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Hotel LGBTIQ+, La Habana, Código de las Familias. Foto: Jorge Beltrán.

Hotel Axel Telégrafo La Habana. Foto: Jorge Beltrán.

Cuatro discusiones sobre el primer hotel LGBTIQ+ de La Habana

Hace dos años abrió uno en Cayo Guillermo, en la playa y fuera de la «isla grande». El Hotel Axel Telégrafo La Habana, dedicado a la comunidad LGBTIQ+, emula con doble novedad: será el primero de su tipo que se ubique en la ciudad y en la capital cubana, exactamente en Prado y Neptuno.

Desde que el Grupo Gaviota lo publicó en un tuit, no ha cesado el debate, aun cuando su apertura oficial ocurrirá en algún momento –no precisado– de los próximos meses, puesto que se encuentra en «la fase conclusiva de un proceso de renovación y mejoras».

Axel Hotels, la cadena española que lo gestiona, declara su aspiración de posicionarse como grupo de referencia mundial dirigido al público LGBTIQ+, a través de servicios especializados, «dentro de un ambiente de diversidad y respeto hacia la comunidad a la que pertenece». El grupo hotelero tiene sedes similares en Berlín, Madrid, Barcelona, Venecia y otras capitales turísticas.

Al conocer la noticia, cubanos de distintas edades, identificados o no como LGBTIQ+, han mostrado reacciones que van desde acusar al Gobierno cubano de pinkwashing hasta considerar que un hotel como este discrimina a sus miembros; mientras que, por el contrario, hay quien entiende que discrimina a los que no pertenecen o se identifican con la comunidad.

1. «No queremos hoteles, queremos derechos»

El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) saludó la novedad con un tuit el pasado 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+.

Cenesex ha sido criticado por su falta de definición en la promoción de legislaciones concretas en favor de los derechos de la comunidad que representa y, en particular, desde que su directora, Mariela Castro, defendiera la modificación del artículo 68 de la Constitución, que en su versión original habilitaba de facto el matrimonio igualitario.

Activistas LGBTIQ+ reaccionaron con recordatorios de los derechos pendientes y la ausencia de programas en favor de la inclusión. Kiriam Gutiérrez publicó una lista a modo de agenda política y legislativa: «no queremos hoteles, ni discotecas, ni restaurantes, ni bares. Queremos derechos, queremos matrimonio igualitario, queremos reproducción asistida para parejas del mismo sexo, queremos protección para las infancias trans, queremos leyes que penalicen la homofobia y la transfobia, queremos ley de identidad de género, queremos ley trans».

2. Entre segmentación de mercado y acción afirmativa

Las personas LGBTIQ+, al igual que los demás, continúan pudiendo hospedarse en cualquier hotel y tienen derecho a recibir el mismo trato y las mismas garantías que cualquier otro cliente. Lo que se crea no es un espacio a donde deben ir por omisión del resto, con lo cual el argumento del aislamiento queda descartado.

Dos formas no excluyentes, al menos, de ver este tipo de espacios son 1) como segmentación de mercado y 2) bajo el principio de la acción afirmativa. Se trata de un grupo que puede tener necesidades y características para las cuales son deseables ofertas diferenciadas. Los operadores de restauración y turismo lo han identificado como nicho y sus ofertas hasta el momento han tenido éxito en distintas partes del mundo.

Desde la perspectiva de que se trata de una minoría, la acción afirmativa se define como «cualquier medida, más allá de la simple terminación de una práctica discriminatoria, adoptada para corregir o compensar la discriminación pasada o presente o para evitar que la discriminación se repita en el futuro».

Como la celebración de graduaciones diferenciadas (además de la ceremonia colectiva), la creación de bares, restaurantes, hoteles, cruceros… diseñados para la comunidad LGBTIQ+ busca compensar la heteronormatividad dominante. El hotel más inclusivo no tendría cómo garantizar en la práctica que otro cliente no tenga una actitud discriminatoria, o que las representaciones, por defecto, excluyan a esa parte de la ciudadanía. No pocas veces se han registrado en distintos países polémicas quejas de clientes por la presencia de «demasiados homosexuales» en determinado hotel; o por la presentación de un servicio a través de una publicidad en la cual se ve una pareja del mismo sexo. Aun cuando estos comportamientos sean sancionados, hay personas que desean tener la opción de no exponerse siquiera a que ocurran.

Mientras llegamos como sociedades al fin de la homofobia y cualquier otra expresión de intolerancia e irrespeto, todas las personas tienen derecho a la oportunidad de escoger un espacio donde sentirse a gusto y plenitud, con garantías de respeto colectivo, identificación y comodidad. No es justo someter a las minorías a esperar, como única alternativa, la llegada del escenario ideal: el tiempo de vida individual no alcanza. De cualquier modo, se trata apenas de eso: de una opción.

No es, en efecto, lo primero en la lista de prioridades. Sin embargo, la ausencia de derechos antecede al hotel. Y si esa situación continúa, no será el hotel la razón. No existe relación de causa-efecto entre ambas realidades. Si no se aprueba el matrimonio igualitario en Cuba, no será gracias-a ni a-pesar-de que se haya inaugurado un hotel LGBTIQ+. Son dos eventos separados que no compiten entre sí ni son excluyentes. Sobran los ejemplos de países donde estos espacios conviven con garantías legales y reconocimiento de derechos.

3. Filosofía «heterofriendly»

Acaso previendo algunas reacciones, Silvia Pérez, directora de Comunicación y Marketing de Axel Hotels, comentó que practican una filosofía heterofriendly; es decir, que son «espacios concebidos por y para la comunidad LGBTIQ+, pero abiertos a todo el mundo, en los que cualquier persona es bienvenida [y] donde la libertad y el respeto son los valores más importantes».

Por otra parte, las personas que no pertenecen a la comunidad LGBTIQ+ disponen, además de este, del resto de los hoteles dentro y fuera de Cuba, donde históricamente han disfrutado de un servicio diseñado a su medida y donde han podido manifestar su género, su identidad y su orientación sexual sin el peso de una mirada indiscreta o condenatoria, para no hablar de que nunca han enfrentado por ello censura, agresiones verbales o físicas ni expulsión.

Proponer que estos espacios son «como si abrieran un hotel para heterosexuales» recuerda demasiado el all lives matter frente a la legitimidad del black lives matter, en un intento de anular o desconocer la desigualdad y los privilegios de algunos grupos. En la historia los hoteles han sido y son heterofriendly por defecto. Y no solo los hoteles.

4. Pinkwashing

La nota del Grupo Gaviota, perteneciente al conglomerado Gaesa, afirma que esta alianza con Axel Hotels «también constituye una señal de la evolución de una sociedad que avanza en la inclusividad y el respaldo a los derechos de la comunidad LGBTIQ+».

Se ha hablado de pinkwashing o lavado rosa, un concepto que en este contexto cuestiona estrategias políticas y de mercado que promueven personas, productos, empresas, etcétera, a partir de su condición de simpatizante LGBTIQ+ para proyectar una imagen progresista y moderna.

No es la primera vez que se acusa al Gobierno cubano de lavarse la cara en este sentido. Ocurrió el pasado 17 de mayo, cuando el Ministerio de Salud Pública colgó una enorme bandera del arcoíris junto a la cubana. Algunos reaccionaron igual ante la aprobación de impartir educación sexual en las escuelas.

La bandera multicolor desplegada en un edificio gubernamental, la resolución del Ministerio de Educación y la creación de espacios diseñados para la comunidad LGBTIQ+ no son parte del problema y mucho menos lo empeoran. El reconocimiento de derechos es una deuda con la comunidad LGBTIQ+ cubana, en un momento en que la bandera del arcoíris se muestra en brazaletes y los estadios se iluminan con sus colores durante la Eurocopa; España aprueba una Ley Trans; Argentina, su ley de cupo laboral; Francia, una Ley Bioética de Reproducción Asistida; en Italia se debate con fuerza la ley Zan, con abierta resistencia del Vaticano; y Cuba espera por un nuevo Código de las Familias, que será el que permita afirmar si los gestos recientes responden solo a un lavado de cara pink o si, en efecto, nos encontramos a las puertas de un cambio verdadero.

 

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Mónica Rivero
Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana (2012). Directora Editorial web de OnCuba News entre 2016 y 2019. Cofundadora de Revista Late. Humphrey Fellow en la Walter Cronkite School of Journalism and Mass Communications, ASU. Editora en Matria y elTOQUE.
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Desde que el Grupo Gaviota lo publicó en un tuit, no ha cesado el debate, aun cuando su apertura oficial ocurrirá en algún momento –no precisado– de los próximos meses, puesto que se encuentra en «la fase conclusiva de un proceso de renovación y mejoras».

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Activistas LGBTIQ+ reaccionaron con recordatorios de los derechos pendientes y la ausencia de programas en favor de la inclusión. Kiriam Gutiérrez publicó una lista a modo de agenda política y legislativa: «no queremos hoteles, ni discotecas, ni restaurantes, ni bares. Queremos derechos, queremos matrimonio igualitario, queremos reproducción asistida para parejas del mismo sexo, queremos protección para las infancias trans, queremos leyes que penalicen la homofobia y la transfobia, queremos ley de identidad de género, queremos ley trans».

2. Entre segmentación de mercado y acción afirmativa

Las personas LGBTIQ+, al igual que los demás, continúan pudiendo hospedarse en cualquier hotel y tienen derecho a recibir el mismo trato y las mismas garantías que cualquier otro cliente. Lo que se crea no es un espacio a donde deben ir por omisión del resto, con lo cual el argumento del aislamiento queda descartado.

Dos formas no excluyentes, al menos, de ver este tipo de espacios son 1) como segmentación de mercado y 2) bajo el principio de la acción afirmativa. Se trata de un grupo que puede tener necesidades y características para las cuales son deseables ofertas diferenciadas. Los operadores de restauración y turismo lo han identificado como nicho y sus ofertas hasta el momento han tenido éxito en distintas partes del mundo.

Desde la perspectiva de que se trata de una minoría, la acción afirmativa se define como «cualquier medida, más allá de la simple terminación de una práctica discriminatoria, adoptada para corregir o compensar la discriminación pasada o presente o para evitar que la discriminación se repita en el futuro».

Como la celebración de graduaciones diferenciadas (además de la ceremonia colectiva), la creación de bares, restaurantes, hoteles, cruceros… diseñados para la comunidad LGBTIQ+ busca compensar la heteronormatividad dominante. El hotel más inclusivo no tendría cómo garantizar en la práctica que otro cliente no tenga una actitud discriminatoria, o que las representaciones, por defecto, excluyan a esa parte de la ciudadanía. No pocas veces se han registrado en distintos países polémicas quejas de clientes por la presencia de «demasiados homosexuales» en determinado hotel; o por la presentación de un servicio a través de una publicidad en la cual se ve una pareja del mismo sexo. Aun cuando estos comportamientos sean sancionados, hay personas que desean tener la opción de no exponerse siquiera a que ocurran.

Mientras llegamos como sociedades al fin de la homofobia y cualquier otra expresión de intolerancia e irrespeto, todas las personas tienen derecho a la oportunidad de escoger un espacio donde sentirse a gusto y plenitud, con garantías de respeto colectivo, identificación y comodidad. No es justo someter a las minorías a esperar, como única alternativa, la llegada del escenario ideal: el tiempo de vida individual no alcanza. De cualquier modo, se trata apenas de eso: de una opción.

No es, en efecto, lo primero en la lista de prioridades. Sin embargo, la ausencia de derechos antecede al hotel. Y si esa situación continúa, no será el hotel la razón. No existe relación de causa-efecto entre ambas realidades. Si no se aprueba el matrimonio igualitario en Cuba, no será gracias-a ni a-pesar-de que se haya inaugurado un hotel LGBTIQ+. Son dos eventos separados que no compiten entre sí ni son excluyentes. Sobran los ejemplos de países donde estos espacios conviven con garantías legales y reconocimiento de derechos.

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Por otra parte, las personas que no pertenecen a la comunidad LGBTIQ+ disponen, además de este, del resto de los hoteles dentro y fuera de Cuba, donde históricamente han disfrutado de un servicio diseñado a su medida y donde han podido manifestar su género, su identidad y su orientación sexual sin el peso de una mirada indiscreta o condenatoria, para no hablar de que nunca han enfrentado por ello censura, agresiones verbales o físicas ni expulsión.

Proponer que estos espacios son «como si abrieran un hotel para heterosexuales» recuerda demasiado el all lives matter frente a la legitimidad del black lives matter, en un intento de anular o desconocer la desigualdad y los privilegios de algunos grupos. En la historia los hoteles han sido y son heterofriendly por defecto. Y no solo los hoteles.

4. Pinkwashing

La nota del Grupo Gaviota, perteneciente al conglomerado Gaesa, afirma que esta alianza con Axel Hotels «también constituye una señal de la evolución de una sociedad que avanza en la inclusividad y el respaldo a los derechos de la comunidad LGBTIQ+».

Se ha hablado de pinkwashing o lavado rosa, un concepto que en este contexto cuestiona estrategias políticas y de mercado que promueven personas, productos, empresas, etcétera, a partir de su condición de simpatizante LGBTIQ+ para proyectar una imagen progresista y moderna.

No es la primera vez que se acusa al Gobierno cubano de lavarse la cara en este sentido. Ocurrió el pasado 17 de mayo, cuando el Ministerio de Salud Pública colgó una enorme bandera del arcoíris junto a la cubana. Algunos reaccionaron igual ante la aprobación de impartir educación sexual en las escuelas.

La bandera multicolor desplegada en un edificio gubernamental, la resolución del Ministerio de Educación y la creación de espacios diseñados para la comunidad LGBTIQ+ no son parte del problema y mucho menos lo empeoran. El reconocimiento de derechos es una deuda con la comunidad LGBTIQ+ cubana, en un momento en que la bandera del arcoíris se muestra en brazaletes y los estadios se iluminan con sus colores durante la Eurocopa; España aprueba una Ley Trans; Argentina, su ley de cupo laboral; Francia, una Ley Bioética de Reproducción Asistida; en Italia se debate con fuerza la ley Zan, con abierta resistencia del Vaticano; y Cuba espera por un nuevo Código de las Familias, que será el que permita afirmar si los gestos recientes responden solo a un lavado de cara pink o si, en efecto, nos encontramos a las puertas de un cambio verdadero.

 

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