido por La Habana. Para abril de 2015 contaban con más de 1 000 propiedades en Cuba suscritas a su plataforma, con un 40 % de estas en la capital y otras repartidas entre distintos destinos turísticos. «Creemos que Cuba podría convertirse en uno de los mercados más grandes de Airbnb en América Latina», vaticinó Kay Kuehne, directora regional de la empresa.

Solo un mes después Chesky afirmaba que Cuba era el mercado de más rápido crecimiento de la empresa.

En 2016, Charly dejó su simple apartamento personal y compró otro junto a unos amigos. Después repitió la operación con otro contacto suyo, obtuvo un nuevo inmueble cerca del Capitolio habanero y se inscribió en Airbnb, donde aún permanece como coanfitrión de ambas propiedades.

«Por aquellos años funcionaba todo muy bien —dice Charly. Yo diría que siempre teníamos más del 70 % del mes alquilado con seguridad».

Charly fue parte de los 4 000 anfitriones cubanos con los que contaba Airbnb en 2016, con lo cual se cumplía el vaticinio de Kuehne. Y ni siquiera había llegado a su tope. En 2017, la cifra creció trepidantemente hasta 22 000 y luego hasta los más de 36 000 que hay en la actualidad. 

En 2016, Airbnb agregó la opción de suscribirse como anfitrión de «experiencias», que pueden ser desde un recorrido por un sitio de interés turístico hasta una clase de cocina tradicional o casi cualquier otra actividad. 

A pesar de tratarse de un servicio nuevo para el mundo entero y de ser especialmente difícil de usar desde Cuba (a inicios de ese año existían solo 65 áreas públicas de wifi y no había acceso a Internet por datos móviles ni otros servicios de conexión), los cubanos entendieron rápidamente los beneficios que este les podía brindar. Para 2018, solo La Habana ofrecía más de 300 experiencias en Airbnb. 

A pesar de la desconexión, la imposibilidad de realizar transacciones internacionales con facilidad y demás desafíos, los cubanos estaban dispuestos a seguir forjando un matrimonio feliz y duradero con la plataforma; pero esa relación, inevitablemente, terminaría transfigurándose.

Trump y el comienzo de los conflictos

Beyond Roots es hoy una plataforma de proyectos afrocubanos con una tienda especializada en estética afro, y se vincula con otros emprendimientos, pero nació en 2016 como una experiencia de Airbnb que vinculó a toda una comunidad del municipio Guanabacoa, lejano a la zona por donde normalmente se mueve el turismo en La Habana.

Consistía en un acercamiento a la cultura ancestral afrocubana. Pasaba por el Museo de Guanabacoa —especializado en religiones africanas—, luego daba un recorrido por las calles del municipio, pasando por puntos de interés como el frente de un «plante» abakuá, y terminaba en la casa de un babalawo, donde los clientes aprendían sobre sistemas de adivinación, asistían a un toque de tambores y probaban comida tradicional cubana. Quienes cocinaban eran vecinos, los tamboreros eran jóvenes de la localidad que estaban desempleados o tenían trabajos menos remunerados. Casi todo el equipo estaba conformado por personas de los alrededores.

Sus clientes provenían sobre todo de los Estados Unidos, donde muchos afroamericanos buscaban nuevos referentes de sus antepasados, pero también como reflejo del aumento del turismo hacia la isla propiciado por la Administración Obama.

En 2015 entraron a Cuba cerca de tres millones y medio de turistas, solo 160 mil provenían de los Estados Unidos. Para 2018, las cifras del turismo ascendían a casi cinco millones de visitantes, de los cuales cerca de 640 mil eran estadounidenses, en su mayoría, bajo la modalidad «persona a persona».

Si en los primeros dos años de Airbnb en el país los anfitriones cubanos recibieron a cerca de 560 mil clientes, entre enero de 2018 y enero de 2019 la cifra superó los 728 mil.

Más adelante, con el efecto acumulativo de las sanciones de Donald Trump, Adriana Heredia, cofundadora de Beyond Roots, afirma que sintieron «muchísima incertidumbre entre los viajeros norteamericanos que llegaban a Cuba». También comenzaron a recibir cancelaciones con mayor frecuencia. «Muchas personas no tenían claro que viajar a Cuba seguía siendo legal». 

Sin embargo, Leydis González comenzó a realizar su propia experiencia de Airbnb entre marzo y abril de 2019 y, según afirma, la gran mayoría de sus clientes también provenía de los Estados Unidos, aunque había dejado de ser una tendencia general. Así se mantuvo incluso después de que, en junio de ese año, el Departamento del Tesoro eliminara la categoría de viajes «persona a persona» hacia Cuba y, después, en diciembre, directamente prohibieran todos los vuelos a la isla que no tuvieran a La Habana como destino.

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Leydis González durante un recorrido turístico junto a un cliente. Foto: Cortesía de la entrevistada.

«En enero de 2020, por ejemplo, llegué a tener unas 35 o 40 personas», declara Leydis, a quien le iba bien a pesar de las afectaciones recibidas por los anfitriones de otras provincias y la disminución del turismo en general, que se redujo a cerca de cuatro millones de visitantes en 2019, y del estadounidense, el cual bajó a 500 mil turistas en 2019 y disminuiría en el 88 % durante 2020, no solo por las restricciones de Trump, sino por la llegada del SARS-CoV-2.

«Temíamos que cerraran para siempre»

«De 35 personas que éramos en el equipo, solo cuatro pudimos seguir trabajando durante el cierre de fronteras por la pandemia», cuenta Adriana Heredia y agrega: «después pudimos ir incorporando a los demás en otras tareas como la mensajería de la tienda, pero el cierre de fronteras fue un golpe duro para Beyond Roots, porque las experiencias eran las que sostenían económicamente la mayor parte del emprendimiento que habíamos creado».

Desde abril hasta noviembre de 2020, Cuba cerró fronteras para intentar controlar el brote de COVID-19. Durante ese tiempo, muchos anfitriones de Airbnb cubanos se vieron, de repente, sin su única entrada económica.

«El sector estatal debe tener un fondo para pagarles a sus trabajadores en esos casos —opina Lisbel López—, pero el sector del turismo por cuenta propia lleva muy poco tiempo y la mayoría de los propietarios lo que han ido es recuperando sus inversiones, que fueron grandes. Entonces, llegó la pandemia y te quedaste sin nada. Para la casa».

Leydis González, por su parte, cuenta que en ese momento tenía varias experiencias y a varias personas trabajando junto a ella. «No sé qué les pasó —dice—, si tenían otra fuente de ingreso que no fuera esa. Me imagino que sí, pero yo no. Mi única fuente era esa. De repente me vi dando clases de inglés en mi casa, a través de WhatsApp. Así fue como pude subsistir durante la pandemia». 

A esta imposibilidad de recibir clientes por las restricciones de fronteras que se mantuvieron durante la mayor parte de 2020 y luego también de 2021, se sumaron otras inseguridades que constantemente pusieron en jaque el uso de la plataforma por parte de los anfitriones cubanos.

Primero, a inicios de la pandemia, la empresa anunció una nueva modalidad de «experiencias en línea» para intentar romper las barreras de movilidad provocadas en todo el mundo por el SARS-CoV-2, pero estas se realizan por videollamada a través de la plataforma Zoom, cuyo uso está bloqueado en Cuba, lo cual sembró dudas sobre el interés real de la empresa en mantener el que en algún momento fue uno de sus mercados más importantes en América Latina. 

Luego llegaron sanciones del Gobierno estadounidense a Fincimex que dificultaron los métodos de pago en Cuba y más tarde, en enero de 2022, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) de los Estados Unidos impuso una multa de cerca de 100 mil dólares a Airbnb por violar restricciones gubernamentales sobre ciudadanos americanos en Cuba. La empresa, luego de una revisión, aceptó tener más de 3 000 transacciones de estadías en Cuba, entre 2015 y 2020, de personas que habían viajado por motivos no autorizados y, también, más de 3 000 transacciones de pago por experiencias cubanas en las que Airbnb Payments no había mantenido registros según lo regulado por la OFAC.

«Temíamos que cerraran para siempre», dice Michel Moro, artista independiente que lleva una experiencia de arte en Airbnb para pagar el alquiler de su galería. «Nos cerrarían una oportunidad de paliar un poco la crisis».

Y aunque no llegó al extremo del cierre, la compañía sí hizo una revisión exhaustiva y eliminó todo lo que pudiera causarles problemas.

«Yo tenía una experiencia relacionada con el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y de pronto me la eliminaron, sin derecho a réplica —cuenta Leydis. Lo hicieron porque visitaba los cines y se supone que los ciudadanos estadounidenses no pueden asistir a instalaciones del Estado cubano; pero a través de Airbnb recibo personas de todo el mundo, no solo de Estados Unidos».

Tras comprometerse a pagar la multa, la plataforma anunció nuevos controles para su uso en Cuba. Entre ellos, un bloqueo de IP para los anfitriones ubicados en la isla, con el fin de evitar que estos puedan realizar transacciones. 

También realizaron una nueva recopilación de datos sobre el país de residencia y el instrumento de pago de los usuarios, para determinar si son residentes o nacionales cubanos. Por último, cada anfitrión debe certificar que es un empresario independiente y no un funcionario del Gobierno cubano.

Cobros con pérdidas

Mientras los cubanos enfrentaban los envites de la pandemia, se incluyó a la empresa Fincimex en la lista de entidades restringidas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Hasta ese momento, algunos anfitriones recibían los pagos de Airbnb en la isla por tarjetas de American International Service (AIS) y otros mediante la empresa VaCuba, cuyos mensajeros llevan el dinero en efectivo hasta la casa, pero, según las quejas de anfitriones, muchas veces con retrasos importantes, por lo cual las tarjetas AIS eran el recurso más confiable.

De cualquier forma, el pago se hacía al cambio de 1 CUC (24 CUP) por cada USD ganado a través de la plataforma. Sin embargo, AIS pertenecía a Fincimex y las nuevas medidas imposibilitaron que Airbnb siguiera contando con sus servicios.

Javier Rodríguez, anfitrión de una experiencia en el Cementerio de Colón, fue una de las personas que antes usaban AIS y se vieron obligadas a pasar su método de cobro a VaCuba, pero terminó rechazando esta opción porque, según afirma: «es verdad que envían un mensajero que te lo trae directo hasta la casa, pero te pagan con un cambio muy desfavorable».

El cambio oficial del USD en Cuba es de 25 CUP, pero es imposible obtener dicha moneda por vías oficiales. En el mercado informal, donde realmente se mueven las divisas en el país, 1 USD cuesta actualmente cerca de 100 CUP.

Airbnb, sin embargo, está haciendo llegar a sus anfitriones solo 50 CUP por cada USD que ganen, según la mayoría de los entrevistados. Javier asegura que el último pago que recibió, en diciembre de 2021, fue con un cambio de 30 CUP. Por ello, decidió no recibir más dinero y dejar que se acumule para un momento en que el cambio le sea más conveniente.

Así, las formas de cobro se han vuelto muy variadas. Algunos han resuelto que familiares o conocidos en el exterior cobren por ellos y luego se lo envíen por vías distintas. Otros, como Michel, han aceptado el cambio a 50 CUP y están recibiendo el pago en sus casas, a una tasa con la mitad del valor del USD en la calle.

La nueva normalidad

Desde el 15 de noviembre de 2021, cuando reabrieron las fronteras cubanas, los anfitriones de la isla han podido volver a trabajar con Airbnb, pero la situación es muy distinta a la de aquel gran inicio de la plataforma.

«Antes, en uno de mis mejores meses podía llegar a tener entre 70 y 80 clientes», comenta Javier Rodríguez, anfitrión de una experiencia en el Cementerio de Colón. «Desde diciembre del año pasado hasta ahora, he tenido si acaso 20», compara.

Charly dice que tiene, con suerte, 30 % del mes rentado en sus apartamentos; antes tenía el 70 %; y Michel Moro ha podido atender solo a cuatro clientes desde noviembre. 

Tras la primera quincena de reapertura, el ministro de Turismo, Juan Carlos García Granda, expresó: «Quince días de apertura convirtieron noviembre en el mejor mes del año. Hablamos de más de 50 mil visitantes». Sin embargo, el país se había mantenido con una entrada de vuelos muy limitada durante la mayor parte de 2021 y, de todos modos, con esa cantidad de visitantes mensuales se llegaría a 1.2 millones en un año. En 2002, que fue el de peor entrada de turistas desde el inicio del siglo hasta antes de la pandemia, hubo casi 1.7 millones.

Ante la poca cantidad de clientes, muchos anfitriones han decidido reducir o mantener el precio de sus servicios, pues, como explica Michel: «Entendemos que no es una buena política subir los precios, porque si hay poca afluencia y los subes, no habrá ninguna».

Esta situación, sumada al hecho de que muchos anfitriones están perdiendo dinero con los cobros a la mitad del cambio del USD, se da en medio de escasez extrema y una subida general del costo de vida en el país, con una inflación sin precedentes luego de la Tarea Ordenamiento, lo cual también afecta directamente sus servicios. Lisbel antes ofertaba desayuno y por la dificultad para acceder a leche, huevos, mantequilla y otros productos, debió dejar de hacerlo.

«La pintura para mantenimiento, cualquier remodelación… Todo eso está carísimo —explica Lisbel. El mercado informal está por un lado y lo nuestro va por el otro. Los precios en que cobramos no pueden ser estratosféricos, porque entonces los clientes no vienen; sin embargo, debemos pagar servicios auxiliares por los cielos». 

«Luego está lo de cobrar en una moneda y tener que comprar en otra. Las toallas, por ejemplo, cuestan mínimo 7 MLC (unos 700 CUP en el mercado informal). Y de mala calidad», agrega.

Si los problemas con la plataforma, el cobro y los precios no fueran suficientes, el Gobierno cubano declaró ilegal el trabajo de guías y agencias de turismo por cuenta propia. No cedió ante legítimos reclamos de este colectivo. Hoy las experiencias cubanas de Airbnb se mueven en terreno aún más pantanoso.

Por ello, algunos usuarios de la plataforma han tomado decisiones parecidas a la de Adriana, quien decidió concentrarse en su tienda y el resto de su emprendimiento y no volver a ofrecer recorridos por Guanabacoa en tanto no evolucione la situación.

Aunque la mayoría de los anfitriones entrevistados aún opinan que Airbnb es una buena opción para ofrecer sus servicios, su relación con la compañía ha involucionado desde un pasado muy prometedor y exitoso hasta un presente complicado, lleno de trabas y con un futuro incierto.


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Pedro Sosa Tabio
Periodista en formación. Amante de la Ciencia Ficción y el misterio. Fanático a contar historias de todo tipo, a escribir y a capturar pedazos de realidad con una cámara en las manos.
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Juan Carlos

Muy buen comentario. Se debería dejar bien claro que entre el Bloqueo de USA y las trabas de Cuba es muy difisil para un emprendedor privado, que además nada tiene que ver con el gobierno poder prosperar y crecer. Además de Airbnb, también se Bloqueo a Booking.com y parcialmente a Triadvisor y Google para los emprendedores cubanos. Es muy injusto competir en un sector tan fuerte como es el turismo latinoamericano y caribeño con tantas limitaciones
Juan Carlos

Jorge

Como alternativa a Airbnb y otras plataformas estamos desarrollando, y a punto de lanzar desde Cuba nuestra propia plataforma para la gestión de reservas en hostales. Hemos logrado un sistema en el que los propietarios podrán insertar su casa y administrar todos los detalles de forma muy sencilla. Recibir reservas de todas partes del mundo sin pagar comisiones de ningún tipo. Consultar en todo momento detalles de cada solicitud y mantenerse en contacto con el cliente a toda hora. Sincronizar los calendarios de disponibilidad con AirBnb, Expedia, VRBO, etc y consultarlos en nuestra plataforma. Somos CubaHostal.com
Jorge

Maricelis Guedez

Ojalá los cubanos se liberen pronto de la miseria en la que los tiene el gobierno y puedan acceder al mercado con libertad. Obviamente la culpa no es del bloqueo.
Maricelis Guedez

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Divisas en Cuba (Tiempo Real)

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